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Hormona del crecimiento, ¿fuente de juventud?

Jueves 16 de marzo del 2017, 05:21 pm, última actualización

El uso de la hormona del crecimiento se limitaba a niños con problemas para tener estatura normal, pero ahora se sabe que la carencia de esta sustancia en adultos produce apatía, disminución del tono muscular y descalcificación.

Hormona del crecimiento, ¿fuente de juventud?

Desde principios del siglo XX comenzaron a estudiarse los efectos en el organismo producidos por la hipófisis, glándula apenas del tamaño de un chícharo que se ubica en la base del cerebro pero que, según se supo paulatinamente, regula el funcionamiento de testículos, óvulos, tiroides y suprarrenales. Entre las sustancias producidas por dicha hormona, hubo una cuyo primer efecto descrito fue estimular el desarrollo del ser humano, por lo que se le llamó "hormona del crecimiento", y que en condiciones normales se produce al dormir.

Durante el decenio 1950-60 dicha sustancia comenzó a utilizarse en el tratamiento de lactantes con atrofia de la hipófisis, causa por la que presentan distintos trastornos, entre ellos enanismo. Se supo también que se obtienen mejores resultados entre más rápida es corregida la deficiencia, cuyos motivos son muchas veces desconocidos, aunque en algunos casos existen factores bien identificados, como tumores, lesiones debido a accidentes o enfermedades, como:

  • Síndrome de Turner. Padecimiento genético que afecta a las niñas y que se caracteriza por la ausencia o anomalía de uno de los dos cromosomas X que determinan el sexo femenino.
  • Síndrome de Prader-Willy. También de origen genético, que produce obesidad extrema, falta de fuerza muscular y retraso mental.
  • Insuficiencia renal. Debido a las altas tasas de urea (compuesto de desecho compuesto principalmente de nitrógeno) en el organismo se detiene el crecimiento normal del esqueleto.

Detectar la enfermedad en la infancia es comparativamente más fácil que en el adulto. Aunque los síntomas de atrofia de la hipófisis no se manifiestan antes de los dos años, debido a que los niños con esta patología no aparentan ningún problema (tienen una talla normal al nacer, porque la hormona del crecimiento no es necesaria para el desarrollo intrauterino), se tienen sospechas cuando hay baja velocidad de crecimiento.

No obstante, más de 90% de los niños con déficit de hormona del crecimiento alcanzan en su vida adulta niveles normales de producción de esta hormona, por lo que el tratamiento se suspende en torno a los 14 ó 18 años, si bien debe realizarse una reevaluación entre los seis meses y un año de terminado el tratamiento. Sólo si se mantiene un déficit el tratamiento continuará de por vida.

La nota discordante de esta historia tiene lugar en que anteriormente se obtenía esta hormona de hipófisis de cadáveres, por lo que era muy difícil garantizar su pureza, lo que dio origen a dos problemas: primero, que con frecuencia había escasez para el tratamiento de lactantes que la requerían (como era tan poca no se empleaba en adultos) y, segundo, que hubo casos en que la sustancia se encontraba contaminada por un prión o proteína defectuosa que replica su anormalidad entre proteínas normales, muy difícil de destruir; muchos pacientes de todo el mundo contrajeron la enfermedad de Creutzfeld-Jacob (también conocido como "mal de las vacas locas", que afecta directamente al cerebro ocasionando demencia) y murieron.

En 1985 la hormona del crecimiento se retiró del mercado, y fue sustituida por una producida a través de ingeniería genética, libre de contaminación, a partir de Escherichia coli, bacteria benéfica que habitualmente vive en el intestino de todos los seres humanos. A esta sustancia se le conoce también como somatropa.

La producción artificial de hormona del crecimiento abrió, asimismo, las puertas para aplicar tratamientos a personas adultas (aunque sigue siendo un producto caro), donde es más difícil establecer por dos motivos fundamentales: desconocimiento generalizado de que se presenten problemas en la hipófisis e imprecisión de los síntomas. Sólo la existencia de alguna de las causas obvias hace sospechar del mal:

  • Lesión ocasionada por tumores, cirugía o radioterapia.
  • Presencia de déficit hormonal desde la infancia.
  • Golpes en la zona craneal por accidentes (casi siempre de automóvil).
  • En mujeres, si se sufre sangrado excesivo en el parto puede ocurrir un infarto en la hipófisis, y ésta deja de funcionar (síndrome de Sheehan).

Nuevos conocimientos

Recientes investigaciones demuestran que el organismo usa la hormona del crecimiento durante toda la vida, al grado que varios científicos opinan que la eliminación progresiva de esta sustancia con la edad se llama envejecimiento; aunque no llega a desaparecer del todo, su descenso es inversamente proporcional al aumento de presión arterial e incremento de niveles de colesterol, triglicéridos y glucosa en sangre.

Asimismo, hay ocasiones en que los niveles de esta hormona disminuyen de forma abrupta, desencadenando deterioro físico, pérdida de fuerza y descalcificación de los huesos, por lo que a una persona le es imposible llevar a cabo una vida plena desde el punto de vista social, familiar y laboral; como cualquier actividad le cuesta gran esfuerzo, poco a poco se retrae y desiste de sus quehaceres habituales.

En ambos casos, una vez iniciado el tratamiento la mejoría llega a ser espectacular, y tras seis meses de terapia, dependiendo de la dosis administrada, el cambio es rotundo: se fortalece la musculatura, se regenera la densidad ósea, reduce la acumulación anormal de grasa y mejora la apariencia de la piel.

La persona se normaliza, puede hacer frente a su vida cotidiana y empieza a hacer ejercicio; mejora su potencia sexual, sistema inmune, memoria, visión y calidad del sueño. Todo esto tiene, además, efecto psicológico sobre el individuo; paulatinamente desaparecen los problemas que habían surgido en los aspectos familiar y laboral.

El tratamiento no es recomendable en caso de padecer cáncer aún no controlado, debido a que esta hormona facilita el crecimiento celular. Tampoco es aconsejable en personas con alguna afección cardiaca, renal o hepática, e igualmente se debe valorar si el paciente será capaz de seguir la terapia con la regularidad que requiere, debido a su alto costo. A pesar de que puede generarse intolerancia transitoria a los carbohidratos (el organismo rechaza esta clase de nutrientes) y anomalías en el metabolismo de las grasas, el tratamiento está desprovisto de efectos secundarios importantes, que desaparecen al adaptar la dosis.

Queda aún mucho por aprender respecto a la hormona del crecimiento, así que esperemos quizá nuevos descubrimientos o formas de elaborarla que la hagan más. 

SyM - Sofía Montoya

 

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