Mala comunicación, principal motivo de separación entre parejas - SyM
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Aprender a escuchar, clave para una mejor comunicación

Miércoles 19 de abril del 2017, 11:03 am, última actualización

Oír y escuchar son términos que suelen utilizarse como sinónimos, aunque en realidad son conceptos distintos, siendo el segundo una virtud que pocos poseen.

Aprender a escuchar, Ventajas de saber escuchar, Diferencia entre oír y escuchar
Aprender a escuchar, clave para una mejor comunicación

Para muestra basta un botón: según estadísticas, la mala comunicación es el principal motivo de separación entre parejas, es decir, no saben escucharse.

Base de relaciones fructíferas

En el matrimonio, la capacidad para discutir las discrepancias y escuchar al otro permite una relación fructífera. Este enunciado también puede adaptarse a muchos otros aspectos de nuestra vida, por ejemplo, el entorno laboral o escolar, así como para entablar una amistad duradera.

En este sentido, conviene aclarar que oír y escuchar son acciones con distinto significado; la primera refiere al acto de captar una sucesión de sonidos o palabras, mientras la segunda implica prestar atención profunda a la comunicación.

Según estudios, pasamos más horas escuchando que hablando; para explicarlo mejor, los investigadores indican que del tiempo total que dedicamos a la comunicación, 22% se emplea en leer y escribir, 23% en hablar, y el 55% restante en escuchar. Desde luego, esto no quiere decir que estemos más dispuestos a escuchar que a hablar, sino que vivimos más expuestos a estar recibiendo información que a transmitirla.

Clima positivo para la comunicación

Especialistas en el tema aseguran que el éxito de los más destacados directivos a nivel empresarial reside en sus habilidades y conocimientos, pero también en saber escuchar.

"Todos pensamos que es importante, pero, ¿cuántos lo hacemos bien? Mucha gente centra su atención en lo que va a decir una vez que la otra persona termine de hablar, sin embargo, ésa no es la mejor comunicación. Independientemente de los estudios que haya cursado o de su experiencia, cualquier dirigente debe aprender a escuchar", señala el comunicólogo Alexis Codina Jiménez, director del Centro de Estudios de Técnicas de Dirección en la Universidad de La Habana, Cuba.

Cuando mostramos interés en la conversación del interlocutor, dice el especialista cubano, se generan beneficios en todas direcciones:

  • Ayudamos a elevar la autoestima del otro.
  • Generamos un clima positivo para la comunicación y las relaciones interpersonales.
  • Aumentan las posibilidades de que la otra persona nos trate con idéntico respeto y consideración.
  • Otra de las ventajas de saber escuchar es que al poner atención a las palabras del otro también ampliamos nuestro vocabulario.

Codina Jiménez agrega que saber escuchar ayuda a ampliar el vocabulario, por ejemplo: adultos con educación media poseen un vocabulario de aproximadamente 2 mil palabras y utilizan sólo 400 en 80% de sus conversaciones, a diferencia de las personas exitosas que emplean cien términos más en su vocabulario de trabajo.

Saber escuchar también colabora en la disposición de más opciones para solucionar problemas, es decir, cuanto más amplio es el vocabulario, mayor es la capacidad del pensamiento para proporcionar mecanismos con los cuales identificar y resolver contrariedades. Los medios más efectivos para ampliar el vocabulario y, por tanto, para tener mayor variedad de opciones, son la lectura y la atención al que habla.

Igualmente, quienes saben escuchar con atención aprenden de forma indirecta, es decir, descubren y se benefician no sólo del estilo de los demás, también del contenido de sus mensajes.

Escucho sólo lo que me conviene

Cada individuo tiene sus propios motivos; sin embargo, entre las principales razones por las que no escuchamos con atención a los demás están:

  • Temor a ser influidos.
  • Pensar que somos dueños de la verdad.
  • Considerar que el otro está equivocado.
  • Sentir que cuando uno habla puede ejercer más influencia que cuando escucha.

Otro factor que incide es la tendencia general a ser selectivos, en otras palabras, escuchamos con atención sólo las opiniones que coinciden con las nuestras; además, entendemos los mensajes según el modo que nos conviene y a menudo los adaptamos a las propias concepciones que previamente nos hemos formado.

Malas costumbres al escuchar

Expertos en las relaciones humanas, como el estadounidense Brian Robertson, han identificado factores que impiden escuchar al otro y afectan directamente la buena comunicación (a esto lo denominó las "10 costumbres no productivas más practicadas cuando se escucha"):

  • Falta de interés sobre el tema.
  • Fijarse demasiado en el exterior y descuidar el contenido.
  • Interrumpir al que habla.
  • Concentrarse en los detalles y perderse lo principal.
  • Adaptarlo todo a una idea preconcebida (es decir, ausencia de empatía).
  • Mostrar una actitud corporal pasiva.
  • Crear o tolerar las distracciones.
  • Prescindir de escuchar lo que resulta difícil.
  • Permitir que las emociones bloqueen el mensaje.
  • Ensoñaciones (pensar en otra cosa, en lugar de concentrarse en lo que se escucha).

Sobre los obstáculos para la comunicación, Alexis Codina refiere numerosos "ruidos" internos que nos impiden escuchar o entender lo que nos dice una persona, entre los cuales señala:

  • En el aspecto físico, podemos estar cansados o sentir alguna incomodidad que nos impide atender a nuestro interlocutor.
  • El ambiente que nos rodea es demasiado caluroso, frío o ruidoso.
  • Nuestra mente puede estar distraída por una discusión reciente o tal vez estemos dando vuelta a un problema sin resolver.

Recuperar la atención

La capacidad de escuchar está presente en el ser humano desde antes de nacer y se desarrolla previamente a la posibilidad de expresarnos. La ciencia ha comprobado que reconocemos la voz de nuestra madre en el vientre aproximadamente a los seis meses de gestación. Poco después, cuando pequeños, prestamos mucha atención a lo que se hablaba en nuestro entorno, lo cual marcó nuestra educación, prejuicios, escala de valores y experiencias.

Ahora, esos son los filtros mentales a través de los cuales interpretamos lo que nos dicen, lo cual tiene gran validez, pues a ello debemos lo que somos, pero ¿no valdría la pena retomar esa cualidad de niños y recuperar la atención que ahora se dispersa en mil factores? Piénsalo, es posible que llegues a la misma conclusión.

SyM - Raúl Serrano

 

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