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18 Diciembre 2017 | Iniciar Sesión



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Anticonceptivos, para evitar el embarazo

Lunes 19 de junio del 2017, 11:55 am, última actualización.

Métodos de planificación que evitan la concepción o embarazo no deseado. La elección de cualquiera de ellos, tomada en pareja o por uno de los integrantes de la misma, debe considerar factores como tipo de relaciones sexuales, frecuencia de las mismas, edad, estado de salud, estabilidad con la pareja y asesoría médica, entre otros.

Anticonceptivos
Anticonceptivos, para evitar el embarazo

Los métodos anticonceptivos se clasificación de acuerdo a su forma de uso:

Métodos de barrera

Condones o preservativos. Masculinos o femeninos tienen la función de impedir el paso de los espermatozoides hacia el útero, además de proteger contra enfermedades de transmisión sexual.

Los usados por el hombre son elaborados con látex, tienen forma de cilindro cerrado en un extremo, donde poseen un espacio llamado depósito, en el cual se acumula el semen tras la eyaculación, miden entre 16 y 22 cm de largo y 3.5 de diámetro. Su seguridad es alta (97%), siempre y cuando se coloque correctamente, por tanto, es necesario que se sigan las siguientes medidas:

  • Abrir el empaque por un lado con los dedos, nunca con los dientes o tijeras porque puede dañarse el condón.
  • Colocarlo antes de la penetración, cuando el pene está erecto.
  • Debe tomarse por el extremo cerrado o depósito con los dedos pulgar e índice para evitar que quede aire en su interior.
  • Se coloca en la cabeza del pene sin dejar de sujetar el depósito (cuidando que la punta quede floja para que funcione como pequeña bolsa que almacena el líquido eyaculado) y se desenrolla a lo largo de dicho órgano.
  • Una vez que terminó el acto sexual, el hombre tiene que retirar su pene de la vagina después de la eyaculación y antes de perder la erección, sujetando el preservativo desde su base para evitar que quede dentro de la cavidad vaginal.

El importante tener presentes las siguientes consideraciones sobre el preservativo: úsalo en cada relación sexual cuando no se tiene una pareja fija; si se desea usar lubricantes deben elegirse aquellos elaborados a base de agua, nunca con aceite, ya que daña el látex; su eficacia anticonceptiva se incrementa al usarlos con crema espermicida. Debe conservarse lejos de fuentes de luz y calor; no lo utilices si se ha guardado por periodos prolongados en el bolsillo o la guantera del coche.

A su vez, el condón femenino es una funda de poliuretano —material más resistente y liviano que el látex—, mide aproximadamente 17 cm de largo, no tiene olor, no causa reacciones alérgicas, no afecta la flora vaginal ni la fertilidad; puede ser colocado hasta 8 horas antes del coito, no causa irritación en la piel y no requiere que se le retire en forma inmediata después de la relación; su efectividad es también del 97%.

Cuenta con dos anillos blandos y flexibles en ambos extremos, uno más grande que otro. Para colocarlo, la mujer se recuesta con las piernas abiertas e introduce por entre los labios y hasta el orificio vaginal el anillo interno (el más pequeño), procurando hacerlo llegar lo más profundo posible (lo indicado es que se ubique a la altura del hueso púbico). El anillo de mayor tamaño queda afuera del cuerpo protegiendo a los labios vaginales.

Una vez puesto, la mujer puede caminar con él, y para retirarlo es necesario nuevamente recostarse y girar el anillo externo del condón, de manera que quede cerrado para que no se derrame el semen, jalándolo lentamente hacia fuera; una vez retirado debe desecharse (sólo se usa una vez). También es factible emplearlo como método de barrera para prácticas anales y orales.

Para familiarizarse con el condón, los expertos recomiendan colocarlo al menos en tres ocasiones previas a la relación sexual, ya que de esta forma se sabrá si resulta cómodo y evitará contratiempos a la hora del coito. Inclusive, se sugiere que una vez que la mujer domina cómo ponerlo y quitarlo invite a su pareja a que le ayude, pero definitivamente nunca con el pene.

Diafragma. Semiesfera de látex que tiene en el borde un aro elástico que permite fijarlo en el fondo de la vagina, lo cual evita que el esperma entre al útero. Tienen varios tamaños, por lo que es necesario que el ginecólogo determine la medida adecuada para cada mujer. Es conveniente que siempre se utilice con crema o gel espermicida, pues en ocasiones se mueve de su sitio durante la relación sexual. Debe mantenerse en la cavidad uterina al menos 8 horas, y cuidar que no permaneza allí más de 24.

Capuchón cervical. Es muy parecido al diafragma, pero más pequeño y rígido, y se adapta en forma ajustada al cuello uterino. Al igual que en el método anterior, un ginecólogo debe determinar el tamaño ideal para cada mujer, acompañarse de algún espermicida en crema o gel y mantenerse en la vagina de 8 a 48 horas después del acto sexual.

Dispositivo intrauterino (DIU). Es un aparato pequeño que se inserta por vía vaginal a poca profundidad y tiene como función bloquear el paso de los espermatozoides. Existen dos tipos, uno que libera la hormona progesterona (se reemplaza cada año) y otro que es de cobre (puede permanecer ocho años). No se recomienda su uso en mujeres que nunca han tenido hijos, cuando se sufre inflamación en el cuello del útero o si hay antecedentes de embarazo ectópico (fuera de la cavidad uterina). Si está bien colocado su efectividad es del 99%, pero regularmente tiende a moverse, por lo que es muy importante acudir a revisiones mensuales o cuando se tengan molestias.

Espermicidas. Sustancias que destruyen a los espermatozoides y se aplican en la vagina antes del acto sexual; sus presentaciones van desde óvulos vaginales, cremas o geles, hasta supositorios o espumas.

Métodos hormonales

Pastillas anticonceptivas. Tomadas una vez al día, se trata de píldoras cuya sustancia activa son progesterona y estrógenos (hormonas femeninas), las cuales inhiben la ovulación y provocan que el moco contenido en el cuello del útero se haga denso, lo que dificulta el desplazamiento de los espermatozoides, al mismo tiempo que producen un cambio en el endometrio (membrana que recubre el interior del útero) para que dificulte la implantación del óvulo fecundado.

Este tipo de anticonceptivo no debe usarlo la mujer que sospeche que está embarazada o atraviese por el periodo de lactancia, así como quienes tengan sangrado vaginal inexplicable, cáncer de mama, tumor en hígado o hepatitis. Asimismo, es recomendable que las eviten quienes tengan más de 35 años, fumen más de 20 cigarros al día o sufran padecimientos cardiovasculares.

La seguridad de este método anticonceptivo es de 99%, y una vez que se abandona, es común que la fertilidad regrese rápidamente. Asimismo, tiene como ventaja mejorar las alteraciones en el ciclo menstrual y proteger contra cáncer de ovario y endometrio. Las desventajas que presenta es que debe tomarse diariamente (es frecuente que se olvide su ingestión), no protegen contra enfermedades de transmisión sexual y pueden provocar dolor de cabeza, náuseas, sensibilidad mamaria y mareo.

Existen otras píldoras que sólo contienen progesterona, las cuales se prescriben generalmente a mujeres mayores de 35 años, a las fumadoras y a aquellas en las que el estrógeno puede ser perjudicial, por ejemplo, durante el periodo de lactancia, ya que esta hormona puede reducir tanto la cantidad de leche producida, como las concentraciones de grasa y proteínas en la misma.

Inyecciones. Anticonceptivos administrados por vía intramuscular —en el músculo de la nalga o en la parte superior del brazo—, tienen eficacia de 98%, si son bien aplicados, y se les encuentra en dos presentaciones:

  • Compuestos. Se conjuga la acción de estrógenos y progesterona (sus efectos se mencionaron con anterioridad) y se aplican una vez al mes entre los días 1º y 5º una vez iniciada la menstruación.
  • De progestina. Sólo contienen progesterona y se deben aplicar una vez cada 2 ó 3 meses (también entre el 1º y 5º día de la menstruación). Además de actuar en ovarios y moco cervical, cambia la estructura del endometrio (membrana que recubre al útero), volviéndolo más delgado y evitando así la implantación de un óvulo fecundado.

Este método es fácil de usar, no interfiere con el acto sexual, permite discreción ya que nadie tiene que saber que se está usando, no influye en la lactancia y es reversible, aunque la fertilidad tarda en regresar varios meses.

Parche anticonceptivo. Libera hormonas sobre la piel, las cuales inhiben la ovulación e incrementan la viscosidad del moco cervical; está formado por tres partes: sello protector (resguarda al parche de daños), compartimiento que contiene el medicamento y parte adhesiva que lo mantiene pegado a la piel.

Dadas sus características, las mujeres pueden usarlo en forma discreta en una de cuatro áreas del cuerpo: glúteos, abdomen, parte superior del torso (en pecho y espalda, pero no en los senos) y brazos. Además, se ha demostrado que se mantiene firmemente adherido durante el baño, al nadar, practicar ejercicio y al permanecer en clima húmedo.

Implante subdérmico. Se trata de pequeñísimo tubo o varilla (del tamaño de un cerillo) fabricado con un material llamado polímero, que se coloca bajo la piel —en el pliegue que se forma donde termina el bíceps— con una especie de aguja, la cual lleva el dispositivo en su interior; el procedimiento requiere anestesia local, se realiza en el consultorio médico y tarda apenas un minuto colocarlo.

No se nota a simple vista y libera periódicamente baja dosis de una hormona sintética (progestágeno). El implante subdérmico tiene una vigencia de entre 3 y 5 años, pero puede ser retirado en cualquier momento por un médico, presentándose la ovulación normal en pocas semanas.

El momento idóneo para colocar el implante es en los primeros días del sangrado menstrual, así se sabe con certeza que se bloqueará de manera efectiva la ovulación. Cuando una mujer acaba de dar a luz debe esperar tres semanas para colocarlo, porque la hormona que segrega podría pasar a la leche materna y hacer daño al bebé.

Anillo vaginal. Se trata de un aro de plástico flexible, de aproximadamente 5 cm de diámetro, el cual actúa liberando hormonas (estrógeno y gestágeno) que se absorben a través de la mucosa vaginal. La mujer se lo coloca fácilmente en la vagina, siendo la posición más adecuada para introducirlo de pie con una pierna levantada y apoyada sobre una silla, aunque habrá quien prefiera en cuclillas, o acostada boca arriba con las rodillas separadas y flexionadas.

El anillo vaginal se comprime entre los dedos índice y pulgar para empujarlo suavemente dentro de la vagina, hasta situarlo en una posición en la que la mujer se sienta totalmente cómoda; cualquiera que sea la posición en la que quede dentro del órgano femenino no afectará la liberación adecuada de las hormonas para lograr su efecto anticonceptivo. Retirarlo es inclusive más fácil, pues basta con curvar el dedo índice sobre el borde del anillo y tirar suavemente hacia afuera. Pese a que no es común que suceda, en caso de que sea expulsado en forma espontánea (por ejemplo, durante una relación sexual) debe enjuagarse sólo con agua fría o tibia y reinsertarse antes de que pasen tres horas, para asegurar que la mujer continúe protegida.

Tras la inserción, el anillo anticonceptivo se mantiene colocado durante tres semanas seguidas, al cabo de las cuales debe ser retirado y descansar una semana, en la cual se presentará la regla; transcurridos siete días sin anticonceptivo deberá colocarse uno nuevo. Los niveles de hormonas que contiene el anillo mensual son muy bajos pero suficientes para impedir la ovulación desde el primer día de uso, siempre y cuando la mujer inicie en el día correcto de su ciclo menstrual.

Métodos naturales

Ritmo o periodo de abstinencia. Consiste en calendarizar los días fértiles o de ovulación con el fin de evitar relaciones sexuales durante ese periodo. Es el método menos confiable porque muchas mujeres tienen un ciclo menstrual irregular (la menstruación se puede adelantar o atrasarse), por lo que es muy difícil determinarlos.

Método Billings. Recomendado a las mujeres cuyo ciclo menstrual es irregular, se basa en identificar las características del moco cervical a lo largo del periodo menstrual, lo cual permitirá saber el momento de fecundidad de la mujer, y de esa forma saber en que días hay más riesgo de embarazo al haber relaciones.

Al concluir la menstruación el flujo cervical se modifica, se muestra pegajoso y denso, de color ligeramente amarillento, lo que indica que no hay fertilidad; en un ciclo menstrual normal (de 28 días), tendrá una duración de 6 a 7 días. Por efecto de las hormonas la constitución del moco cambia, haciéndose más claro, elástico y líquido, a la vez que se siente húmedo y resbaladizo (no es raro que la mujer perciba sensación de lubricación en la vulva o entrada de la vagina). Esta será la etapa de máxima fecundidad y tendrá una duración de 5 a 10 días.

Después, el flujo mucoso se transformará nuevamente en opaco y pegajoso, entrando otra vez a un período infértil. Es importante hacer hincapié en que en este periodo el organismo pretende asegurar la supervivencia del óvulo si ha sido fecundado, pero de suceder lo contrario, el ciclo concluirá con la aparición de la menstruación que, a su vez, marca el inicio de un nuevo ciclo ovárico que durará entre 28 y 30 días.

Coito interrumpido. En este método el hombre retira el pene de la vagina antes de la eyaculación, que es el momento en que se libera el esperma durante del orgasmo. No se considera confiable, ya que el semen puede salir antes, o bien porque el miembro masculino en excitación segrega un líquido que lo prepara para la penetración, el cual contiene espermatozoides.

Métodos definitivos

Vasectomía. Sencilla cirugía realizada por el urólogo —médico especializado en los genitales masculinos— que requiere aproximadamente 20 minutos y la aplicación de anestesia local. El objetivo es impedir el paso de los espermatozoides, a partir de pequeña incisión en el escroto (piel que recubre a los testículos) de entre 1 y 2 cm, en la zona donde se localizan los conductos deferentes (tubos que transportan semen) que son cortados, para posteriormente ligar las puntas y coser nuevamente el escroto. Una vez concluida la operación, el paciente puede salir caminando y continuar con sus actividades normales, ya que el procedimiento y el periodo de recuperación no causan molestias.

Es falso considerar que durante la vasectomía se cortarán tejidos importantes en el funcionamiento del órgano viril, como algunos creen, y que ese es el primer paso para desarrollar disfunción eréctil (incapacidad de mantener erección que permita una penetración satisfactoria para el coito), eyaculación precoz o algún tipo de cáncer, como el de próstata (glándula que segrega sustancias que dan las condiciones de estabilidad a los espermatozoides) o testículos. Igualmente importante es destacar que la producción de espermatozoides no se suspende con la vasectomía, de forma que después de la intervención quirúrgica queda almacenada gran cantidad de esperma en las vesículas seminales, por lo que es necesario que la pareja se proteja con algún método anticonceptivo durante los siguientes 15 o 20 encuentros sexuales en los que el varón eyacule; después de éstos el riesgo se acaba.

Salpingoclasia. Médicamente reconocida como oforectomía, se trata de intervención quirúrgica que consiste en cortar y “amarrar” las trompas de Falopio para evitar que el óvulo sea transportado al útero, con lo que se evita un embarazo. Este método puede practicarse a las mujeres que acaban de dar a luz inmediatamente después del parto o al día siguiente.

Es importante saber que la esterilización femenina también puede realizarse mediante laparoscopia, que consiste en introducir finos tubos provistos con instrumental quirúrgico y diminuta cámara a través de pequeña incisión en el abdomen.

Cabe destacar que apenas un pequeño número de mujeres consiguen el regreso de la fertilidad tras someterse a la cirugía, es decir, la reversión de la salpingoclasia, y quienes logran embarazarse confrontan alto riesgo de que el producto se instale en las trompas de Falopio, situación que puede ocasionar la muerte de la madre.

La mayoría de los métodos antes descritos requieren de la prescripción de un especialista, aunque hay algunos disponibles sin receta médica. Es muy importante que cada persona elija el método de su conveniencia con la asesoría de un ginecólogo, quien sin duda orientará sobre el uso adecuado, riesgos y beneficios de cada uno.

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