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Frenillo lingual, dificultad para hablar y comer

Jueves 02 de marzo del 2017, 10:42 am, última actualización

La cara posterior de la lengua se une a la boca mediante el frenillo lingual, membrana elástica que casi siempre pasa desapercibida y raramente causa dificultades. Sin embargo, hay casos en que este tejido es anormal y poco flexible en el recién nacido, por lo que dificulta la alimentación y puede complicar el habla.

Frenillo lingual, Anquiloglosia, Lengua anudada

Importancia de la movilidad de la lengua

La boca cumple con dos funciones muy importantes para el ser humano: por un lado, es en ella donde se inicia el proceso de digestión mediante la masticación de los alimentos y su deglución y, por otro, interviene en la generación de diversos sonidos que posibilitan la comunicación a través de la palabra.

El desarrollo de ambas cualidades es posible gracias a la lengua, músculo fuerte y muy moldeable que, además, cuenta con terminales nerviosas que le permiten distinguir los sabores de los alimentos. Basta con intentar pasar un bocado sin su ayuda o tratar de hablar en voz alta sin moverla (no en balde su nombre se emplea como sinónimo de "idioma") para descubrir la trascendencia que tiene en nuestra vida sin que nos percatemos de ello.

Empero, hay algunos recién nacidos en los que la lengua se encuentra prácticamente inmóvil o su movimiento es sumamente restringido debido a que la banda o membrana que la sujeta a la parte inferior de la boca, el frenillo lingual o sublingual, es poco flexible y de proporciones anormales (algunos pediatras dicen que es "largo" cuando longitudinalmente corre de la base hasta la punta de la lengua, en tanto otros le llaman "corto" porque su escasa altura impide la elevación del músculo).

Dicho problema se conoce como anquiloglosia o lengua anudada, y aunque se presenta en raras ocasiones merece la atención de padres y pediatras para evitar problemas de alimentación, así como algunas restricciones para hablar en edades más avanzadas. Todavía no se sabe cuáles son las causas que originan esta condición que los expertos clasifican como disglosia lingual (trastorno que genera alteraciones en la pronunciación de las palabras), por lo que tampoco es posible emprender medidas para su prevención.

Anquiloglosia, ¿se puede intervenir?

Los progenitores no deben alarmarse en caso de descubrir que su bebé o hijo pequeño cuenta con frenillo aparentemente grande, ya que este tejido, por lo general, es más pequeño en el adulto. Bien vale aclarar que esto ocurre porque el tejido sublingual se vuelve elástico y reduce su proporción a través de los movimientos repetitivos generados durante la alimentación y el habla, por lo que no es raro que entre más joven sea una persona, mayor será la longitud de esta membrana.

Es por ello que el diagnóstico de anquiloglosia debe ser realizado sólo por un médico, no sólo de acuerdo a la apariencia física del frenillo lingual, también considerando la funcionalidad de la boca y mediante ciertos síntomas, como son:

  • Falta de movilidad de la lengua, la cual se manifiesta a través de la incapacidad del pequeño para tocar con ella su labio superior o para sacarla más allá de las encías o dientes.
  • Cuando el músculo del que hablamos se estira, su punta pierde la forma redondeada y parece tener una hendidura en forma de "v", debido a que el frenillo tira de ella (se le llama también lengua cardioide, acorazonada o en forma de corazón).
  • En niños que aprenden a hablar hay dificultad para pronunciar aquellos sonidos en donde la lengua debe levantarse para hacer contacto con el paladar (consonantes "r", "rr" y "l").

A pesar de que hace algunos años siempre se recomendaba una intervención quirúrgica para cortar una parte del frenillo cuando lucía demasiado grande, muchos especialistas han llamado la atención respecto a que tal operación puede interferir en el desarrollo y formación normal de la boca. En efecto, al observar la evolución de los pequeños con anquiloglosia se ha concluido que en la mayoría de los casos se registra mejoría con el paso del tiempo pues, como hemos dicho, el tejido sublingual se flexibiliza y hace más corto con el uso.

Es por ello que actualmente la cirugía correctiva sólo se considera en casos muy especiales, como son:

  • Lactantes o bebés que comienzan a recibir dieta sólida (ablactación) y que presentan serios inconvenientes para alimentarse y succionar. La intervención se aconseja sólo bajo estricta supervisión médica y después de cumplir un año. En casos muy severos puede realizarse a partir de los 9 meses de edad.
  • Niños en los que las limitaciones de movimiento de la lengua no mejoran con el paso del tiempo.
  • Infantes en quienes se presentan trastornos del habla. En estos casos se requiere de una evaluación muy minuciosa, ya que la gran mayoría de dificultades para pronunciar ciertos sonidos se deben no al frenillo, sino a otros problemas, como los que ocurren por fallas en tejido cerebral neuronal o problemas psicológicos. Asimismo, hay que señalar que, en caso de tartamudez, la intervención quirúrgica podría incluso empeorar los síntomas.
  • Pequeños que muestran incapacidad para tocar un instrumento de viento, ya que la falta de movilidad de la lengua ocasiona el uso incorrecto de la boquilla.

La intervención es necesaria en muy pocas ocasiones y, ante todo, que el niño no puede ser sometido a cirugía si no se cuenta con una segunda opinión por parte de un foníatra, médico especializado en la prevención, evaluación, diagnóstico y tratamiento de los trastornos de la comunicación debidos a dificultades de audición o pronunciación y escritura del lenguaje.

¿Qué esperar de la lengua anudada?

En aquellos casos en los que se decide cortar el frenillo sublingual, la cirugía se llevará a cabo bajo anestesia general y correrá a cargo de un médico especializado en pediatría, otorrinolaringología (atención a oídos, nariz y garganta), odontología (prevención y corrección de problemas dentales y bucales) o foniatría, ya que cualquiera de éstos conoce perfectamente la anatomía de la boca.

Generalmente esta cirugía no tiene complicaciones, aunque se puede presentar inflamación de la lengua, sangrado, infección y daño en los conductos de las glándulas salivales. Asimismo, los padres deben estar conscientes de que la erradicación de los problemas generados por la lengua anudada no es total, ya que a pesar de que la deglución es más sencilla para el infante, permanecen ciertas dificultades de dicción (pronunciación).

Resta comentar que los trastornos del habla pueden mejorar notablemente con ayuda de ejercicios especiales coordinados y enseñados por el foníatra o pediatra, los cuales se pueden realizar sin dificultades en el hogar. Como es de suponer, los síntomas del frenillo sublingual no ponen en riesgo la vida de quien los padece.

SyM - Sofía Montoya

 

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