Cómo se lleva a cabo el parto bajo el agua - SyM
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Parto bajo el agua, ¿es para mí?

Jueves 20 de abril del 2017, 11:30 am, última actualización

Más popular en Europa que en América, el parto bajo el agua brinda condiciones propicias tanto a la madre como al bebé al momento del alumbramiento. La polémica resulta inevitable, pues hay argumentos a favor como en contra.

Parto bajo el agua, ¿es para mí?

El primer argumento de quienes apoyan el alumbramiento acuático es que "la vida comenzó en el agua", para continuar diciendo que "el medio natural del feto durante los meses de gestación es el líquido amniótico".

Partiendo de esa base es que desde hace más de 30 años se ha multiplicado la popularidad de este tipo de alumbramiento natural, ya que ha comprobado que es un método que crea una atmósfera de relajación para madres y bebés que facilita el proceso.

Sabia naturaleza

Aunque parezca un método absolutamente innovador, la verdad es que hay registros de su empleo a lo largo de la historia. Por ejemplo, se sabe que en el antiguo Egipto se escogía a ciertas mujeres gestantes para dar a luz en el agua a bebés que en el futuro serían sacerdotes.

La escritora Bárbara Harper relata en su libro Opciones para un parto suave otros pasajes históricos acontecidos entre culturas como la griega e incluso tribus como maaoris (Estados Unidos) o los indios chumash, de la costa central de California, de la que se conoce que sus mujeres realizaban el trabajo de parto en los remansos de las mareas y ensenadas poco profundas a lo largo de la playa, mientras los hombres de la tribu tocaban los tambores y cantaban.

Sin embargo, al parecer, el primer alumbramiento en agua en la era moderna tuvo lugar en Francia en 1803, del que se sabe que una mujer que había estado en labor de parto durante 48 horas encontró enorme alivio tras sumergirse en agua caliente. Pero, tan pronto entró a la bañera el bebe precipitó el momento de su nacimiento en forma tan rápida que no tuvo tiempo de trasladarse a otro sitio, teniendo que dar a luz en plena tina.

El registro del siguiente parto bajo el agua se presentó hasta 1963, donde se habla del trabajo de Igor Chercovsky, científico empírico ruso, quien realizó una investigación sobre animales pariendo en el agua y dirigió otra sobre la conducta de los bebés humanos en ese líquido. En ese año nació prematuramente su hija Veta, a quien Chercovsky puso en una tina de agua caliente durante varias semanas, arguyendo que no tendría que luchar contra la gravedad y, por tanto, no gastaría tanta energía en sobrevivir como la que requeriría en la incubadora del hospital; el investigador consiguió que su hija viviera.

Por otra parte, Bárbara Harper relata que en la misma época, el también médico ruso Frederick Leboyer introdujo el concepto del baño caliente para el bebé después del parto, partiendo de que el recién nacido podía experimentar nuevamente el placentero entorno acuático del vientre materno que acababa de dejar.

De la mano de la ciencia

El médico francés Michel Odent sería quien propuso abiertamente una tina con agua caliente para la labor y el parto, ofreciendo más comodidad y libertad de las que nunca había gozado la mujer gestante. El científico comprobó que cuando la próxima madre presenta contracciones dolorosas y la dilatación del cuello uterino no progresa más de 5 cm, al descansar en el agua caliente siente enorme alivio.

Durante la década de los 80 el parto bajo el agua cobró tintes de moda, simplemente porque muchos padres querían que sus hijos llegaran al mundo de manera diferente al grueso de la población. Desafortunadamente, algunas parejas intentaron dar a luz a sus bebés solas, sin la atención de un especialista, lo que provocó muertes accidentales de recién nacidos, supuestamente por haberlos dejado demasiado tiempo debajo del agua; como podrá suponer, la popularidad bajó considerablemente.

La discusión continúa hasta nuestros días. Hace unos años, la revista científica The Lancet publicó el caso de un bebé que nació en la bañera de su casa bajo las condiciones necesarias (32°C a 37°C) y cuyo parto transcurrió con normalidad; sin embargo, madre y recién nacido permanecieron abrazados en el agua 30 minutos más después del alumbramiento, a la espera de que se produjera la expulsión de la placenta.

El bebé tuvo que ser ingresado al Hospital Chelsea, en Inglaterra, a los dos días de su nacimiento, debido a que respiraba con dificultad y mostraba síntomas de debilidad, lo cual se debió a que sufrió policitemia -aumento excesivo de las células de la sangre (glóbulos rojos, blancos y plaquetas)- por causa de una transferencia excesiva de sangre de la madre al hijo por el tiempo en que permanecieron unidos por el cordón umbilical.

En un parto normal, los vasos sanguíneos del cordón umbilical -que transportan la sangre de la madre al hijo- se contraen rápidamente tras producirse el alumbramiento. Sin embargo, cuando el nacimiento se produce en el agua, dichos vasos permanecen abiertos durante más tiempo, permitiendo un flujo sanguíneo constante entre la madre y su hijo.

Entonces, lo que sugieren los médicos especialistas es que en los partos en el agua, tanto madre como recién nacido deben salir de la bañera tras producirse el alumbramiento y, si no, se debería cortar el cordón umbilical al transcurrir un minuto o dos después del nacimiento.

Más aspectos a considerar

Hay más razones por las que el agua es importante colaborador en el parto:

  • De utilizarse caliente (36°C) durante el alumbramiento reduce la producción de adrenalina, hormona que endurece el cuello del útero y acorta el período de dilatación.
  • La misma temperatura favorece que la expulsión sea más vigorosa y eficaz en la silla de parto, de rodillas o en cuclillas.
  • Contrarresta la fuerza de la gravedad.
  • Favorece la producción de endorfinas, hormonas que disminuyen la sensación de dolor.
  • Relaja completamente a la mujer, facilitando sus movimientos y respiración.

Vale reiterar que el bebé, que está habituado a la inmersión en el líquido amniótico, entra directamente en contacto con un medio que le resulta familiar, de una forma no violenta y sin traumas.

En algunos países se ofrece el servicio de atención de parto bajo el agua en el lugar que el matrimonio escoja, es decir, llevan hasta su domicilio una bañera circular de 1.40 m de diámetro, especialmente diseñada y con un sistema de mantenimiento constante de temperatura y bajo óptimas condiciones de higiene.

Previo al día del alumbramiento, la gestante realiza ejercicios acuáticos a lo largo de varios meses, con el objeto de dar cierta fuerza a la región pélvica, estómago y espalda para el momento del parto. Asimismo, se practica la relajación, siempre guiada por profesores especializados en clases prenatales, quienes ayudan a sentirse energizada y saludable.

Finalmente, cabe destacar que no cualquier mujer es candidata a dar a luz bajo al agua, pues debió llevar un embarazo normal, no haber padecido ningún tipo de infección ni ser hipertensa o diabética. Las estadísticas indican que en este tipo de alumbramiento se disminuye el riesgo de desgarros y laceraciones en el útero, además de que se acortan los tiempos de parto. Antes de tomar cualquier decisión solicita toda la información al respecto a especialistas en la materia.

SyM - Regina Reyna

 

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