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¿Heridas? ¡Cuidado con el tétanos!

Jueves 23 de enero del 2014, 01:13 pm, última actualización.

Una de las complicaciones más temibles de cualquier herida o mordedura es la infección por tétanos, la cual puede generarse días o semanas después de la lesión, dando lugar a rigidez de mandíbula y músculos, convulsiones e incapacidad para respirar. Conozca y prevenga esta enfermedad a través de sencillas medidas.

¿Heridas? ¡Cuidado con el tétanos!

Todo mundo puede sufrir accidentes en el que un golpe, caída o el ataque de un animal provoque una herida en la piel, que es el tejido que nos protege de la acción de agentes externos dañinos, de modo que la más importante barrera del organismo se daña y permite el paso de sustancias tóxicas, virus, hongos y bacterias.

Es precisamente de esta manera como se contrae el tétanos, severa enfermedad causada por una toxina producida por la bacteria Clostridium tetani, la cual se puede encontrar en el suelo y las heces animales incluso durante años. Una vez que las bacterias penetran en el organismo, se puede producir una infección de la herida tanto en su parte superficial como en la profunda. También las personas con quemaduras o heridas quirúrgicas, así como las que se inyectan drogas tienen riesgo elevado de contraer la enfermedad.

El tétanos se caracteriza, entre otros síntomas, por contracciones involuntarias o espasmos en los músculos de la mandíbula (reciben el nombre de trismo), y aunque es cada vez menos frecuente en países desarrollados, esta enfermedad afecta a muchas personas en distintas partes del mundo, en especial a las que viven en países en vías de desarrollo y las que se encuentran de vacaciones en zonas rurales.

Causas y síntomas

La Clostridium tetani pertenece a un grupo llamado bacterias anaerobias, que se diferencian de otros microorganismos ya que no necesitan oxígeno para vivir y, por ende, se desarrollan adecuadamente en áreas del organismo que tienen bajos valores de este importante gas (como el intestino) y en los tejidos que sufren heridas profundas y sucias, donde otros parásitos no pueden vivir y las defensas del organismo no llegan fácilmente.

Concretamente, la bacteria que origina el tétanos forma esporas (pequeños fragmentos que sin ser un ser vivo pueden dar lugar a un nuevo microorganismo), las cuales pueden permanecer durante años en la tierra, superficies sucias u oxidadas de metal y en las heces de perros, gatos, caballos, pollos y ganado, pues son formas de vida latente de gran resistencia, capaces de soportar altas temperaturas y la acción de antisépticos comunes. En consecuencia, debe considerarse que la tierra tratada con abono animal puede ser sumamente infecciosa, al igual que los establos y granjas.

También existe riesgo de infección elevado en personas con quemaduras o heridas quirúrgicas y en quienes han padecido la mordedura de algún animal, así como aquellos que se inyectan drogas, pues recurren a agujas sin esterilizar y porque se sabe que las esporas de Clostridium tetani pueden encontrarse en heroína contaminada. Asimismo, cuando después del parto se corta el cordón umbilical con un instrumento no esterilizado, el recién nacido puede contagiarse, dando lugar al llamado tétanos neonatal, que en muchas ocasiones es mortal.

En todo caso, si las esporas entran en una herida profunda que no tiene ventilación y germinan, comenzará la multiplicación de las bacterias, mismas que producen una toxina o sustancia que afecta negativamente los impulsos nerviosos que controlan los músculos. Una infección de tétanos es seria, y puede tener desenlace fatal si no se ha aplicado la vacuna correspondiente.

Los síntomas de la enfermedad suelen aparecer entre 5 y 10 días después de la infección, aunque los tiempos pueden variar, siendo el más significativo la rigidez de la mandíbula. Otras manifestaciones típicas, aunque menos frecuentes, son inquietud, dificultad para tragar, irritabilidad, dolor de cabeza y garganta, fiebre, escalofríos, espasmos musculares y contracción de nuca, brazos y piernas.

A medida que la enfermedad avanza, el paciente puede tener dificultad para abrir la mandíbula, y la tensión en la cara produce expresión facial de sonrisa fija y cejas elevadas. Por su parte, la rigidez en músculos abdominales, cuello y espalda puede causar una postura característica, en la cual talones y cabeza se desplazan hacia atrás, en tanto que el tronco está arqueado hacia delante.

Además, ciertos sucesos menores como ruido, corriente de aire o movimientos de la cama donde se descansa pueden desencadenar nuevas contracciones dolorosas y sudoración abundante; al ocurrir estos episodios el paciente suele no gritar, ni siquiera hablar, debido a que la rigidez se lo impide. Esta situación también imposibilita la respiración normal y, en consecuencia, la persona no recibe suficiente oxígeno y puede fallecer por asfixia.

Tratamiento y prevención

El médico familiar o de urgencias (también el pediatra cuando se trate de menores de edad) puede sospechar la presencia de esta enfermedad cuando un paciente sufre una herida en condiciones de riesgo y presenta rigidez muscular o espasmos.

Se sabe que el tétenos tiene un índice de mortalidad global de 50% y que el desenlace fatal es más probable entre infantes e individuos de la tercera edad, así como entre las personas que se inyectan drogas, y es de mal pronóstico el empeoramiento rápido de los síntomas o el retraso en el tratamiento.

Sin embargo, la infección es evitable si se sigue una serie de pasos preventivos; por principio, se debe destacar la eficacia de la vacuna pentavalente bacteriana (empleada en niños y que genera inmunidad contra difteria, tos ferina, influenza, hepatitis B y tétanos), así como de las dosis de refuerzo antitetánico en adultos, que se administran cada 5 o 10 años.

Si una persona ya vacunada sufre una herida de riesgo, es probable que el médico le administre una dosis de refuerzo para estimular su sistema de defensas, que se encargará de fabricar los anticuerpos necesarios para proteger al organismo. En caso de que el paciente no haya recibido inyecciones para estimular su inmunidad al tétanos, se le puede inyectar un suero con inmunoglobulina antitetánica, que es una sustancia que neutraliza a la toxina.

Asimismo, es muy importante limpiar la herida con cuidado, quitar los restos de tejido muerto y dejarla abierta para que el aire penetre en la herida (recuerde que el oxígeno mata a la bacteria Clostridium tetani). Es usual que se recurra al uso de antibióticos, pero ello no sirve de nada si no se ha tratado adecuadamente la herida y si no se ha usado una dosis de inmunoglobulina. En caso de que se requiera, se suele hospitalizar al paciente.

Hay que decir que la infección del tétanos no inmuniza al organismo contra ataques posteriores de la bacteria, por lo que una vez que el enfermo se recupera debe recibirse toda la serie de vacunas necesarias para obtener inmunidad.

Por último, recuerde que la prevención es esencial para evitar el tétanos, de modo que además de procurar el cumplimiento del calendario de vacunación, la administración de refuerzos periódicos y el cuidado de heridas, se debe tener gran esmero en el tratamiento de lesiones sufridas durante periodos vacacionales, por ejemplo, en lugares cercanos a animales, como granjas y establos. Es por su bien y nunca está de más tomar las precauciones debidas, ¿no lo cree?

SyM - María Elena Moura

 

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