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¡Surgen nuevas enfermedades por el trabajo!

Miércoles 07 de diciembre del 2016, 12:02 pm, última actualización

Medios informativos y publicidad se encargan de difundir el estereotipo de los profesionistas de nuestro tiempo: mujeres y hombres que asumen fuertes responsabilidades, llevan un ritmo de vida frenético y toman decisiones trascendentales todos los días sin perder el aplomo ni alterar su fotogénica personalidad. Por desgracia, este ideal dista mucho de lo humanamente posible y los trabajadores son presa constante de ansiedadestrés y presión psicológica que les hace enfermar, tener depresión, bajo desempeño, ausentismo y hasta incapacidad permanente para realizar algunas funciones.

Burnout, Mobbing, Gripe del yuppie, Tecnoestrés, Workaholism

Por ello, recientemente se ha prestado más atención a las enfermedades causadas por el trabajo, a la manera en que la exigencia profesional afecta tanto a la salud pública como a la economía de las empresas, ya que paralelamente al aumento de presión laboral en el individuo se ha observado el incremento de padecimientos anímicos y físicos que antes se confundían con pereza, desgano y falta de voluntad. 

Burnout: síndrome de desgaste profesional 

Fue definido por primera vez en el decenio 1970-1980 y se caracteriza por extremo agotamiento físico y mental, bajo rendimiento laboral y pérdida de interés en el trabajo; su nombre en inglés hace referencia a la expresión utilizada por los primeros pacientes atendidos, luego de que se les preguntaba cómo se sentían: "fundidos" o "quemados", respondían invariablemente.

Las estadísticas han permitido confirmar que este problema es más frecuente en personas cuya profesión se basa en el trato directo con gente: médicos, psicólogos, trabajadores sociales, profesores, policías, bomberos, guardias de cárceles, comerciantes y encargados de brindar información o atención al público, ya que deben involucrarse en problemas y preocupaciones de otros y enfrentarse a hechos sociales dolorosos, como pobreza, violencia o muerte.

Los pacientes con síndrome de desgaste profesional son muy exigentes, con baja autoestima o dificultad para manifestar sus emociones, y paulatinamente notan que "algo" les desagrada en su trabajo. De entrada consideran que su malestar se debe a inconformidad en la organización de su grupo laboral o a que se sienten cansados, por lo que toman algunos días de vacaciones; sin embargo, al reincorporarse notan que todo sigue igual, experimentan frustración y en 5% a 10% de los casos llegan al grado de sentir desgaste permanente y severo que puede ocasionar incapacidad de por vida para volver a desempeñar las actividades que venían realizando.

Los síntomas de burnout que se observan con mayor frecuencia son:

  • Falta de realización personal. La víctima de este síndrome evalúa su trabajo en forma negativa y afirma que sus actividades no le satisfacen.
  • Agotamiento. El cansancio mental y emocional genera pérdida de vitalidad, mala concentración, descuido de las responsabilidades y escasa disposición por ayudar a otros.
  • Deshumanización. Muy ligado a agotamiento, se refiere a actitudes insensibles y cínicas en quienes deben brindar servicios de atención o ayuda.
  • Manifestaciones físicas. Como en otros estados de estrés, se presentan cansancio, malestar general, dolor de cabeza, cuello y espalda, insomnio y alteraciones gastrointestinales y del ritmo cardiaco (taquicardias).
  • Problemas de conducta. Se presenta baja autoestima acompañada de actividades evasivas, como aumento en el consumo de café, tabaco, alcohol e incluso drogas. También es habitual el ausentismo laboral, bajo rendimiento, distanciamiento afectivo y conflictos con compañeros de trabajo.
  • Peleas familiares. Nerviosismo, inquietud, dificultad para la concentración, sentimiento de persecución y baja tolerancia a la frustración redundan en mala relación con los seres queridos. 

El síndrome de desgaste profesional se ve favorecido en ambientes laborales tensos, con poca motivación, competencia desleal e infraestructura deficiente, así como en centros en los que el esfuerzo individual tiene acción limitada ante hechos como pobreza, violencia, frustración y muerte, lo que da lugar a sensación de inutilidad y hostilidad entre el grupo de trabajadores.

Bullying o mobbing: síndrome de acoso

Se produce cuando una persona es sometida a fuerte presión psicológica por parte de varios miembros del grupo al que pertenece o por sus superiores, quienes buscan que renuncie a su empleo. Se observa cada vez con más frecuencia y se caracteriza por depresión o estado de estrés y ansiedad que, de no atenderse a tiempo, derivan en complicaciones severas.

Se ha observado que este problema es mayor en organizaciones relativamente cerradas cuya cultura interna considera al poder y al control sobre otros como valores más importantes que la productividad y la eficacia; por ello se da con más frecuencia en empresas con organigrama muy rígido, oficinas de gobierno, hospitales e, incluso, escuelas y universidades, aunque en teoría ninguna entidad, pública o privada, parece estar a salvo del problema.

Los individuos con mayor riesgo a sufrir acoso y exclusión son aquellos cuyo aspecto, conducta, valores y actitud contrastan con los de sus compañeros de trabajo, ya que su sola presencia provoca un cuestionamiento implícito sobre los símbolos, características y valores que dan homogeneidad a una empresa o grupo laboral. De este modo, los especialistas han definido tres categorías de personas potencialmente afectadas:

  • Envidiables. Son gente brillante y atractiva, pero considerada peligrosa o competitiva por los líderes del grupo, quienes se sienten alterados con su sola presencia.
  • Vulnerables. Individuos con alguna peculiaridad, defecto físico o emocional cuyo carácter suele ser depresivo; requieren afecto y aprobación de los demás y dan la impresión de ser inofensivos e indefensos.
  • Amenazantes. Personas activas, eficaces y trabajadoras que ponen en evidencia los errores que otros solapan y pretenden imponer reformas e implantar sistemas de trabajo más eficientes. 

Con frecuencia la víctima es objeto de bromas que hacen mofa de su apariencia o comportamiento y de rumores e insinuaciones sin fundamento ni posibilidad de defender sus puntos de vista; además, es común que se le excluya, que se le impongan obstáculos para que realice su labor adecuadamente o que se ignoren o minimicen sus virtudes en cuanto a capacidad y rendimiento.

Asimismo, el síndrome de acoso puede manifestarse de dos formas:

  • Cuadro depresivo. Es muy parecido al síndrome de desgaste profesional o burnout, pues el paciente también se siente agotado física y mentalmente, sólo que en este caso no se identifica el origen del problema con una situación general y difícil de definir (carga excesiva de trabajo o inconformidad hacia la falta de justicia y seguridad social, por ejemplo), sino con las personas responsables del acoso o las estructuras organizacionales que imposibilitan el desarrollo profesional.
  • Estrés y ansiedadEn este caso la persona es incapaz de quitarse de la cabeza los momentos de tensión que vivió, incluso los "revive" a través de pensamientos, actitudes y sueños repetitivos; su carácter se vuelve irritable, desconfiado y rencoroso, por lo que su capacidad de interactuar socialmente se ve disminuida en forma notable. De acuerdo con algunos psicólogos es parecido al estrés postraumático, es decir, el que presentan víctimas de accidentes y agresiones, quienes no pueden olvidar lo ocurrido. 

En cualquiera de estos casos es imposible que no se vea alterado el ámbito familiar, por lo que aumentan las fricciones en la relación de pareja e incluso con los hijos, y es común que la víctima de acoso o exclusión no logre entender qué está pasando y, por tanto, sea incapaz de organizar su propia defensa. El resultado de este bombardeo es una persona con deficiente productividad, que suele ausentarse del trabajo hasta abandonar su empleo y, en casos muy severos, puede pensar insistentemente en el suicidio e, incluso, cometerlo.

Gripe del yuppie: síndrome de fatiga crónica

También llamadada encefalomielitis miálgica y síndrome de disfunción inmunológica, esta afección hace referencia a un cuadro de estrés laboral caracterizado por dolor de cabeza, irritabilidad, sensación de cansancio permanente, pérdida de memoria y disminución en la capacidad del sistema de defensas contra enfermedades (inmunológico), por lo que el paciente suele manifestar síntomas similares a los de un resfriado.

El origen del nombre común que algunos anglosajones le dan a esta enfermedad se debe a aquellos ejecutivos y hombres de negocios surgidos en las últimas dos décadas del siglo XX en Estados Unidos, los yuppies (palabra que abrevia al término young urban profesional o "joven profesionista de ciudad"), quienes tenían el único objetivo de obtener "ganancias" que les permitieran contar con alto nivel de vida y reconocimiento social, aunque fuese a costa de agotadoras jornadas de trabajo o de desafiar todo principio ético o moral.

El trepidante ritmo de vida autoimpuesto por hombres y mujeres de 25 a 40 años de edad dedicados a labores ejecutivas, de negocios y de oficina comenzó a llamar la atención de los médicos a mediados de la década de 1980, cuando notaron que estas personas mostraban gradual y dramática reducción de sus capacidades físicas e intelectuales a la vez que se mostraban enfermizas. Aunque hasta la fecha se desconoce cuál es la causa concreta del padecimiento, e incluso se especula que pueden existir varios factores a la vez (algunos especialistas hablan de ciertos virus o baja producción de hormonas cerebrales), ha quedado claro que el nivel de estrés elevado atrofia al sistema inmunológico, encargado de protegernos de enfermedades.

La fatiga crónica se diagnostica cuando una persona se muestra agotada por un período de seis meses, cuando el cansancio no desaparece con el reposo y cuando se muestran cuatro de los siguientes síntomas de fatiga crónica durante más de medio año:

  • Pérdida de la memoria reciente o incapacidad para concentrarse.
  • Molestias en la garganta.
  • Ganglios linfáticos hinchados en las axilas o en la garganta.
  • Dolores musculares o en las articulaciones.
  • Dificultad para dormir y descansar.
  • Dolor de cabeza.
  • Luego de hacer algún esfuerzo físico, el cansancio se prolonga más de un día. 

El padecimiento suele irrumpir en la vida de sus víctimas en forma repentina o gradual, y en un tercio de los casos se presenta acompañado de síntomas similares a los de la gripe o mononucleosis (infección causada por el virus de Epstein-Barr, que se caracteriza por fiebre, faringitis y aumento del tamaño del bazo); tales problemas no ponen en peligro la vida, pero crean un grupo cada vez más numeroso de individuos confusos, desconcertados y agotados. Asimismo, se corre el riesgo de que una persona afectada por el síndrome de fatiga crónica se sienta profundamente deprimida, angustiada y devaluada al ver que su capacidad ha disminuido, por lo que llega a pensar en el suicidio.

Tecnoestrés: síndrome de fatiga informativa 

Aparece en personas que deben trabajar largas jornadas con computadoras y novedosas tecnologías hacia las que se termina por crear mayor o menor grado de dependencia; este problema fue descrito desde 1984 por el psicólogo Craig Bord, pero el tema ha comenzado a difundirse hasta hace poco debido a que la masificación de estos sistemas es más reciente.

El tecnoestrés puede iniciar a la vez que se aprende a hacer uso de la computadora, ya que muchos trabajadores se ven obligados a adquirir nuevos conocimientos a marchas forzadas, sin cometer errores y bajo la presión de quienes desempeñan cargos superiores, por lo que es común que se experimenten ansiedad, inseguridad y sentimiento de incompetencia, lo que puede desencadenar, sobre todo en personas de mayor edad, aversión hacia las nuevas herramientas (tecnofobia), e incluso solicitar cambio de puesto o deserción en el trabajo.

En cambio, cuando se logra cierto dominio en el uso de la tecnología o cuando ésta no represente un problema, es habitual que el trabajador se dedique a experimentar sobre las posibilidades y atracciones que ofrece la computadora, de modo que incurre paulatinamente en hábitos repetitivos y sin sentido: consulta decenas de veces por día su correo electrónico, navega por Internet sin saber qué está buscando y siempre está al pendiente del teléfono celular.

A esto deben agregarse manifestaciones corporales como dolor en cuello, espalda, brazos y hombros, ojos irritados, dificultad para conciliar el sueño, nerviosismo y mala digestión, en tanto que anímicamente se presenta un hecho curioso: como en otros casos de estrés, la persona luce confundida y agotada, pero también parece copiar la manera en que trabaja la computadora, de modo que todo el tiempo desea actuar deprisa, pretende realizar varias actividades a la vez y procura desempeñarse con exagerada precisión; por ello, no tolera los errores (cuando son propios hay gran decepción y depresión) y corre el riesgo de perder su identidad al obligarse a ser como una máquina.

Es común que el síndrome de fatiga informativa llegue a ocasionar, en forma secundaria:

  • Alteraciones en el ritmo cardiaco e hipertensión (aumento en la presión sanguínea).
  • Gastritis y úlcera (inflamación y perforación de la pared estomacal, respectivamente).
  • Problemas de concentración y pérdida de memoria.
  • Aumento de agresividad y nerviosismo.
  • Mareo.
  • Distanciamiento de la pareja, familia y amistades.
  • Trastornos del sueño

Investigaciones señalan que el tecnoestrés, mantenido por largo tiempo, también puede desencadenar otros síndromes, en concreto los de fatiga crónica y de desgaste profesional o burnout.

Workaholism: adicción al trabajo

También es llamada ergodependencia o dependencia al estrés, y se presenta cuando el individuo no se da la oportunidad de momentos de reposo y vuelca toda su energía en la realización y progresión de su trabajo; difícilmente dedica tiempo a aspectos de su vida personal: cuidado de sí mismo, práctica de algún deporte, convivencia familiar y en pareja, o simplemente descansar.

Las personas más afectadas por este problema son de personalidad ansiosa, tendencia a deprimirse y baja autoestima; además, son perfeccionistas, cuentan con la necesidad de sentir que tienen el control de cualquier situación, prefieren el trabajo individual antes que el grupal y pueden permanecer así durante muchos años sin darse cuenta de su adicción y sin hacer nada para solucionarlo. Este comportamiento es más típico en los varones debido a que desde pequeños se les inculcan los anhelos de poder, éxito y prestigio, a la vez que deben establecer relaciones sociales lejos de sus sentimientos y negar emociones como tristeza, miedo o dolor.

Un adicto al trabajo se distingue mediante las siguientes actitudes:

  • Toda problemática de la empresa es tomada como personal. Negocia todo, incluso su propia persona, moral, ética y buenas costumbres.
  • Cuando logra cargos de jerarquía eleva las exigencias y aplica medidas imposibles de tolerar por el resto del personal.
  • Traslada problemas y temas de la empresa a su casa, inclusive durante los fines de semana y vacaciones; sigue trabajando y soñando con estar por encima de los demás.
  • Lleva una relación de pareja fría y prefiere cumplir sus responsabilidades laborales antes que convivir con sus hijos.
  • Tiene problemas nutricionales porque varía su horario de comidas; pasa horas de ayuno forzoso debido al trabajo y luego hace comilonas descomunales para compensar o festejar logros laborales.
  • Acostumbra consumir medicamentos y drogas estimulantes para continuar con su desgastante ritmo laboral y emplea sedantes para dormir. 

Este panorama genera gran presión emocional que el individuo dependiente al estrés evade debido a su incapacidad para manejar situaciones sentimentales complicadas; la manera en que lo hace es fácil de adivinar: enfoca sus pensamientos exclusivamente hacia sus obligaciones profesionales porque siente que en su trabajo encuentra el éxito que no logra en su vida personal.

El intenso estrés puede generar síntomas muy parecidos a los del síndrome de fatiga crónica, aunque en particular se ha observado que quienes sufren este padecimiento son mucho más propensos a tener enfermedades del sistema circulatorio, entre ellas presión arterial elevada, irregularidades en el ritmo cardiaco e incluso infarto del miocardio, es decir, obstrucción del suministro de sangre al corazón que puede generar la muerte del paciente.

 

¿Qué hacer para tratar las enfermedades causadas por el trabajo?

Lo primero que se debe hacer es reconocer que el problema existe y comenzar a emprender medidas para controlar ansiedad y estrés, tales como:

 

  • Mejorar la alimentación. Ingiere dieta balanceada rica en verduras, cereales y fruta, y evitar comidas de difícil digestión (ricas en grasas, aceites y harinas refinadas) que sobrecarguen al organismo y generen consecuencias negativas a mediano y largo plazos, como obesidad. Procura contar con tiempo para comer y romper por un momento con la presión de las actividades profesionales.
  • Descansar. Dispon de horas y días para reponer energías y entretenerte, es una necesidad. Es vital dormir lo suficiente (entre 7 y 8 horas diarias), tomar vacaciones y descansar los fines de semana sin llevar las preocupaciones o papeles de la oficina a casa y fomentar las relaciones sociales.
  • Practicar ejercicio. Realiza algún deporte o actividad física para relajarte o reforzar los lazos afectivos con las personas que te acompañen. Recuerda que el ejercicio ofrece la posibilidad de hacer nuevas amistades, eleva la autoestima, permite controlar el peso corporal, fortalece al organismo y refuerza el funcionamiento del corazón, entre muchas otras virtudes. De acuerdo con especialistas, se recomienda cuando menos caminar 30 minutos al día para observar beneficios.
  • Optimizar la organización. Ordena tus actividades y respeta los tiempos establecidos para trabajo y descanso. Para lograrlo es muy importante dar su justo valor a las responsabilidades y a la puntualidad, pero también a la comprensión sabia de que no siempre se puede hacer todo lo que deseamos y de que existen percances fuera de nuestro alcance (tráfico, descompostura del automóvil) que generan retrasos y cancelación de citas.
  • Solucionar problemas a la brevedad. Dejar pasar las situaciones que nos preocupan genera ansiedad e incertidumbre al no saber qué ocurrirá; lo mejor que se puede hacer es afrontarlas a través de decisiones tomadas siguiendo un proceso lógico (puede hacerse anotando los pensamientos en una hoja de papel): plantear el problema, analizar las alternativas que hay (pros y contras) y elegir la solución más conveniente.
  • Alimentar la autoestima. Cuando algo salga mal reconoce los errores, analizarlos y corregirlos, pero sin caer en reproches y autocastigos. Es justo querernos y tratarnos bien.
  • Activar la convivencia. Una relación cercana con la pareja, amigos, familia y compañeros de trabajo crea una red afectiva sólida que ayuda a disminuir el impacto del estrés, debido a que es más sencillo tener a alguien con quien hablar de los problemas cotidianos y compartir las emociones, buenas o malas. Igualmente, es conveniente reforzar una conducta positiva con las personas de nuestro entorno mostrando interés hacia lo que hacen o piensan, sonriendo, teniendo algún detalle y ofreciendo buena disposición para compartir y escuchar lo que les ocurre. Acudir a reuniones sociales y fiestas también es de utilidad.
  • Aprender técnicas de control. Practicar la relajación de manera periódica durante los momentos de tensión es muy valioso, pues contribuye a aclarar los pensamientos y a evitar estragos en el organismo. También es de utilidad leer algún buen libro de autoayuda que enseñe a eliminar pensamientos erróneos e ideas irracionales.

 

 

 

 

 

 

 

 

La idea esencial consiste en mantener la calma para evitar estragos en el organismo y en el comportamiento, incluso para tener la serenidad de pensar, cuando hay acoso laboral o exigencias desmedidas, en la posibilidad de acudir a instancias legales encargadas de regular las condiciones de trabajo.

Finalmente, es recomendable que en caso de tener dificultad para controlar el estrés acudas a un psicólogo o psiquiatra, quien podrá ayudarte a recuperar el bienestar y salud.

SyM - Rafael Mejía

 

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