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Posadas, integración de familia y amigos

Lunes 03 de marzo del 2014, 09:40 am, última actualización.

Las posadas son una celebración religiosa típicamente mexicana, aprobada en 1587, donde convergen ritos prehispánicos y católicos, pero que con el paso del tiempo se ha vuelto una fiesta popular. Hoy es buena excusa para ayudar a la integración social de los ancianos con su entorno.

Posadas, integración de familia y amigos

Las posadas nacieron en el pequeño pueblo de San Agustín Acolman (40 kilómetros al noroeste de la Ciudad de México) cuando fray Diego de Soria obtuvo el permiso del Papa Sixto V que le autorizaba celebrar, del 16 al 24 de diciembre en el atrio de la iglesia, una serie de misas con fines evangelizadores llamadas "de aguinaldo", donde se escenificaban la peregrinación de José y María a Belén.

Lo cierto es que los religiosos de la época buscaban aprovechar que los antiguos mexicanos celebraban en invierno el advenimiento de Huitzilopochtli (dios de la guerra), durante el periodo comprendido entre los días 7 y 26 del último mes del año, de modo que se daba una coincidencia con la práctica europea de la Navidad.

Hacia el siglo XVIII las posadas comenzaron a formar parte de las celebraciones familiares y de barrios, adquiriendo mayor popularidad; la transición del templo al pueblo no fue fortuita, pues tuvo por objeto que más gente tuviera acceso y participación, pero también propició la incursión de luces de bengala, cohetes, piñatas y cantos populares o villancicos como atractivos extra.

De esta manera la tradición llega a nuestros días con elementos novedosos como bailes, preparación de platillos que varían en cada región del territorio mexicano o la petición de "aguinaldo" encargada a grupos de niños y jóvenes. Si ha pensado en celebrar una posada tradicional y se pregunta cómo evitar la confusión en medio de esta diversidad, los abuelos pueden contribuir a la organización de una reunión memorable, ya que cuando ellos adoptan un papel activo, propician el contacto con el simbolismo trascendente del festejo a la vez que reciben beneficios auténticos a su salud.

Os pido posada

La organización y realización del festejo no sólo implica el seguimiento de una tradición cultural, sino también el desarrollo de la capacidad de recreación, necesidad básica que conlleva una sensación placentera, uso de nuestra capacidad física, mental, creativa, social o espiritual que posee todo ser humano; por ello, al participar en la organización y comunicarse durante la celebración, las personas de la tercera edad mantienen principalmente su salud mental debido a que activan su capacidad de recuerdo, asociación de ideas y razonamiento.

Esto resulta muy favorecido si se parte de que lo más importante de las posadas es que reúnen al barrio o comunidad de manera hospitalaria en medio de un ambiente contagiado por la alegría navideña y calles adornadas con hilos de heno y faroles de papel.

Los abuelos pueden ser, por ejemplo, una guía insustituible cuando se realice el viaje simbólico de José y María (que pueden ser figuras de barro o seres humanos personificados), el cual inicia cuando se reza el rosario de los nueve días y continúa con la procesión de los "peregrinos", que son cargados entre los tradicionales cánticos; para ello se requiere que los asistentes se dividen en dos grupos, unos que acompañan con velitas a las imágenes hasta completar su recorrido, y otros que permanecen en la casa que dará cobijo al niño Jesús.

Aunque las canciones se pueden obtener en folletos, nadie mejor que los ancianos para coordinar esta parte de la reunión, indicar cuándo inicia el cántico y mostrar la tonada a los más pequeños. Más que otras partes del festejo, es ésta la que requiere de gente con experiencia para que luzca en todo su esplendor.

Terminada la petición de posada, se inicia la repartición de la colación en canastitas, luces de bengala, cohetes, buscapiés y silbatos de diferentes clases, de manera que en pocos segundos el ambiente se torna festivo; es también el momento de colgar la piñata y romperla con ayuda de los cánticos acostumbrados.

Como complemento se reparte la juria (porción de fruta para quienes no obtuvieron nada luego de romper la olla), y alimentos característicos de la época: atole, buñuelos, tamales o ponche de frutas. Los abuelos son personas indicadas para recordar estos detalles y dar la explicación de lo que ocurre cuando alguien tiene una duda, a la vez que puede enriquecer la plática con una de sus anécdotas.

La última posada (24 de diciembre) se realiza generalmente con un número reducido de personas (familia y algún invitado de confianza), en la que "se arrulla al niño", acto que estrecha los lazos afectivos con la persona que es elegida para que sea padrino o madrina del "recién nacido".

Como puede observarse, la posada es una fiesta llena de color y significado que desafortunadamente se ha desvirtuado. Las personas de la tercera edad, como depositarios de experiencias y costumbres colectivas, pueden ayudar a que la tradición se mantenga a cambio de recibir su lugar merecido en la sociedad y así mantener adecuada salud mental. Andemos, pues, junto con los abuelos, "echando confites y canelones para los muchachos que son muy tragones". 

SyM - Mario Rivas

 

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