Anemia por falta de hierro en niños y mujeres embarazadas - SyM
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Anemia, enemiga de la infancia

Martes 21 de marzo del 2017, 01:07 pm, última actualización

La anemia afecta a 23.7% de los mexicanos menores de 5 años.

Anemia

Tanto por su magnitud como por sus consecuencias, podemos asegurar que la anemia por falta de hierro es una epidemia nacional que todavía requiere de mucho esfuerzo para ser controlada. Lo anterior no es una opinión aislada ni alarmista, sino la evaluación realizada por expertos en alimentación y salud infantil, basados en estadísticas recientes.

En efecto, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 (Ensanut 2006), presentada por la Secretaría de Salud, indica que prácticamente 1 de cada 4 mexicanos menores de 5 años sufren anemia, “lo cual causa alarma porque dicho padecimiento afecta al desarrollo neuronal, capacidad intelectual, resistencia física y otras funciones cuyo daño no siempre es reversible. Estamos presenciando la pérdida del capital humano más importante, nuestros niños, y lo más dramático es que hay notable diferencia entre lo que sabemos que se puede hacer para evitarla y lo que en realidad hacemos”.

Tal es la opinión del Dr. Homero Martínez Salgado, investigador titular en Ciencias Médicas de la Subdirección de Investigación del Hospital Infantil de México Federico Gómez.

Cabe recordar que esta enfermedad es uno de los trastornos nutricionales más comunes en todo el mundo y que se debe a falta de hierro, ya que el déficit de este mineral reduce la producción de hemoglobina, proteína que los glóbulos rojos de la sangre utilizan para llevar oxígeno a todo el cuerpo humano. Este problema puede afectar a cualquier persona, pero los grupos más vulnerables son adolescentes, mujeres en edad reproductiva y, ante todo, niños.

El Dr. Martínez Salgado, también coordinador de Investigación de la Academia Mexicana de Pediatría, indica que las medidas para prevenir anemia deben iniciar desde la gestación misma, administrando hierro a la mujer embarazada, y luego continuarán durante los primeros seis meses de vida, alimentando al bebé sólo con leche materna o, cuando esto no sea posible, con una fórmula enriquecida.

Asimismo, es imprescindible que el cambio a dieta sólida, que inicia entre los 4 y 6 meses de edad, incluya alimentos ricos en hierro, papillas y productos fortificados. La razón es que “los chicos de 6 a 24 meses son más susceptibles porque es entonces cuando agotan las reservas del mineral adquiridas en la gestación, y porque el acelerado crecimiento que ocurre en esa etapa incrementa sus necesidades del nutriente”.

Enfatiza el especialista: “Tratar la anemia cuando ya está presente es llegar tarde, porque ésta es la etapa más avanzada de la deficiencia de hierro. Nunca es saludable esperar a que se presente esta enfermedad para iniciar la aportación del mineral, pues al mantener las reservas adecuadas se evitarán los efectos adversos de un problema que debemos considerar como emergencia en salud pública, sobre todo si queremos asegurar la presencia de seres humanos en pleno desarrollo de sus capacidades”.

Lejos de la meta

A decir del Dr. Juan Rivera Dommarco, director ejecutivo del Centro de Investigación en Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública, las estadísticas mundiales muestran que la anemia no es tan frecuente en México como en algunas naciones de África y Asia, donde se observa hasta en 78% de los menores de 5 años, pero aún estamos lejos de la prevalencia del 7% que hay dentro del mismo grupo poblacional en Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Chile.

Además, si comparamos los resultados de la Ensanut 2006 con los de su predecesora, efectuada en 1999, encontraremos que ha existido un descenso en la presencia de la enfermedad, pero no ha sido suficiente: mientras que en el último año del siglo XX había 28.1% de preescolares con déficit de hierro, siete años después la cifra alcanzada es 23.7%.

De este modo, “en la actualidad hay en nuestro país 1.86 millones de niños menores de 5 años con anemia y, si expresamos la disminución lograda entre los años estudiados, en puntos porcentuales por año, encontramos un índice de reducción promedio del 0.63%. Si aplicamos esta misma tendencia, tendríamos una prevalencia del 7% hasta el 2033, es decir, en más de 25 años, y ningún pediatra, médico o investigador quisiera esperar tanto”.

Rivera Dommarco, quien participó en la elaboración de ambas encuestas, señala que una de las mejores noticias de la Ensanut 2006 es que el mayor descenso de la anemia, de más de 11%, se dio en el segmento de niños con menos de 2 años de vida, es decir, en el período donde la enfermedad tiene los efectos más adversos sobre el desarrollo físico y mental.

Al especificar sobre los logros por regiones, comenta que la disminución de la enfermedad fue similar en zonas rurales y urbanas, aunque los logros más pronunciados se dieron en la Ciudad de México y algunos estados del norte del país. En particular, dos entidades federativas ya han alcanzado índices de menos del 15%: Nuevo León y Jalisco.

Finalmente, el nutriólogo aclara que a pesar de que también se ha registrado importante descenso en los casos de déficit de hierro severo y en mujeres en edad reproductiva (de 12 a 49 años), “la anemia sigue siendo un problema de salud pública que genera graves consecuencias en el desarrollo del capital humano; existen medidas de probada eficacia para su erradicación y, por tanto, la conclusión es que urge redoblar los esfuerzos e iniciar nuevas acciones para lograr el control de esta enfermedad al más corto plazo”.

Desventaja para enfrentar la vida 

Por su parte, la Dra. Esther Casanueva, subdirectora de Investigación en Salud Pública e investigadora del Instituto Nacional de Perinatología, ahonda en que el combate a la anemia con adecuado control prenatal de la madre debe iniciar tempranamente, en especial antes de las primeras 13 semanas de gestación.

Ello porque un estudio en el que se analizaron más de 44 mil nacimientos reveló que 10.4% de las mujeres con anemia tuvieron bebés con bajo peso al nacer, en contraste con el 7.8% de las que contaron con niveles de hemoglobina normales. Además, 6% de los niños cuya progenitora padeció falta de hierro nacieron en forma prematura, mientras que idéntica situación se observó en sólo 4.1% de aquellos chicos con una madre sin deficiencias nutricionales.

“Sabemos que bajo peso y nacimiento prematuro son dos de los principales responsables de mortalidad neonatal, y que cuando los pequeños con estas características sobreviven van a tener una serie de secuelas que se expresarán, por ejemplo, en baja estatura. Nunca alcanzarán la talla ni el peso adecuado que se esperaría en niños con una edad gestacional correcta”, subraya la especialista.

Los niños con anemia también tienen problemas para hacer frente a enfermedades, como diarrea o infecciones respiratorias, pues sufren déficit de linfocitos (células de defensa). Además, suelen presentar rendimiento físico muy por debajo del observado en quienes tienen cifras normales de hierro, lo cual ocurre tanto por falta de oxigenación como porque el mineral interviene en la formación de proteínas que permiten responder a la demanda durante el ejercicio.

Aunque estos efectos pueden revertirse con suplementos y buena alimentación, la Dra. Casanueva aclara que hay otros en los que no se tiene la misma respuesta, como el daño al desarrollo del sistema nervioso. “Se ha comprobado que las capacidades intelectuales pueden mejorar hasta en 30% cuando se da hierro, pero aun así estos pequeños no alcanzarán las calificaciones de sus compañeros que nunca han tenido el padecimiento. Sufren mala concentración y memoria, y tales secuelas les impiden tener respuesta mental adecuada”.

Aunado a esto, indica que la anemia se vincula a sobrepeso, por lo que aumenta el riesgo de padecer enfermedades crónicas, como diabetes (altos niveles de azúcar en sangre), y destaca que, como el organismo absorbe hierro y plomo de manera similar, la deficiencia del primero en la dieta favorecerá el ingreso en la sangre del segundo, que es tóxico.

La nutrióloga añade que algunas observaciones hechas en ratas han mostrado que los animales cuya madre sufrió anemia durante la gestación nacen con un corazón de mayor tamaño, pero sus tejidos no responden igual que en los roedores sanos y esto podría desencadenar presión arterial elevada. Falta comprobar si estos efectos son idénticos en el ser humano, pero tales conclusiones abren nuevas líneas de investigación que se explorarán en breve.

Así, la especialista concluye que “sufrir anemia marca el destino de los chicos, y lo peor es que no hemos hecho lo suficiente por evitar que esto suceda. Desde la segunda mitad del siglo XVIII, en el México de la Colonia, José Ignacio Bartolache publicaba un boletín para dar información de salud llamado El mercurio volante, y ahí enfatizaba que las mujeres debían tomar hierro, pues dicho mineral sólo era peligroso en espadas y floretes. Hasta hoy, no hemos logrado que toda madre embarazada consuma suficiente cantidad del nutriente”.

Cambio de hábitos  

En cuanto a las estrategias que ha creado la Ciencia a nivel mundial para prevenir el padecimiento, el Dr. Héctor Bourges Rodríguez, director de Nutrición del Instituto Nacional de Ciencias Medicas y Nutrición Salvador Zubirán, comenta que pueden agruparse en los siguientes puntos:

  • Adición de alimentos. No ha sido fácil, pues no todo producto es buen vehículo para que se le añadan nutrientes y porque la búsqueda se ha restringido a aquellos que se consumen con frecuencia y soportan cantidades extras de hierro de fácil absorción, a un costo accesible y sin sufrir cambios. Hasta el momento, los mejores resultados se han obtenido en cereales y fórmulas lácteas, que ya son de uso común.
  • Suplementos (en prevención o terapia). La administración a través de jarabes, pastillas o inyecciones mejora la condición del paciente notablemente y con rapidez, sobre todo en estados graves. Su dosificación puede ser muy específica, pero llega a ocasionar efectos secundarios, como problemas gastrointestinales.
  • Orientación alimentaria. No sólo radica en aumentar el consumo de alimentos con hierro, entre ellos vegetales de hoja verde y carnes rojas (los niños de 8 meses pueden comer porciones de 27 g, equivalentes en tamaño a una cajetilla de cerillos), sino también el de aquellos que facilitan su absorción, es decir, los que son ricos en vitamina C. A su vez, se deben moderar aquellos que dificulten o impidan su asimilación, como té, café y fibra.
  • Control prenatal. Es imprescindible que la madre lleve supervisión médica desde el principio del embarazo para hacer ajustes en su dieta y análisis de sangre que determinen la cantidad de hierro que se suplementará. Aún más, se ha encontrado otra medida de ayuda: en vez de ligar el cordón umbilical en el recién nacido de inmediato, hay que esperar tres minutos para que absorba el mineral contenido en él. Esto otorga 40 mg de hierro de reserva.
  • Control de parasitosis y enfermedades. Siempre será importante controlar padecimientos como vómito, diarrea e infecciones, ya que todos ellos impiden la adecuada absorción de nutrientes. No deben tomarse a la ligera y requieren la atención del pediatra.
  • Modificación de alimentos. Se trata de una medida más reciente y no del todo generalizada que, además de lograr cambios genéticos en algunos vegetales (transgénicos) para adicionarles hierro, puede recurrir a técnicas comunes de selección de plantas para incrementar la producción de aquellas variedades que aporten más del mineral deseado junto con vitamina C. También sería de utilidad lograr productos con menos fitatos, oxalatos y fosfatos, que son compuestos que inhiben la absorción del nutriente.

Haciendo un balance, el Dr. Bourges Rodríguez manifiesta que “la mayor parte de nuestra dieta actual está formada por alimentos inadecuados que ingerimos en horarios ajenos a la naturaleza de nuestra especie, y todo esto nos acarrea deficiencia de nutrientes como el hierro. Por ello debemos reforzar su consumo, aunque siempre bajo vigilancia médica, ya que el exceso puede ser perjudicial y no tenemos mecanismos para desechar el sobrante”.

SyM - Rafael Mejía

 

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