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Bruxismo, cuando el estrés muerde

Viernes 28 de febrero del 2014, 08:22 am, última actualización.

Producto de la ajetreada vida moderna, el bruxismo es un trastorno ocasionado por estrés que se caracteriza por apretar, "castañetear" o rechinar los dientes durante el sueño. La excesiva tensión muscular ocasiona dolor en oídos, daños en mandíbula, así como problemas en la alineación y mal estado de la dentadura.

Bruxismo, cuando el estrés muerde

Aunque el bruxismo se debe en algunas ocasiones a defectos físicos que ocasionan un cierre irregular de la dentadura, la aparición de muelas del juicio o un deficiente aparato de ortodoncia, la mayoría de los casos se debe a tensión emocional, enojo reprimido, resentimiento o ansiedad, así como a ciertos tipos de personalidad, pues incide en personas que experimentan frecuentemente ira, dolor o frustración, así como en aquellas demasiado competitivas, o con tendencias agresivas.

No es exclusivo de una edad, ya que suele ser común en niños de entre 4 y 6 años que también presentan características de ansiedad e irritabilidad. En estos casos, el padecimiento tiende a disminuir con la disipación de tensiones y finalmente con la edad, justo cuando emergen muelas y dientes permanentes, aunque se han observado casos en que persiste hasta la etapa adulta; niñas y niños lo presentan por igual.

Una de las dificultades típicas del padecimiento radica en que muchas personas lo perciben hasta que se ha desarrollado, o bien no saben que hay tratamientos disponibles y acuden a un especialista cuando sus dientes lucen ya dañados. Por otra parte, cuando el bruxismo se presenta en niños, los padres suelen asociar sus síntomas con otros problemas, como presencia de parásitos intestinales, de modo que las medidas que se toman no son, en absoluto, las indicadas.

Por ello se recomienda la visita periódica al dentista, en la que se examinen los dientes en busca de daños, más si algún familiar ha reportado el rechinido de dientes de una persona cuando duerme, hecho que ocurre principalmente en el caso de niños.

Si bien pueden experimentarse algunas variaciones y el diagnóstico se reserva para un especialista, los síntomas típicos del bruxismo son:

  • A los dientes se les caen pequeños fragmentos (escoriados).
  • Malestar al tratar de cerrar la boca.
  • Dolor de cabeza.
  • Dientes demasiado sensibles y débiles; las piezas pueden estar flojas y, en casos graves, desprenderse.
  • Tensión de los músculos de la cara y de la mandíbula, acompañada de dolor.
  • Desgaste en el esmalte, que da apariencia plana a las puntas de los dientes y expone la parte interna de la pieza (dentina).
  • Marcas de dientes en la lengua, así como daños en la parte interior de las mejillas.
  • Dislocación de la mandíbula; crujido o chasquido en la articulación de la mandíbula.
  • Caries.
  • Mal aliento.
  • Debido a que la masticación se vuelve deficiente, origina mala digestión.

¿Cómo se atiende?

El tratamiento para el bruxismo busca frenar o prevenir daños permanentes y reducir el dolor; será delimitado por el odontólogo o médico general basándose en el origen del mal, edad del paciente, avance de la enfermedad y tolerancia a medicamentos, si bien debe especificarse si el enfermo en ese momento está bajo alguna terapia o consume algún fármaco en especial. En la mayoría de los casos es erradicado con éxito.

Cuando el problema es causado por un defecto físico en la dentadura, se puede corregir la mordida al "balancearla" mediante técnicas de ortodoncia y la realización de un tallado selectivo de las piezas.

En caso de estrés, angustia o carácter explosivo, se emplearán recursos que ayuden a controlar emociones, como relajación, retroalimentación biológica (biofeedback) o terapia psicológica. En el caso de un infante, sus padres deberán ofrecer soporte emocional para que exprese sus sentimientos y temores, propiciar un ambiente tranquilo y ayudarle a relajarse incluso con ayuda de un baño tibio antes de dormir. Por supuesto, debe recurrirse al consejo de un profesional.

En todo caso se debe enseñar al paciente a descansar lengua, dientes y labios de manera adecuada, de modo que piezas inferiores y superiores se mantengan ligeramente separados sin que la boca se abra. Por las noche se recomendará el uso de una boquilla o dispositivo de plástico que se amolda a los dientes para amortiguar la presión de la mordida; es de gran utilidad, ya que no sólo evita daños en el futuro, sino que también ayuda a cambiar la conducta del paciente.

Finalmente, la mejor recomendación es asistir a consulta odontológica periódicamente y actuar ante la menor señal de este problema, pues este rechinido puede ser la alarma de problemas mucho más graves. 

SyM - Israel Cortés

 

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