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Enfermedad pélvica inflamatoria, fertilidad en riesgo

Jueves 23 de enero del 2014, 02:33 pm, última actualización.

Se trata de una infección de los órganos pélvicos de la mujer, es decir, útero, ovarios y trompas de Falopio, que puede generar dolor, problemas para embarazarse y otras condiciones potencialmente mortales. La mejor manera hacerle frente es, sin duda, la prevención.

Enfermedad pélvica inflamatoria, fertilidad en riesgo

Las características anatómicas y funcionales del organismo femenino son distintas a las del varón, sencillamente, porque su cuerpo y órganos sexuales fueron diseñados por la naturaleza para permitir el desarrollo de un nuevo ser en su interior. Sin embargo, esta cualidad que ha cautivado a la humanidad durante siglos es también la causa por la que ellas pueden sufrir padecimientos particulares y, además, motivo suficiente por el que deben hacer hincapié en medidas preventivas.

La enfermedad pélvica inflamatoria es ejemplo de lo anterior, ya que se trata de la infección del tracto genital superior de la mujer, es decir, útero, ovarios y trompas de Falopio, así como de sus zonas adyacentes, el peritoneo (membrana que reviste la cavidad abdominal) y aquellas estructuras que conforman al tejido celular pelviano, como son parametrio (rodea a la matriz), paracolpio (junto al tracto vaginal), paracisto (próximo a la vejiga) y paraproctio (envuelve al recto).

La causa de este problema es el ascenso de bacterias que ingresan por la vagina y cuello uterino (abertura del útero o matriz) hasta alcanzar a los tejidos internos. Dichos microorganismos, en la mayoría de los casos, son aquellos que generan las enfermedades de transmisión sexual, por lo que se considera que tener relaciones íntimas sin utilizar preservativo, ante todo cuando hay más de una pareja, es el principal factor de riesgo para contraer este padecimiento.

Cabe señalar que las consecuencias de la enfermedad pélvica inflamatoria pueden ser graves, pues van de la reincidencia de la infección, que casi siempre genera dolor intenso en la región afectada, a la incapacidad para quedar embarazada o sufrir otras complicaciones cuyo desenlace puede ser fatal.

Causas y consecuencias

Los síntomas que distinguen a la enfermedad pélvica inflamatoria, también llamada salpingitis y salpingoovaritis, son la presencia de secreción vaginal con color u olor anormal, dolor en la zona abdominal baja (suele incrementarse al presionar con los dedos) y fiebre permanente o intermitente.

Menos frecuentes son los escalofríos, menstruación irregular (puede ser muy molesta y hasta ausente), relaciones sexuales dolorosas (al concluir llega a haber sangrado), cansancio, falta de apetito, náuseas, orinar a menudo y con incomodidad, así como dolor en la parte baja de la espalda. Asimismo, hay un porcentaje considerable de casos en donde los síntomas son prácticamente ausentes y se llega a pensar que son casuales.

Las evidencias obtenidas a nivel internacional señalan que aproximadamente 90% de los casos de enfermedad pélvica inflamatoria se deben a la acción de bacterias como clamidia (particularmente riesgosa, pues genera síntomas menos evidentes), gonorrea, micoplasma, estafilococo y estreptococo, las cuales se transmiten sexualmente.

El porcentaje restante se divide en otros factores que favorecen el ingreso de microorganismos:

  • Implantación del dispositivo intrauterino (DIU). El riesgo existe, pero se reduce de manera notable cuando la mujer que lo utiliza es examinada periódicamente y recibe tratamiento contra infecciones de transmisión sexual antes de comenzar a utilizar este método anticonceptivo.
  • Intervenciones en la matriz. Cirugías, toma de biopsia del endometrio (procedimiento para encontrar células cancerígenas al interior de la matriz) y aborto (espontáneo o inducido) pueden ayudar a que los microorganismos avancen.
  • Uso de ducha vaginal. El líquido puede arrastrar bacterias dentro del útero, además de que puede ocultar las señales de una infección y evitar que la mujer busque tratamiento.
  • Sistema inmunológico debilitado. Mala alimentación, estrés, estado de ánimo desfavorable y menstruación pueden disminuir las defensas del organismo y, por ende, la mujer es más propensa a enfermedades.
  • Diagnóstico tardío de infecciones de transmisión sexual. La falta de un tratamiento adecuado y oportuno para estos problemas que se presentan en vagina y cuello del útero facilita la reproducción de bacterias y su expansión a regiones internas.

Se debe aclarar que no todo episodio de enfermedad pélvica inflamatoria genera lesiones crónicas (permanentes o de larga duración), pero el riesgo existe. En primer lugar, una mujer con este problema ginecológico es más propensa a tener infecciones recurrentes y a sufrir dolor en la parte baja del abdomen de manera constante.

En segundo término, sufre inflamación en las trompas de Falopio (que transportan los óvulos a la matriz) y, por esta causa, sufre heridas que a la postre forman cicatrices. Dichos tejidos tienen la particularidad de que estrechan el interior de estos conductos y generan distintos grados de obstrucción.

Cuando el cierre es muy considerable o total se presenta infertilidad (los óvulos no llegan al útero), en tanto que al ser parcial favorece el surgimiento de una emergencia médica llamada embarazo ectópico (fuera de la matriz): la abertura reducida permite el paso de los espermatozoides, que logran la fecundación del óvulo, y el embrión comienza a crecer sin llegar a su destino, ya que las cicatrices le impiden el paso. Con el tiempo, la trompa de Falopio puede romperse y causar dolor, hemorragia interna y hasta la muerte.

Las estadísticas indican que una de cada 200 mujeres puede sufrir embarazo ectópico, pero después de padecer enfermedad pélvica inflamatoria el riesgo aumenta dramáticamente, pues una de cada 20 lo llega a presentar. Asimismo, se estima que la infertilidad ocurre en 15% de las féminas que han tenido este problema ginecológico en una ocasión, 30% en las que lo han sufrido dos veces, y 50% en quienes lo han presentado en tres momentos distintos.

Actuar a tiempo

Es de gran importancia que la mujer visite al ginecólogo para ser revisada en cuanto sospeche de este problema. Cabe recordar que las señales más notables para solicitar ayuda son el dolor en la parte baja del vientre, sobre todo cuando aparece después o durante la menstruación, así como aumento en la temperatura y secreción vaginal.

La paciente que acude a consulta debe contestar algunas preguntas al especialista, necesarias para elaborar su historia clínica, además de que se debe someter a un examen físico en el que se descubren sensibilidad al tacto en la región pélvica (sobre todo cuando se ejerce presión sobre útero y ovarios), así como cuello uterino que sangra fácilmente.

Asimismo, la rectificación del diagnóstico se puede apoyar en algunas pruebas:

  • Análisis de sangre. Llega a ser necesario para un conteo de glóbulos blancos (células que combaten microorganismos) y así conocer el estado del sistema de defensas.
  • Cultivo endocervical. Determina, mediante la toma de una muestra de flujo vaginal, qué tipo de microorganismo (clamidia, gonorrea u otros) es el responsable de la infección.
  • Laparoscopia. Permite la observación directa del cuello del útero a través de un microscopio especial.
  • Ultrasonido o tomografía de la zona pélvica. Son sistemas que permiten observar el interior del organismo y que, en este caso, ayudan a detectar la gravedad de las lesiones en útero, trompas de Falopio, ovarios y tejidos cercanos.

El tratamiento de la enfermedad pélvica inflamatoria, cuando se encuentra en estado temprano, se basa en la administración de antibióticos (pueden requerirse hasta tres distintos) y seguimiento continuo para conocer la evolución del problema, en tanto que los casos más severos y donde la infección se ha extendido pueden requerir de la hospitalización de la paciente para administrar medicamentos por vía intravenosa, hasta normalizar la situación.

En aquellos casos en que no hay respuesta adecuada con antibióticos y en que los exámenes muestren la existencia de abscesos (acumulación de pus) en trompas, ovarios o algunos tejidos cercanos, será necesario recurrir a cirugía para drenar las bacterias.

Paralelamente, la pareja sexual (o parejas sexuales) de la mujer debe recibir tratamiento para eliminar bacterias causantes de enfermedades de transmisión sexual, además de que es indispensable el uso de preservativos (condones) durante el transcurso de la terapia.

Finalmente, se debe destacar la importancia de la prevención a fin de evitar las riesgosas consecuencias de este padecimiento. Las medidas más importantes consisten en la práctica de sexo seguro (utilizando preservativo), el seguimiento al pie de la letra de las recomendaciones dadas después de la realización de procedimientos ginecológicos (como la colocación del dispositivo intrauterino), revisiones periódicas por parte del médico y la realización de un tratamiento adecuado y oportuno cuando se presenten enfermedades de transmisión sexual.

SyM - Dr. Miguel Márquez e Israel Cortés

 

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