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Incertidumbre, compañera de la juventud actual

Jueves 05 de enero del 2017, 04:55 pm, última actualización

Reducido campo laboral, violencia, consumo de drogas y hasta sobreprotección de los padres son obstáculos que impiden el desarrollo de jóvenes y adolescentes y ponen en riesgo su vida y salud. Enfrentarlos no es fácil, pero hay una clave para lograrlo: reflexionar sobre el papel que se juega en la vida.

Obstáculos que impiden el desarrollo de jóvenes en la actualidad, Depresión, Drogas, Violencia, Sobreprotección

Es común citar que “México es un país de jóvenes”, aunque en pocos años la relación poblacional cambiará dramáticamente ante el incremento de la expectativa de vida de los adultos mayores. Sin embargo, es un hecho que la población de 25 años o menos enfrenta en la actualidad obstáculos y dificultades inéditas que frenan su desarrollo personal y retrasan su ingreso a la cadena productiva del país, al mismo tiempo que la convierten en presa fácil de depresión y, en casos extremos, suicidio. 

Lo anterior podría parecer exagerado, pero basta con reflexionar un poco para comprobar que los jóvenes de hoy desconfían de su futuro porque las oportunidades laborales son escasas, los empleos están mal remunerados y la posibilidad de encontrar el éxito social y económico cada vez se torna más difícil. 

De ello se deriva, por supuesto, el impedimento para abandonar la casa paterna y obtener una independencia económica, pero también la formalización de relaciones sentimentales de pareja, la decisión de tener hijos, así como la satisfacción de las necesidades de bienestar y esparcimiento que requiere todo ser humano. 

Sistema escolar protector, una gran falla

Tal parece que la sociedad mexicana se va convirtiendo en una especie de país “Nunca jamás”, territorio ficticio en el que los amigos de Peter Pan se niegan a crecer. Una de las razones por las cuales se configura esta situación, opina el médico psiquiatra Alfonso Martín del Campo Laurents, coordinador de Investigación de Salud Mental en el Hospital General de México (localizado en la capital del país), es la falta de reflexión acerca de nuestro papel en la vida. 

“Me gusta decirle a mis pacientes que piensen en la frase ‘para nacer he nacido’ (del escritor chileno Pablo Neruda), porque los hace reflexionar. En primera instancia creen que el enunciado carece de sentido, cuando en realidad, señala el especialista, pues se trata de recapacitar sobre el hecho de que los seres humanos tenemos dos nacimientos: uno biológico y otro que se realiza como persona, que ocurre cuando controlamos nuestro destino, tomamos decisiones y nos planteamos lo que se conoce como proyecto de vida.” 

La pregunta “¿por qué naciste?” sacude la conciencia de la mayoría de las personas y, en el caso de los jóvenes, opera como una “palanca” que “mueve las estructuras tradicionales” con las que nos forma la sociedad. Es, dice el experimentado psiquiatra, una interrogante que nos debe poner en movimiento porque “lamentablemente uno de los factores determinantes para vivir en la incertidumbre es el sistema escolar en que se desenvuelven jóvenes y niños mexicanos, pues se trata de un esquema basado en la sobreprotección que retrasa la madurez que requiere el individuo para enfrentarse a los obstáculos que presenta la existencia”.

Si analizamos con atención, dice el especialista, “podemos observar que un niño empieza a estudiar sistemáticamente a los tres años y terminará de hacerlo, si estudia una carrera universitaria, a los 24 años. Durante todo ese tiempo no tiene que tomar decisiones de peso en su vida; si acaso, y en muchas ocasiones con la ayuda o influencia de sus padres, decide la carrera que estudiará, aunque ello no significa que haya meditado a conciencia lo que quiere hacer el resto de su vida”. 

Reconocer mis habilidades y limitaciones

El Dr. Del Campo Laurents insiste en que la formación escolar que reciben los jóvenes es una condición fundamental para enfrentar el futuro con certidumbre y evitar mayores efectos negativos en su vida y salud. Sin embargo, “los jóvenes no se esfuerzan porque su visión es de corto alcance. Dicen: ‘¿Para qué pienso en algo más, si lo que tengo que hacer el año que entra es terminar la prepa?’; luego presentan un examen de admisión, entrar a una carrera y siguen casi por inercia”. 

Esta postura, aunque aparentemente cómoda, presenta inconvenientes con el tiempo. “Si profundizamos en la situación, comprobaremos con relativa facilidad que las profesiones de mayor demanda son una especie de ‘tronco común’ que requieren de especialización posterior. Es el caso, por citar algo, de quien estudia Ciencias de la Comunicación, carrera en la que puede desempeñarse como reportero político, cronista de deportes o conductor de televisión; sin embargo, al terminar la carrera no es ninguna de las tres cosas”. 

Añade el psiquiatra: “La formación universitaria sólo sirve como una introducción al ambiente laboral, pero el muchacho difícilmente lo visualiza así; lo que busca es una carrera sencilla, que esté de moda y le proporcione de inmediato un trabajo fácil e interesante, por lo que, siguiendo el ejemplo anterior, el joven piensa que al egresar será el próximo conductor estelar de un programa de radio o televisión, sin percatarse que carece de preparación o vocación”.

Este asunto, establece el entrevistado, responde al sistema de sobreprotección que los padres brindan a sus hijos, porque no se dan cuenta de que sólo deben prestar ayuda hasta que los chicos la soliciten. Si los progenitores resuelven la mayoría de los problemas, insiste el investigador, formarán seres humanos incapaces de enfrentar la realidad que existe en el campo laboral o en la calle. 

Esto, al final, puede resumirse en una frase: cada vez que se le resuelve un problema a los hijos, se les roba una experiencia. 

Así las cosas, tal parece que lo primero que hay que buscar en la vida es definirse como persona. “Hay que indagar al interior de nosotros, preguntar: ‘¿quién soy?’, y posteriormente reflexionar y reconocer las limitaciones y habilidades propias. Esto podría interpretarse como un nivel básico de meditación sobre la existencia, lo que incluye pensar en ‘qué tengo y qué no’, y lo que estaría dispuesto a hacer para conseguir mis objetivos”. 

Desesperanza o desamparo aprendido

Para nadie es un secreto que hoy se vive un clima de desesperanza e incertidumbre generalizada. Diversos especialistas han llamado la atención sobre algunos modernos “jinetes de la Apocalipsis” que han ingresado a nuestra esfera social: violencia, delincuencia, enfrentamientos por disputas políticas, inseguridad, relajación de los valores morales y corrupción, entre otros. Este panorama ha sido definitivo para que se hayan incrementado las cifras de depresión, angustia y ansiedad y, por supuesto, los suicidios entre la población de entre 15 y 22 años de edad.

El Dr. Del Campo Laurents explica que existe una prueba para detectar el grado de depresión que sufren algunas ratas y su reacción ante diferentes estímulos, lo que sirve como referente de la forma en que se comportan los seres humanos. Este modelo de investigación, llamado “desamparo aprendido”, consiste en colocar a una rata en una caja que se divide en dos mediante una pequeña “barda”, la cual es lo suficientemente baja para que el animal la pueda brincar de un lado a otro sin problema. 

El experimento consiste en colocar agua y comida en un extremo de la caja y esperar a que la rata vaya hacia ese lado; en ese momento, se enciende una luz y se electrifica esa parte del perímetro. Como es de esperarse, la rata aprende a saltar al otro lado para ponerse a salvo cada vez que observa el destello lumínico. Sin embargo, no todo queda en eso, ya que posteriormente se electrifica toda la caja y la rata aprende que de nada le vale moverse porque, de cualquier modo, estará recibiendo el choque eléctrico. 

Algo similar ocurre con los seres humanos, explica el psiquiatra, ya que una persona deprimida se siente inmersa en una situación en la que aparentemente, haga lo que haga, no hay escapatoria. “Una persona vital pelea y se defiende, pero al parecer la población mexicana está sumergida en una especie de desamparo aprendido, y de allí que estemos inmóviles. Yo creo que la última expresión de gran actividad generalizada como sociedad fue la Revolución, pero hoy podemos observar que la gente vive un momento de desesperanza, no sabe realmente lo qué la motiva y se encuentra desorientada”. 

Cabe recordar que en los últimos años “han aumentado los índices de suicidio entre los jóvenes, depresión y, por supuesto, consumo de drogas. Todo ello es producto de la incertidumbre; nuestros jóvenes, quiero reiterarlo, padecen de una gran falta de certeza y todo comienza cuando enfrentan la disyuntiva ‘estudio o trabajo’, aunque es evidente que muchos enfrentan otro dilema: ‘me quedo en México o me voy de mojado’, y de allí se derivan otra serie de consideraciones, como el riesgo de morir en el intento o, si se logra pasar la frontera, saber que difícilmente se podrá ejercer como profesionista, ya que es más probable que labore como jardinero, mozo o campesino”. 

Sin embargo, concluye el especialista en salud mental, han surgido nuevos paradigmas, los cuales, por extraños que parezcan, forman parte de una decisión que valoran, tal vez de forma inconsciente, muchos de los jóvenes de estratos sociales desfavorecidos: “delinquir o no”, lo que definitivamente será una apuesta que marcará su destino. 

Asumir con madurez lo que sucede parece muy complicado, pero es hora de enseñar a los niños a responsabilizarse de sus decisiones y a enfrentar los problemas con serenidad. Cierto, las dificultades existirán siempre, pero es mucho más probable que se superen exitosamente si se elimina el techo protector con el que se pretende cubrir a los jóvenes y los padres eliminan la culpabilidad que pudieran sentir y que les lleva a actuar de esta forma.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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