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Cuando la escuela deprime

Martes 11 de abril del 2017, 04:25 pm, última actualización

Volver a clases representa para muchos pequeños reencontrar amigos e iniciar emocionantes aventuras, excepto para aquellos que ven la escuela como posible amenaza; en este caso, la depresión infantil podría estar rondando y poniendo en riesgo lasalud mental del niño sin que los padres se percaten de ello. ¿Te suena familiar?

Niños, Escuela, Depresión

Depresión en niños

El regreso a clases es, para la mayoría de los pequeños, la oportunidad de adentrarse en nuevas experiencias a través del conocimiento e intercambiar con sus compañeros historias vividas durante vacaciones.

Sin embargo, también hay infantes que se niegan a ir a la escuela porque les parece agobiante o bien, carecen de interés en realizar lo que antes les era gratificante, les cuesta trabajo sociabilizar y se sienten tristes; en pocas palabras, son niños que padecen depresión.

Escaso deseo de ir al colegio, bajo rendimiento académico, cambios inexplicables de conducta, pérdida de apetito, tristeza constante y, sobre todo, sensación de inutilidad en un niño, podrían signos de depresión infantil que ningún adulto debe pasar por alto, especialmente si ocurren cuando el pequeño está por comenzar nuevo ciclo escolar.

El principal problema de esta alteración conductual radica en que, por lo general, los padres rara vez piensan en la posibilidad de tener un hijo deprimido, de modo que se preocupan sólo por los síntomas y los confunden con indisciplina o estado anímico pasajero e intrascendente. Así, jamás consideran la posibilidad de buscar ayuda especializada para atender el verdadero origen del trastorno.

Depresión en niños: cualquiera puede sufrirla

Cierto es que este padecimiento puede deberse a exigencias excesivas hacia el niño, presión académica de padres o maestros por el inicio de clases o pérdida de un ser querido, pero también se caracteriza por ser trastorno bioquímico con síntomas emocionales y físicos al mismo tiempo, cuyo origen puede ser hereditario.

La depresión infantil puede ocurrir por igual en ambos sexos y suele clasificarse de dos formas:

  • Depresión mayor: aquella que es evidente porque el niño sufre un cambio radical y de un momento a otro.
  • Distimia: es difícil de diagnosticar debido a que es muy discreta, pero latente.

La depresión puede reincidir varias veces, y de hecho se ha comprobado que más de la mitad de los infantes con un cuadro depresivo leve desarrollará en aproximadamente dos años una enfermedad más severa.

Por ello, es importante que los padres estén conscientes de que esta dolencia no sólo afecta a niños víctimas de abuso o violencia doméstica; también puede presentarse en pequeños que crecen en ambientes estables.

Síntomas de depresión infantil

Se calcula que 5% de niños y adolescentes experimentan depresión en algún momento; no hablamos de breves periodos de melancolía, sino de una condición persistente que interfiere con habilidades y actividades, y que afecta principalmente a pequeños que conviven con los siguientes factores:

  • Viven con mucha tensión y exigencias.
  • Presentan problemas físicos.
  • Sufren déficit de atención o hiperactividad.
  • Han experimentado una pérdida personal (muerte de alguno de los padres, abuelos o hermanos, por ejemplo).
  • Tienen antecedentes de dicha enfermedad en su familia.

La depresión en los menores se manifiesta de manera distinta que en adultos, por ello los padres deben mostrarse atentos si uno o más de los siguientes síntomas depresivos aparecen y persisten en su hijo (en cuyo caso, se debe buscar ayuda especializada):

  • Tristeza constante y llanto abundante.
  • Desesperanza.
  • Pérdida de interés en sus actividades favoritas.
  • Aburrimiento continuo y falta de energía.
  • Aislamiento social, pobre comunicación.
  • Baja autoestima y alta culpabilidad.
  • Sensibilidad extrema ante el rechazo y fracaso.
  • Dificultad para relacionarse; muestra coraje u hostilidad.
  • Quejas constantes de enfermedades o dolores de cabeza o estómago.
  • Ausencias frecuentes de la escuela y bajo rendimiento académico.
  • Cambios repentinos de comportamiento.
  • Aburrimiento.
  • Cansancio excesivo.
  • Pérdida de apetito y peso.
  • Sensación de inutilidad.
  • Pobre concentración.
  • Cambios notables en los horarios y patrones para comer o dormir
  • Tratar de escaparse de la casa o hacer mención de ello.
  • Pensamientos o expresiones suicidas (dicen a veces que quisieran estar muertos).
  • Comportamiento autodestructivo.

Es importante señalar que no necesariamente concurren todos estos rasgos al mismo tiempo o con la misma intensidad, ya que los pequeños que se portan mal o de manera agresiva en casa o la escuela podrían sufrir depresión infantil aun sin dar la impresión de estar tristes, es decir, no muestran signos depresivos evidentes ante sus maestros o progenitores.

Mi hijo tiene depresión, ¿qué hago?

Convivir en casa un niño con síntomas de depresión no es motivo para suponer que se tiene un "hijo loco" y peor aún, se le debe "ignorar"; por el contrario, los padres deben aceptar el problema y visitar a la brevedad a un especialista, ya sea un psicólogo o paidopsiquiatra (psiquiatra especialista en menores).

La depresión en la infancia constituye una señal de que el pequeño presenta una enfermedad delicada para la cual papá y mamá deben buscar tratamiento y colaborar, pues el apoyo familiar es clave en la recuperación.

Al mismo tiempo, conviene que los progenitores eviten empeorar la situación con ideas preconcebidas sobre la depresión; crear culpas, reprochar o etiquetar el comportamiento de un niño deprimido sólo agudiza el problema, mientras que al mostrarle el apoyo y amor de padres, hermanos o familiares, lo hace sentir que no está solo para enfrentar la situación.

Ante un caso de depresión infantil, la familia debe trabajar en equipo para restablecer la estabilidad del niño, a fin de que vuelva a realizar con normalidad sus actividades habituales, asista a clases como cualquier otro chico y, ante todo, que se desarrolle saludablemente para llegar a ser una persona plena.

SyM - Sofía Montoya

 

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