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Hoy, más hombres sin apetito sexual

Lunes 03 de abril del 2017, 04:28 pm, última actualización.

El estereotipo social señala que todo varón debe ser fuerte, emprendedor, valiente, sexualmente vigoroso y hasta conquistador, pero lo cierto es que cualquier hombre puede perder el deseo de tener relaciones y vivir esta situación con preocupación, inseguridad y conflictos de pareja. ¿Cómo hacer frente a este problema?

Disfunción eréctil, Testosterona, Apetito sexual
Hoy, más hombres sin apetito sexual

Hasta hace algunos años se pensaba que la pérdida del deseo sexual o libido, es decir, del impulso o motivación que se requiere para iniciar un acercamiento erótico y crear las condiciones para realizarlo, era un problema casi exclusivo de las mujeres. Ahora sabemos que esta idea es errónea, pues se ha comprobado que los hombres también están sujetos a aquellos factores que repercuten en esta importante área de la vida.

Es verdad que los cambios ideológicos en este ámbito se han generado con cierta lentitud pero, como lo menciona el Dr. Miguel Ángel Barreto Fernández, sexólogo clínico y psicoterapeuta de pareja, “los varones mexicanos ya tenemos la libertad de reconocer que podemos fallar, deprimirnos, sentirnos mal, tener desórdenes hormonales y padecer alguna disfunción, como es el caso del apetito sexual hipoactivo o disminuido”.

El especialista explica que para identificar este problema se debe establecer un parámetro de lo que es normal en la frecuencia del apetito erótico. “Por ejemplo, si un hombre en forma habitual ha tenido relaciones 3 ó 4 veces por semana o una vez al día, ése será su estándar. Cuando nota que sólo se le antoja 1 ó 2 veces al mes o cada trimestre, además de que no se masturba ni tiene fantasías, sabemos que sufre disminución de la libido”.

Asimismo, señala que esta disfunción puede ser de dos tipos: primaria, cuando el varón nunca ha tenido gran apetito sexual, y secundaria, en caso de que el paciente sufra baja en el interés hacia su vida erótica e incluso en la frecuencia de sus erecciones.

De cualquier forma, Barreto Fernández enfatiza que “el varón con problemas de deseo no es menos hombre que otros, no es homosexual ni tiene por qué descalificarse a sí mismo. Tampoco tiene que solicitar opinión a otros hombres para saber si puede o no buscar ayuda, sino que debe contar con el valor de identificar su problema, hacerle frente, acudir a un especialista y hablar sobre ello con su pareja”.

Grupos vulnerables

El terapeuta indica que, como sucede con toda disfunción sexual, las causas de la disminución de la libido en hombres pueden ser orgánicas, psicológicas o una combinación de ambas.

Las primeras son más frecuentes en pacientes mayores de 40 años, siendo común “el descenso en los niveles de testosterona, que es la ‘hormona del deseo’; esto puede suceder como parte del proceso natural de envejecimiento, pero también por elevación de prolactina (sustancia que contrarresta a la testosterona), lo cual podría ocurrir con el surgimiento de tumoraciones que rompen el equilibrio glandular, llamadas prolactinomas o adenomas hipofisiarios”.

Otras causas físicas comunes de inhibición de la libido pueden ser depresión, que reduce la energía y entusiasmo del varón, además del uso de psicofármacos (que se emplean en el tratamiento de enfermedades mentales), algunos antihistamínicos e incluso antiparasitarios. No se descartan aquellas enfermedades que dañan los vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas, como diabetes (altos niveles de azúcar en sangre) e hipertensión (presión arterial elevada).

El Dr. Miguel Ángel Barreto aclara que los problemas orgánicos no son habituales en menores de 35 ó 40 años, pero sí las causas psicológicas, como conflictos de identidad generados por la adopción de estereotipos, lucha de poder en la pareja, temor a estar solo y mala comunicación.

Ahonda el sexólogo: “Un hombre podría sentirse inseguro y atemorizado cuando tiene eyaculación precoz o disfunción eréctil, y en un principio evitará el contacto con su pareja para ‘no fallar’; sin embargo, conforme va pasando el tiempo y su situación empeora, se deprimirá y su deseo sexual disminuirá. En otras ocasiones el paciente puede perder su empleo, o bien, su mujer logra mayor éxito profesional; debido a esto se siente en desventaja y su forma de manifestar incomodidad es mediante la evasión de los encuentros sexuales. Si además el varón vive la relación sexual como un hecho en que se ejerce dominio, evidentemente se verá afectado”.

Asimismo, hace la observación de que la disminución del deseo erótico es más común cuando existe una relación establecida hace tiempo. “Adolescentes y jóvenes cambian de pareja a menudo porque están experimentando, pero cuando una mujer y un hombre viven juntos es más probable que se presente una lucha de poder o abuso de una esposa demandante, y una forma menos angustiante de enfrentar esta realidad es tener menos contacto íntimo. También cabe la posibilidad de que el afectado ya no se sienta satisfecho con una relación de varios años, pero se niega a buscar otra pareja para no estar solo. Ante este desgaste emocional, la unión se vuelve desmotivante”.

En lo que atañe a la comunicación, detalla que muchos hombres (y mujeres) con disminución del deseo no manifiestan a su pareja cuáles son sus fantasías, deseos y el tipo de contacto sexual que les gustaría tener, pues creen que no serán complacidos. “Esto limita la comprensión mutua, y como se presenta algo similar en otras áreas de su relación, como toma de decisiones y educación de los hijos, se genera un distanciamiento importante que repercute en la vida erótica”.

Al ser cuestionado sobre cómo se siente aquel varón que descubre que su libido se ha reducido, el terapeuta enfatiza que “lo vive casi igual que un hombre con disfunción eréctil, pues en nuestro concepto tradicional el deseo y las erecciones van de la mano, y son parte de la identidad masculina. Los hombres aprendemos a valer gracias al pene, a sus dimensiones, dureza o a la cantidad de eyaculaciones que logramos en determinado tiempo; por ello, la disminución del deseo erótico se vuelve angustiante, surgen dudas respecto a la hombría, y hasta puede pasar por la mente la idea de ser homosexual”.

Por otra parte, el Dr. Barreto especifica que la educación que recibe el género femenino también ejerce influencia y acentúa el conflicto. “Así como el varón puede creerse la idea de que es un ‘superhombre’, la mujer pudo ‘comprar’ esta percepción, por lo que en el momento en que la pareja no tiene erecciones o baja su apetito sexual, ella se cree traicionada, siente que ‘su macho’ desaparece y todo esto genera más presión psicológica”.

La masculinidad no es como la pintan

Por fortuna, las disfunciones del deseo sexual tienen tratamiento, y aunque éste variará en cada caso y de acuerdo con las causas, es posible señalar cuáles son sus lineamientos básicos.

La atención inicial puede correr a cargo de un urólogo o sexólogo, el cual solicitará la realización de un perfil hormonal masculino y pruebas de detección para diabetes u otras enfermedades que afecten la libido. Cuando el diagnóstico confirma la presencia de algún padecimiento fisiológico y éste escapa de la competencia del médico, el paciente será encauzado a otro especialista, como el endocrinólogo (atiende problemas en glándulas y de equilibrio hormonal), para que se inicie la terapia correspondiente.

A la par de este trabajo, afirma Barreto Fernández, es necesario efectuar exploración psicológica, por lo que se debe determinar “cómo se siente el hombre consigo mismo, a qué puede atribuir su falta de deseo, qué tal es su relación de pareja, cuáles son las expectativas que tiene en relación a su sexualidad y cómo vive el presente, a fin de determinar qué influye en él y en su percepción del mundo”.

De esta forma, cuando se localiza algún problema de tipo psicológico es posible trabajar con el paciente en el manejo de ansiedad y emociones, así como en la ruptura de esquemas tradicionales de conducta. Esta reeducación también es de gran ayuda cuando el origen del problema es orgánico, pues “no basta con que mejoren los niveles hormonales o se controle un padecimiento si persiste una interpretación errónea del problema, como cuando se piensa que la disminución del deseo es sinónimo de pérdida de identidad. En este sentido, el trabajo en equipo es muy recomendable, de modo que la interacción de endocrinólogo, urólogo y terapeuta sexual será muy benéfica para el paciente”.

Otro aspecto vital para el terapeuta consiste en trabajar con ambos miembros de la pareja para “modificar algunos esquemas perjudiciales y rescatar las expectativas que una y otra parte ha puesto en el otro. Una vez hecho esto se busca armar una nueva forma de comunicación libre de prejuicios, mitos o descalificaciones constantes, y a cambio ofrecemos nuevos elementos de acercamiento que garanticen mejor intercambio de ideas”.

Respecto a la inclusión de la pareja en la terapia, subraya que “los resultados son muy favorables porque la mujer puede entender cuál es el origen del padecimiento del hombre. Al saber que se trata de algún problema orgánico o psicológico, ella deja de pensar que la rechazan, que ha perdido atractivo o que el varón le es infiel. En cuanto recibe una explicación se le despeja el panorama, comprende lo que sucede y se establece una alianza con su pareja y con el médico”.

Por último, el terapeuta considera que uno de los factores que más afecta en el desarrollo de una sexualidad masculina sana “es la ‘píldora’ que dice ‘superhombre’ y que nos tragamos. Los varones nos hacemos responsables por el placer de la pareja, de tener buen desempeño y una erección duradera, al mismo tiempo que nos preocupa tener un pene más largo que el de otros individuos. Debemos entender que todo esto nos afecta y, cuando se tiene un problema, reconocer que existe y que necesitamos ayuda. Esto no sólo nos hace más hombres, sino mejores seres humanos, más comprensivos y sin tantos prejuicios de género”.

SyM - Rafael Mejía

 

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