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Más orgasmos con sexo tántrico

Viernes 11 de noviembre del 2016, 12:50 pm, última actualización

Esta milenaria práctica, originaria de la India, goza de gran fama en nuestros días debido a que propone numerosos ejercicios para disfrutar la sexualidad con libertad e intensidad. La finalidad de esto, sostienen los tantristas, es obtener paz psicológica y crecimiento individual para vivir en armonía con la pareja y el mundo. ¡Descúbrelo!

Más orgasmos con sexo tántrico

El tantra es una de las propuestas de autoconocimiento más peculiares que se han generado, ya que se dedica a unir y armonizar aquello que a primera vista luce irreconciliable: el placer sensual del erotismo con el éxtasis espiritual y el crecimiento interno. Sin embargo, es también una corriente de pensamiento que ha sufrido infinidad de malas interpretaciones, ya que su objetivo no es el logro de proezas sexuales o posiciones amatorias acrobáticas, tal como lo exponen algunas películas o libros, sino desarrollar el potencial del ser humano.

En efecto, el "festín sensual" que le ha valido tanta fama a esta disciplina es sólo una fracción (importante, sí) de los recursos con que cuenta el aprendiz, ya que quien sigue este camino también se compromete a mejorar su salud y alimentación, a desarrollar ejercicios de respiración y meditación en beneficio de su organismo, así como a cultivar pensamientos, emociones y acciones constructivas.

Amor liberal, no libertino

Tanto la práctica del tantra como las polémicas que desencadena en su entorno son más antiguas de lo que pensamos ya que, a pesar de la dificultad que implica establecer una fecha precisa de su aparición, se han encontrado textos procedentes de la India y Pakistán que abordan estos temas desde los siglos V y IV antes de nuestra era.

Esta doctrina surgió como alternativa a las arraigadas ideas de los brahamanes o sacerdotes hindúes, que sostenían que quien buscara comprender a la vida y sus misterios debería renunciar a la práctica de su sexualidad y de todo placer corporal. Los primeros tantristas, poseedores de amplios conocimientos sobre meditación y yoga (de ahí que esta filosofía también sea llamada tantra yoga), dieron un giro radical a estas ideas, para lo cual retomaron y organizaron varias prácticas conocidas desde antaño para hacer de los placeres del cuerpo una experiencia sublime.

El fundamento para este hecho fue encontrado en la misma mitología hindú, la cual sostiene que la pareja divina formada por Shakti y Shiva (principios femenino y masculino, respectivamente) creó al universo a través de su cópula y de una danza. Desde esta perspectiva, el origen del mundo quedó entendido como un acto amoroso y erótico que podría repetirse "en miniatura" durante la unión íntima de los amantes, quienes a través de prácticas específicas adquirirían la capacidad de utilizar su sexualidad para conectarse con una energía sutil (kundalini) que les daría conciencia sobre el sentido de su existencia.

Así, el tantra afirma que el cuerpo humano es un "templo sagrado" que merece todas las atenciones posibles, no sólo en cuanto a higiene o práctica de ejercicios que den fortaleza y elasticidad, sino que también se considera muy válido participar en un banquete, degustar un buen vino, usar fragancias delicadas o recibir revitalizante masaje; asimismo, y ya que el baile se encuentra en el origen de todo cuanto existe, sugiere que todo buen practicante cuente con carácter alegre y vivaracho y que sea capaz de sonreír con la conversación de un amigo, una melodía o al contemplar a un ser vivo.

El cómo lograr esta actitud y carácter es la parte menos difundida de la doctrina tántrica, y es precisamente en este "camino" donde se decepcionan muchos de quienes desean acceder a la "magia amorosa". El motivo principal, sin duda, es que hombres y mujeres (principalmente ellos) buscan utilizar las relaciones sexuales y el goce corporal sólo como entretenimiento, alivio a sus problemas o demostración de poderío, y no ven en ello la posibilidad de realizar un acto de amor desinteresado que rinde culto a la pareja y a sí mismo.

Un texto antiguo, el Kularnava-tantra, dice al respecto: "Beber hasta intoxicarse, comer carne y contemplar un rostro hermoso no es el camino que ha de seguirse; muchos piensan erróneamente en nombre del tantra, engañados y engañando a otros, y actúan equivocándose, apartándose de los mandatos. Si por beber se lograse la plenitud, todos los borrachos alcanzarían la perfección; si el conocimiento viniese por copular, todos los animales serían conscientes".

¿Realmente es complicado?

Se dice que no lo es tanto cuando, además de un buen maestro, se tiene disciplina, paciencia y el propósito de mejorar como individuo. No se debe engañar a nadie: tantra proviene de la palabra tantori, que significa "tejido" o "entramado"; a su vez, este vocablo se deriva del término sánscrito (lengua sagrada y antigua de la India) tan, que significa "extender" o "expandir". Así, lo que se busca a través de esta filosofía práctica es unir y armonizar los aspectos a menudo contradictorios que dan forma al individuo para que pueda crecer.

Algunos ejemplos nos ayudarán a explicar mejor esto. La educación sexual en occidente tiene la mala costumbre de señalar al cuerpo como un tabú, de modo que el contacto físico se evita al máximo e incluso se siente incomodidad cuando alguien nos roza en la mano por accidente; no es extraño entonces que estas inhibiciones se presenten al tener relaciones íntimas y, por tanto, que el encuentro amoroso sea entendido sólo como el coito (penetración).

De inicio, el maestro propone una serie de prácticas que parecen sencillas pero que obligan a sus alumnos a enfrentar y vencer miedos arraigados que les impiden practicar el sexo tántrico. Por ejemplo, un varón debe tener la capacidad de reconocer cuáles son sus zonas erógenas y cómo le gusta ser tocado, para lo cual puede comenzar por hacer el amor... él sólo. ¡En efecto!, y lo más conveniente es que busque un lugar íntimo, donde nadie lo interrumpa, y que cuente con suficiente tiempo para que acaricie todo su cuerpo detenidamente, de distintas formas y con plena conciencia.

La instrucción también contempla las prácticas en pareja, en las que pueden surgir resistencias de todo tipo; es común que durante la realización de movimientos de gimnasia o yoga para alcanzar elasticidad alguno de los participantes se sienta un poco ridículo o que haya temor desconocido cuando las manos del amante toquen alguna zona del cuerpo de la que nos sentimos avergonzados; ni qué decir de la pena que puede representar autoestimularse, con los ojos cerrados, frente a la mujer u hombre que nos acompaña.

Lo más curioso es que este milenario método coincide con algunos planteamientos de la Psicología moderna, que señala que podemos "guardar" las presiones y malos recuerdos a lo largo de nuestra existencia y que esto se manifiesta de manera simultánea en cuerpo y actitudes. Así, alguien que siente que sus responsabilidades son muy grandes tiene una posición encorvada, como si "cargara" algo pesado en la espalda, en tanto que quien es muy tímido se siente incapaz de gritar y hasta experimenta dolor frecuente en la garganta.

Todos estos problemas y otros más son vistos por el tantra como bloqueos de energía que requieren tiempo para ser superados a través de meditación y autoanálisis en el que se siguen estos puntos:

  • Primero se requiere de buena disposición y tranquilidad, lo que se logra al recordar que no se es la única persona con problemas, y que todos hemos tenido dificultades en alguna ocasión.
  • Acudir al origen de la resistencia, es decir, recordar el momento en que se generó el miedo y escribirlo con detalles; esto es muy importante, porque al expresarlo y "darle forma" comienza la sanación, tal como lo descubrió el Psicoanálisis.
  • Interpretar ese miedo y relacionarlo con pensamientos destructivos y posibles experiencias traumáticas. Por ejemplo, una mujer que se resiste a ser acariciada pudo tener educación represiva durante la infancia o haber sido golpeada, por lo que se siente insegura y evita el contacto cercano.
  • Darse la oportunidad de sentir temor. Quizá es la parte más difícil, ya que puede generar incertidumbre, dolor y llanto en caso de traer a la mente un recuerdo desagradable; sin embargo, es necesario hacerlo para sentir una liberación de energía que permita asumir la sexualidad con plenitud, y la comprensión del mundo y de la vida sin rencor.

Esto no debe dar pie a pensar que toda la instrucción implica sufrimiento, ya que buena parte del entrenamiento consiste en ejercicios relajantes y de coordinación, como los dedicados a sensibilizar olfato y gusto, en los que se perciben y adivinan olores o alimentos con los ojos cerrados; esta actividad suele prestarse al juego y la improvisación, como cuando alguien le hace una broma a su pareja y empieza a mezclar sabores para hacer más difícil la prueba.

Otro momento entretenido se da cuando los participantes imitan la disposición que existió durante el encuentro que, dicen los hindúes, dio origen al mundo. Ya que la leyenda narra que Shiva rindió honores a Shakti para que le revelara sus secretos, y que en correspondencia ella bailó frente a él, los practicantes del tantra evocan este hecho de la siguiente manera: el varón se dedicará a preparar suculento desayuno y a servirlo en la cama sólo para su pareja (él no puede acompañarla, tocarla ni recostarse), de modo que le rinde culto como a un ser sagrado, en tanto que, en otra ocasión, la mujer puede danzar desnuda frente a su amante para invitarlo a acercarse y corresponder a sus gentilezas y atenciones.

Secretos amatorios

Hasta el momento hemos abordado algunas prácticas de sensibilización y sus resultados, pero no se ha mencionado nada acerca de la cópula; esto no es casual, toda vez que se ha comprendido que la esencia del tantra no es tener relaciones sexuales, sino que éstas sean una vía para alcanzar mayor comprensión interna, y que asumir una sexualidad plena requiere autocontrol.

Este último aspecto es una de las claves para un cambio radical y positivo en la actitud del individuo ante la vida. Decíamos con anterioridad que, a diferencia de otras filosofías, el tantrista se permite beber o comer lo que desee, pero a medida que supera sus miedos y se ama a sí mismo, adquiere la sabiduría de que los excesos dañan a su cuerpo. Así, no se priva de nada, pero evita sobrepasarse.

El autocontrol de la sexualidad tiene un significado e importancia vital del que carece la educación tradicional en nuestras sociedades, sobre todo la que reciben los hombres. Por regla general, los varones piensan que el fin de toda relación íntima es el coito, a través del cual obtendrán un orgasmo que les generará placer; el tantra, en cambio, invierte este enfoque y permite un contacto más placentero, sensual, intenso y, por supuesto, de larga duración.

Antes que dejarse invadir por la ansiedad, el hombre tantrista aprende a esperar y a tomar el encuentro amoroso sin apresuramiento; para lograrlo hace especial énfasis en el control de la respiración y en la relajación corporal, ya que así puede efectuar movimientos ligeros, armónicos y con ritmo agradable. Los sexólogos han comprobado con estudios la certeza de esta actitud, ya que se ha demostrado que la respiración aumenta al hacerse inminente un orgasmo, y que desacelerar y profundizar conscientemente el ritmo de inhalación y exhalación tiene importante impacto en el control de la eyaculación.

Queda claro que una relación sensual y prolongada permite hacer más estrecha la unión entre la pareja e incrementar el autoconocimiento del individuo, además de que concuerda con la idea de convertir al propio cuerpo en un "templo sagrado". Pero eso no es todo; el tantra propone al varón un segundo cambio trascendental en su pensamiento, el cual consiste en aprender que orgasmo y eyaculación no son lo mismo.

Hace siglos los tantristas descubrieron la posibilidad de experimentar a sensación de éxtasis o clímax sin expulsar semen, pero también que una vez que la eyaculación ocurre es inevitable que el pene pierda rigidez. De esta manera, mediante prácticas determinadas se logra "separar" un acto del otro y obtener un resultado verdaderamente notable: la capacidad de tener varios orgasmos sin perder la erección.

Uno de los ejercicios más usuales para lograr este objetivo tiene como meta ejercitar los esfínteres y el músculo elevador del ano (pubococcígeo), responsables de la expulsión de semen. El primer paso consiste en identificar estos tejidos, lo cual se logra al interrumpir la expulsión del chorro de orina unas 10 veces por ocasión, durante una semana. Los músculos que se contraen para lograrlo son precisamente los que hay que tonificar.

Una vez que se ha reconocido esta zona, puede contraerse y relajarse estando de pie, acostado, caminando o sentado, aumentando progresivamente el número de contracciones hasta alcanzar aproximadamente 300 al día, de forma que el control de esfínteres y músculo pubococcígeo estarán sometidos a la exigencia del practicante. La eficacia de esta técnica es tan notable que suele recomendarse por especialistas para contrarrestar la eyaculación precoz.

Finalmente, resta decir que el trabajo tántrico logra, en efecto, un cambio notable y benéfico en la manera de vivir y asumir la sexualidad; sin embargo, cabe resaltar que se trata de un camino que requiere de la instrucción de un maestro con experiencia, por lo que si desea iniciarse en esta disciplina le recomendamos acudir a fundaciones o asociaciones establecidas y debidamente registradas. Desconfía de profesores que aseguren rápidos cambios en el ejercicio de su vida íntima, y evítalos de inmediato si les proponen a ti o a tu pareja sostener relaciones con ellos.

SyM - Sofía Montoya

 

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