Feromonas, químicos que estimulan el deseo sexual - SyM
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Feromonas, cuando el amor entra por la nariz

Martes 28 de marzo del 2017, 08:57 am, última actualización

No busques amuletos ni leas revistas que te llevan a adoptar poses estereotipadas y poco efectivas; los seres humanos somos capaces de crear, de manera natural, el más delicado filtro que nos garantiza sensualidad y atractivo sexual. Descubre cómo sacar provecho de él.

Feromonas, cuando el amor entra por la nariz

Una mujer y un hombre se atraen, intercambian miradas, se reconocen a la distancia y, por fin, se aproximan; escuchan sus voces mientras se observan: rostro, cuerpo, vestimenta; buscan en sus manos algún anillo que delate compromiso conyugal, analizan sus sonrisas. Ella humedece los labios, lo que le indica a él que puede acercarse más; avanza el tiempo y comienzan a tocarse con suavidad, a protegerse. Se besan. En medio de esta escena se encuentra la acción juguetona de Cupido, cuyas "flechas" son, más que una metáfora, químicos que estimulan el deseo sexual: las feromonas.

El descubrimiento de estas sustancias segregadas por hombres y mujeres, que se perciben a través de la nariz, se realizó en 1986 gracias a una investigación encabezada por la Dra. Winnifred B. Cutler, egresada de la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos), quien intuyó acertadamente que los seres humanos contamos con un sistema químico de comunicación sexual, tal y como desde la década anterior se había comprobado que ocurre en el reino animal.

En dichos trabajos se analizaron las reacciones de mujeres y hombres expuestos a estos elementos naturales generados por las glándulas apocrinas (conglomerado especial de células productoras de sudor que se localizan principalmente en las axilas y alrededor de los genitales), así como el papel de éstas dentro de las relaciones sexuales, obteniéndose resultados sorprendentes en cuanto al efecto que tienen sobre libido y salud: hacen más atractiva a nuestra pareja, influyen en la fertilidad y alivian algunos síntomas de la menopausia.

Al menos la primera de estas afirmaciones fue confirmada por una curiosa investigación realizada en la Universidad de Northumbria, en Newcastle-upon-Tyne (Gran Bretaña), en la que un grupo de mujeres observó una serie de diapositivas de hombres y, lápiz en mano, asignaron una puntuación a cada individuo según su atractivo. Los resultados fueron impactantes: el "sex-appeal" de los varones aumentó cuando los científicos rociaron feromonas en el ambiente.

El enigma de cómo se detectan las feromonas, siendo que son inodoras, fue resuelto años más tarde por un anatomista de la Universidad de Utah (Estados Unidos), el Dr. David L. Berliner. Este investigador redescubrió pequeña zona en el interior de la nariz humana llamada órgano vomeronasal (OVN), localizado entre la membrana mucosa que cubre el tabique o hueso que divide las fosas nasales.

Aunque el OVN fue identificado con más de un siglo de anticipación, los científicos asumieron que se trataba de un órgano rudimentario e inútil, cuya función se perdió durante la evolución del ser humano. Sin embargo, Berliner y su grupo de especialistas descubrieron que este pequeño órgano funciona como receptor completamente separado del sentido del olfato (especie de "sexto sentido") que se encuentra conectado directamente al hipotálamo, es decir, en el centro del cerebro encargado de controlar motivaciones básicas y emociones sexuales, de hambre, temor o enojo, así como temperatura corporal y ritmo cardiaco.

A principios del decenio 1990-2000, los científicos Larry Stensaas y Luis Monti-Bloch, también de la Universidad de Utah, así como Thomas Getchell de la Universidad de Kentucky en Lexington (Estados Unidos), confirmaron que las amistosas feromonas actúan a través del órgano vomeronasal.

Un beso y... ¡bang!

A través de diferentes investigaciones, dirigidas principalmente por el grupo de trabajo de la Dra. Cutler, se han comprobado los efectos de las feromonas, e incluso se ha ampliado el conocimiento de manera notable.

Empecemos por citar los insospechables efectos producidos por las feromonas masculinas, que podemos resumir en los siguientes puntos:

  • En un estudio en el que un grupo de hombres añadió feromonas a su loción durante ocho semanas, se apreció que los "conejillos de Indias" recibieron más abrazos y besos, además de que los intercambios sexuales con su pareja fueron más frecuentes e intensos que antes del estudio.
  • Otras investigaciones han permitido observar que las mujeres con menstruaciones irregulares consiguen ciclos casi normales después de inhalar regularmente la "esencia masculina" procedente de sudor, hormonas y otros fluidos naturales del cuerpo.
  • Asimismo, mantener relaciones sexuales por lo menos una vez a la semana incrementa al máximo la producción bioquímica femenina debido a los estímulos recibidos por el OVN, de modo que las mujeres con prácticas frecuentes son más fértiles, tienen una menopausia más suave e incrementan su propio nivel de feromonas.
  • Los químicos segregados por los hombres sólo atraen a las mujeres, y no tienen efectos estadísticamente representativos en la población masculina, pues cuando un grupo de varones fue expuesto a estas sustancias, sin que lo supieran, no experimentaron aumento de su apetito sexual y no tuvieron impulsos mayores para masturbarse.

Mención aparte merecen las feromonas producidas por las mujeres, cuyos efectos y reacciones son quizá más interesantes:

  • La "esencia femenina" aumenta el deseo de los hombres de tener relaciones sexuales.
  • Las feromonas producidas por una mujer tienen efectos en ella misma. Su actitud es más receptiva hacia su pareja, en tanto que físicamente se vuelve más atractiva: su piel es más suave, brillan sus ojos de manera especial e irradia un especie de magnetismo que produce efectos estimulantes en otras personas, sean o no conocidas.
  • He aquí un dato curioso que confirma un fenómeno largamente observado: las mujeres que entraron en contacto con la feromona de otra mujer por temporadas prolongadas (como ocurre cuando se comparte dormitorio) menstruaron al mismo tiempo. ¡En verdad!

Estas cualidades son ya explotadas por la industria cosmética para hacer más atractivos y sensuales sus productos, pues en sus fórmulas incluyen feromonas sintéticas: lociones para después de afeitar, shampoo, preservativos, cremas corporales, aromatizantes ambientales y hasta pañuelos desechables son algunos de los productos en que se emplean estos químicos para lograr una estimulación más efectiva y, por supuesto, amplios márgenes de ganancia ante un mercado deseoso de panaceas que le permitan vivir una sexualidad plena.

Seré fiel a tu piel

La pregunta que queda en el aire (muy válida, por cierto) es cómo se puede incrementar la producción de feromonas de manera natural. Los especialistas, sensibles a esta situación, sugieren las siguientes prácticas:

  • Mantener relaciones sexuales de manera constante; si la frecuencia es de por lo menos una vez a la semana, se contribuirá a la producción de muchas feromonas.
  • Practicar sexo oral.
  • Realizar ejercicios ayuda a estimular las glándulas apócrinas, productoras de feromonas. La práctica deportiva hará que la persona sude con mayor frecuencia y abundancia, por lo que se fomentará la producción de los químicos amorosos.
  • Evitar el uso de desodorantes con perfume demasiado fuerte, pues neutralizan nuestra propia fragancia. Se aconsejan los productos inodoros que aplaquen la transpiración pero que no eliminen el olor sexual personal.
  • No eliminar inmediatamente el sudor fresco del cuerpo, siempre que no sea muy abundante o desagradable en su aroma, ya que determinados estudios señalan que el mal olor aparece por lo general 24 horas después de haber transpirado.

Finalmente, estos datos validan las declaraciones de la Dra. Cutler, quien fundó el Instituto Athena para el Bienestar de la Mujer en Haverford, Pensilvania (Estados Unidos), donde ahonda en sus investigaciones sobre feromonas: "La parte emocionante es el efecto que tiene una persona en la otra. Los hombres son importantes para las mujeres, y viceversa". De este modo, podemos concluir que la moraleja es sencilla: amar para ser amado, ¿no?

SyM - Rafael Mejía

 

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