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La primera vez... con el ginecólogo

La primera vez... con el ginecólogo

SyM - Manuel Tarres

Tu primera cita con este especialista puede ser todo un desafío y puedes estar hecha un manojo de nervios, pero es importante que asistas por el bien de tu salud sexual y reproductiva. Nosotros te decimos por qué y te damos razones para que superes el miedo.

No te extrañes, no eres el único caso: la gran mayoría de las mujeres se sienten incómodas cuando llega la hora de visitar al ginecólogo, ya que el encuentro con este especialista pone a prueba su pudor y las enfrenta con el temor de saber que padecen alguna enfermedad, más si es la primera vez que acuden a este hombre de bata blanca.

Pero bueno, mejor toma las cosas con filosofía y afróntalo como es, con todas sus ventajas: la relación con el especialista va a ser muy útil para ti, y no sólo para prevenir enfermedades, sino también embarazo no deseado. Esto es muy importante si deseas lo mejor para ti, y quieres decidir sobre tu propia vida.

Y para despejar todas las dudas y “fantasmas” sobre este tema tan polémico, Salud y Medicinas charló en exclusiva con el prestigiado y experimentado ginecoobstetra Abel García López, coordinador de médicos internos de pregrado del Hospital de Ginecoobstetricia Tlatelolco, localizado en la capital del país y perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y quien tiene en su haber la curiosa anécdota de ser quien trajo al mundo al primer niño mexicano nacido en el año 2008.

En principio, nos dice el Dr. García López, la mujer debe acudir obligadamente al ginecólogo cuando empieza su vida sexual activa, aunque hay otras causas para visitarlo antes de esta fecha: “Hablamos del momento en que aparecen los trastornos menstruales, muy comunes en adolescentes de 12 a 15 años, los cuales consisten en el adelanto de la menstruación (es factible que haya dos periodos en un mes, por ejemplo), retraso de la regla o casos completamente irregulares en que hay retraso y adelanto, pues se presenta sangrado dos veces al mes y luego pasan 2 ó 3 meses sin haberlo”.

Sin embargo, afirma el egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “desde hace aproximadamente cinco años ha sido notorio el aumento de mastopatía fibroquística, enfermedad en la que la paciente tiene dolor y sensación de bolitas en ambos senos, como una de las causas más comunes de consulta. Este padecimiento es propio de la juventud, pero recientemente se ha visto desde los 13 ó 14 años, lo cual hace que la chica y su mamá acudan al especialista, pensando que pudiera tratarse de cáncer de mama. Afortunadamente, a esta edad es casi imposible que esto ocurra”.

Salvo las excepciones mencionadas, una joven que no sufre alteración en su ciclo menstrual o dolencia alguna debe acudir por primera vez al ginecólogo al momento de iniciar su vida sexual activa, aunque lo ideal es que lo haga antes, dice el catedrático de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (UNAM), “para conocer las enfermedades de transmisión sexual y los métodos de planificación o control natal. Esto es fundamental porque el inicio sexual ocurre entre los 15 y 17 años, según lo que nos dicen las pacientes”, sentencia el experto.

Pudor y miedo

El paso de la infancia a la pubertad y adolescencia está lleno de temores que surgen a partir de la desinformación y la vivencia de experiencias desconocidas. Cierto, lo ideal sería que las madres tomaran la batuta y fueran las encargadas de brindar información básica a sus hijas, pero no siempre ocurre así y, por el contrario, es mucho más común que las chicas como tú descubran por sí solas su sexualidad y lo que ocurre en su cuerpo.

Ante este panorama, visitar al ginecólogo puede ser lo último en lo que pienses, sobre todo si no hay señales de enfermedad y tienes algo de información sobre métodos anticonceptivos. Como quiera que sea, acudir Al especialista casi siempre despierta pudor y miedo, pero esto puede cambiar.

El Dr. García López explica que el ginecólogo sabe cómo comportarse ante estas circunstancias: “Es elemental mostrar total naturalidad ante el hecho de que una adolescente acuda a consulta por primera vez, y por supuesto nunca preguntamos algo incómodo como: ‘¿por qué vienes a verme si eres tan joven?’, ¡no, al contrario!, le ayudamos a sentir confianza y a que vea que lo que hace es algo muy normal”.

Algo más que debemos decirte es que por lo general una enfermera se encuentra presente en esta difícil cita, porque esto te da mayor confianza y porque ella puede auxiliarte a la hora de desvestirte y colocarte la bata que permite hacer el examen físico de tus órganos genitales y tus senos.

Asimismo, una de las frases más comunes que se escuchan durante la primera cita, dice el galeno, es: “Doctor, me da pena”, y junto a esto, “la joven no se descubre como debe para permitir la revisión, y se protege los senos cuando hacemos la exploración. Pero todo eso lo entendemos y, de nueva cuenta, recurrimos a la presencia y ayuda de la asistente para que le explique cómo colocarse para el reconocimiento de las mamas, por ejemplo”.

Es igualmente importante que sepas que algo que deben comprender los ginecólogos, dice el también investigador, es que “tenemos que enfrentar los motivos de la consulta sin exagerar en los términos que utilizamos; por ejemplo, no debemos mencionar la palabra cáncer si no cabe esa posibilidad. Alarmar a la joven injustificadamente puede ocasionar que no regrese a consulta, o bien, que cambie de médico”.

De tatuajes y demás novedades

De acuerdo con la experiencia clínica del Dr. García López, cada vez es más común atender a pacientes que se han hecho tatuajes o perforación en los pezones o labios vaginales. Y no hay nada de malo en ello... salvo que existen riesgos para la salud al elegir esta moda.

En tal sentido, el experto nos hace la siguiente recomendación: tener cuidado para evitar el contagio de enfermedades como hepatitis C o sida, toda vez que “es muy frecuente que quienes se dedican a hacer perforaciones trabajen en lugares donde no esterilizan los accesorios que utilizan, y tampoco tienen idea de lo riesgoso que es emplear la misma aguja en varias personas”.

Salvo esto, dice el ginecólogo, un piercing o cualquier aditamento metálico que se coloque en los labios vaginales no afecta ni se considera fuente de infección o contagio, “siempre y cuando lo instale alguien con experiencia y que conozca las medidas de esterilidad. Soy de la idea de que criticar un arete vaginal o en el ombligo sería lo mismo que criticar a quien lo trae en la oreja, y considero que sólo es moda y en 10 años habrá cosas diferentes”.

¿Pediatra o ginecólogo?

En los últimos tiempos se ha hecho más frecuente que las niñas empiecen a menstruar en edades precoces (8 ó 9 años), por lo que además de que es necesario explicarles los cambios fisiológicos que les ocurren en lenguaje apropiado para su edad, puede surgir la duda de quién debe brindar atención: el pediatra o el ginecólogo.

El Dr. García López explica que esta disyuntiva existe incluso entre ambos especialistas porque, por un lado, el primero de ellos es por definición quien debe atender a menores de 12 años de edad, pero por el otro, “hay que considerar que los ginecólogos son quienes deben atender a las mujeres en cualquier etapa de la vida si tienen alguna enfermedad propia de sus genitales”.

En una situación real, lo más conveniente es que los médicos decidan de acuerdo con cada caso. “Puede ser que la mamá prefiera llevar a la niña con uno u otro, pero es entonces cuando los especialistas debemos medir nuestra capacidad y ver hasta qué punto la enfermedad se relaciona con Pediatría o Ginecología, ya sea para traspasar la responsabilidad al otro facultativo, o bien, tratarla conjuntamente”.

De cualquier forma, nuestro entrevistado insiste en que “habitualmente, el trastorno menstrual a temprana edad lo atendemos los ginecólogos, y lo más común es que el pediatra nos remita a la paciente. Como ya se mencionó, en estos casos tenemos mucho cuidado con el trato que damos, porque prácticamente hablamos de infantes y de algo que influirá en el futuro sexual y ginecológico de la chica”.

Ante estos casos, el Dr. García Barragán opina que “la mamá debe estar presente mientras el médico trata de explicar lo que le sucede a su hija con lenguaje muy sencillo y sin hacer tacto vaginal, por supuesto, ya que está contraindicado en esta etapa”.

Y a todo esto, el facultativo considera que las madres juegan papel determinante para formar el criterio de sus hijas, por lo que es muy recomendable que se encuentren informadas sobre lo que representa visitar al ginecólogo. Son ellas, dice el entrevistado, “quienes deben ayudarnos a fomentar que visiten al especialista en la salud de la mujer, sin tener la idea de que ello significa promover el inicio de la vida sexual activa o fomentar la promiscuidad”.

Contra lo que pudiera pensarse, “las chicas que acuden más tempranamente al ginecólogo son quienes deciden que su primera relación sexual llegará en el momento en que sean más maduras. De esta forma, consultar al especialista es muy útil para prevenir enfermedades de transmisión sexual y embarazo no deseado”, concluye el Dr. Abel García.

Lo que te espera

Es común que en la primera consulta el especialista te realice algunas preguntas sobre cuándo comenzó tu menstruación y si eres regular, es decir, si tu regla ocurre cada mes; también te preguntará cuándo iniciaste tu vida sexual activa (si es que la tienes) y a qué método de anticoncepción recurres. No te preocupes: no te va a juzgar.

Los exámenes a los que te someterá son:

  • Revisión general de tu estado de salud.
  • Medición de talla y peso.
  • Exploración de senos, seguida de indicaciones para que sepas cómo hacerlo en tu propia casa.
  • Si ya has tenido relaciones sexuales, se te realizará revisión externa de los genitales, para verificar que no haya anormalidades. Luego comienza la revisión interna: el ginecólogo te colocará un espejo vaginal muy estrecho y pequeño, con el que podrá ver directamente el cuello del útero o matriz y el interior de la vagina para buscar quistes (bolitas) o verrugas.
  • Luego se realiza el Papanicolau, examen que toda mujer sexualmente activa debe hacerse cada año. Sirve para detectar posibles células cancerígenas y consiste en introducir pequeño cepillo dentro del cuello del útero o matriz para tomar una muestra de tejido que se analizará en el laboratorio.
  • Por último, te someterá a la exploración llamada bimanual, donde se mide y toca la consistencia de la matriz y de los dos ovarios, por encima del estómago.

Eso es todo. Puede parecer terrorífico, pero esto lleva sólo algunos minutos y, claro, una vez que pasaste la prueba, las demás ocasiones en que acudas te serán mucho más sencillas.

SyM
Última actualización: 10-2012

 

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