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Endorfinas: hormonas de la felicidad

Martes 28 de marzo del 2017, 11:00 am, última actualización

¿Qué tienen en común el recuerdo de un momento feliz, hacer ejercicio y besar a la persona amada? Estos y otros actos hacen que nuestro organismo genere endorfinas, químicos naturales parecidos a la morfina que estimulan los centros de placer en el cerebro.

Endorfinas o péptidos opioides

A cualquiera causa curiosidad saber cómo es que todos los seres humanos experimentamos felicidad, tristeza, afecto o agresividad a pesar de nuestras diferencias, y de qué manera se da este proceso. Pues bien, la ciencia ha encontrado respuesta a tal enigma, que para algunas personas lucirá poco romántica aunque es fascinante: a través de químicos y pequeñas descargas eléctricas en el cerebro.

En efecto, desde la primera mitad del siglo XX se han realizado investigaciones gracias a las que ahora conocemos la existencia de centros de placer o dolor que se activan a través de impulsos nerviosos y hormonas, de modo que fenómenos tan distintos como amor, odio, euforia, melancolía, deseo sexual, apetencia por el alcohol, agresividad y sumisión son resultado de la actividad en alguna conexión (sinapsis) de la compleja red de neuronas en la masa encefálica.

Concretamente, en 1950 los científicos James Olds y Peter Milner de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), descubrieron el "centro cerebral del placer" en ratas, cuando erraron al colocarles un electrodo destinado a crearles malestar. Se ubicó a un roedor dentro de una caja donde podía moverse libremente, y cada vez que llegaba a una esquina determinada se le daba pequeña descarga eléctrica; contrario a lo que buscaban, era tal la experiencia de placer del animalito que en vez de evitar el rincón volvía rápidamente a él.

Con el tiempo se desarrollaron técnicas más precisas de estimulación por medio de la inyección de sustancias dirigidas a excitar los circuitos cerebrales responsables de las respuestas emocionales. Así, en 1975 se descubrió una serie de sustancias responsables de las sensaciones satisfactorias, a las que debido a su parecido con la morfina se nombró endorfinas (morfinas endógenas), pero que coloquialmente se conocen como hormonas de la felicidad.

Sustancias muy alegres

Hoy día sabemos que existen tres tipos de endorfinas, también llamadas péptidos opioides, cuya producción es regulada por la glándula hipófisis: encefalinas, dinorfinas y ß-endorfina, siendo este último grupo el de más importancia clínica debido a su gran potencial analgésico (de manera natural su producción es más intensa cuando sufrimos dolor).

Esto lo sabemos de acuerdo a experimentos realizados con ratones y comprobados en seres humanos, que han ayudado a estimar que aquellos individuos genéticamente determinados para producir bajas cantidades de hormonas de la felicidad están más expuestos al desarrollo de alcoholismo y otras adicciones, es decir, presentan mayor inestabilidad en sus emociones y enfrentan con más dificultad sus problemas que quienes alcanzan altas concentraciones.

Sin embargo, no es este el único caso conocido: se ha demostrado que el estrés sostenido provoca disminución de los niveles de endorfinas, lo que genera mayor inestabilidad emocional y debilidad ante el desarrollo de adicciones. En contraparte y para sacar provecho de los péptidos opioides, existen múltiples actitudes y satisfactores que estimulan su producción, de las cuales mencionamos sólo algunas.

Madre poderosa

La leche materna no sólo incluye todos los nutrientes que un bebé necesita durante los primeros seis meses de vida (proteínas, vitaminas, hierro, calcio, fósforo y lípidos), sino que también contiene endorfinas para que el pequeño se sienta feliz y elimine el dolor. ¿Requerimos más prueba que el gesto de un lactante mientras se alimenta?

Es por amor

Caricias, besos, abrazos y coito (penetración sexual) también estimulan la descarga de tan felices sustancias, así como de las populares feromonas (hormonas que aumentan el atractivo sexual de una persona y cautivan a su pareja), sobre todo cuando existe carga amorosa y emocional fuerte; tan explosiva combinación genera una sensación muy intensa de placer durante y después de tener relaciones sexuales, a la vez que contribuye a eliminar muchos dolores, insomnio, estrés y depresión.

Y que cada estrella fuese una flor

Los enamorados acertaron al elegir el regalo: de acuerdo con la asociación de flores y plantas (Inglaterra), tener rosas o lirios cerca de la cama aumenta la sensación de bienestar debido a que estos vegetales contienen feniletilamina, sustancia aromática que estimula la liberación de opioides. Para que esto ocurra debe contarse con ambiente ventilado, mantener agua fresca en el florero y, por supuesto, no ser alérgico.

En el fondo de mi taza de café yo te absorbí

Muchas personas sostienen que no hay nada tan placentero que acompañar sus momentos de trabajo, esparcimiento o convivencia con una taza de café, y que su efecto casi sensual se prolonga por más tiempo. Esta apreciación no es exagerada: hora y media después de haber consumido dos tazas de café, el nivel de las hormonas de la felicidad se mantiene sensiblemente alto.

Estuve leyendo tus viejas cartas

Una de las maneras más sencillas de producir endorfinas es pensando en hechos felices, evocando situaciones satisfactorias o hasta soñando despiertos con proyectos y anhelos, según se ha comprobado en varios estudios. Por eso mucha gente que se siente abrumada o triste encuentra en recuerdos y fantasías tanto placer.

Ejercicio no. 16

Al efectuar ejercicios de resistencia (correr o practicar futbol, por ejemplo) se presenta una secreción muy alta de morfinas endógenas. Esto explica por qué de la casi total desaparición de dolor en algunas regiones del cuerpo (hombro, rodilla) cuando se tiene práctica física intensa.

Tu risa, que fractura las derrotas

Una carcajada provoca la segregación de diversas sustancias a nivel cerebral, como adrenalina (vinculada a creatividad e imaginación), dopamina (que estimula la agilidad mental) y serotonina (químico de efectos calmantes que disminuye hambre y ansiedad); pero la producción más intensa que se presenta es de endorfinas.

Barriga llena, corazón contento

Aunque las hormonas de la felicidad no se incluyen en alimento alguno, se sabe que una nutrición deficiente es causa de desequilibrios químicos que se traducen en cambios anímicos desfavorables; en cambio, el consumo razonable de aminoácidos, minerales y carbohidratos ayuda a mantener buen sentido del humor.

Esta es la apreciación del Dr. Stephen Schoenthaler, sociólogo de la Universidad de California (Estados Unidos), quien después de estudiar por años la dieta de miles de personas en reclusorios, comprobó que al equilibrar su alimentación mejoraban su estado de ánimo. Los cambios fueron más positivos cuando se aumentaron verduras, frutas frescas y cereales integrales, a la vez que se disminuyó la cantidad de carbohidratos refinados (pan blanco, azúcar glass, etcétera), postres muy dulces y aditivos químicos.

Finalmente, escuchar una melodía que nos agrade, contemplar una puesta de Sol u observar a un niño riendo son situaciones entre tantas otras, colectivas o personales, que nos demuestran que la alegría depende de un solo factor: vivir. Y bueno, después de todo, las endorfinas nos recuerdan que la felicidad está en uno mismo.

SyM - Rafael Mejía

 

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