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Síndrome de alcoholismo fetal: problema desconocido

Martes 10 de enero del 2017, 12:13 pm, última actualización

El consumo de bebidas alcohólicas durante la gestación puede provocar retraso mental y malformaciones en el bebé, ya que su cerebro se desarrolla inadecuadamente. No existen cifras exactas de la frecuencia del problema, pero son mayores de lo que imaginamos.

Síndrome de alcoholismo fetal: problema desconocido

Mucha gente cree que los defectos físicos y mentales de un bebé se deben, primordialmente, a que la madre consumió sustancias como heroína, cocaína, marihuana o solventes durante el embarazo, y es verdad. Sin embargo, es mucho más frecuente que el niño nazca con alguna anormalidad o manifieste cierta incapacidad intelectual que retrase su desarrollo debido al consumo de alcohol durante la gestación.

En Estados Unidos, país que mide celosamente todo aquello que puede ser susceptible de estadística, se considera que 1 de cada 5 mujeres embarazadas bebe alcohol, y que 1 de cada 750 bebés nace con síndrome de alcoholismo fetal (SAF), mal que, si bien no puede considerarse problema de salud pública, sí debe llamarnos a la reflexión para prevenir daños irreversibles en los infantes.

El Dr. Alejandro Beltrán Oseguera, egresado de la primera generación de la carrera de Medicina de la Universidad Lasalle, dice en exclusiva para saludymedicinas.com.mx que este trastorno tiene poco tiempo de identificarse como tal, y que aún hoy no existe estructura clínica definida que establezca con certeza que un bebé padece el síndrome en cuestión.

Se considera, sin embargo, que todo pequeño con las siguientes características es, obviamente, hijo de madre alcohólica: “tiene cierto grado de alteración estructural en el rostro —órbitas oculares pequeñas y nariz corta, entre otros rasgos—; al ir creciendo denota alto nivel de hiperactividad; en más de la mitad de los casos, el chico muestra cierto grado de incapacidad intelectual, lo que se percibe cuando se le compara con sus compañeros de escuela, ya que le cuesta más trabajo asimilar lo que le enseñan”, refiere el entrevistado.

Hay que enfatizar, dice el especialista en Ginecología y Obstetricia por el Centro Médico Nacional (CMN) 20 de Noviembre, adscrito al Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), localizado en la Ciudad de México, que los “rasgos faciales mencionados no son tan claros, porque si el infante tiene ojos pequeños, también puede deberse a la herencia de los padres y no al trastorno. En general, es difícil diferenciarlos porque no tenemos pruebas de laboratorio o marcadores químicos que nos hagan sospechar que cierto niño puede ser candidato a este padecimiento, como ocurre con el síndrome de Down o con el paladar hendido —llamado labio leporino—, por ejemplo”.

Mal poco conocido

Fue en los primeros años de la década de 1970-1980 que el alcohol empezó a considerarse sustancia teratogénica, es decir, capaz de generar malformación física o alteración en el desarrollo conductual del bebé. Al respecto, como es de esperarse, si existe un defecto en la anatomía del recién nacido, ésta es evidente a la vista de los médicos que asisten el parto, pero es más complicado relacionar la conducta futura del niño con el problema alcohólico de la madre.

Respecto a México, dice el Dr. Beltrán Oseguera, adscrito al Hospital Pediátrico 3 A del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en la capital de la República, el síndrome de alcoholismo fetal no es problema de salud pública: “La estadística es muy baja y corresponde a rango de entre 0.5 y 1.5 bebés por cada 1,000 nacidos vivos. El problema es que tal vez la estadística es muy baja porque no se detecta adecuadamente, además de que nos enfrentamos a otras condicionantes: sabemos que son mujeres bebedoras que generan dicha condición, pero ignoramos cuánto beben y cuáles son las que tienen riesgo de presentar este cuadro clínico”.

Cabe apuntar que el chico puede ser candidato a estudios neurológicos a partir de que cumple un año de edad, pero para entonces será posible verificar si posee hiperactividad de movimiento (motora). Sin embargo, dice el especialista, “para percibir si hay hiperactividad global (emocional y motora) debemos esperar a que el niño crezca y empiece a compartir espacios con compañeros de escuela, a fin de que haya un punto de comparación con ellos”.

Una opinión que vale la pena rescatar es la de la psiquiatra Ann Streissguth, quien trabaja en el Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Washington, en Estados Unidos, y se ha especializado en el estudio del síndrome de alcoholismo fetal: “Estos niños no deben ser vistos como problema, sino que ellos son quienes sufren el problema. Tenemos que modificar nuestro modo de pensar porque los chicos no van a cambiar; este tipo de trastorno es permanente y no tiene cura”.

La investigadora ha efectuado numerosos estudios que explican que, sin lugar a dudas, los problemas relacionados con el síndrome de alcoholismo fetal se intensifican a medida que el niño va creciendo. De hecho, la mayoría de los individuos que han sido observados hasta llegar a la edad adulta padecen problemas mentales, han tenido dificultades con la ley y son incapaces de vivir independientemente, además de estar vinculados al consumo de drogas y alcohol.

Aspectos culturales

“Si no contamos con cuadro clínico definido, ni exámenes de laboratorio dirigidos específicos y tampoco marcadores, entonces tenemos que basarnos en la sospecha clínica de que las madres bebedoras son causantes de este trastorno. Así, debemos estar pendientes de la mujer y su comportamiento, además del ambiente y medio cultural en el que se desarrolla para que, de esta forma, podamos establecer un criterio médico preciso”, dice el Dr. Alejandro Beltrán acerca de la detección del trastorno.

El entrevistado es claro: “Debemos preocuparnos por los aspectos preventivos, no en las mujeres de 40 años, sino en aquellas que asisten a primaria y secundaria, porque las adolescentes cada vez beben más. Ya no es usual que las mujeres sólo consuman una copa extravagante, como las llamadas ‘medias de seda’; ahora actúan igual que los hombres y es ‘normal’ que tomen media botella de tequila”.

Es evidente que el abuso de alcohol durante el embarazo es peligroso, pero hasta el momento no ha sido posible determinar con exactitud qué tanto lo es. Ello se debe a que cada mujer lo procesa de manera diferente, además de que no se tienen cifras sobre la influencia de otros factores que pueden generar variaciones, como edad de la madre, hora y frecuencia de la ingestión o si el consumo de bebidas se acompaña de otros alimentos.

Sin embargo, a pesar de todas estas dudas, la ciencia tiene algunas respuestas certeras. Se sabe, por ejemplo, que el alcohol atraviesa fácilmente la barrera de la placenta (órgano transitorio de la mujer gestante que ayuda a que su hijo se alimente mientras permanece en el útero o matriz) y que el feto está menos equipado para eliminarlo que su madre, por lo que tiende a recibir concentración muy alta del estimulante, que además permanece en él durante más tiempo.

Linda Nicholson, prestigiada investigadora en Biología Molecular y Genética de la Universidad Cornell, en Nueva York, habla del “desarrollo bajo la influencia del alcohol”. De este modo, dice, “los niños de madres que beben durante el primer trimestre del embarazo son los que tienen problemas más graves, ya que es durante este periodo cuando el cerebro se está desarrollando”.

Las conexiones neuronales del niño “no se acaban de desarrollar adecuadamente en presencia del alcohol. Naturalmente, en los primeros meses muchas mujeres ni siquiera saben que están embarazadas, por lo que es recomendable que quien planifique quedar encinta adopte comportamientos saludables antes de hacerlo”, agrega la experta.

Asimismo, es posible que las mujeres que se abstienen de consumir licor durante los primeros meses del embarazo se sientan seguras de poder ingerirlo hacia el final del proceso. No obstante, algunos de los estados de desarrollo más complejos tienen lugar durante el 2o. y 3er. trimestre de gestación, etapas en las que el sistema nervioso puede quedar gravemente afectado por el alcohol.

Finalmente, queda mencionar que la información reciente revela que incluso el consumo moderado de alcohol, y especialmente las borracheras esporádicas, pueden dañar gravemente el sistema nervioso en desarrollo.

Características especiales

Los niños que padecen síndrome de alcoholismo fetal suelen presentar los siguientes síntomas:

  • Poco peso al nacer.
  • Circunferencia pequeña del cráneo.
  • Bajo índice de crecimiento.
  • Retraso en el desarrollo.
  • Anormalidades faciales, que incluyen ojos de tamaño inferior al normal, mejillas aplanadas y ranura entre la nariz y el labio superior (filtro) mal desarrollada.
  • Epilepsia (trastorno cerebral que involucra convulsiones repetitivas).
  • Deficiente coordinación de movimientos.
  • Poca capacidad de socialización (dificultad para establecer y mantener relaciones amistosas y manejarse en grupo, por ejemplo).
  • Falta de imaginación o curiosidad.
  • Dificultades de aprendizaje, que incluyen disminución de memoria, incapacidad para entender conceptos como tiempo y dinero, mala comprensión del lenguaje o poca capacidad para resolver problemas.
  • Problemas de comportamiento, que incluyen hiperactividad, incapacidad de concentración, aislamiento social, testarudez, impulsividad y ansiedad.

SyM - Manuel Tarres

 

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