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Cisticercosis y triquinosis: ¡causan daño cerebral!

Lunes 03 de noviembre del 2014, 09:26 am, última actualización.

La carne de cerdo ha sido señalada como responsable de infección por Taenia solium y Trichinella spiralis, parásitos que se alojan en el cerebro, músculos y otros órganos, causando grave daño; no obstante, la ingesta de frutas y verduras contaminadas también favorece su transmisión.

Cisticercosis y triquinosis: ¡causan daño cerebral!

Por falta de tiempo, comodidad o antojo, mucha gente consume alimentos ofrecidos en puestos callejeros; sin embargo, la mayoría de los comensales no se detienen a pensar en los hábitos higiénicos de las personas que los atienden, quienes con descaro sirven la comida y toman el dinero. Además, se desconoce si los ingredientes fueron desinfectados o están bien cocidos, y si la carne proviene de animales sanos; a lo anterior se suma que los consumidores, por estar en la calle, no tienen dónde lavarse las manos.

¿Y qué sucede en casa? Hay personas que acostumbran comer carne de cerdo a medio cocer y lavar vegetales sólo con agua (sin usar desinfectante). Ante estas acciones, pocos individuos se salvan de adquirir alguna infección, en ocasiones provocada por Taenia solium y Trichinella spiralis, peligrosos parásitos cuyas larvas (animal en estado de desarrollo que no ha alcanzado la forma propia de los adultos de su especie) al principio habitan el intestino y, posteriormente, se mudan a otras zonas, como cerebro, corazón, pulmones o músculos.

“La cisticercosis se presenta cuando la larva de Taenia solium (cisticerco) se instala en diferentes tejidos. En el humano la enfermedad grave ocurre cuando el parásito se aloja en el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal), lo que se conoce como neurocisticercosis”, refiere la Dra. Edda Sciutto Conde, investigadora del Departamento de Inmunología del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIB) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la capital del país.

“Respecto a la triquinosis, cabe destacar que las larvas del parásito atraviesan la mucosa intestinal, alcanzan vasos sanguíneos o linfáticos (canales diminutos que transportan células de defensa en un líquido llamado linfa) y llegan a cavidades del corazón y pulmones. Por medio de la circulación arterial se dirigen a cualquier órgano o tejido, en especial músculos con gran actividad, aunque también pueden invadir cerebro y globos oculares”, indica el Dr. Jorge Tay-Zavala, quien se desempeña como jefe del Laboratorio de Parasitología del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la UNAM, también en la Ciudad de México.

Radiografía de la infección

La cisticercosis por Taenia solium afecta tanto al humano como al cerdo; en el primero ocurre por ingesta de alimentos contaminados y mal cocidos, y debido a los malos hábitos de higiene de las personas que procesan y preparan comida.

A su vez, la enfermedad afecta a los cerdos que se crían en condiciones insalubres y se alimentan con desperdicios (que incluyen materia fecal humana). En medios rurales y cada día más en urbanos, se practica extensamente el fecalismo al ras del suelo (deposición de excretas al aire libre), lo que aunado a los hábitos coprófagos (consumir heces) del cerdo, favorece de manera importante el ciclo de vida de dicho parásito.

De acuerdo con la Dra. Sciutto Conde, Taenia solium presenta tres diferentes estados de desarrollo: adulto (gusano o tenia), larvario (cisticerco) y huevo. “El primero se desarrolla a partir de la ingestión de larvas (contenidas en algún alimento), y es cuando la tenia se ancla en la mucosa intestinal a través de una cabeza armada con dos coronas de ganchos. A partir de allí se desarrolla en conjunto creciente de unidades reproductivas llamadas proglótidos; cada uno de ellos posee gónadas (órganos reproductores) sexuales masculinas y femeninas, por lo que puede generar huevos, y además adquieren grados progresivos de maduración conforme se alejan de la cabeza del gusano”.

Cada uno de dichos segmentos puede albergar hasta 50,000 huevos, los cuales se liberan en las heces del individuo infectado y contaminan el ambiente. “Cuando el humano o el cerdo los ingiere, estos huevos pueden desarrollarse al estado de cisticerco o larva causando la enfermedad llamada cisticercosis. El ciclo de vida del parásito se completa cuando el hombre come carne de cerdo con cisticercos y éstos se desarrollan al estadio de gusano adulto”, explica la investigadora.

La cisticercosis porcina puede detectarse durante la inspección sanitaria en rastros y es causa de decomiso (se le retira al dueño), lo que implica importantes pérdidas en la porcicultura rústica. Sin embargo, los cerdos criados en estas condiciones frecuentemente no llegan a inspección sanitaria y son consumidos por su productor o comercializados en mercados clandestinos.

Hacia el cerebro

El cisticerco se aloja principalmente en el sistema nervioso central, ojo y tejidos muscular y subcutáneo. Al estar presente en el encéfalo o cerebro causa neurocisticercosis, enfermedad que se caracteriza por amplia diversidad de síntomas, mismos que dependen del número de larvas instaladas, localización y estado inflamatorio que genera la presencia del parásito en este lugar.

“Llama la atención que a pesar de la vulnerabilidad del compartimiento en el que se desarrolla el cisticerco (es decir, sería relativamente fácil hacerle daño), aproximadamente 20% de los afectados no presentan signos que ameriten consulta médica y se diagnostica en forma forma casual”, comenta la Dra. Sciutto Conde.

Y agrega que en la mayoría de los casos se presentan intenso dolor de cabeza, convulsiones, crisis epilépticas y trastornos en la conducta. “De hecho, la neurocisticercosis es una de las principales causas de enfermedad neurológica en humanos, tanto en México como en otros países de América Latina, Asia y África”.

El tratamiento para la cisticercosis depende de la ubicación del parásito y de la variabilidad del cuadro clínico en el paciente:

  • Sintomático. Controla las crisis convulsivas, dolor de cabeza, hipertensión craneana (aumento de la presión al interior del cráneo) y alteraciones de la conducta.
  • Quirúrgico. Depende de la localización y características de los cisticercos para que pueda llevarse a cabo.
  • Farmacológico. Se recomiendan prazicuantel o albendazol.

¿Qué pasa con T. spiralis?

La triquinosis está relacionada con carnívoros infectados, ya que en un solo huésped se realiza el ciclo biológico completo del parásito (se presentan tanto la forma larvaria como adulta); la rata de los basureros es el reservorio (depósito) más importante, por mantener la infección, aunque “desde el punto de vista epidemiológico el cerdo es determinante, sin duda, para que la infección se presente en el humano”, advierte el Dr. Tay-Zavala.

De acuerdo con el investigador, el puerco adquiere esta parasitosis por el tipo de alimentación que recibe (desperdicios) o al ingerir roedores infectados cuando no es criado adecuadamente, de manera que el hombre, al comer carne cruda o insuficientemente cocida procedente de este animal, también adquiere la infección.

Cuando el humano se infecta, la enfermedad se manifiesta en tres fases cuya severidad depende del número de parásitos ingeridos:

Intestinal. Inicia a las 24 horas de la infección y es causada por la fijación de parásitos hembras, así como la penetración y movimiento de las larvas en la mucosa intestinal. Lo anterior ocasiona dolor abdominal, náuseas, vómito, dolor de cabeza, transpiración y malestar general, cuadro que semeja el de intoxicación alimentaria aguda.

Migración o invasión a músculos. Las larvas circulan por vía sanguínea y pueden llegar a vasos capilares (vías sanguíneas) estrechos en los diferentes órganos y tejidos. Por movimiento activo, aquéllas los rompen y migran hasta que son atrapadas por la reacción inflamatoria producida en torno a ellas, lo que ocasiona edema (acumulación de líquido, que es más notable en rostro y  párpados), fiebre, sensibilidad a la luz, conjuntivitis (inflamación y enrojecimiento de la conjuntiva o tejido blanco del ojo) y dolor muscular.

Tienen preferencia por los músculos pobres en glucógeno (tipo de azúcar empleado como alimento de reserva) pero con gran actividad; sin embargo, pueden invadir el encéfalo, corazón, pulmones y globos oculares. En consecuencia, llegan a ocasionar alteraciones cerebrales, convulsiones, dolor de cabeza, vértigo, insomnio, irritabilidad, inflamación en el músculo cardiaco, problemas respiratorios, decaimiento generalizado y pérdida de peso.

De estado. Se presenta cuando las larvas ya se han establecido y formado quiste en los músculos. El síntoma dominante es dolor, que se exacerba (incrementa) al practicar ejercicio, sobre todo cuando los parásitos mueren debido a la reacción inflamatoria.

Aunque la detección de la triquinosis en su fase intestinal es difícil, cuando ésta llega a realizarse se recomienda el consumo de ciertos medicamentos que eliminan a los parásitos (piperazina y mebendazol); asimismo, es importante el uso de productos que disminuyen el proceso de inflamación (corticosteroides) y dolor (analgésicos). Sin embargo, no hay tratamiento específico una vez que el parásito invade otros tejidos; incluso, hay casos que se curan de manera espontánea.

Como en cualquier enfermedad, siempre es más económico y sencillo prevenir que tratar, de modo que lo más recomendable es lavar, desinfectar y cocer bien los alimentos, así como abstenerse de consumirlos en lugares de dudosa higiene. Por supuesto, no hay que olvidar lavarse las manos antes de comer y después de ir al baño.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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