Leucemias, cáncer en la sangre de niños y adultos - SyM
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Leucemias, flagelo que afecta a niños y adultos

Jueves 23 de marzo del 2017, 11:07 am, última actualización

Las leucemias son un grupo de cánceres de la sangre que provocan aumento incontrolado de glóbulos blancos, los cuales al ser deficientes o inmaduros debilitan al sistema de defensas, haciéndolo incapaz de repeler infecciones.

Leucemias, flagelo que afecta a niños y adultos

Crecen sin control, consumen buena parte de los nutrientes y energía del individuo, dejan al organismo sin defensas e, incluso, en ocasiones invaden al hígado, bazo, ganglios linfáticos, riñones y cerebro.

Así puede describirse la actividad de los glóbulos blancos anormales que caracteriza a las leucemias (literalmente significa “sangre blanca”), grupo de cánceres que puede aparecer en cualquier persona, sin importar género o edad, el cual evoluciona rápida o lentamente dependiendo del tipo que se diagnostique. Si bien no se conocen aún las causas exactas, la ciencia ha identificado cómo se desarrolla, los factores de riesgo que aumentan la posibilidad de sufrirla y diversas opciones de tratamiento.

Descontrol, el inicio

La mayoría de las células sanguíneas se forman a partir de células madre en la médula ósea, que es sustancia blanda que se encuentra en el centro de los huesos. Al madurar, este material se convierte en distintos tipos de células sanguíneas, cada una con una función especial.

En la leucemia, sin embargo, esta “fábrica” de glóbulos blancos (leucocitos) produce versiones anormales (leucémicas) que no mueren cuando deberían hacerlo, y una vez en el torrente sanguíneo dificultan el funcionamiento de los leucocitos, glóbulos rojos y plaquetas normales.

Esta multiplicación desordenada de células se traduce en cuatro tipos de leucemias:

  • Leucemia Linfocítica Crónica (LLC). Afecta a las células linfoides, y es de crecimiento lento. A menudo se presenta en pacientes mayores de 55 años (casi nunca en niños).
  • Leucemia Mieloide Crónica (LMC). Ocasiona daño en las células mieloides y, por lo general, se desarrolla lentamente al principio; se manifiesta en adultos.
  • Leucemia Linfocítica Aguda (LLA). Trastorna a las células linfoides y es de rápida evolución; comúnmente afecta a niños pequeños (aunque también aparece en adultos).
  • Leucemia Mieloide Aguda (LMA). Altera las células mieloides y es de crecimiento acelerado; puede presentarse en adultos y niños.

Señales

El número de células leucémicas y el sitio donde se acumulan son factores que determinan las molestias que manifiesta el paciente. En términos generales, los síntomas de leucemia crónica o aguda pueden ser:

  • Anemia acompañada de sangrados y exceso de hematomas (moretones). El sangrado por la nariz es uno de los más habituales, y como consecuencia de su abundancia y reaparición suele ser el primer síntoma que motiva la consulta.
  • Ganglios linfáticos inflamados que, con frecuencia, no duelen (especialmente los que se ubican en el cuello y las axilas).
  • Infecciones frecuentes.
  • Fiebre prolongada sin causa aparente.
  • Sudores nocturnos.
  • Debilidad o cansancio, pérdida de peso, palidez.
  • Hinchazón y masa abdominal anormal.

Es importante subrayar que estos síntomas no se deben exclusivamente al cáncer, ya que alguna infección u otro problema de salud también pueden provocarlos. Por ello, el diagnóstico debe realizarlo un médico (general, oncólogo, hematólogo), basado en historia médica y estudios de laboratorio.

Factores de riesgo

El diagnóstico de leucemia no es asunto sencillo. Sin embargo, la investigación ha mostrado que existen ciertos factores de riesgo que aumentan la posibilidad de que una persona padezca esta enfermedad, entre los cuales se encuentran:

  • Radiación. Quienes se exponen a dosis muy altas son más propensos a padecer leucemia mieloide aguda, mieloide crónica o linfocítica aguda. Cabe señalar que los rayos X dentales y otros estudios que permiten obtener imágenes del interior del cuerpo (tomografía computarizada, por ejemplo) también emiten cierta concentración de radiación.
  • Radioterapia. Este tipo de exposición a altas dosis de radiación para tratar cáncer y otras enfermedades puede aumentar el riesgo de leucemia.
  • Tabaquismo. Fumar cigarrillos también contribuye a desarrollar leucemia mieloide aguda.
  • Benceno. La exposición a este material, ampliamente utilizado en la industria química (también presente en el humo de tabaco y gasolina), puede ocasionar la enfermedad.
  • Quimioterapia. Los pacientes con cáncer que son tratados con ciertos tipos de fármacos para combatir el cáncer algunas veces presentan leucemia mieloide aguda o leucemia linfocítica aguda.
  • Síndrome de Down y otras enfermedades hereditarias. Diferentes estudios han revelado que estas condiciones pueden aumentar el riesgo de padecer leucemia aguda.
  • Antecedentes familiares de leucemia. Es raro que más de una persona en una familia tenga esta afección, pero cuando sucede, lo más probable es que se trate de leucemia linfocítica crónica.

Conviene subrayar que tener uno o más factores de riesgo no significa que se desarrollará leucemia. La mayoría de las personas que tienen factores de riesgo nunca padecen la enfermedad.

Diagnóstico y tratamiento

Con frecuencia, la leucemia se descubre después de un análisis sanguíneo de rutina. Asimismo, cuando el paciente experimenta síntomas que sugieren la presencia de esta enfermedad, el médico investiga los antecedentes personales o familiares de salud, además de solicitar exámenes como:

  • Evaluación física. El propósito es descubrir si los ganglios linfáticos, el bazo o el hígado están inflamados.
  • Análisis de sangre. El laboratorio realiza recuento sanguíneo para verificar el número de glóbulos blancos, rojos y plaquetas.
  • Biopsia. Permite constatar si existen células leucémicas en la médula ósea. Para ello, se extrae tejido (del hueso de la cadera u otro hueso grande).

En la actualidad, quien sufre leucemia tiene distintas opciones de tratamiento que pueden administrarse en forma separada o, si el facultativo lo considera necesario, realizar combinación de ellos.

Paralelamente, es importante que el paciente cuide su alimentación, ya que una buena nutrición puede ayudarle a que se sienta mejor y tenga más energía. La asesoría de un nutriólogo puede ser de gran utilidad.

Finalmente, las investigaciones indican que las personas con cáncer se sienten mejor cuando se mantienen activas. Caminar, hacer yoga y otras rutinas pueden mantenerle fuerte y animado. El ejercicio puede aliviar la tensión, reducir las náuseas y el dolor, así como hacer que el tratamiento sea más fácil de manejar. Cualquiera que sea la actividad física que se elija, el paciente debe consultar al médico antes de empezar.

SyM - Laura Ruiz

 

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