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Cuidados después de un infarto

Viernes 26 de septiembre del 2014, 09:15 am, última actualización.

Por increíble que parezca, gran porcentaje de quienes sufren un infarto cardiaco recaen poco tiempo después; ello no sucede porque el corazón falle de manera natural, sino que el paciente incumple las indicaciones médicas y olvida que debe cumplir ciertas reglas.

Cuidados después de un infarto, Niveles de colesterol

El infarto cardiaco es una de las primeras causas de muerte en la población general, aunque es una realidad que en los últimos años ha impactado con mayor agresividad a los menores de 45 años. Es verdad que uno de los factores que ha colaborado en la conformación de este nuevo panorama son las cardiopatías congénitas (de nacimiento), pero nadie puede negar que la causa más relevante es el estilo de vida de la sociedad moderna, mismo que se traduce en malos hábitos alimenticios, tabaquismo y falta de ejercicio.

De acuerdo con la Dra. Clara Andrea Vázquez Antona, adscrita al  departamento de Ecocardiografía del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, en la Ciudad de México, la prevención de un infarto debe empezar desde la misma infancia, pues existen datos que demuestran que la ateroesclerosis (formación de placas de grasa en las arterias) se inicia en la niñez y se desarrolla en forma silenciosa durante décadas hasta convertirse en la causa que desencadena un infarto al miocardio (tejido muscular del corazón) o la obstrucción de los vasos sanguíneos cerebrales.

La obesidad y sus consecuencias, como presión arterial elevada, alta concentración de grasas en la sangre, diabetes (aumento en la concentración de sangre debido a la incapacidad del organismo para utilizarla) y la ya citada ateroesclerosis, son factores cruciales para experimentar un infarto.

Recordemos que, de acuerdo con las distintas encuestas nacionales de nutrición que se han realizado, la población mexicana ingiere abundante cantidad de alimentos de origen animal y lípidos (grasas), sin olvidar que frutas, verduras y fibra son desplazadas por refrescos, postres y bebidas alcohólicas.

“La mayoría de la población mexicana, sin importar su condición socioeconómica, tiene altos índices de colesterol en sangre, y este cuadro, por sí mismo, es un gran riesgo para la obstrucción de las arterias que alimentan el corazón, llamadas coronarias”, afirma la  Dra. Vázquez Antona, y subraya que la obesidad y la vida sedentaria (con escasa o nula actividad física) son otras condiciones que nacen desde la más tierna infancia. “Debemos reflexionar al respecto, ya que al evitar el sobrepeso en los niños damos el primer paso para prevenir un infarto en la vida adulta”.

Impedir que se repita

Ser el protagonista de un infarto es una de las experiencias más desagradables que alguien pueda imaginar. Algunas personas reciben avisos de que una arteria cardiaca está a punto de colapsarse (hay ardor en el pecho que aparece súbitamente y desaparece a los pocos segundos), mientras que otras experimentan el ataque sin recibir alerta. En cualquiera de los casos, tras haber recurrido a los servicios de emergencia y cumplir con la estancia hospitalaria, el paciente deberá advertir que su vida cambiará diametralmente.

La Dra. Patricia Corazón Camacho Jiménez, adscrita al servicio de  Rehabilitación Cardiaca y Cardiología Preventiva del Hospital de Cardiología del Centro Médico Nacional Siglo XXI, perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y ubicado en el Distrito Federal, explica que a los pacientes les cuesta mucho trabajo adquirir conciencia sobre los factores que desencadenaron su enfermedad.

Se sabe, puntualiza la especialista, que 27% de los cardiópatas (quienes sufren un infarto) mueren en el transcurso de los siguientes doce meses por incumplir las recomendaciones médicas y negarse a hacer cambios notorios en su forma de vida. Varios factores pueden explicar este comportamiento, abunda la egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y entre ellos encontramos la resistencia al cambio, exceso de confianza, desidia y desinformación.

“Ocurre de esta manera porque la gente desconoce que existen programas de rehabilitación cardiaca que tienen como objetivo evitar un segundo evento y aumentar la calidad de vida. Además, no hay una cultura para hacer ejercicio y dejar el tabaco, ni existe el compromiso para entender que los hábitos alimenticios deben cambiar extraordinariamente”, enfatiza.

Los pacientes inscritos en un programa de rehabilitación se motivan durante las primeras semanas, sobre todo porque son monitoreados y reciben charlas informativas acerca de la enfermedad, factores de riesgo y consecuencias que tendrían si se descuidan. Así, regresan a sus actividades con un plan de lo que deben hacer en relación con sus alimentos y rehabilitación física, lo cual les permite reintegrarse a sus actividades sociales y laborales.

No obstante, dice la coordinadora del Capítulo de Rehabilitación de la Asociación Nacional de Cardiólogos de México, “ésta es la parte más difícil, en México y en todo el mundo, ya que la mirada del especialista deja de estar sobre el enfermo, y ahora él, y nadie más que él, deberá cumplir con el programa”.

Restricciones

Quien ha padecido un ataque cardiaco es visto por amigos y familiares como alguien que ha disminuido su capacidad vital y se encuentra en desventaja. De hecho, muchos piensan que a partir del evento coronario se vislumbra un futuro oscuro y lleno de prohibiciones, pero lo cierto es que la gran mayoría de los pacientes llevan una vida normal y se reintegran con éxito en la sociedad.

La familia es sumamente importante para la rehabilitación, lo que se demuestra cada día al mostrar interés para que la toma de los medicamentos sea oportuna y sin interrupciones. De igual manera, es recomendable que el paciente sea acompañado durante su rutina física y que cada integrante de la familia acepte con convicción el cambio de hábitos alimenticios, algo que a fin de cuentas será beneficioso para todos.

La dieta de un cardiópata cambiará notablemente porque los alimentos fritos y grasosos deberán desterrarse por completo; en su lugar se deberá comer carne, pollo o pescado a la plancha, acompañados de una generosa ensalada o porción de verduras al vapor. Del huevo, tan común en nuestro menú, sólo se consumirán las claras, y aunque los quesos están permitidos con moderación, se dará preferencia a los que son frescos, como el panela.

Si se gusta de las carnes frías, lo mejor será acostumbrarse a la pechuga y salchichas de pavo, ya que chorizo, queso de puerco, jamón serrano y tocino no tienen cabida en el nuevo régimen.

Este tipo de recomendaciones generales deberán ser personalizadas por un nutriólogo, quien establecerá un régimen adecuado luego de conocer a profundidad el estilo de vida de la persona que sufrió el infarto. Sin embargo, la Dra. Camacho Jiménez adelanta que, en cualquiera de los casos, en la dieta se restringirá el consumo exagerado de sal, grasas y azucares refinados.

“Una persona consume 15 gramos de sal al día, pero un paciente con problemas cardiacos deberá ingerir menos de cinco gramos, lo cual parece un gran sacrificio, pero la verdad es que el cuerpo se acostumbra rápidamente a esta nueva dosis”, dice la entrevistada, quien agrega que el consumo de carnes rojas, camarones y yema de huevo puede permitirse, pero en bajas proporciones.

En relación a las bebidas alcohólicas, la Dra. Camacho Jiménez es precisa: todo depende del tipo de bebida y la cantidad. “Si hablamos de whisky, vodka, tequila o vino tinto, se pueden tomar dos porciones al día y con ello ayudar a que las arterias se dilaten (se abran). De modo contrario, si se excede la cantidad citada se puede promover que las arterias se contraigan, lo que eleva el riesgo de sufrir hipertensión arterial y, consecuentemente, otro infarto.

Atención con el estrés y la depresión

Difícilmente podremos encontrar a alguien que afirme estar libre de preocupaciones laborales o sociales, sobre todo ahora que experimentamos una crisis económica mundial. Sin embargo, el “famoso” estrés es una condición que afecta de manera directa a las personas que han sufrido un infarto.

La Dra. Camacho Jiménez, quien cuenta con más de 25 años de experiencia en el área de la cardiología, puntualiza que la tensión se considera un factor de riesgo menor en ciertas enfermedades, pero en quien ha sufrido un infarto es mucho más importante, ya que se ha comprobado que un individuo estresado segrega ciertas sustancias que contraen los vasos sanguíneos; de allí la importancia de que el paciente, a la par del tratamiento convencional, aprenda a controlar sus emociones, ansiedad y preocupaciones.

Pronósticos

La expectativa de vida de un paciente con infarto depende de la cantidad de tejido cardiaco que haya muerto durante la emergencia. Sin embargo, si hablamos de una persona relativamente joven que ha experimentado el suceso sin mayores complicaciones, o bien, si nos referimos a alguien sometido a una revascularización de la arteria con éxito, entonces el riesgo de repetir un evento similar es muy bajo, siempre y cuando se sigan las recomendaciones de rigor.

Así lo enfatiza la Dra. Camacho Jiménez, quien señala que también existe “el otro lado de la moneda”, puesto que un individuo que desestime las recomendaciones médicas tiene al menos 20% de posibilidades de sufrir otro evento de esta naturaleza durante los próximos tres años.

“Hemos visto que cada vez se conoce más de este tipo de padecimientos y que un mayor número de pacientes con infarto toman conciencia de su enfermedad. De cualquier manera, el pronóstico es incierto porque el tabaquismo es muy alto y cada vez se empieza a fumar a edades más tempranas. A ello hay que sumar la drogadicción, que en los últimos años ha aumentado considerablemente y que deja como secuela a jóvenes infartados que se presentan en los servicios de urgencias tras haber consumido cocaína o crack”, concluye la cardióloga.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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