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Hepatitis B, tan peligrosa como el sida

Jueves 22 de junio del 2017, 09:30 am, última actualización

La hepatitis B es una infección 10 veces más frecuente que el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), y es causa de padecimientos mortales como cirrosis o cáncer hepático; a pesar de ello, poca información se divulga al respecto y la conciencia sobre sus efectos a la salud es mínima. Conoce esta silenciosa epidemia y prevén su embate.

Hepatitis B, tan peligrosa como el sida

Se trata de una enfermedad generada por un virus, que se transmite principalmente por vía sexual y se mantiene oculta por años hasta que evoluciona desfavorablemente y genera la muerte de su huésped. Tal vez estas referencias te hagan pensar en el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), pero en realidad nos referimos a la hepatitis B, padecimiento que genera importante número de decesos en todo el mundo y que es más frecuente que la infección ocasionada por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

A decir del Dr. Cipriano Borges Cordero, jefe de área en la Dirección General de Servicios Médicos de la Universidad Nacional Autónoma de México, el principal problema en torno a este mal hepático radica en la falta de información sobre sus efectos en la salud, formas de contagio y de prevención, pues cualquier persona puede incurrir en prácticas de riesgo y exponerse a contraerlo sin darse cuenta.

"Mucha gente -indica- está fuera de control y no toma precauciones porque no asocia este padecimiento del hígado con tener relaciones sexuales riesgosas; tampoco se tiene conciencia de que, según estimaciones estadísticas, los enfermedades hepáticas representan la quinta causa de fallecimientos en México".

Frecuente, pero ignorada

En entrevista para saludymedicinas.com.mx, el Dr. Cipriano Borges Cordero, quien ha publicado más de 250 artículos de divulgación médica y científica, explica que la hepatitis B es una enfermedad viral contagiosa que genera considerables dificultades en la salud pública, debido a que ataca al hígado, es capaz de generar cirrosis (destrucción del tejido hepático normal que se sustituye por cicatrices incapaces de desarrollar las mismas funciones) o cáncer hepático en etapas tempranas de la vida y, sobre todo, porque la manera en que se contagia y su amplia difusión la convierten en un problema comparable o de mayor magnitud que el sida.

Esta comparación se debe a que tanto la infección ocasionada por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) como la hepatitis B poseen vías de contagio muy similares, siendo la principal "el contacto sexual sin protección, con la diferencia de que en el mundo hay 500 millones de personas con el problema hepático, en tanto que el sida afecta a 50 millones de individuos", por lo que es fácil deducir que se trata de un problema 10 veces mayor.

El especialista acota que además del riesgo latente y directo que este mal representa para las personas infectadas, es también cierto que "gran cantidad de portadores de hepatitis B, sin manifestar síntomas y sin enfermedad aparente, actúan de manera parecida a como ocurre con los pacientes VIH positivos, de modo que inconscientemente dan lugar a una cadena de contagios".

Borges Cordero, quien fue el primer médico en realizar un diagnóstico de sida en México, durante el decenio 1980-1990 en el Centro Médico Nacional, opina a pregunta expresa que aunque se han presentado labores de difusión sobre el peligro que implica la hepatitis B, sobre todo a través de simposios o de actividades realizadas en la Facultad de Medicina de la UNAM, la conciencia y el impacto social sobre este problema, al igual que la divulgación de información, no tienen la misma magnitud que cuando se habla de la infección por VIH.

Ahonda: "En parte se debe a que la muerte que genera la hepatitis B es por cáncer o cirrosis hepática, que habitualmente se vinculan a otros problemas; por ejemplo, la cirrosis se asocia a alcoholismo, siendo que, en la actualidad, aproximadamente la mitad de las defunciones por este problema en el hígado se deben a infección viral y la otra al abuso de bebidas, además de que en ocasiones no se determina cuál fue la causa real del problema".

Asimismo, indica que la infección por VIH ha recibido el estigma social de ser una enfermedad ligada a ciertas preferencias sexuales, además de que la muerte derivada por este padecimiento es mucho más impactante. "El aspecto social -indica- dio más importancia al sida porque se pensó, al menos cuando inició la epidemia, que era un síndrome 'de homosexuales'; esta opinión está sujeta a discusión, obviamente, pero no creo equivocarme; varios artículos se escribieron en la década de los 80 para arremeter contra los hombres que tenían relaciones con hombres, y de alguna manera se dio un boom en ese aspecto".

Ciclo y formas de contagio

En términos generales, una hepatitis es la inflamación del hígado, casi siempre debido a la infección ocasionada por determinados tipos de virus. Dependiendo del agente invasor, se clasifican por letras, y actualmente se sabe que son más frecuentes las de tipo A, B y C.

La hepatitis A se propaga debido a deficiencias de higiene, sea por el consumo de agua y alimentos contaminados (mariscos crudos, principalmente) o por entrar en contacto con residuos de excremento de algún portador. No siempre ocasiona síntomas, pero puede manifestarse con cansancio, apariencia amarillenta de la piel, secreción de orina muy oscura y heces de color claro. Este padecimiento se autolimita, es decir, puede ser controlado y erradicado por el organismo.

El especialista indica que, por su parte, la hepatitis C es una enfermedad grave que tiene como principal vía de contagio la transfusión sanguínea, aunque también puede transmitirse a través del intercambio de fluidos corporales; debido a que fue descubierta en la última década del siglo XX y no existía control en las donaciones, muchas personas jóvenes la padecen porque la contrajeron a temprana edad.

"Ahora encontramos pacientes de 24 años de edad con hepatitis C -explica el facultativo- porque cuando eran niños se les practicó alguna operación, como una cirugía del píloro para digerir los alimentos; durante la intervención recibieron sangre y por eso ahora son portadores de esta infección viral, misma por la que, de acuerdo a estadísticas, tienen 80% de probabilidades de padecer cirrosis".

Por otro lado, el Dr. Borges Cordero explica que la hepatitis B es una enfermedad crónica, contagiosa, que no se autolimita como la de tipo A y que se contagia con más facilidad que la tipo C, por lo que representa un problema de salud pública más serio. Sólo en Estados Unidos se calcula que el número de contagios anuales es de 200 mil a 300 mil, y que hasta un millón y medio de pobladores de ese mismo país son portadores, capaces de contagiar a otros individuos.

De acuerdo al especialista, la hepatitis B tiene diferentes etapas. La primera, que es la de contagio, se origina cuando se presenta un intercambio de fluidos corporales al practicar relaciones sexuales sin protección, pero también al compartir navajas y agujas, cuando se realizan tatuajes o perforaciones con instrumental infectados e, incluso, a través del contacto con saliva o lágrimas de un portador, sobre todo si el receptor tiene algún tipo de lesión bucal.

Una vez que un individuo se ha contagiado, el virus se incuba durante algunas semanas y entonces aparecen los primeros síntomas de hepatitis B, que no siempre son evidentes y se confunden con cansancio o influenza, por lo que se estima que en 95% de los casos la infección pasa desapercibida hasta para el médico.

El sistema inmunitario del paciente entra en acción y produce anticuerpos para combatir al virus. Cuando esta respuesta del organismo es adecuada, se elimina el virus y proporciona al individuo inmunidad prolongada, en ocasiones de por vida, pero si la acción de las defensas es insuficiente, permite la multiplicación y persistencia del virus en el hígado.

A decir del Dr. Cipriano Borges, "aproximadamente 1 de cada 10 infectados pasan a la siguiente fase, llamada crónica; se convierten entonces en portadores y en quienes contagian a individuos sanos, pues aunque no presenten signos de enfermedad alguna, permiten que el padecimiento se multiplique con relativa facilidad sin darse cuenta."

Asimismo, comenta con preocupación que "si tomamos en cuenta que hay 500 millones de infectados con hepatitis B en el mundo, y que 10% de ellos desarrollan la enfermedad en su etapa crónica, el resultado es que tenemos a 50 millones de personas en dicho estado, y todos ellos son portadores".

Luego de varios años de ocurrido el contagio, el paciente comienza a presentar síntomas más serios como "pérdida de peso, coloración amarilla de las conjuntivas de los ojos y de la piel y agotamiento. Da la impresión de que la enfermedad apenas surge, pero en realidad el virus estaba escondido y ha iniciado su multiplicación (replicación) sin control".

Una vez que ocurre esto es muy difícil que el virus detenga su labor destructiva, por lo que genera padecimientos como cirrosis o cáncer, por lo que el hígado pierde paulatinamente su capacidad de sintetizar sustancias necesarias en todas las funciones corporales y, por último, muere.

Para concluir, Borges Cordero explica que una mujer embarazada con hepatitis B "puede contagiar en 90% de los casos a su bebé, quien tendrá una evolución mucho más terrible de la enfermedad", y que, de acuerdo a estadísticas, tiene mayor probabilidad de convertirse en portador y de presentar cirrosis o cáncer hepático.

Asimismo, indica que "la Organización Mundial de la Salud ha informado que, después del tabaco, el virus de la hepatitis B es el agente biológico que produce cáncer en el ser humano con mayor frecuencia; en Estados Unidos se calcula que 25% de los portadores de este padecimiento fallecen prematuramente de cirrosis o cáncer de hígado".

Ante todo, prevención

A decir del especialista, queda todavía mucho por hacer en cuanto a la mejor y más efectiva herramienta contra la hepatitis B: la prevención. Primeramente, menciona que desde principios del decenio 1990-2000 existe una vacuna contra la hepatitis B que brinda un nivel de inmunidad de hasta 95%; por fortuna, ya se encuentra contemplada dentro de la cartilla nacional de vacunación y debe aplicarse a todos los recién nacidos en tres dosis.

Esta valiosa herramienta es también útil en jóvenes o adultos y, de hecho, cualquier persona tiene derecho a solicitarla; sin embargo, no se ha realizado una campaña masiva que dé a conocer esta posibilidad. "Parece que la limitación y la falta de difusión se deben a aspectos económicos ya que, desgraciadamente, la vacuna es cara" y no existen recursos para solventar un proyecto así.

Asimismo, comenta que aunque el contagio de este padecimiento (y del de tipo C) por transfusión se ha limitado debido al control en las donaciones de sangre, hace falta crear conciencia sobre el riesgo que corren quienes utilizan drogas inyectables, tienen contacto con heridas abiertas, comparten artículos de uso personal como navaja de rasurar o cepillo de dientes, se realizan perforaciones y tatuajes y, ante todo, quienes tienen relaciones sexuales sin protección. "Se debe informar que el preservativo no sólo evita el embarazo o el contagio de enfermedades de transmisión sexual, sino que también es una manera de prevenir la hepatitis B".

El especialista también comenta que en ocasiones puede efectuarse un diagnóstico poco acertado de la hepatitis, ya que es posible que se determine que un individuo padece hepatitis tipo A, cuando en realidad es del tipo B. "Faltan recursos para que se realice un buen diagnóstico, ya que de momento esto sólo es posible en centros médicos de tercer nivel, es decir, en hospitales como La Raza, Centro Médico Nacional Siglo XXI o el Instituto Nacional Nutrición".

Borges Cordero explica que las pruebas de detección se conocen como "marcadores de hepatitis", y a través de ellas es posible determinar si la infección es del tipo A, B o C, sólo que requieren de equipo y personal especializado para realizarlas e interpretar los resultados, de modo que "hacer pruebas a todos los individuos sería muy caro, por lo que considero que, en vez de realizar pruebas de diagnóstico, sería más viable hacer una campaña de vacunación universal, es decir, a toda la población."

En cuanto al tratamiento de hepatitis B, subraya que existen fármacos que se emplean cuando el paciente presenta síntomas o se diagnostica; por desgracia, la falta de manifestaciones mientras el virus se mantiene latente hace que en gran número de casos la medicación llegue "cuando se presentan daños hepáticos de gran consideración y cansancio importante; se emplean drogas como el interferón, pero no todos los individuos responden".

Añade: "Al igual que ocurre con el sida, hay tratamientos de varios productos (cocteles) para evitar la replicación viral, pero en ocasiones esto tampoco es efectivo. Poco se puede hacer cuando el virus ha entrado en fase de replicación".

Es por ello que, concluye, la mejor alternativa contra este padecimiento es la prevención, pues "a veces es frustrante atender a estos pacientes, pues el tratamiento es muy costoso, no todos pueden ingresar a hospitales altamente especializados y se presentan complicaciones, como hemorragias en esófago que no son fáciles de controlar. Lo mejor es informar a la población, porque hay mucha ignorancia sobre este mal".

SyM - Rafael Mejía

 

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