Adicción a las drogas: rehabilitación del adicto - SyM
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Adicción a las drogas: un mundo raro

Martes 06 de diciembre del 2016, 12:49 pm, última actualización

Producto de una sociedad convulsionada que lo juzga y rechaza, el adicto a las drogas tiene pocas opciones reales para su rehabilitación y adecuada reinserción en la comunidad. En México se llevan a cabo esfuerzos notables para revertir esta situación que te invitamos a conocer.

Adicción a las drogas: un mundo raro

La adicción a las drogas es un problema sobre el que se expresan numerosas opiniones. Visto de fuera, desde las tribunas donde se informa de acciones contra el narcotráfico, el lenguaje y la postura parecen ser los correctos y más convenientes, aunque no se conozca a fondo lo que le sucede al adicto.

Ahora bien, cuando lo vemos en el entorno familiar, la desesperación y la falta de información de calidad provocan que se caiga en manos de charlatanes, que se tomen decisiones equivocadas y, por ende, que se retrase la recuperación del adicto, así como su sana reinserción en la sociedad, aspecto que nadie trata en México.

La adicción es un dragón con miles de brazos al que difícilmente se le podrá desmembrar, sobre todo si las autoridades siguen insistiendo en simular que tienen los métodos necesarios para cumplir con esa encomienda, mientras la realidad señala que no se cuenta con la estructura terapéutica necesaria.

saludymedicinas.com.mx tuvo la oportunidad de charlar con un experto en el tratamiento de adicciones, el Dr. Alejandro Barriguete Meléndez, quien opina que aunque es difícil determinar la dimensión real del problema en México, toda vez que es un asunto relacionado con la ilegalidad, lo subterráneo, algo que se oculta en la familia, es posible asegurar que alrededor de 7 millones de personas están implicadas directamente. Paulatinamente, dice el licenciado en Antropología Social por la Universidad Iberoamericana, a semejanza del alcoholismo, las drogas se filtran en todos los ámbitos.

Opciones limitadas

Barriguete Meléndez propone una serie de modelos de educación para la salud, con el interés de informar y apoyar a las familias que no saben qué deben hacer para que sus hijos se alejen de las drogas.

Lleno de mitos, fantasías y lugares comunes, el mundo de las adicciones es más complejo de lo que muestran las campañas propagandísticas o los testimonios de quienes acuden a grupos de autoayuda. En México, quien requiere atención contra las adicciones recurre a clínicas particulares de intervención primaria, a los albergues de rehabilitación que se conocen como “anexos” (existen aproximadamente 500 en todo el país), así como algunos centros de asistencia social, pero nada más.

Todos estos sitios, aun los más caros, carecen de especialistas que conozcan el problema a fondo y tampoco ofrecen la estructura necesaria para que el adicto deje de consumir y para que, tras el periodo de abstinencia, mantenga la sobriedad.

Estar sobrio significa enfrentar los temores, reconocer los errores y aprender a reinsertarse en la sociedad de manera sana, dice Barriguete Meléndez, quien señala que en México no existe un plan general de atención a las adicciones diseñado desde el poder, y eso sucede porque no hay un criterios unificados que definan lo que son las adicciones. Este fenómeno, señala el especialista, es muy complejo y deber valorarse desde el punto de vista biológico, personal, emocional, familiar y social.

La situación en México es completamente diferente a lo que sucede en Estados Unidos y Canadá, países donde hay opciones de todo tipo: clínicas privadas, públicas, centros comunitarios y organizaciones no gubernamentales que prestan ayuda.

En nuestro país, asevera el entrevistado, no hay siquiera conciencia de la enfermedad. Sólo están los grupos de Alcohólicos y Narcóticos Anónimos (AA y NA, respectivamente) y algunas clínicas pequeñas. Desde el gobierno, la oficina que maneja las adicciones en México (Consejo Nacional contra las Adicciones) se reduce a dos pisos de un edificio, cuando debería ser un organismo amplísimo.

Vivimos en la simulación, dice el maestro y doctor por la Universidad de Minnesota (donde realizó estudios sobre alcoholismo, drogas, familia y rehabilitación), y parece que lo poco que se hace es por impulso, como en el caso de las clínicas o centros de atención que se crean con el dinero que se decomisa a algunos traficantes. “Estos centros carecen de un programa específico y no tienen una estructura clara. Ahora bien, el dinero para crearlos y sostenerlos depende de los decomisos que se hagan; sin ellos no tendríamos nada, simplemente porque no hay una porción del presupuesto destinado al problema”, asegura.

Modelo exitoso

Medios informativos y autoridades observan la problemática desde el punto de vista estadístico, pero eso no quiere decir que comprendan lo que sucede. “Si hablamos de clínicas privadas, como Oceánica o Monte Fénix, puedo decir que se trata de centros que copiaron un modelo de Estados Unidos, pero su estructura es muy antigua (data de la década de 1980) y por ello siguen pensando que la adicción es un problema de sustancias, cuando es principalmente emocional”.

Barriguete Meléndez relata que esas clínicas son “muy románticas” en la concepción de la enfermedad. “Su modelo tiene muchas limitaciones porque su enfoque no es amplio. La información en que se basan no es actual y la visión de la enfermedad no es profunda. Un ejemplo claro es que no toman en cuenta la medicación para los desequilibrios del sistema nervioso central, cuando se sabe desde hace mucho que 60% de los pacientes adictos tienen descompensaciones que deben tratarse con fármacos psiquiátricos”.

Recalca el especialista: “Muchas veces los pacientes necesitan este tipo de ayuda, pero no lo comprenden y por eso a las cinco semanas tienen tantos desequilibrios mentales y emocionales”.

De modo contrario, Barriguete Meléndez y su grupo de colaboradores opinan que el tratamiento de la enfermedad debe realizarse en un espectro amplio, observando los factores internos y externos del individuo y su entorno. Algo fundamental es la rehabilitación social del adicto y la prevención de recaídas (95% de éstas ocurren durante el primer año).

“Tenemos una idea muy certera del problema porque sabemos que la enfermedad es muy personal, por eso hemos creado un grupo de expertos que tiene la capacidad de diseñar la terapia para cada enfermo. Creemos que algo muy importante es abordar la parte interna de la persona con ciertos enfoques terapéuticos, pero también darle nuevas habilidades para enfrentarse a un mundo completamente diferente”, asevera.

El adicto en recuperación debe aprender a ordenar o estructurar su vida, lo que se complementa con la ayuda de acompañantes terapéuticos que trabajan en la comprensión y superación de conflictos específicos mientras realizan alguna actividad (ir a un museo o asistir a un restaurante, por ejemplo).

Fin de una cultura

Barriguete Meléndez asegura convencido que las adicciones son sólo una cara de la descomposición social actual, es decir, una etapa previa al fin de la cultura tal y como la conocemos.

Hoy, guardadas las proporciones, experimentamos situaciones similares a las ocurridas antes de la caída del Imperio Romano: se desperdician recursos, existe notable descomposición política, la actitud asumida en los tristemente célebres vomitorios pueden equipararse a la bulimia, y los excesos de las orgías encuentran su homólogo en el libertinaje actual, que se percibe en bailes populares o en los antros de moda.

“Creo que los padres de hoy hicimos a un lado la manera de educar represiva, pero no encontramos una nueva que sea mejor y no sabemos qué hacer. Podemos ver que pertenecemos a una sociedad a la que le enseñan estrategias que nunca han funcionado, como considerar que las cosas malas y dolorosas deben pasar rápido, que no debemos hablar de ellas y que no pasa nada. No sirve para nada actuar así, pero lo seguimos haciendo”, resalta.

Mucho se ha hablado recientemente de la legalización de las drogas y es posible que ese planteamiento se convierta en ley. Barriguete Meléndez no duda en señalar que “la legalización de las drogas es un acto más de la ignorancia de las autoridades. Sólo para ejemplificar, creo que a los expertos que invitaron para hablar del tema no les hicieron caso. Es un acto demagógico y una decisión copiada por inercia de lo que ocurre en otros países, como Estados Unidos”.

Hay gente connotada que habla de la ventaja de legalizar las drogas, como el escritor José Agustín (autor de Ciudades desiertasDe perfilVida con mi viudaTragicomedia mexicanaLa panza del Tepozteco y La contracultura en México), quien en numerosas ocasiones ha defendido los efectos placenteros de la marihuana y su inocuidad.

Barriguete Meléndez opina al respecto con tono mesurado: “José Agustín es un gran escritor, pero lo que dice es precisamente la justificación del adicto: él fuma mariguana, y la defiende a brazo partido. Cree que la controla o la puede dejar, pero se engaña. Esto significa que se encuentra en un proceso de enfermedad activo”, concluye.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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