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Hormona del crecimiento, solución para niños con talla baja

Martes 28 de marzo del 2017, 08:52 am, última actualización

No es normal que un bebé sea muy pequeño respecto a las tablas de talla aceptadas en Pediatría, ni que su crecimiento sea lento; más bien, esto puede significar que requiera tratamiento con hormona del crecimiento para desarrollarse normalmente y llegar sano a la adultez.

Hormona del crecimiento, solución para niños con talla baja

Todas las personas que se convierten en padres dicen en alguna ocasión que esperan ver crecer a sus hijos sanos y fuertes. Quizá sea simple frase que se dice de manera automática para demostrar el cariño que siente por ellos, pero en ocasiones este enunciado alcanza diferente dimensión cuando, en la realidad, uno de los chicos no alcanza la estatura promedio que corresponde a su edad.

Ser de pequeña estatura puede representar, en primera instancia, problema meramente estético, es decir, relacionado sólo con la autoestima y autoimagen. Y, en efecto, quien tiene talla baja es objeto de burlas y miradas curiosas, pero esto pasa a segundo plano si se presentan otras repercusiones en la salud, como ocurre frecuentemente en personas con déficit de hormona del crecimiento (estimula el desarrollo infantil y es producida por la glándula hipófisis, que se encuentra en el interior del cráneo).

De hecho, es habitual que quien sufre esta disfunción vea alterado el desarrollo de sus características sexuales, porque la hormona que dirige este aspecto suele venir acompañada de la del crecimiento, lo que da lugar a condición que científicamente se conoce como hipogonadismo, misma que se caracteriza porque, al llegar la pubertad, no hay presencia de vello ni desarrollo de los senos en la mujer o de los testículos en el varón. Estas afecciones continúan a lo largo de la vida del paciente, que en muchos casos también padece infertilidad (incapacidad de procrear).

Ritmos de crecimiento

El endocrinólogo pediatra César Cavaría Bonequi, expresidente de la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología, establece que, aunque parezca extraño, en cuanto el niño nace empieza su etapa de desaceleración. Así ocurre si consideramos que la concepción ocurre cuando se unen dos células microscópicas: óvulo y espermatozoide, y a partir de entonces el individuo crece de manera vertiginosa, de tal forma que a los nueve meses de embarazo alcanza 50 cm de estatura, “algo inconcebible”, asevera el especialista.

“A partir de entonces inicia la desaceleración, con todo y que durante los primeros dos años de vida el ser humano crece como nunca más. Esto queda claro si observamos que, al nacer, el bebé mide 50 cm y, al cabo de un año, llega a 70 cm, es decir, crece 40%; así ocurre hasta el segundo año, para luego bajar el ritmo, y aproximadamente a los cuatro años sólo crecemos entre 5 y 6 cm”, dice el endocrinólogo.

Posteriormente, señala el profesor titular de las academias Nacional de Medicina y Mexicana de Pediatría, “se establece crecimiento promedio de 5 cm por año hasta que el infante cumple su primera década de vida, cuando inicia la pubertad. Ésta se caracteriza por la producción de hormonas sexuales, masculinas y femeninas, que aceleran el desarrollo en forma dramática. La culminación llega entre los 16 y 17 años en las jóvenes, y entre los 17 y 18 en los varones.

Diagnóstico y tratamiento

Los signos de alguna anomalía en el crecimiento del niño son tan evidentes, comenta el entrevistado, que un médico competente no debe tener dificultad para identificar el problema desde su nacimiento. En primer lugar, si el infante tiene menos estatura que el promedio al nacer —digamos, mide 40 cm  en lugar de 50—, significa que es pequeño para su edad gestacional, y ello indica claramente que algo ocurrió en el seno materno que le impidió crecer con normalidad.

Quizá la madre no se alimentó bien, fumaba o su matriz era pequeña, comenta el Dr. Cavaría Bonequi, y abunda en que el retraso intrauterino de crecimiento es recuperable en la mayoría de los niños en plazo de dos años. Esto ocurre porque el factor negativo que operaba en el seno materno ya no actúa a nivel extrauterino.

De tal suerte, es ideal que aquel bebé que nació con talla baja alcance la misma que otros chicos de su edad al cumplir 24 meses de vida; si no ocurre así, dice el especialista, “es muy probable que requiera tratamiento con hormona del crecimiento”.

El galeno nos recuerda que la hipófisis vierte (segrega) 2 ó 3 pulsos o “chorritos” de esta sustancia cada día; entonces, lo que hacen los especialistas es verificar que la generación de este químico sea correcta y, para ello, emplean ciertos impulsos o estímulos, como la aplicación de insulina (sustancia generada normalmente por el páncreas). Como es de esperar, si no hay respuesta el individuo debe recibir el reemplazo de la hormona de crecimiento.

El paciente puede empezar a recibir el tratamiento días después del alumbramiento, pero para que ello sea posible se requiere que una mirada experta diagnostique el problema. “Los niños con deficiencia de esta sustancia tienen aspecto inconfundible: la cabeza es relativamente grande, el tronco es corto y los miembros son muy pequeños; quien lo ha visto una vez sabe qué niño tiene este problema, pero de cualquier forma se deben hacer las pruebas necesarias y, a partir de ellas, se podrá aplicar la hormona durante toda la niñez y hasta que el chico cumpla 17 ó 18 años de edad”.

“Lo más aconsejable —plantea el endocrinólogo— es que el paciente reciba inyecciones diarias, pero como no deja de ser molesto y costoso, se procura que la reciba entre 4 ó 5 veces a la semana, pues con esta dosis el efecto es similar.”

Es evidente, sin embargo, que no todo el mundo puede recurrir a este procedimiento, toda vez que, por ejemplo, los padres de un chico de ocho años de edad tendrían que pagar costo aproximado de $6,000.00 mensuales (US $550.00, aproximadamente). “Mucha gente no tiene posibilidad de comprarla; he atendido familias en donde 2 ó 3 de sus miembros están afectados y lo que hacen los papás es pensar: ‘Voy a empezar con el niño mayor para que mejore, y en cuanto vea que va bien, inicio con el segundo porque no puedo costear dos tratamientos a la vez’. La situación económica es determinante; esto es una realidad”, concluye.

De todo un poco

La información brindada por el entrevistado es sumamente valiosa porque parte de experiencia de muchos años. Por ello, resulta muy útil destacar sus siguientes comentarios:

  • La hormona sirve también en la edad adulta porque, a partir de los 40 años, quien tiene carencia de ella puede sufrir debilidad, dificultad para evacuar, cansancio y poco desarrollo muscular, así como trastornos intestinales y sexuales.
  • La aplicación de la hormona del crecimiento en adultos tiene algunos riesgos que se deben considerar. Por ejemplo, si el paciente es propenso a sufrir diabetes (elevado nivel de azúcar en sangre), puede desencadenarse la enfermedad (esto no ocurre en niños).
  • Es inexacto decir que los padres de talla baja tendrán hijos con la misma característica pues, si bien la herencia es determinante, no es el único factor que interviene (lo mismo ocurre con la inteligencia, porque no necesariamente de padres brillantes hay hijos destacados) y su influencia puede ser superada con ayuda de la hormona referida.
  • Los padres que observan baja talla en su hijo deben consultar a un especialista en Endocrinología Pediátrica, ya que “tenemos claro qué se debe hacer con un niño con esta deficiencia”.
  • La hormona se fabrica a partir de microorganismos manipulados genéticamente y sólo se produce en Suecia, Dinamarca, Israel y Estados Unidos.

Si los padres creen que su hijo no tiene talla adecuada a su edad, pueden recurrir a un especialista, pero si están seguros de que el desarrollo ocurre de acuerdo con lo establecido por las tablas de crecimiento estimado, no tiene caso acudir. 

SyM - Juan Fernando González G.

 

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