Consecuencias de la pérdida de empleo en la salud mental - SyM
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Perdí mi empleo... y mi salud

Jueves 23 de marzo del 2017, 12:56 pm, última actualización.

Perder el empleo no sólo puede ocasionar ansiedad, depresión y adicciones, sino que esta crisis también afecta a la pareja y familia, generando alteraciones en casa. Pese a tal adversidad, Psicología y Psiquiatría tienen soluciones.

Perdí mi empleo… y mi salud
Perdí mi empleo… y mi salud

Vivimos en un mundo muy diferente al de hace pocos años. Hoy, las oportunidades de encontrar empleo se reducen en forma importante, no sólo porque hay mucho menos plazas disponibles para las personas que se encuentran en edad económicamente activa, sino porque los sistemas para generar riqueza están inmersos en el mercado global y bajo la tutela del desarrollo tecnológico.

Así, las empresas de hoy se fusionan para ser más competitivas y reducir su planilla laboral; algunas otras quiebran y desaparecen, en tanto que otras más se reestructuran, automatizan, replantean su organigrama o apuestan por el llamado outsourcing (servicio que un tercero presta a la empresa matriz). En todos los casos el común denominador es la disminución de oportunidades.

Por otra parte, se puede hablar desde distintos ángulos del desempleo, pero uno de los que llaman poderosamente la atención para la Medicina es el que se relaciona con las repercusiones en la salud mental ante la pérdida del empleo.

Confabulación de síntomas

Los especialistas en Psicología y Psiquiatría han identificado que los individuos desvinculados laboralmente sufren fuerte daño a la autoestima, sentimiento de culpa y deterioro del autoconcepto o autoimagen, sin olvidar que son presas de ansiedad, síntomas psicosomáticos (trastornos de origen psicológico), presión arterial elevada, depresión, abandono y, en ocasiones extremas, trastornos tan severos como alcoholismo o adicción a otros estimulantes.

Las repercusiones también alcanzan al plano familiar, pues aunque en principio exista cierta dosis de comprensión ante la falta de trabajo de alguno de sus miembros —sobre todo del padre—, es común que las relaciones entre ellos se tornen tensas, frías o distantes. Es muy frecuente, consideran los estudiosos, que aumenten los roces y discusiones, la falta de tolerancia y las fricciones sociales.

Es un hecho que, además, pueda existir cambio de roles que genere alteraciones negativas del orden familiar tradicional, lo que es habitual cuando el varón pierde su empleo y la mujer es quien mantiene el hogar. En sentido contrario, tal parece que las mujeres tienen mayor capacidad para aceptar lo inevitable y no esperan mucho para encontrar alguna alternativa que genere ingresos.

Que hablen los expertos

El psiquiatra Alejandro Córdova Castañeda, presidente de la Asociación de Especialistas en Salud Mental del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), localizada en la capital de la República, señala que “las personas que pierden su empleo se enfrentan a estrés agudo y, en consecuencia, a lo que llamamos reacción de crisis. En este caso, suelen presentarse tres conductas frecuentes: en principio, la negación, que no significa que el individuo no se dé cuenta de que se quedó sin trabajo, sino que su parte afectiva o reacción emocional lo mantiene ‘aislado’, psicológicamente hablando, y entonces parece que está tranquilo, indiferente, como si no pasara nada.

“En segundo lugar —ahonda el especialista— llega el enojo o rabia hacia el exterior, lo que lo vuelve irritable y agresivo, con conflictos de pareja y hacia los hijos; en ocasiones, aunque no es tan común, puede haber agresiones contra personas de su exempresa, por ejemplo, contra el jefe que lo despidió o algunos compañeros, si considera que éstos fueron culpables de lo ocurrido. Una tercera reacción, muy frecuente en México y América Latina, es recurrir a medidas de solución inapropiadas, en este caso el consumo inmoderado de alcohol”.

Las consecuencias de la pérdida de empleo en la salud mental ocupan lugar preponderante, dice el experto, “sobre todo en el adulto en edad productiva o intermedia; esto es comprensible porque experimenta sensación de amenaza, es decir, siente que está en riesgo su supervivencia y la de quienes dependen de él”.

Una opinión complementaria es la de la psiquiatra Dunia de Martini Romero, adscrita al Hospital Psiquiátrico Héctor Hernán Tovar Acosta, localizado en la Ciudad de México y perteneciente al IMSS, quien sostiene que la persona que pierde su trabajo “en principio se muestra ansiosa ante la incertidumbre del futuro, pero el problema se complica conforme pasa el tiempo y no logra obtener empleo, lo que genera desesperanza, frustración y coraje ante lo que se vive”.

Es común que haya irritabilidad, problemas para dormir e, incluso, depresión; sin embargo, la visita a un psiquiatra o psicólogo nunca está en sus prioridades. “Es lo último a lo que recurre la persona desempleada porque su preocupación está en resolver su problema inmediato; casi siempre llega al consultorio porque su angustia aumentó tanto que no logra la mínima estabilidad”, asevera.

La familia, opina la especialista egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), debe apoyar a quien ha perdido el empleo y estimularlo para que no caiga en la desesperanza. “En ocasiones la pareja ve que el hombre se va a buscar trabajo, pero quizá piensa que no hace lo suficiente para conseguirlo y esto provoca el surgimiento de problemas. Lo ideal es que se le apoye emocionalmente, que se le haga saber que en casa tienen plena conciencia de que la situación es difícil, que no hay que caer en desánimo y que existen opciones”.

Sin embargo, es una realidad que “llega el momento crítico en que todo apremia a la persona afectada, siente que se le exige mucho y sabe que debe dinero; a su vez, la pareja no apoya realmente a su cónyuge porque no contempla que ella también vive una crisis”, señala la Dra. Dunia de Martini.

El Dr. Córdova Castañeda, egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Campus Xochimilco, comparte la postura de su colega y acepta que la pareja debe mostrarse solidaria con el desempleado. “Sin embargo, algo muy importante es permitirle a la persona que perdió su empleo que siga conservando su rol, porque desgraciadamente muchas veces descalifican al jefe de familia, le quitan autoridad y pierde valor; en consecuencia, hay falta de respeto y actitudes negativas contra él, lo que puede ser catastrófico”, enfatiza.

Las mujeres, más adaptables

La Dra. De Martini Romero cree que la mujer está mejor dotada para enfrentar una situación de este tipo, ya que es más adaptable. “Si una profesionista no encuentra trabajo relacionado con su carrera, ve cómo empieza a vender o preparar comida para obtener dinero. De alguna manera, soluciona el problema.

“En contraparte —observa la entrevistada—, el hombre tiene menos capacidad de adaptación, porque piensa: ‘Si yo soy arquitecto, ¿por qué voy a vender cosméticos?’; este factor hace que el desempleo se prolongue más en el varón”.

El Dr. Alejandro Córdova, miembro de la Asociación Psiquiátrica Mexicana, coincide plenamente con esta postura, y agrega: “La mujer tiende a ser más eficiente y a reaccionar mejor ante las crisis y a la pérdida del empleo; tiene más claro que su objetivo es la subsistencia, mientras el hombre trata de mantener su estatus y apoya su autoimagen y autoestima en las opiniones que puede recibir de otros”.

Por esta razón, enfatiza, “es más fácil que ella adopte posición optimista, y rara vez hace lo que el varón (me refiero a evadirse con alcohol, por ejemplo), sino que empieza a vender algo, a aprovechar la relación que tiene con sus amistades, no vive con tanta vergüenza la situación y, al ver resultados, refuerza su autoestima”.

Actuar ante la crisis

Lo primero que debe hacer quien está desempleado es autovalorarse, dice el Dr. Córdova Castañeda, quien también ostenta el cargo de vicepresidente de la Asociación Mexicana para el Estudio y Prevención del Suicidio.

Asimismo, señala el experto, debemos medir la gravedad de las circunstancias porque es muy frecuente que, al principio, le demos a nuestra situación una dimensión distinta de la que verdaderamente tiene. Además, refiere que nunca es aconsejable canalizar la frustración y enojo hacia conductas de riesgo, como las adicciones, ni quedarse encerrado en casa esperando a que el dinero de reserva se termine.

La Dra. De Martini Romero, quien se especializó en el Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez, en la Ciudad de México, afirma que no pueden darse pautas generalizadas para tratamiento psiquiátrico. “Tendríamos que definir primero las características del paciente; si la persona sufre un problema de adaptación, podemos decir que únicamente requiere ayuda mediante psicoterapia, pero si presenta cuadro depresivo puede ser candidato a recibir algún tipo de medicamento”.

Quien está desempleado, finaliza la experta, “debe tratar de mantener actitud positiva dentro de las circunstancias, entender que lo que le sucede es producto de una crisis que debe superarse, y pensar que tiene capacidad para solucionar el problema. Si se trata de alguien que lleva mucho tiempo buscando empleo sin éxito, lo mejor es tomar opciones y alternativas para modificar su actividad laboral, es decir, si es ingeniero y no encuentra puesto en esta categoría, aceptar un cargo de menor rango con carácter temporal”.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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