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Los enigmas del deseo

Viernes 11 de noviembre del 2016, 09:58 am, última actualización

El deseo es una “chispa” misteriosa creada por la naturaleza. Sublime mezcla entre química, atracción y seducción capaz de remover tus fibras más internas. Todos podemos sentir ese “cosquilleo” sexual con la misma intensidad; sin embargo, diversos factores lo inhiben o exaltan.

Los enigmas del deseo

El deseo recorre todo tu cuerpo y, de inmediato, en tu mente aparecen sinnúmero de escenas eróticas con la o las personas que te gustan; en respuesta, tu ropa interior puede humedecerse. Si reconoces que experimentas tales sensaciones y te es placentero, ya seas hombre o mujer, nunca faltará un malintencionado que te ponga etiqueta de “perverso”, “adicto sexual” o “cochino”; nada más lejano de la realidad.

Sentir deseo es de lo más natural en todos los humanos, pues evidentemente no somos seres carentes del deseo sexual y nuestro organismo está equipado para responder a los impulsos eróticos.

“El deseo está vinculado a una respuesta fisiológica, en la cual hay activación de las neuronas a través de químicos cerebrales que producen excitación e impulsan respuesta corporal”, explica el Dr. Rolando Díaz Loving, director de la Unidad de Investigaciones Psicosociales de la Facultad de Psicología (FP) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con sede en la Ciudad de México.

También conocido como impulso erótico, puede iniciar con el contacto visual, al grado de que la seducción puede ocurrir sólo con la mirada y sin tocar siquiera un cabello. Para Ana Cerón —erotóloga y autora del libro Íconos de placer— lo fundamental en un acto de seducción es que te hagan perder el dominio que tienes sobre ti mismo. “Es esencial sentir que te acarician con una mirada, que te dejan un vaho y que te están incitando”.

Origen de la chispa

Aunque para nadie es secreto que en el cerebro radica el verdadero potencial sexual del ser humano y no en los genitales, es específicamente la corteza cerebral o córtex —delgada hoja de tejido neuronal exclusiva de los mamíferos— lo que incita el deseo sexual.

Georgina García, terapeuta de pareja y educadora sexual por la Asociación Mexicana para la Salud Sexual, agrega que el deseo es multifacético. “En su base biológica radica el buen funcionamiento de los sistemas nervioso y endocrino, en la psicológica se traduce como motivación, y la social incluye los vínculos que establecemos”.

Para Rinna Riesenfeld —sexóloga y co-directora de la librería especializada El Armario Abierto— el deseo no tiene que ver con guapos y feos, sino que se relaciona con una necesidad. “Es similar a la llave que embona en la cerradura, es decir, al acto de que alguien cubra tus necesidades en la seducción”.

Represión y machismo

El aprendizaje, sociedad y cultura han reprimido el deseo sexual, principalmente el femenino, mediante entrenamiento verbal y de prohibición. “Lo anterior responde a conjunto de reglas creadas desde hace muchos años por el sector masculino, cuya preocupación ancestral ha sido asegurar que sus cromosomas sean los que pasen a las siguientes generaciones. Esto se hace evidente en la procreación: la mujer tiene la certeza de que el bebé que lleva en el vientre es suyo, y para los varones la paternidad es dudosa. Tal incertidumbre ocasiona que él la controle a ella y le haga creer que su deseo sexual es secundario”, coinciden Georgina García y el Dr. Díaz Loving.

Dicha actitud es típica en otras especies de mamíferos, como en el caso de los leones. Cuando un ejemplar dominante ingresa a una comunidad y logra vencer al macho alfa (el dominante), de inmediato mata a todos los cachorros del grupo porque mediante el olfato sabe que no llevan su sangre. De esta manera, las leonas entran en celo, se aparea con ellas y garantiza que las siguientes camadas posean sus características. Debido a que entre los humanos no existe tal posibilidad, el hombre reprime el deseo sexual de su pareja para asegurar que sólo él mantenga relaciones sexuales con ella.

Ana Cerón coincide: “No es que no sepamos sentir, sino que no nos dejan sentir. A ti y a mí nuestra abuela nos dijo que el sexo era terrible, que una mujer que se dejaba ir era una cualquiera. En consecuencia, cuando estás disfrutando de un encuentro sexual, de pronto te viene a la mente la cara de tu abuela y te bloquea”.

Otra forma de reprimir el placer en la mujer, de acuerdo con la erotóloga, ha sido mediante la posición sexual de misionero. “Es la única aprobada por la Iglesia porque no le permite sentir placer a la mujer. Ello quedó asentado en el Código de Moralidad de la Nueva España (decretado en 1663), en el cual se estipuló que la mujer sólo podía tener relaciones sexuales para procrear y darle gusto al hombre”.

Inhibición y disminución

Quizá en momentos hayas sentido disminución del deseo sexual, lo cual te causa gran angustia porque de inmediato lo relacionas con alguna disfunción sexual. Hay que considerar que se trata de proceso cíclico y varía a lo largo de la vida; no obstante, existen factores que pueden reducirlo o inhibirlo en forma importante. En cuanto a las causas fisiológicas, Georgina García nos explica que la disminución puede deberse a anomalías en los centros cerebrales y hormonales, aunque también se ve afectado por depresión, ansiedad, estrés, cansancio y preocupaciones.

Asimismo, a la mujer siempre se le dice que el impulso sexual es cosa de hombres, les prohíben tocarse porque “los genitales son sucios y feos”. ¿Qué genera lo anterior? “Qué apaguen su deseo sexual. Cuando ella está reprimida, no sabe tocarse ni estimularse, y si su pareja tampoco sabe hacerlo, sus relaciones sexuales serán entre ‘X’ y feas”, responde enfática Rinna Riesenfeld. Asimismo, como nadie nos enseña a hablar del tema, nos da vergüenza manifestarle a nuestro compañero las necesidades y gustos.

Otros factores que pueden inhibir el deseo sexual son los conflictos con la pareja, falta de privacidad, ya sea por la presencia de hijos o por vivir en casa de los padres o suegros, o bien, darle mayor importancia al trabajo que a la sexualidad.

Influencia de los estereotipos

Gran parte de la gente vive amargada por “virus culturales y sociales” que no vienen al caso. Por lo general, la televisión propone los modelos de la “gente guapa que despierta deseo sexual”. Volteemos alrededor, ¿cuántas personas cumplen con tales características?, muy pocas. Despertarle deseo a alguien es una actitud, no un cuerpo; hay gente de todos tamaños, colores, sabores, cuerpos y panzas que han generado una atracción súper fuerte.

“Si te pusiera un ejemplo con comida, te diría que la carne es sólo carne; la hay de res, pollo y pescado, no hay gran variedad. Para que no te hostigue comerla durante toda la vida puedes aderezarla de mil formas distintas, y es precisamente la sazón la clave del éxito. Lo mismo sucede con los humanos, somos carne. ¿Qué nos hace atractivos?, la actitud, seducción, mirada, movimientos, forma de hablar y manera cómo nos aproximamos a alguien. Ahí es donde está el deseo, en la ‘sazón’ y en la ‘salsa’, no en los estereotipos”, advierte Rinna Riesenfeld.

“Suele decirse: si tengo la carne fea, para qué la sazono, nadie va a comer. Nunca he visto algo bien sazonado que no venda”, agrega la sexóloga. Y tiene toda la razón; de hecho, a veces nos fascina alguien que en nada se parece a los modelos de la televisión y hasta representa la antítesis de lo que nos gusta, pero nos enamoramos de su “sazón”.

De la exaltación a la adicción

Hay personas mucho más proclives o propensas a sentirse excitadas, buscar pareja y experimentar nuevas sensaciones. “En ocasiones, esta característica se confunde con adicción sexual, pero debe quedar claro que una sexualidad activa y fuerte no es sinónimo de alteración. La adicción, propiamente dicha, tiene lugar cuando la persona no puede controlar sus impulsos y ello le genera problemas en su entorno”, aclara Georgina García.

Al respecto, el doctor Díaz Loving expresa que “cualquier situación en la que pasión o deseo interfiera con mi bienestar o el de los demás, puede considerarse enfermiza”. Esto lo comparte Rinna Riesenfeld: “la adicción al sexo tiene lugar cuando la cantidad del deseo o la excitación impide realizar otras actividades. Se trata de ansiedad canalizada a la vía sexual”.

¿Cómo evitar caer en manos de una sola pasión o deseo? Entre más diversificado es el ser humano, más actividades le ocupen, mayores capacidades posea y mantenga vínculos armoniosos con sus semejantes, será muy difícil que una sola cosa lo vuelva loco porque cuenta con todos los elementos para sentirse realizado.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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