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El médico frente a la muerte, su gran rival

Viernes 28 de octubre del 2016, 10:32 am, última actualización

Soy Brenda Díaz, médico pediatra, y sí, he visto morir a algunos de mis pacientes. Normalmente a los médicos se nos prepara para salvar vidasprevenir enfermedades y mejorar la calidad de vida de las personas. Durante la carrera nos enseñan un sinfín de materias encaminadas a todo esto, pero nadie nos prepara para enfrentar la muerte. Entonces, ¿cómo logramos luchar contra ella cada día?

El médico frente a la muerte, su gran rival

El rival más fuerte

¿Cómo es que los médicos nos enfrentamos a la muerte? Simplemente no lo sé. En ninguna clase de nuestra formación profesional nos enseñan a controlar nuestros sentimientos, ni qué decir o hacer cuando alguien al que hemos estado tratando muere. Desafortunadamente, esto lo vamos aprendiendo con la experiencia profesional.

La primera vez que me tocó esta situación fue durante mi segundo año de residencia (etapa en la que un médico se especializa en una rama específica de la Medicina). Se trató de un pequeñito como de un año de edad que estaba muy grave y falleció a causa de una infección generalizada (producida por una falla multiorgánica del cuerpo).

Por momentos me cuestionaba si hice bien al tomar una u otra decisión, si pude haber hecho mejor algún procedimiento… O también pensé que podría haber salvado la vida de ese bebé, pero a costa de no tener buena calidad de vida. Entonces me invadieron sentimientos como frustración e impotencia.

Lo que es un hecho es que la muerte de un paciente no pasa inadvertida en la vida de un médico porque te deja mucha enseñanza. Como profesional de la salud, comienzas entonces a adquirir la calma, serenidad y profesionalismo que te ayuden a afrontar cualquier evento que se pueda presentar.

Sólo un instrumento contra la muerte…

Los médicos sólo somos una pieza o instrumento para evitar la muerte. Y, a veces, a pesar de todos nuestros esfuerzos para mantener con vida al paciente, esto es imposible por diversas razones.

Tenemos que estar preparados para esta situación, lo que también implica saber cómo comunicar el fallecimiento de una persona a sus familiares, ¡y no es nada agradable! Ver el dolor que les provoca a los seres queridos esta noticia, a pesar de que sabemos que se hizo todo lo posible por salvar la vida de esa persona, siempre deja un mal sabor de boca.

Dar la fatal noticia a los deudos y esperar su resignación no es fácil. Hay familiares que, aunque sienten el dolor de perder a un ser querido, afrontan con tranquilidad la noticia. Sin embargo, hay otros que la toman muy mal, se enojan con la vida o se ponen histéricos (lloran o gritan exageradamente, por ejemplo) no aceptando la muerte del familiar.

Por fortuna, no me ha tocado, pero sé de colegas que han sido amenazados, incluso de muerte, por familiares de sus pacientes.

Sentimientos de un médico ante la muerte de un paciente

La muerte es un riesgo que se puede tener con cualquier paciente, pero verla llevarse a algunos que he tratado durante años o con los que sentía alguna empatía (como los enfermos con cáncer), aumenta la tristeza, la cual es totalmente válida, pues somos seres humanos.

Todavía recuerdo a Karla (casualmente se llamaba como mi hija), una pequeña muy luchona de siete años que tenía leucemia (cáncer en la sangre) y siempre se ponía a platicar conmigo, pero perdió la batalla y lamenté mucho su muerte, por ella y por su familia.

Si el deceso de un adulto duele, es aún más dolorosa la muerte de un niño. Como mamá, intento ponerme en los zapatos de sus padres y de inmediato quiero quitármelos porque es muy difícil ver a un padre llorar la muerte de un hijo. Pero si uno como médico sabe que hizo todo lo posible por salvar la vida de ese pequeño, no debe haber culpa.

Como dicen: "el show tiene que continuar" y hay que seguir adelante y dar todo lo mejor de uno mismo, profesional y humanamente posible. Debido a la carga de trabajo en los hospitales, los médicos estamos tan apresurados que no siempre podemos tener una interacción personal con nuestros pacientes. Es esa misma exigencia de nuestra ayuda la que impide que la tristeza, dolor o impotencia nos dobleguen, pues hay más gente que nos necesita.

A fin de cuentas, sabes que no puedes venirte abajo y mucho menos llevar esta carga emocional a casa (¡cuando finalmente llegas ahí!), con tu familia, pareja o amigos. A esas personas que están cerca de ti a pesar de las ausencias y desvelos de una carrera tan demandante como la Medicina, les podrás contar cómo te sientes, y ellos te dirán que la vida sigue. Entonces comprendes que eres médico, no Dios, y que tampoco tienes nada qué reclamarle a Él.

 

SyM - Dra. Brenda Díaz

 

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