Parto acuático: beneficios de parir en el agua - SyM
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Parto acuático: bienvenida amigable para el bebé

Martes 22 de noviembre del 2016, 12:04 pm, última actualización

La vida comenzó en aguas oceánicas y nuestro hábitat natural durante la gestación es el líquido amniótico, por cierto, salado como el mar. Por ello y más, usar el agua para relajar y controlar el dolor es una buena opción para que el parto acuático se vuelva experiencia gratificante.

Parto acuático: bienvenida amigable para el bebé

¿Cuántas veces hemos escuchado que el parto es experiencia dolorosa y truculenta? Se nos ha “vendido” la idea de que parir es peligroso, representa sufrimiento terrible y que todo se vale con tal de no padecer los “terribles dolores”, ¡hasta una cesárea!, que, desde luego, no siempre es necesaria.

“Lo anterior sólo nos muestra la ignorancia que la mujer tiene hacia su cuerpo y sobre un proceso natural y fisiológico. Lo de hoy es permitirle ser responsable de su parto, y sólo deberá intervenir el médico cuando algo salga de la normalidad”, afirma Angélica Chávez, expresidenta y asesora de la Asociación Nacional de Instructoras en Psicoprofilaxis Perinatal (ANIPP), con sede en la Ciudad de México.

El parto acuático contribuye a modelar contexto lleno de alegría, plenitud y respeto hacia la naturaleza femenina. Ello, definitivamente, contrasta con la experiencia de miedo, soledad, violencia y trato arbitrario que, hasta la fecha, experimentan muchas mujeres en algunos servicios de maternidad públicos y privados.

“Se trata de alternativa de alumbramiento natural, y se realiza con la mujer inmersa en tina con agua a temperatura de 34 a 36 grados centígrados (Celsius)”, indica el Dr. Hugo Escárcega, miembro del Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia, adscrito al Hospital Ángeles del Pedregal (también en la capital del país). Y agrega que esta modalidad tiene grandes ventajas, por ejemplo, aporta relajación, analgesia (evita el dolor) y libertad de movimiento, sin olvidar que el tiempo de recuperación es menor a 24 horas.

¿Por qué en el agua?

El binomio agua caliente-ambiente tranquilo favorece la evolución del trabajo de parto y, al mismo tiempo, permite que esta etapa sea más confortable para la mujer, quien se siente segura de dirigir el proceso. Por si fuera poco, disminuye la posibilidad de intervenciones clínicas, ya que no se utiliza medicación alguna, como el típico bloqueo epidural (aplicación de anestesia en terminaciones nerviosas cercanas a la médula espinal).

Esto se debe a que el agua caliente, por sí misma, es analgésico natural; además, relaja los músculos y ayuda a que el útero o matriz se contraiga con mayor eficacia para dilatar (ampliar) su cuello con oxigenación adecuada. Otra ventaja más es que reduce la producción de adrenalina (que interfiere con el avance de la dilatación) y aumenta la de endorfinas (que contrarrestan las sensaciones dolorosas).

“Otros beneficios de parir en el agua incluyen la posibilidad de adoptar distintas posiciones; por ejemplo, estar en cuclillas facilita rotación y descenso del bebé porque el canal de parto aumenta en 30% su diámetro. Igualmente, permite la distensión de tejidos y músculos, y ello evita el riesgo de sufrir desgarro, amén de que no se hace episiotomía, es decir, el corte en el periné (piso de la pelvis). Y por último, al no haber bloqueos emocionales y ambientales, se acorta el tiempo del proceso”, detalla la Dra. Martha Alcalá Ochoa, ginecobstetra certificada por el Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia, y adscrita al Hospital Santa Teresa (certificado para practicar el parto en agua).

En este contexto, cabe destacar que la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el informe del grupo técnico de trabajo sobre Los cuidados en el parto normal, de 1999, avala y recomienda el uso del agua en el parto entre los diversos métodos no invasivos (sin inyecciones) ni farmacológicos para aliviar el dolor.

Ventajas para el bebé

Aunque en términos médicos no hay diferencias entre un bebé nacido bajo el agua y otro fuera de ella, se ha comprobado la existencia de beneficios emocionales. “La transición para el infante es más llevadera, pues al salir del cuerpo de la madre se encuentra con ambiente muy parecido al que lo albergó durante nueve meses. Asimismo, mantiene su temperatura y tendrá más tiempo para ser estimulado por su madre”, refiere el Dr. Hugo Escárcega.

Por otra parte, es importante resaltar que en la primera hora después del nacimiento la mujer segrega más oxitocina, es decir, la hormona responsable de que nos enamoremos del bebé. Y si lo acercamos al pecho empieza a succionar, iniciándose así la lactancia materna.

Pareja y alumbramiento

Y siguen los beneficios, los cuales también se hacen extensivos al padre quien, en principio, es respetado como el otro protagonista del proceso. Incluso, participa como proveedor de afecto, contribuye a que el ambiente sea adecuado y confortable, y se relaciona de manera emocional y espiritual con su pareja y el nuevo miembro de la familia.

“La participación del padre en el parto representa fuerte apoyo para la mujer. De hecho, cuando nace su hijo, por lo general se le pide que corte el cordón umbilical, a fin de que se dé cuenta de que, simbólicamente, está separando al niño o niña de su madre y que lo hace para adquirir una responsabilidad de por vida. Aunque, claro, nunca falta el desobligado que se separa y no vuelve a hacerse cargo del pequeño”, comenta Angélica Chávez.

En términos generales, el papel que juega el padre de manera activa durante el trabajo de parto es muy importante, al igual que el médico y equipo de salud, ya que, en conjunto, ayudan a disminuir la tensión emocional y física de la mujer.

Paso a paso

En los países desarrollados el parto en agua se realiza en el domicilio de la gestante, siempre y cuando se cuente con el apoyo de un hospital cercano. Sin embargo, en nuestro medio, donde esta práctica no se ha generalizado, es más conveniente que se efectúe dentro de un centro de salud provisto de las instalaciones necesarias, opinan los expertos.

La mujer llega al nosocomio con el trabajo de parto avanzado, y se le da la libertad de sentarse, pararse, caminar, ducharse, beber jugo, comer y recibir masaje. “Durante la estancia, es fundamental tomar una monitorización fetal, es decir, un gráfico de la secuencia cardiaca del producto. Este registro lo hacemos varias veces hasta que la paciente tiene 7 a 8 cm de dilatación, momento en el que se le traslada a la tina”, indica la Dra. Alcalá Ochoa.

De ahí hasta terminar el periodo expulsivo, pueden transcurrir hasta dos horas y, durante todo este tiempo, se utiliza equipo sumergible para vigilar y controlar el estado del pequeño. “Cuando se completa esta fase tiene lugar el alumbramiento, etapa que dividimos, pues el bebé nace en la tina y la placenta se expulsa fuera de ella”, expresa la ginecobstetra.

Al ser arrojado en el agua, el pequeño recibe oxígeno a través del cordón umbilical, de la misma manera que durante los nueve meses de embarazo. Además, está dotado de cierto reflejo autónomo llamado “reflejo de inmersión”, el cual le impide tragar cualquier sustancia mientras su cabeza está bajo el vital líquido. Así, al sacarle la cabeza del agua, percibe el cambio ambiental y en su organismo se produce cadena de respuestas que inician el mecanismo de la respiración.

“Al momento de nacer bajo el agua, los bebés generalmente no lloran, adquieren color rosado y miran tranquilos a su madre. Ahí mismo el pediatra los observa y realiza la calificación de Apgar, con la que valora tono muscular, coloración de la piel, latido cardiaco y respuesta a los estímulos. Todo esto sin ponerle tubos ni hacerle algo que no sea indispensable”, especifica Angélica Chávez.

Quiero un parto acuático

Si deseas tener un parto en agua, en principio, es necesario que te asegures de ser candidata al mismo. Para ello, el médico valora que tu embarazo sea normal, que no padezcas infecciones, hipertensión (presión arterial alta), diabetes (elevados niveles de azúcar en sangre) o alguna otra enfermedad grave. Asimismo, es recomendable que tomes curso de educación o psicoprofilaxis perinatal en cualquier centro certificado por la ANIPP.

Este tipo de instrucción proporciona preparación física y mental a ambos miembros de la pareja, quienes deben tener conocimientos sobre todo lo que ocurre durante el embarazo, alumbramiento y parto en agua si han considerado esta opción.

De acuerdo con los entrevistados, los casos que no pueden atenderse mediante parto natural, ya sea dentro o fuera del agua, son:

  • Desproporción céfalo-pélvica, es decir, si la mujer tiene pelvis estrecha y el bebé es grande.
  • Falta de progreso en el trabajo de parto.
  • Cesárea previa.
  • Tumoraciones que impidan el paso del bebé por el canal de parto.
  • Infecciones vaginales; por ejemplo, herpes o virus del papiloma humano.
  • Placenta previa, que es la implantación de esta estructura cerca o sobre el orificio del cuello uterino.
  • Presentación anormal del bebé, esto es, cuando su cabeza no se encuentra en dirección al canal de parto. Puede ser pélvica (de nalgas), transversal (hombro) o compuesta (una mano o pie emerge del canal de parto con la cabeza o las nalgas).

Riesgos y precauciones

Cuando comenzó a practicarse el parto acuático, se aseguró que un bebé murió por haber nacido en el agua. Sin embargo, se demostró que el deceso ocurrió porque el niño estuvo más de 15 minutos sumergido; en consecuencia, se desprendió la placenta de la pared del útero y dejó de enviarle oxígeno, por lo que al sacarlo no inició la respiración.

“Otro fallecimiento ocurrió porque jalaron el cordón umbilical y se rompió, lo que tampoco tiene nada que ver con el agua. Como era de esperarse, se hizo todo un escándalo, pero, ¿por qué no lo hacen cuando muere un bebé en parto fuera del agua o, por cesárea, fallecen madre e hijo?”, cuestiona Angélica Chávez.

En cuanto a los riesgos del parto acuático, los entrevistados coinciden en que no difieren de los partos tradicionales; por ello, siempre es fundamental evaluar latidos fetales, progreso en la dilatación del cuello uterino y descenso de la presentación del producto, a fin de identificar y tratar oportunamente cualquier evento fuera de lo normal.

Para prevenir complicaciones del parto acuático, es necesario vigilar constantemente la frecuencia cardiaca fetal durante el trabajo de parto: cada 15 minutos durante la dilatación, y cada 5 en el periodo expulsivo. Para ello, las clínicas y hospitales certificados cuentan con equipos sumergibles que permiten conocer en forma gráfica y audible las condiciones fetales.

Toma en cuenta que la decisión de parir en el agua es tuya, claro, tomando en cuenta el bienestar del bebé. Así, si siempre solemos poner énfasis en la preparación de la boda o la elección del vestido de novia, ¿por qué no hacer lo mismo con el nacimiento de un hijo y decidir, tras varias evaluaciones, qué tipo de parto queremos? ¿Qué hospital nos ofrece buenos servicios, respeta nuestros derechos y permite el alojamiento conjunto con el bebé? ¿Qué médico es el más adecuado para dar seguimiento a nuestro embarazo? Vale la pena reflexionar al respecto.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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