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Madres solteras: educación sin culpas

Martes 10 de enero del 2017, 08:55 am, última actualización

Asumir la responsabilidad del bienestar y educación de los hijos sin la presencia cotidiana del padre y sin remordimientos, puede facilitar la tarea de guiarlos con claridad para que se conviertan en adultos felices

Madres solteras: educación sin culpas

La culpa generalmente nos invade cuando hemos ido más allá de las normas aprendidas durante la convivencia con aquellos que queremos, por ejemplo, la familia. En la infancia crecimos viendo a mamá siempre atenta a nuestras necesidades, desde que abríamos los ojos hasta que nos íbamos a la cama por la noche; permanecía pendiente cada minuto de nuestro bienestar y educación, sin desatender en ningún momento las labores de la casa  (trabajar fuera de ella era impensable), las peticiones del marido, ni las de los demás hermanos.

Sin embargo, en la actualidad aquel escenario del hogar tradicional conformado por padres e hijos ha dejado de ser predominante en México, y en su lugar vemos otros donde la responsable de la salud y bienestar de sus integrantes (además de ser el principal sostén económico), suele ser una mujer, independientemente de los motivos que la hayan llevado a esta circunstancia (entre los más frecuentes separación o divorcio).

Según cifras del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), proporcionadas en el Censo de Población y Vivienda 2010, en México de cada 100 hogares, 25 están a cargo de una mujer. Es natural, por tanto, observar que cada día crece el número de madres que sacan adelante a sus hijos sin la presencia cotidiana del padre. Quizá en principio no fue su deseo vivir esta situación, sin embargo la han asumido.

Comparar la “buena” educación que recibían los niños anteriormente, frente a lo que sucede con los pequeños en la actualidad, sobre todo si son hijos de madres solteras, complica la convivencia y salud mental de los involucrados, pues impide aceptar que la sociedad está cambiando y que las necesidades ahora son distintas. Cuando reconocemos este nuevo escenario, podemos dejar de sentirnos culpables, para pasar a ser responsables.

En la escuela

El hecho de que continúe creciendo el número de madres solteras ha permitido contrarrestar el prejuicio acerca de que el niño tendrá alguna desventaja emocional por no tener padre. La realidad es que actualmente en las escuelas los grupos están compuestos por alumnos que provienen de hogares donde el concepto tradicional de papá-mamá e hijos es cada vez más escaso, en cambio, la cifra de niños que viven con la abuelita, tíos, primos o, sencillamente, mamá e hijo se ha incrementado.

“Hoy en los libros de texto gratuito de educación primaria se hace referencia a que existen familias que actualmente se constituyen en forma diferente a lo que se veía décadas atrás, se mantienen unidas y en ellas existe comprensión”, asegura la Profa. Ma. Eugenia Flores Olvera, autora de diversas publicaciones y con más de 25 años de experiencia profesional en distintas instituciones educativas en la Ciudad de México.

Aunque existe la creencia que el ser hijo de madre soltera pueda repercutir negativamente en su aprovechamiento, la realidad es distinta. “No es un factor determinante para un bajo rendimiento, ya que su desempeño no tiene por qué afectarse por vivir solamente con su madre. De hecho, si en casa tiene la guía de una persona responsable, que siempre está al pendiente de sus actividades, sus calificaciones no reflejarán problemas que competen únicamente a sus padres. Ahora bien, si convive a diario con otros adultos mientras mamá trabaja, por ejemplo, abuelos o tíos, puede recibir cierta orientación que en el mejor de los casos favorece su desarrollo”, agrega la profesora Flores Olvera, con Maestría en Ciencias con especialidad en Matemática Educativa en el Cinvestav, y un diplomado sobre Perfeccionamiento de Profesores Iberoamericanos, por parte de la Universidad Complutense, en Madrid, España. 

Disciplina

El objetivo de la educación es formar a la persona, enseñarle a vivir y a convivir. Sin embargo, en los últimos años se ha cedido a la escuela el papel de educador, cuando en realidad no debería ser así, pues en ella se aprenden conceptos, se recibe información sobre diferentes materias, y se empieza a conocer el modo de relacionarse con los demás. En cambio, en familia el niño imita comportamientos y actitudes; aprende valores como la amistad, la generosidad, el rechazo a la violencia, el respeto, a expresar emociones, a abrazar y recibir abrazos, a reír, a aprender a través de los cuentos.

Como madres solteras, debemos recordar que para educar no basta el cariño, el ánimo y el buen ejemplo. Hay que ejercer disciplina con autoridad y explicar siempre que sea posible (y con brevedad), las razones que nos llevan a reprobar, prohibir o imponer determinada conducta. Hoy es frecuente escuchar quejas sobre la desobediencia de los hijos, pero rara vez se habla de la falta de autoridad de los padres, la cual no puede estar basada en el “porque yo lo digo”, ya que esa actitud produce primero temor y, posteriormente, rebeldía en los pequeños, sino en argumentos que se demuestren a diario con hechos.

Y es que a menudo los padres provocamos inseguridad en nuestros hijos mediante una pedagogía tambaleante: reglas válidas hoy pero no mañana, límites que varían según el estado de ánimo, consecuencias con las que se amenaza pero nunca llegan. Los niños necesitan ser guiados por una persona estable en sus reglas y decisiones. Un criterio básico en la educación del hogar (lo cual es válido tanto si la responsable es únicamente la madre, o se cuenta con la presencia de mamá y papá al mismo tiempo) es que deben existir muy pocas normas pero muy fundamentales, buscando hacer que se cumplan siempre.

La disciplina debe darle al niño la oportunidad de elegir y enfrentar nuevos retos, manteniendo límites claros. Tener una rutina diaria, que incluya deberes o actividades acordes a su edad, puede ayudarle a sentirse como parte importante de la familia, y mejora la autoestima. En ocasiones, puede necesitar recordatorios y supervisión para el cumplimiento de sus obligaciones, por ello, es fundamental reconocer y agradecerle cuando se comporte bien o realice una tarea correctamente o sin avisos adicionales.

Peligrosa sobreprotección

El filósofo chino Lao Tse enseñaba que dar pescado a un hambriento le rendía por un día, en tanto enseñarle a pescar le brindaba la posibilidad de alimentarse durante el resto de su vida.

Muchos padres no imaginan las dificultades en las que pueden colocar a su hijo por darle las cosas hechas, por sobreprotegerlo, ya que lo privan del esfuerzo de aprender e ir adquiriendo habilidades para alimentarse sin ayuda, resolver problemas en la escuela o en la convivencia con amigos, así como tolerar la frustración.

En el caso de las madres solteras, la sobreprotección es frecuente, sobre todo cuando a través de ella se busca compensar el tiempo que no se le dedica al niño. Sin embargo, lo único que se consigue es precisamente lo contrario, pues el pequeño no aprende a enfrentar conflictos y límites, por lo que en el futuro probablemente crecerá sintiéndose un ser superdotado incapaz de cometer errores.

Por el contrario, un niño criado en un clima de amor, tranquilidad y estimulación, desarrollará habilidades que le permitirán relacionarse en forma sana con sus compañeros de escuela, amigos o adultos. Asimismo, es importante no caer en el error de desear por los hijos, de anticiparnos a sus demandas, solo así permitiremos que se despierte en ellos el deseo.

¿Al mismo tiempo “papá”?

No es obligatorio que ese padre biológico ejerza su función paterna con relación a nuestro hijo si su decisión ha sido otra. El niño no lo necesitará si somos capaces de suplir su ausencia sin lamentaciones. Sin embargo, él tiene derecho a saber de dónde proviene, cuál es su historia y qué elecciones podrá hacer en el futuro, es decir, necesita saber la verdad, lo menos teñida posible con nuestros rencores.

Las madres solteras son “únicas” responsables de cómo manejan las emociones de sus hijos. Sin embargo, esto no significa que deban actuar como mamá y papá al mismo tiempo, esto es, creer que suplirán el papel del progenitor es un error.  Por ello, conviene que el menor tenga contacto con personas de ambos géneros, es decir, es recomendable asegurarse de que el niño comparta momentos con un familiar o amigo del sexo opuesto que sirva como modelo o influencia positiva

Educar a los hijos sintiéndonos culpables, nos impide valorar la vida en su verdadera dimensión, pues ese sentimiento ensombrece la alegría de observar su desarrollo y triunfos, e incluso reconocer sus fracasos. Buscar continuamente respuesta a situaciones pasadas, puede convertirse en el principal obstáculo para disfrutar la maternidad pero sobre todo, para asumir la responsabilidad de guiar el camino de nuestros hijos. Pensemos qué podemos hacer a fin de cumplir nuestros sueños y brindar un mejor futuro a quienes llegaron a enriquece nuestra vida.

SyM - Cecilia Jiménez

 

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