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Surf y bodyboarding, para disfrutar el mar al extremo

Miércoles 05 de abril del 2017, 12:06 pm, última actualización.

El vertiginoso arte de deslizarse sobre las olas es cada vez más popular en México, debido a que su práctica se ha extendido entre miles de personas que, sin importar género o edad, se dan cita a lo largo de las costas nacionales. ¿Piensas quedarte fuera de la acción?

Surf y bodyboarding, para disfrutar el mar al extremo
Surf y bodyboarding, para disfrutar el mar al extremo

Aunque es verdad que mucha gente visita la playa con la idea de nadar, asolearse, descansar y divertirse con actividades moderadas, hay para quienes cada ola se convierte en invitación a la aventura de viajar sobre ella a gran velocidad; hablamos, claro, de los entusiastas practicantes de surf (deslizarse de pie sobre una tabla) y bodyboarding (similar al anterior, sólo que acostado sobre una tabla corta), quienes han descubierto el secreto de vivir el mar de manera original e intensa.

Ambas actividades “son de tipo recreativo y se practican todo el año, aunque en periodos vacacionales se acerca más la gente porque tiene mayor acceso a las playas. Lo cierto es que ahora hay quienes surfean y bodybordean en toda la República, y es fácil encontrar en casi cualquier playa a alguien que renta tablas y brinda instrucciones básicas a curiosos y principiantes”, explica Alfonso Polidura Pérez, presidente de la Asociación de Surfing del Distrito Federal, misma que forma parte de la Federación Mexicana correspondiente.

El arraigo de estas disciplinas es importante, considera el entrevistado, tanto que desde hace años hay torneos a nivel estatal y nacional, una publicación especializada y hasta escuelas en diversos estados costeros, como Guerrero, Oaxaca, Nayarit, Quintana Roo, Michoacán o Baja California (Norte y Sur); esto último, explica, se debe a que a pesar de que dichos entretenimientos son seguros para quien inicia, exigen mayor preparación cuando se practican a fondo.

“Cualquier deporte ofrece alto grado de satisfacción porque son actividades agradables, pero, sin desmeritar a quien se dedica a otras disciplinas, el surf y el bodyboarding te dejan la sensación de experimentar algo que la mayoría de la gente no hace porque le parece muy riesgoso. Además, creo que las primeras olas que tomas, cuando apenas vas iniciando, te producen la misma satisfacción y alegría que la más reciente sobre la que te deslizas, sin importar el tiempo que haya pasado”, describe Alfonso Polidura. 

Montañas de agua

Los orígenes del surf y el bodyboarding se remontan a más de 500 años, cuando los pobladores de diversas regiones de Polinesia (conjunto de numerosas islas situadas en el centro y sur del Océano Pacífico) se deslizaban sobre las olas, ya sea a nado o con ayuda de tablas de madera labrada que alcanzaban hasta 7 metros de largo. Aunque la colonización de la región limitó estas actividades, el creciente número de turistas que visitó el archipiélago de Hawai a inicios del siglo XX ayudó a recobrar el interés e, incluso, a extenderlo a las playas de Australia y Estados Unidos.

“En México, la práctica inició en la década de 1960, cuando algunos estadounidenses llegaron a playas como Ensenada y dejaron varias tablas; luego se desplazaron a otros estados, como Sinaloa, Guerrero o Oaxaca (que siempre ha sido lugar importante para el surf), y a partir de la siguiente década inició la expansión, con gente que compraba su equipo fuera del país y las primeras competencias”, comenta el presidente de la Asociación de Surfing del Distrito Federal.

A pregunta expresa, Alfonso Polidura explica que para la gente que desea practicar por primera vez alguna de estas actividades “es más fácil bodybordear, ya que el instrumento que se usa (boggie, tabla de cuerpo, bodyboard o corcho) es más pequeño, ligero y suave, de modo que si el practicante cae y se golpea con él, no le pasa nada; además, su costo es más accesible y empieza a deslizarse desde la primera ola, por lo que se divierte de inmediato”.

La tabla para surf, en cambio, es más grande y su uso requiere cierta instrucción, como la que ofrecen quienes la rentan en las playas; es más difícil tomar las primeras olas y está hecha en fibra de vidrio, por lo que el impacto con ella es poco más fuerte. “Lo más común es que la gente que se interesa comience con el boggie y luego pase al surf, aunque muchos deciden que sólo quieren bodybordear, porque se pueden meter en todas partes y toman todas las olas”.

En cuanto a los requisitos para introducirse a estas disciplinas, el entrevistado comenta que son mínimos: “La edad no importa mucho, y pueden iniciar niños desde que se meten al mar; incluso, muchos hijos de gente que surfea todavía no aprenden a caminar cuando ya están sobre las tablas, acostados boca abajo y deslizándose en pequeñas olas. Tampoco existe inconveniente de género pues, de hecho, ahora hay importante auge de mujeres que practican estos deportes”.

Además, no es necesario contar con preparación física especial, y a pesar de que es ideal saber nadar, tampoco es indispensable. “En estas actividades tu propio cuerpo te dice cuánto esfuerzo aguantas, de modo que puedes comenzar con sólo dos olas, o una hora; más adelante, si hay interés real, la gente lleva a cabo preparación en gimnasio, corriendo o nadando. Asimismo, a nivel profesional debe seguirse entrenamiento especial y se realizan pruebas de resistencia”.

En este mismo sentido, el especialista añade que “el boggie ofrece al principiante una ventaja extra: cuenta con una cuerda que se sujeta a la muñeca; así, en caso de que el usuario caiga o lo ‘revuelque’ la ola, la tabla le sirve de salvavidas si no sabe nadar”.

Respecto a las playas para practicar surf, explica que “antes se buscaban aquellas que tuvieran olas más perfectas, pero ahora hay practicantes en todos lados. Más bien, lo que tenemos es horario, pues el mejor momento va de las 7:00 a las 11:00 de la mañana, cuando el oleaje se forma mejor; después de esta hora el mar ya no es ideal”.

Estilo de vida

Alfonso Polidura Pérez comenta que su afición inició desde pequeño, cuando jugaba a la patineta con su hermano Fernando; luego, llegó el día en que observaron cierta película donde aparecían unos jóvenes practicando surf. “En ese momento —narra— nos dijimos: ‘eso está muy bueno’, y poco después tuvimos la oportunidad de viajar al Caribe y rentar unas tablas, antes de cumplir 10 años de edad”. El equipo necesario no se podía conseguir en México con facilidad, pero por fortuna “nuestro abuelo viajó a Hawai, nos consiguió las tablas y desde entonces estamos dedicados en cuerpo y alma al surf”.

El panorama ha cambiado mucho, reflexiona, y añade que “ahora, con Internet, incluso puedes ver el pronóstico de las olas, y te das cuenta de dónde pueden tener mejor tamaño; también tienes oportunidad de consultar revistas, enterarte de torneos o estar en contacto con otros practicantes, por lo que de algún modo la actividad es de lunes a domingo”.

Al preguntarle sobre qué le ha dejado este deporte acuático, el entrevistado explica que “otra de las cualidades del surf es que no dependes de nadie, y los demás no dependen de ti; además, es importantísimo el grado de confianza que desarrollas y lo avanzado de tu técnica para fijarte metas más altas y olas más agresivas”.

El especialista abunda al respecto: “No todos los practicantes son ‘santos’, pero en general son más sanos que quienes se dedican a otras disciplinas, pues hay momentos en que corres verdadero riesgo y no te puedes dar el lujo de estar desvelado por una fiesta, o 'crudo'. A lo mejor en otros deportes puedes llegar con resaca, te sacan en camilla y no pasa nada, pero aquí no”.

Por si fuera poco, detalla que quien se dedica al surf y al bodyboarding siente especial respeto por el mar, tanto así que durante las prácticas y competencias se tiene la cultura de no tirar basura, hay gente que la recolecta o, incluso, se puede organizar una campaña entre los participantes para limpiar alguna playa. Por supuesto, también se logra especial armonización al estar en contacto con la naturaleza y diferentes especies animales, como delfines, tortugas, mantarrayas, gaviotas, pelícanos o halcones.

Para concluir, Alfonso Polidura enfatiza en que estos deportes no son prácticas riesgosas, como muchos piensan, y que, como se dijo, la tabla de cuerpo o bodyboard es forma segura para iniciarse o divertirse, incluso, a temprana edad. 

Estos consejos te ayudarán a evitar lesiones:

  • Realizar ejercicios de calentamiento y estiramiento antes de la práctica, ya que es posible sufrir alguna contractura o esguince en brazos, espalda o cuello, que si bien no son de gravedad, requieren reposo obligatorio.
  • Cuando se realiza de manera constante, debe procurarse seguir alimentación saludable y balanceada, basada en el consumo de frutas, verduras, cereal integral, pescado y agua. También, debe moderarse el consumo de alcohol y tabaco.
  • Tener conciencia plena del grado de conocimiento y experiencia individual, a fin de saber elegir cuánto es posible arriesgarse al buscar olas más grandes para deslizarse.
  • Los choques con otros practicantes se evitan al respetar el derecho de quien toma primero la ola para deslizarse.
  • En caso de caer, no sólo el boggie funciona como salvavidas. Algo similar sucede con la tabla de surf, sólo que ésta se sujeta al pie; por ello, en cuanto el practicante siente que cae, debe alejarla moviendo la pierna para evitar el golpe y, una vez que el mar se estabiliza, puede utilizarla para salir a flote.

Cómo tomar la ola

De acuerdo con Alfonso Polidura Pérez, éstos son los primeros pasos para quien se inicia en estas disciplinas:

  • Es recomendable comenzar con una tabla de cuerpo o boggie, y antes de entrar al agua, por seguridad, se debe sujetar a la muñeca con la cuerda o aditamento especial con que cuenta.

  • Una vez en el mar hay que esperar a que aparezca espuma, y en ese momento hay que empujarse con las piernas hacia la playa, recostado sobre la tabla en posición boca abajo. “Con eso es más que suficiente para llegar hasta la arena”.
  • En un siguiente intento hay que adentrarse más al mar, esperar a que caiga la ola, se rompa y aparezca de nuevo espuma. Otra vez, hay que empujarse hacia la playa para llegar a la arena.
  • Si el interés aumenta, en prácticas posteriores se debe conseguir un par de aletas para llegar a zonas un poco más profundas e impulsarse, pues no se pisa el fondo. La gente que renta el equipo también suele contar con dicho implemento.
  • Ahora bien, cuando se desea iniciar con la tabla de surf, hay que sujetar la cuerda o aditamento de seguridad al tobillo y colocarse acostado sobre ella, boca abajo; luego se dan brazadas para llegar a la zona deseada (ésta puede ser indicada por quien renta la tabla).
  • En cuanto se siente que la ola empuja la tabla hacia la playa, hay que impulsarse con los brazos y, si todo sale bien, el practicante se pone de pie. “Si no es posible en el primer intento, no importa; tarde o temprano se consigue”.

SyM - Rafael Mejía

 

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