Transexualidad, proceso de reasignación de sexo - SyM
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14 Diciembre 2017 | Iniciar Sesión



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Transexualidad, ¡este cuerpo no es mío!

Miércoles 12 de abril del 2017, 03:48 pm, última actualización.

Conoce los motivos de quien se somete a reasignación de sexo.

Transexualidad, ¡este cuerpo no es mío!
Transexualidad, ¡este cuerpo no es mío!

A nuestro personaje, por respeto a su identidad, le llamaremos Juan. Su historia es especial, ya que tuvieron que pasar 33 años para que pudiera realizarse como mujer: "Desde que era pequeña me sentía mal por la forma en que me trataban; obviamente, mi aspecto biológico era de varón, por lo que me obligaban a usar pantalones y a cortarme el cabello. Además, mi nombre no me gustaba, y lo que yo quería era vestirme con falda, peinarme con trenzas y jugar con niñas".

Fue al llegar a la pubertad cuando tuvo conciencia de que algo no andaba bien. "Emocionalmente fue difícil cuando comenzaron los cambios físicos, pues no me crecían los pechos como a mis amigas y tampoco comencé a menstruar, por el contrario, me llené de vello en todo el cuerpo, me salió barba, mi voz enronqueció y mi órgano sexual creció; entonces comprendí que no era como yo quería ser. Sin embargo, seguí creciendo como varón, con el engaño de que por la edad me encontraba confundida, con dudas, inquietudes, angustia y presión social que, aunque no lo queramos, obliga a todo joven a desempeñarse de acuerdo a los roles establecidos".

Fue en este sentido que "por darle gusto a mis padres y con la necesidad de reforzar mi virilidad, que entré a jugar futbol americano, lo cual hacía bien, pero no me producía satisfacción, pues lejos de sentirme gratificada estaba cada vez más frustrada; de pronto tuve la sensación de que no ocupaba ningún lugar en la vida y vino entonces una etapa muy conflictiva en mi existencia.

"En la preparatoria tuve la necesidad de comenzar a trabajar y me convertí en aprendiz de mecánico; después fui maestro en esa rama. Durante ese tiempo intenté tener noviazgos y no me sentí a gusto, porque mi identidad de género es femenina y soy heterosexual, por lo tanto, me gustan los hombres, aunque mi apariencia exterior en ese entonces fuera masculina.

Así fue pasando el tiempo, "hasta que cumplí 33 años y, después de informarme y leer acerca de casos como el mío, acudí al especialista en Sexología, quien me explicó que lo que tenía era una discordancia sexogenérica, es decir, era transexual, por lo que comenzó a ayudarme con el proceso de reasignación de género y, después de cuatro años, logré el cambio. No fue fácil porque, si bien mi familia me apoyó, tuve que mudarme a otra ciudad, donde ahora ejerzo mi oficio como jefa administrativa de mecánicos. Por lo que respecta a mi nueva identidad ante la ley, es cuestión que está en proceso y que estoy por lograr".

¿Por qué?

Lo ocurrido a Juan es algo que le pasa a una de cada cien mil personas en nuestro país, en proporción 8 a 1, es decir, son más los varones biológicos que transitan a ser mujer, que las damas biológicas que se orientan hacia ser varones.

Al respecto, la actriz de televisión "Libertad", cuya identidad anterior era el actor Armando Palomo, ha comentado que en sociedades como la nuestra, donde no existe cultura de respeto hacia la diversidad sexual, resulta difícil comprender el sufrimiento que embarga a una persona que durante toda su vida ha sentido que está en el cuerpo equivocado, por lo que ha expresado: "No le deseo a nadie vivir ese infierno".

El Dr. David Barrios Martínez, médico, psicoterapeuta y sexólogo, explica que es importante entender que el sexo biológico es la fachada corporal, el exterior de todo ser humano, en tanto que la identidad de género está en la mente, representando la convicción de pertenecer a la orientación con la que se nace.

Por ejemplo, afirma el especialista, la persona transexual (término introducido a comienzos de la década de 1950 por el psicoterapeuta estadounidense Harry Benjamín) puede tener cuerpo de hombre, pero su vivencia interna es femenina, o puede tener aspecto de mujer teniendo vivencia masculina; por tanto, busca que haya congruencia entre los elementos exterior e interior. Además, explica que no se trata de un padecimiento, sino que es una condición humana para la que no hay respuesta científica. Se ha especulado la existencia de factores socioculturales, familiares, genéticos u hormonales, pero se han descartado como causa; a su vez, hay quienes piensan que existe condicionante prenatal, pero las opiniones al respecto son encontradas.

Lo que sí sabemos es que la identidad de género es independiente de las experiencias de vida, de modo que aunque un niño o niña es educado de acuerdo a su sexo biológico, tratándolo conforme a lo que revela su cuerpo, puede ser transexual. Esto significa que el aprendizaje no es suficiente para determinar la identidad sexual, esto es, en ello no influye el entorno.

Vida nueva

La discordancia sexogenérica, añade el Dr. Barrios Martínez, se identifica desde edades muy tempranas, generalmente en la etapa preescolar, así que los padres deben realizar un esfuerzo por identificarla y solidarizarse con el pensamiento, emoción, ideas y comportamiento de su hijo o hija; después, tienen que asesorarse con un profesional ético y científico en salud sexual, quien propondrá medidas terapéuticas, entre las que se incluyen acompañar a la persona en todo su proceso de reasignación de sexo, medida que no es capricho, sino que va en función de la calidad de vida de su ser querido; por ello es importante la ayuda de profesionales como psicólogos, sexólogos, ginecólogos, urólogos y cirujanos plásticos.

El tratamiento puede durar 2 ó 3 años (incluso más). Primeramente, la persona debe acudir al terapeuta sexual, psicólogo o psiquiatra para que haga completa historia de vida. Una vez que se descarta cualquier tipo de alteración mental se integra el diagnóstico y comienza el tratamiento para trabajar las emociones, estilo de vida, relación con la familia, ideas y sentimientos, que serán la puerta de entrada a la reasignación social, donde es necesario que la persona viva con el rol de género que quiere desempeñar; por ejemplo, si siempre ha sido visto como hombre, ahora deberá hacerlo como mujer las 24 horas, utilizando adecuado nombre femenino y sosteniendo relación con amigas.

Si se siente bien con esto, ha pasado la primera prueba de realidad y puede iniciar la segunda fase, que es la hormonación, consistente en la administración de hormonas (andrógenos o estrógeneos, según se requiera). Una vez que se supera esta prueba, se empieza a valorar la convivencia de practiar cirugía plástica, que puede ser vulvovaginoplastía (de hombre a mujer) o neofaloplastia (en caso contrario).

Hay que considerar que las dos primeras fases son reversibles, pero la última, no; por tanto, tiene que sustentarse en firme decisión tanto de los profesionales como del individuo, quien deberá estar convencido de que realmente es transexual.

Una cirugía bien indicada puede tener excelentes resultados tratándose de la transformación de hombre a mujer, según lo manifiesta el cirujano plástico Fernando Urrutia González, quien explica que a través de este procedimiento (que tarda aproximadamente de 3 a 4 horas), se genera una neovagina de 10 a 12 cm de profundidad, con labios genitales que se trabajan con la piel de lo que fuera el escroto. Asimismo, se debe reacomodar la uretra, y de los cuerpos cavernosos se toma pequeña parte para que represente el clítoris, todo ello con la finalidad de que estas personas tengan relaciones sexuales satisfactorias.

En el paso de mujer a hombre la situación es más difícil, afirma el Dr. Urrutia, ya que el tratamiento es muy doloroso y se obtiene poco beneficio, pues la erección tiene que lograrse por métodos artificiales, además de que es preciso quitar ovarios y útero, así como generar extensiones de uretra y colocar prótesis de material flexible similar al pene.

El costo de este tipo de cirugías en México, dice el especialista, va de 100 mil a 150 mil pesos, sin contar gastos de hospitalización.

Sea cual sea el origen de la transexualidad, lo cierto es que las personas con esta condición deben emprender largo camino hasta alcanzar la identidad deseada que les aleje de la marginación social, misma que comienza desde la propias leyes que rigen a determinado país.

En México difícilmente se puede encontrar un abogado capacitado que sepa representar a una persona transexual, a fin de adecuar su acta de nacimiento a la realidad social y jurídica con base en su identidad de género; incluso, muchos profesionales desconocen que la III Asamblea del Distrito Federal reconoció el 13 de enero de 2004, mediante reforma al Código Civil, que un ciudadano que ha cambiado de sexo puede corregir sus documentos oficiales por medio de juicio ordinario civil. Con estas reformas se espera modificar el sentimiento de rechazo de algunas personas que, sin razón alguna, discriminan a todo individuo que pretende vivir dentro de la diversidad sexual.

Último apunte

Para evitar confusiones respecto a la definición de transexualidad es importante aclarar las diferencias de esta condición respecto a las principales preferencias sexuales que existen y que juegan su propio rol dentro de nuestra sociedad:

  • Heterosexual. Persona a quien le atrae el sexo opuesto.
  • Transexual. Es quien, sin presentar anormalidades anatómico-funcionales, siente profundo malestar respecto a su sexo biológico; experimenta la sensación de estar en "un cuerpo extraño" del que desea deshacerse, dado que no coincide con la vivencia psicológica ni la representación mental que tiene de sí mismo. Este desajuste entre el sexo psicológico, que se denomina género, junto con el biológico, comienza tempranamente (en la infancia) y alcanza su punto culminante en la adolescencia, cuando habitualmente inicia la intención de someterse a cirugía de reasignación sexual.
  • Homosexual. Generalmente se siente conforme con su cuerpo y acepta su rol de hombre o mujer que siente atracción por personas de su mismo sexo.
  • Bisexual. Alterna prácticas homosexuales con heterosexuales.
  • Travestido. No se refiere a determinada forma de identidad, ya que sólo es un estilo concreto de disfrute sexual. A esta persona le produce placer vestirse con ropa del género contrario, especialmente cuando mantienen relaciones, sin ser necesariamente homosexual.

SyM - Sonia Robles

 

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