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17 Octubre 2017 | Iniciar Sesión



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Síndrome del comedor nocturno, nuevo trastorno alimentario

Miércoles 19 de octubre del 2016, 04:40 pm, última actualización.

Quienes lo sufren tienen inapetencia durante la mañana y fuerte apetito durante la noche, que se acompaña de insomnio, frecuentes despertares a causa de necesidad irrefrenable de comer y sentimiento de culpa por haber ingerido gran cantidad de alimento.

Síndrome del comedor nocturno, nuevo trastorno alimentario
Síndrome del comedor nocturno, nuevo trastorno alimentario

Los especialistas en Nutrición reportan que en sus consultas comienzan a abundar pacientes con este nuevo trastorno de la alimentación. Se trata de personas que por las noches “asaltan” el refrigerador y consumen más de 60% de los requerimientos calóricos diarios en varias visitas a la cocina.

De acuerdo con la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD), dicho trastorno puede estar presente hasta en 50% de la población con sobrepeso y, aunque reconoce que la obesidad no es propiamente un trastorno alimentario, el síndrome del comedor nocturno puede ser su causa en muchos casos.

Tentempiés de noche

Los afectados por el síndrome del comedor nocturno apenas comen durante el día, pero en el transcurso de la noche ingieren gran cantidad de alimentos.

Cabe destacar que el tamaño de las porciones es mucho menor que en los casos de bulimia (abuso en el consumo de alimentos acompañado de vómito provocado y uso de medicamentos que estimulan la evacuación intestinal y emisión de orina) o trastorno por atracón (alimentación compulsiva), ya que se estima que en cada asalto un comedor nocturno ingiere casi 400 calorías, mientras que en las otras dos alteraciones la ingesta puede alcanzar 3 mil.

Debido a que se levantan varias veces a comer, las personas con síndrome de comedor nocturno llegan a ingerir 1,700 calorías durante la noche y, en consecuencia, ello les impide dormir. Al comer en ese horario, el organismo concentra su energía y esfuerzo en el proceso de digestión, lo que perturba su sueño.

Tras la ingestión de alimentos empiezan sentimientos de culpa y desánimo pero, en contraste con la bulimia, tales episodios no se asocian a estrategias compensatorias, como inducción del vómito, administración de laxantes y diuréticos o práctica compulsiva de ejercicio.

Para determinar que alguna persona padece síndrome de comedor nocturno, además de los síntomas descritos, los episodios deben repetirse al menos dos días a la semana durante mínimo seis meses.

Esta enfermedad fue descrita por primera vez en 1955 por el psiquiatra Albert Stunkard, quien hasta la fecha se desempeña como investigador en la Universidad de Pennsylvania, Estados Unidos, luego de observar inapetencia diurna en pacientes obesos que desaparecía por la noche para convertirse en apetito voraz, repetitivo y acompañado de insomnio. Asimismo, notó la relación del síndrome con periodos de tensión y alarma, pues cuando éstos disminuían, también lo hacía la ingesta nocturna.

Problema creciente

El Dr. Albert Stunkard estima que 1.5% de la población mundial podría padecer síndrome de comedor nocturno, y aunque cada vez se registran más casos, el padecimiento es prácticamente nuevo. Diversos estudios revelan que el problema es más frecuente en mujeres, y la causa todavía es desconocida.

El problema se manifiesta durante la adultez temprana con edad promedio de 39 años y, en mayor proporción, en personas con índice de masa corporal (IMC, proporción matemática obtenida con el peso y talla de cada persona) mayor a 26 o con 20% de exceso de peso. Si bien se ha observado que su incidencia es mayor conforme se incrementa el IMC, también se manifiesta en personas con peso corporal normal, aunque es poco frecuente.

Las investigaciones del equipo del Dr. Albert Stunkard permiten clasificar a los comedores nocturnos según sus conductas preponderantes:

  • De tarde y noche. Tienden a consumir la mayor parte de sus requerimientos en horarios vespertino y nocturno; incluso, se mantienen despiertos y continúan comiendo hasta el momento de conciliar el sueño.
  • Ansiosos. Sufren angustia durante el consumo, lo cual se asocia con situaciones ocurridas durante el día o que les están causando inquietud. Consideran que comer les permite tranquilizarse y dormir.
  • Por antojos. Se caracteriza por satisfacer la necesidad con alimentos específicos que son de la preferencia del sujeto.
  • Los que se disculpan. Enfocan sus pensamientos, principalmente, en los efectos del insomnio y sueño insuficiente. Así, justifican los atracones con la excusa de que están muy cansados o estresados, y comer les ayudará a relajarse y dormir de nuevo. Sin embargo, lo que realmente les preocupa es no obtener las suficientes horas de descanso; es algo similar a lo ocurrido con personas que sufren insomnio.

Riesgo de obesidad

Aunque el consumo de alimentos tras cada despertar no es excesivo, cuando el hábito se acentúa se traduce en aumento de peso, el cual puede ser el primer eslabón en el desarrollo de obesidad. La relación entre el exceso de peso y el síndrome se ha constatado en el mayor estudio controlado realizado hasta el momento, el cual analiza los patrones de sueño y alimentación en pacientes con sobrepeso.

En dicha investigación, efectuada por el Programa de Trastornos Alimentarios y de Peso (Weight and Eating Disorder Program), del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pennsylvania, se observaron diferencias sustanciales en el patrón de consumo alimentario entre el grupo control y el de pacientes con síndrome de comedor nocturno.

Se comprobó que la ingesta de energía en las primeras ocho horas del día (de las 6 de la mañana a las 12 de la tarde) era en promedio de tan sólo 575 calorías en 46 personas con síndrome de comedor nocturno, frente a las 1,082 calorías consumidas por los 43 sujetos obesos del grupo control.

Para tener mejor idea del escaso consumo de alimentos durante la primera parte del día, conviene mencionar que las 575 calorías equivalen a un vaso de leche, sándwich de jamón con queso manchego y un vaso de jugo de naranja.

Después de analizar la ingesta de la segunda mitad del día (desde las 2 de la tarde a las 10 de la noche) en ambos grupos, no se observaron diferencias relevantes. Sin embargo, hubo cambio drástico en el consumo de alimentos por la noche, pues el de los individuos con SCN fue de aproximadamente 600 calorías, en tanto el de los otros participantes se situó en 120.

Dato relevante fue que la ingesta total de energía a lo largo del día fue similar en ambos grupos, lo que permitió observar la asociación entre el trastorno que nos ocupa y la obesidad. De hecho, cerca de la mitad de los pacientes diagnosticados con el trastorno tenían peso normal antes de sufrir síndrome de comedor nocturno, lo cual induce a pensar que este problema condiciona y/o favorece el desarrollo de obesidad.

Soluciones

Hay especialistas que opinan que es necesario modificar la conducta alimentaria de los pacientes desde la detección del problema, sin considerar que los cambios deben realizarse de manera progresiva y de acuerdo con la historia clínica. Así, es importante que cada individuo sea tratado en forma personalizada, o de lo contrario no se logrará el objetivo.

Lo indispensable desde un principio es proporcionar apoyo psicológico y evaluar la información que recibe el paciente, a fin de que evite hacer caso a recomendaciones sobre dietas restrictivas u otros recursos ineficaces. Sin duda, para que el tratamiento sea exitoso es necesario contar con la atención de especialistas en Nutrición, Psiquiatría y Psicología.

Finalmente, toma en cuenta que el síndrome de comedor nocturno reduce significativamente la calidad de vida de quien lo padece, por lo que si te identificaste con los síntomas, lo más adecuado es que busques atención de inmediato con un experto en trastornos de la alimentación, psicólogo o nutriólogo.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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