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Bajo crecimiento infantil, ¿a qué se debe?

Martes 21 de marzo del 2017, 12:35 pm, última actualización.

Los primeros tres años de vida son trascendentales para el desarrollo de niñas y niños, debido a que es justo en este periodo cuando su talla y peso aumentan en forma más importante, además de que tiene lugar el crecimiento de su sistema nervioso. Aunque hay factores que alteran este proceso, afortunadamente la mayoría pueden evitarse. ¿Quieres saber cómo?

Bajo crecimiento infantil, Dieta infantil

Uno de los mayores sueños de todos los padres es, sin lugar a dudas, ver crecer a sus hijos sanos y felices, por lo que es muy común que la mayor parte de su esfuerzo y empeño se dirija a cumplir con este noble objetivo. Sin embargo, y a pesar de las buenas intenciones, una pareja puede incurrir en errores que afectan el crecimiento de los niños.

Concretamente, la presencia de talla y peso bajos en un pequeño respecto a parámetros establecidos mundialmente tiene su origen en deficiencias nutricionales que, a su vez, se deben tanto a factores culturales como a desconocimiento, sin descartar que en gran número de los hogares mexicanos se carece de sólida base económica.

Es la opinión del Dr. Rogelio Mac Kinney, especialista del hospital Médica Sur, en la Ciudad de México, quien explica que el cuidado de la dieta del niño, incluso desde que se encuentra en el vientre de la madre, se traduce no sólo en estatura ideal de acuerdo a la complexión y edad del menor, sino que también "le ayuda en el crecimiento de la masa cerebral y en el desarrollo de habilidades, de modo que el infante pueda explotar el potencial genético con que está dotado".

Por ello, el también facultativo de Medicina Pediátrica en el Centro Médico La Raza añade que los padres deben hacer lo posible por informarse y conocer cuáles son los alimentos más convenientes para nutrir a un hijo, dando preferencia a la calidad que a la cantidad, y a qué edad se le deben dar para obtener el mejor provecho.

Parámetros de crecimiento

El Dr. Mac Kinney comenta que existen tablas estandarizadas, aceptadas a nivel internacional, que sirven para dar seguimiento al peso y talla de los infantes (cada mes o trimestre), lo que permite apreciar si su crecimiento se ajusta a los parámetros normales. De esta manera, tanto pediatras como padres de familia cuentan con una herramienta de gran utilidad en la vigilancia de la salud de los pequeños.

Al respecto, precisa que "antes existían curvas de crecimiento diseñadas para niños mexicanos, pensando que eran muy diferentes a los nacidos en otros países, pero actualmente se trabaja con tablas internacionales porque hemos visto que nuestra población infantil se ajusta a los mismos parámetros que se manejan en Inglaterra, Escocia o Estados Unidos, siempre que se tenga buen estado nutricional".

Ante todo, especifica que el seguimiento más estricto debe darse dentro de los primeros tres años de vida, y que las únicas variaciones notables se dan entre pequeños de distinto sexo, ya que "habitualmente los niños crecen un poco más rápido que las niñas".

Aproximadamente, los valores de crecimiento en los primeros tres años de vida son los siguientes:

EDAD

NIÑAS

NIÑOS

Al nacer

Estatura: 49 cm.
Peso: 2.800 kg.

Estatura: alrededor de 50 cm.
Peso: 3 kg.

Primer año de edad

Estatura: 74 ó 75 cm.
Peso: entre 9 y 10 kg.

Estatura: 76 ó 78 cm.
Peso: de 9.500 a 10.500 kg.

2 años de edad

Estatura: 84 a 85 cm.
Peso: 12 kg. aprox.

Estatura: 85 u 87 cm.
Peso: 12.500 kg.

3 años de edad

Estatura: 92 ó 93 cm.
Peso: poco más de 14 kg.

Estatura: 94 ó 95 cm.
Peso: 14.500 kg., en promedio

Aunque estos valores cambian ligeramente y dependen también de la complexión de los infantes, permiten apreciar que la velocidad del crecimiento "va disminuyendo poco a poco; al principio es muy rápido y, de hecho, en los primeros tres meses se duplica el peso con que nació, en tanto que para volver a aumentar en idéntica proporción se requieren 9 meses. De igual manera, en el primer año los pequeños aumentan su estatura 25 cm o más, y para el segundo sólo la mitad".

El crecimiento continúa durante toda la infancia, de eso no cabe duda, pero ocurre a un ritmo más moderado, y sólo volverá a alcanzar cifras considerables hasta la pubertad. Pero más allá de esto, la existencia de parámetros establecidos y el seguimiento constante de peso y talla del infante, dice el pediatra, "son de gran utilidad porque permiten detectar dificultades incluso desde el momento de nacer, ocasionados por problemas placentarios o de alimentación que se presentaron en el útero".

Así, el Dr. Rogelio Mac Kinney describe que "por ejemplo, si una mujer embarazada tiene problemas en la glándula tiroides y debido a esto bajan continuamente sus niveles de azúcar, entonces disminuirán los depósitos de grasa de su bebé y puede nacer delgado; en cambio, el hijo de madre con diabetes o con altos niveles de azúcar en sangre por consumir muchos alimentos será obeso, ya que cuenta con más fuentes de energía".

Así, el especialista hace la observación de que la vigilancia del buen crecimiento del niño "debe iniciar desde el embarazo, y precisamente esta es la razón por la que la madre se debe alimentar bien, y por lo que se tiene que estar seguro de que no padezca diabetes gestacional (altos niveles de glucosa durante el embarazo que en ocasiones vuelven a ser normales después del parto) o que no presente problemas de presión arterial elevada. Actualmente hay muchos métodos que ayudan a detectar estas dificultades para poder corregirlas, como el ultrasonido, que emplean en forma regular los ginecobstetras".

¿Por qué crece poco un niño?

La principal causa de baja talla y peso en infantes mexicanos, afirma el Dr. Mac Kinney, es la desnutrición, hecho que desafortunadamente va de la mano con las limitaciones económicas que se generalizan en amplios sectores de la población y que se acentúan, sobre todo, en el campo. "Cuando asistimos al medio rural, el principal problema no se presenta porque no se les quiera dar de comer a los niños, sino porque no hay recursos económicos ni cultura. En circunstancias precarias quien come es el padre, porque es él quien trabaja y lleva el dinero, y de lo que sobra se alimentan madre e hijos".

La importancia de la dieta en el crecimiento, explica, "radica sencillamente en que gracias a los alimentos que ingerimos nuestro organismo puede elaborar todo lo que necesita para funcionar en forma adecuada, por lo que, al no haber adecuado aporte de nutrientes, no se crean células nerviosas nuevas, no hay posibilidad de formar masa muscular, huesos ni enzimas".

A esto debe agregarse que, de manera generalizada, existe poca conciencia sobre cómo introducir alimentos sólidos en la dieta del pequeño (ablactación). Asegura el pediatra que "el eje fundamental de la alimentación del bebé es la leche materna, porque todas las fórmulas lácteas buscan igualar a aquélla en cuanto a la cantidad de proteínas, grasas, hierro y vitaminas, pero no pueden proporcionar anticuerpos, por ejemplo."

Ahonda el Dr. Mac Kinney: "Hubo una época en que se daban alimentos sólidos incluso a bebés de 15 días, pensando que era lo correcto, pero lo único que se consiguió fue disparar problemas de obesidad, diabetes y alergias. El consejo de los pediatras es dar durante mucho tiempo pecho, tratando de posponer hasta después de los seis meses la incorporación de productos sólidos y mantener la leche de la madre, aunque en cantidad cada vez menor, hasta el primer año de vida."

Asimismo, el pediatra comenta que como segunda causa de bajo crecimiento infantil encontramos una serie de enfermedades de naturaleza muy diversa, pero que tienen el denominador común de generar desnutrición como causa secundaria, entre ellos:

  • Hipotiroidismo. Padecimiento caracterizado por la atrofia de la glándula tiroides, misma que se localiza en el cuello y que se encarga de regular diversas funciones del organismo. Las consecuencias de esta enfermedad son fallas en la regulación de la temperatura corporal, frecuencia cardiaca y presión arterial, así como deficiencias en la capacidad de transformar los alimentos en energía.
  • Cardiopatía congénita. Consiste en anormalidad en la estructura y/o función del corazón en el recién nacido, resultantes de desarrollo embrionario alterado. Este problema genera síntomas como pérdida de apetito, vómito, diarrea y gasto acelerado de energía.
  • Leucemia. Se estima que la desnutrición se presenta en 20% a 50% de los niños mexicanos que padecen esta enfermedad, caracterizada por el incremento en el número de glóbulos blancos (células de defensa) en la sangre, los cuales terminan por atacar al mismo organismo. Su impacto negativo en el crecimiento infantil se debe a escasa sensación de hambre y al mismo tratamiento médico, ya que los fármacos utilizados para erradicar el padecimiento pueden ocasionar vómito.
  • Neuropatía. Daños en los nervios del tracto gastrointestinal hacen que éste presente incapacidad para movilizar los alimentos durante la digestión (disminución de la motilidad gástrica), lo cual puede producir náuseas, vómito, diarrea, estreñimiento, gases intestinales y, por ende, dificultades en la absorción de nutrientes.

Cada uno de estos padecimientos requiere tratamiento particular, mismo que no siempre es fácil, pero al llevarlo a cabo mejora la condición del pequeño, su asimilación de nutrientes y, por tanto, redunda en mejor crecimiento. Sin embargo, cabe subrayar que todas ellas son causantes de baja talla y peso en un porcentaje mínimo si se les compara con el problema de mayor trascendencia: la desnutrición.

Del plato a la boca...

Llevar una dieta balanceada tiene beneficios que no sólo se reflejan en adecuada talla y peso del infante, sino también en el desarrollo de habilidades. El Dr. Rogelio Mac Kinney afirma al respecto que "es básico cuidar la alimentación durante los primeros tres años de vida, que es cuando se da el desarrollo neurológico más importante. Si la aportación de nutrientes falla en esta etapa, el niño va a tener un coeficiente intelectual (CI) no anormal, pero sí bajo".

El obstáculo principal que enfrenta la nutrición infantil, como ya se dijo, es la limitación económica, pero otro tanto hay que decir de hábitos y costumbres con mayor o menor arraigo en la población mexicana. Por citar un ejemplo, el especialista comenta que ha observado a padres de familia alimentando a sus bebés con refresco de cola en biberón. "Es una pésima costumbre; esta bebida tiene casi tanta cafeína como el café, por lo que el niño está siempre inquieto y no duerme, pero sus progenitores desconocen esto".

A pregunta expresa, el pediatra afirma que "no existe conciencia sobre cómo alimentar a los niños. Hasta la fecha hay dos ediciones de la Encuesta Nacional de Salud, una levantada en 1988 y otra en 1999, y encontramos que en poco más de 10 años la desnutrición ha aumentado (1.2%) en la población general y, por ende, en los niños; paralelamente se ha observado incremento en la obesidad".

El especialista afirma que se detectó otro dato de consideración: el índice de anemia (deficiencia de hierro que genera baja producción de glóbulos rojos, responsables de transportar oxígeno en la sangre) es casi 53% en niños de entre 6 meses y 2 años de edad, a pesar de que las fórmulas lácteas y cereales con que se les ablacta están fortificados con este mineral.

¿La causa? El Dr. Mac Kinney lo atribuye a que "no sabemos ablactar a los niños; los primeros alimentos sólidos que les proporcionamos en México son frijol y tortilla, los cuales tienen demasiada fibra y retienen el hierro. En Estados Unidos y Canadá, por ejemplo, usan las mismas fórmulas lácteas y cereales que nosotros, y su población no presenta tanta anemia".

La ablactación, sostiene, debe realizarse de manera gradual, y en ella tienen que emplearse verduras y frutas, excluyendo a los cítricos, fresa y durazno, ya que pueden generar alergia. Asimismo, recomienda que se recurra al pediatra o a fuentes de información especializadas en salud para conocer la dieta ideal de ablactación de los pequeños.

Resolver sí, exagerar no

Aunque el bajo crecimiento infantil tiene muchas causas, el hecho de que la desnutrición sea la principal de ellas favorece que sea reversible si se actúa con prontitud a través de la detección oportuna. "No hay otra forma de lograrlo que pesar y medir a la niña o niño periódicamente, y comparar estos resultados con los parámetros normales de su edad; puede hacerse con ayuda del pediatra, y forma parte del control médico; no obstante, los padres realizarán esta labor siempre que tomen como referencia datos fidedignos y no que comparen a su hijo con compañeritos, primos o hermanos, pues ver a un hijo bajito, flaco o alto de esta manera es muy relativo".

Empero, el Dr. Rogelio Mac Kinney asegura que la solución a un problema de bajo crecimiento tampoco radica en sobrealimentar al niño con suplementos alimenticios y fórmulas lácteas. "Los padres se deben preocupar por la calidad y dejar que el niño determine la cantidad; demasiado alimento altera su centro de saciedad y va a llegar el momento en que aceptará todo. Recuerdo a un niño de 5 años con 80 kg de peso que atendimos en el hospital, y al hablar con él le insistimos en que ya no comiera; el pequeño lloraba y decía que sus papás le suplicaban que comiera, y no entendía por qué ahora ya no querían que los complaciera".

Asimismo, los progenitores deben estar conscientes de que los factores hereditarios también determinan la estatura, de modo que si ellos son bajitos no pueden obligar a su hija o hijo a crecer de más. "Los padres pueden hacer hasta lo imposible, pero difícilmente conseguirán algo; más bien, deben fijarse en que el niño coma bien y que su dieta esté compuesta de alimentos adecuados; que sea sometido a buenos controles de salud, que practique ejercicio y no tenga anemia o parásitos. Cuidando esos parámetros el pequeño va a desarrollar su potencial genético sin problemas", concluye el Dr. Mac Kinney.

Finalmente, queda recordar que todo problema en el crecimiento infantil debe remitirse al pediatra lo más pronto posible para lograr la mejor solución, que consistirá en mejorar la dieta del pequeño, y que aunque el pronóstico no es tan favorable en caso de cardiopatía o neuropatía, ya que son problemas presentes desde el nacimiento, y su solución no es sencilla, es posible mejorar las condiciones del niño notablemente, si bien la obtención de talla y peso en estos casos difícilmente será el esperado.

SyM - Rafael Mejía

 

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