Laparoscopía para el tratamiento de cáncer cervicouterino - SyM
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Laparoscopía contra cáncer femenino

Miércoles 21 de junio del 2017, 07:18 pm, última actualización

La cirugía de mínima invasión como la laparoscopia se ha incorporado como novedosa técnica para tratar tumores ginecológicos malignos, en particular aquellos que afectan al útero o matriz y que en México causan el fallecimiento de más de cuatro mil mujeres al año.

Laparoscopía contra cáncer femenino
Laparoscopía contra cáncer femenino

De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el cáncer cervicouterino se encuentra entre las principales causas de muerte a nivel nacional, al grado de que la tendencia de mortalidad en esa dependencia se ubica entre 3.3 y 4.6 defunciones por cada 100 derechohabientes.

“Al año se diagnostican 15 mil pacientes con cáncer ginecológico, de las cuales 5 mil tienen riesgo de perder la vida cuando la enfermedad no se detecta ni trata de manera temprana”, refiere el Dr. Félix Quijano Castro, jefe del Servicio de Ginecología Oncológica del Hospital de Oncología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, localizado en la Ciudad de México y perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Por tanto, es fundamental que las afectadas reciban atención oportuna, y en este contexto resalta el papel de la cirugía laparoscópica o de mínima invasión, ya que ha demostrado ser procedimiento seguro y eficaz, además de que evita los grandes cortes de bisturí aplicados en intervenciones quirúrgicas abiertas.

Sobre el procedimiento

Algunas de las ventajas de la cirugía de mínima invasión a las pacientes con problemas en útero son menor dolor posoperatorio (después de la intervención), pocos días de hospitalización (se reducen a 2 ó 3, pues en cirugías tradicionales se requieren 6 en promedio) y pronta reintegración a las actividades diarias. Además, se reduce en buena medida la posibilidad de sufrir alguna infección.

“La cirugía se efectúa mediante 3 pequeñas incisiones (miden de 0.5 a 1 centímetro) en el abdomen bajo, las cuales se realizan por medio de la inserción de finos tubos llamados trocares. En una de las aberturas se separa el tejido con pinza y se introduce una aguja llamada de Veres, la cual tiene en el extremo una manguera conectada a un aparato que regula el paso de bióxido de carbono (CO2), mismo que se emplea para elevar la pared abdominal y crear un espacio ideal para visualizar y manipular los órganos”, detalla el Dr. César Bonilla Gutiérrez, adscrito al servicio de Ginecología del Hospital General de Zona No. 53, Los Reyes, del IMSS, con sede en el Estado de México.

A través de las incisiones restantes se dejan los trocares, ya que permiten comunicación de la cavidad abdominal con el exterior. “Dichos instrumentos poseen dispositivos especiales para impedir la salida del gas y siempre deben introducirse bajo visión directa, con excepción del primero, que se coloca en la región umbilical (previa tracción de la pared abdominal, manualmente o con pinzas) y por el que se introduce una cámara diminuta que nos permite explorar toda el área abdominal y pélvica. Debido a que está conectada a equipo de DVD, es posible grabar la cirugía e incluirla en el expediente médico de la paciente”, añade el ginecólogo.

“En la década de 1980, el procedimiento descrito sólo se realizaba en el tratamiento de tumoraciones benignas, pues se tenían temor respecto al peligro de contaminación y diseminación de tumores en el lugar de la se intervención, sin olvidar el riesgo de que no se lograra la extirpación de la masa tumoral en forma adecuada”, señala el Dr. Aarón González Enciso, jefe del departamento de Ginecología del Instituto Nacional de Cancerología (Incan) de la Secretaría de Salud (Ssa), que se localiza en el Distrito Federal, en México.

Sin embargo, reconoce el Dr. Bonilla Gutiérrez, con la laparoscopía se logra mayor eficiencia en la cirugía, principalmente porque se obtiene mejor visualización de los tejidos y menor sangrado interno, lo que favorece la recuperación de la paciente.

A tomar en cuenta

Cabe destacar que la técnica de mínima invasión se practica en el IMSS con resultados favorables, aunque sólo en pacientes con cáncer cervicouterino en fases tempranas (de 0 a 2, es decir, aquellas en que las células malignas no se han diseminado). En cambio, en quienes padecen la enfermedad en etapas avanzadas, el tratamiento requiere otros procedimientos, como quimioterapia (medicamentos que eliminan los tejidos cancerosos).

A su vez, el Dr. Antonio Maffuz Aziz, médico adscrito al servicio de Ginecología Oncológica del Centro Médico Nacional Siglo XXI, advierte que en personas con problemas cardiovasculares y respiratorios “es recomendable efectuar estudios médicos para saber si son candidatas para la cirugía laparoscópica”.

Sin duda, la incorporación de la laparoscopía representa una importante evolución en la cirugía ginecológica moderna, ya que permite tratar enfermedades complejas. Sin embargo, la realización de esta técnica debe correr a cargo de personal preparado y experimentado, ya que existe el riesgo de perforar un órgano y provocar sangrado en la cavidad abdominal.

Recuento histórico

El término laparoscopia deriva de las raíces griegas lapara, que significa "abdomen" y skopéin que significa "examinar". Así, se refiere al procedimiento diagnóstico que permite observar el interior del abdomen con la ayuda de instrumento llamado laparoscopio.

Se atribuye al médico árabe Abulcasis (Abul Qasim Khalaf ibn al-Abbas al-Zahravi) haber efectuado en el siglo X el primer examen de un órgano interno, el cuello uterino, utilizando luz reflejada.

Por su parte, la primera exploración en cavidad cerrada se atribuyó al especialista alemán George Kelling, quien en 1901 publicó sus observaciones tras haber inspeccionado la cavidad peritoneal (interior del abdomen) de un perro usando un cistoscopio después de introducir aire en la zona. Dicho procedimiento se denominó celioscopía.

Nueve años más tarde, Jacobeaus, cirujano sueco, efectuó y publicó sus estudios en laparoscopía, con los cuales era capaz de identificar sífilis (infección de transmisión sexual que puede atacar al cerebro, sistema nervioso, corazón, piel y huesos), tuberculosis (infección respiratoria que también puede afectar otros órganos) y cirrosis (formación de cicatrices en el hígado).

SyM - Karla Galván

 

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