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Fotobiografía, imágenes e historias que curan emociones

Jueves 20 de abril del 2017, 12:31 pm, última actualización

La llegada de un nuevo hermano, personas fallecidas de las que no nos despedimos, obtención de logros o momentos clave de nuestra sexualidad. Todos pueden revivirse para ser reinterpretados y lograr sanación, con ayuda de la fotobiografía.

Fotobiografía, Terapia a través de fotografías

Terapia a través de fotografías

Seguramente has tenido agradables momentos admirando imágenes inmortalizadas con ayuda de una cámara fotográfica. Nacimientos, cumpleaños y bodas, entre otros eventos, son situaciones en las que nosotros y nuestros seres queridos hemos sido retratados a menudo, pero, ¿te has preguntado qué hay detrás de estas imágenes? Si observamos un poco más a fondo, y con la guía de un especialista, podremos encontrar grandes respuestas a nuestros conflictos pasados y así afrontar el presente con otros ojos.

"Las fotografías son trozos de nuestra vida, plasman un instante y evocan recuerdos que nos hacen respirar vivencias, fantasías y emociones. En ellas sentimos la necesidad de dejar constancia de quiénes somos, quiénes fuimos y de que tenemos un lugar en el mundo, en nuestra familia y en la sociedad", explica la Dra. Fina Sanz, psicóloga, sexóloga y pedagoga de origen español, a fin de introducirnos en el peculiar arte de convertir imágenes e historias en valioso recurso terapéutico.

A través del libro La fotobiografía, imágenes e historias del pasado para vivir con plenitud el presente, la autora ahonda sobre este método que, al igual que otros de su creación, ha expuesto en numerosos congresos y publicaciones: "Nuestras penas y alegrías se sienten en el cuerpo, y éste las expresa, queramos o no. Leer el lenguaje corporal es entender la historia de las personas y conocer su estado emocional, y todo esto se puede ver en las fotografías. Pero, además, tenemos la palabra, el lenguaje verbal, capaz de contar una historia, la de la vida". La unión de ambos aspectos es lo que da sustento a esta técnica terapéutica.

Concretamente, la Dra. Sanz explica que la fotobiografía consiste en el estudio de imágenes a través de las cuales una persona narra su vida y se muestra como protagonista de su historia. Por ello, es importante apreciar cómo la cuenta, qué emociones le despierta, cuáles son los "guiones" a los que recurre y qué valores, creencias y comportamientos ha copiado, además de distinguir su forma de sentir, hacer frente a dificultades o seducir, todo ello para determinar qué procesos realiza para emprender cambios.

Otro de los terrenos en los que la fotobiografía puede incidir es en el de la sexualidad, pues ahí la terapia permite apreciar la forma en que el individuo se relaciona con su cuerpo, con personas de su mismo género y del opuesto, y cómo vive estas situaciones o las expresa corporalmente (somatiza).

Esta técnica se enmarca dentro de una metodología que también es creación de la Dra. Sanz, llamada terapia de reencuentro. "Se trata de un enfoque que integra psicología, sexología y educación, y lleva este nombre porque tiene el objetivo de lograr el reencuentro con uno mismo, como persona integrada y sexuada, femenina o masculina, con el otro género y con ‘lo otro’, lo que es diferente a uno, como pueblos y culturas. Otros objetivos que persigue son el empoderamiento de uno mismo, la recuperación del poder de conocimiento y de ser agente de cambio de la propia vida, así como la habilidad de establecer relaciones de buen trato".

La terapia busca un reencuentro porque en algún momento dejamos de escucharnos, perdimos nuestra voz interior y empezamos a escuchar sólo la voz de lo que ‘debíamos hacer o ser’. "Tenemos que reencontrarnos para saber quiénes somos y decidir qué queremos hacer con nuestra vida”, señala la terapeuta.

Fotobiografía: museo interior

Para iniciar la terapia, se le pide al consultante que cuente su historia con fotografías, como si fuera a hacerlo a alguien que no le conoce; así, debe seleccionar imágenes representativas de su vida, que le generen emociones, es decir, aquellas que le gustaría mostrar porque evocan buenos momentos con personas o en determinadas situaciones, además de aquellas que quisiera romper por todo lo contrario.

Generalmente, la exposición de la historia personal se divide en tres etapas: infancia, adolescencia y juventud, y etapa actual. Incluso cuando el individuo "no encuentra" las imágenes, no tiene fotografías o no hace un esfuerzo por pedírselas a otros, el hecho revela la presencia de conflictos, resistencias o etapas de depresión individual o familiar en la que no se trató de retratar momento alguno.

Es cierto que en la actualidad muchos de nosotros contamos con un álbum fotográfico (incluso digital) al que repasamos ocasionalmente para entretenernos; sin embargo, la fotobiografía, aunque echa mano de este recurso, tiene enfoque muy distinto. "Al ser recurso terapéutico, implica tener un mapa de conceptos y claves para la observación del lenguaje del cuerpo. Hay que aprender a leer las imágenes, además de escuchar la historia que se cuenta y cómo se expresa corporalmente", señala la Dra. Sanz.

Aunque hemos perdido la sensibilidad para comprenderlo del todo, el "habla del cuerpo" da como resultado la comunicación entre las personas; tanto es así que, si no estamos conscientes de lo que damos a entender, es posible que emitamos mensajes erróneos y aparezcan dificultades en nuestras relaciones sociales.

Nuestras creencias, valores y actitudes, se expresan también inconscientemente a través del lenguaje del cuerpo, y es captado de la misma forma por los demás. Por tanto, lo anterior forma parte del autoconocimiento de nuestra propia historia y también de los procesos de cambio.

La aplicación de este conocimiento en la fotobiografía es muy concreta. Mientras se escucha al paciente que narra su vida, también se puede percibir el lenguaje del cuerpo, de las emociones, y ver si es coherente o no con lo que se dice y lo que se piensa; además se puede percibir lo que nos dicen las posturas de la imagen fotográfica, que es el cuerpo aparentemente estático, pero que también expresa movimientos externos e internos.

Aportaciones de las imágenes fotográficas

Esta original técnica posee considerable alcance para ayudar a hacer frente a diversos padecimientos relacionados con ideas y emociones, pues no hay que olvidar que el ser humano es un todo integrado, de modo que cuando experimenta malestar lo expresa en algún ámbito de su vida, y esto llega a suceder a través de síntomas y problemas concretos.

El vaginismo (imposibilidad para realizar el acto sexual debido a la contracción involuntaria de la vagina), ejemplifica la experta, "puede tener raíces profundas en experiencias sexuales traumáticas o en un sistema de creencias que considera negativa la sensualidad, sin olvidar que puede tratarse de la respuesta inconsciente que da alguna mujer al sentirse inmersa en un sistema sociocultural patriarcal del que se siente víctima".

En este mismo sentido, la también catedrática de la Universidad de Valencia, España, comenta que la depresión puede ser la manifestación ante circunstancias donde la persona se siente impotente, o en las que no puede expresar su enfado.

Distintas teorías y técnicas coinciden en que el abordaje ideal de estos u otros problemas psicológicos deben analizar, a su vez, la presencia de síntomas y aquellos procesos que generan problemas. Sin embargo, la fotobiografía se distingue por ser "un método que permite recapitular historias particularmente fácil de realizar, y donde la misma persona, con ayuda terapéutica, pueden darse cuenta con rapidez de qué relación tiene su problemática con su historia y fotos".

Y es que, en efecto, hacer un recuento de la propia vida es una manera de tomar conciencia de cómo se ha construido el individuo, qué valores se han interiorizado y cuál es la naturaleza de los vínculos que mantiene con sus semejantes.

"Hay otros métodos que trabajan básicamente con el cuerpo y dan poca importancia a la palabra; otros, al revés. En la fotobiografía se abordan los dos campos: el cuerpo y la palabra, la imagen y la narración, puntualiza la cofundadora de la Sociedad de Sexología del País Valenciano.

Sonríe a la cámara

A pesar de que la fotobiografía es una técnica que idealmente debe ser guiada por un experto para ayudar a clarificar, a darnos cuenta y acompañarnos en los procesos de duelo, la Dra. Sanz reconoce que cualquier persona interesada en su autoconocimiento y que esté disponible para su propia escucha, puede ayudarse con este método de trabajo recurriendo a las claves que se dan en su libro.

De esa forma, aunque con un alcance poco más modesto, "es viable profundizar en uno mismo por cuenta propia y reflexionar sobre la trama de vida que se ha llevado, el contexto sociocultural en que se desenvuelve, o los valores y comportamientos sociales y familiares que se han aprendido", a fin de decidir si se desea darles continuidad o no.

Como reflexión final, la sexóloga y educadora reconoce que los seres humanos no solemos ordenar nuestro pasado, de tal forma que "tenemos buenos recuerdos, pero también muchas heridas emocionales; no se nos ha enseñado a elaborar los duelos, es decir, el despedirnos de algo para integrar experiencias, asimilarlas y aprender de ellas. Por lo tanto, como forma de protección no consciente, evitamos recordar para evadir el sufrimiento, aunque eso hace que ‘cerremos en falso’ las heridas”.

Y es que, casi sin darnos cuenta, nuestro comportamiento adulto se encuentra condicionado por nuestra historia, especialmente por la que sucedió durante nuestros primeros años de vida, que es el momento en que se establecen patrones de comportamiento frente al mundo, se crean los primeros vínculos y se define la autopercepción. Asimismo, a medida que crecemos, se nos enseña a bloquear emociones, por lo que nos desconectamos de ellas y después no sabemos cómo manejarlas.

Por ello, concluye la Dra. Fina Sanz, "el proceso terapéutico ayuda a ver las heridas, revivirlas, limpiarlas y cerrarlas, para poder elaborar y marcar distancia con el pasado. El objetivo es vivir el presente de verdad, sin esa pesada carga”.

SyM - Nizarindani Sopeña y Rafael Mejía

 

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