Cómo enfrentar la soledad o sentimiento de aislamiento - SyM
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Cómo enfrentar la soledad

Lunes 13 de febrero del 2017, 12:31 pm, última actualización

La soledad es un sentimiento de aislamiento o desamparo que invade el ánimo de una persona, esté o no acompañada, y que llega a generarle angustia y malestar profundo; aunque puede ser circunstancial o pasajera, cuando persiste indica incomunicación y carencia de apoyo afectivo. ¿Deseas afrontar este problema?, a continuación algunos consejos.

Enfrentar la soledad

La sensación principal es de aislamiento, y aunque se realizan proyectos y se tienen múltiples capacidades intelectuales, artísticas o creativas, la necesidad de comunicación y la incomodidad no desaparecen. Es más, muchas personas pueden experimentar soledad incluso estando acompañadas, y se sienten incomprendidas y perdidas en el anonimato, la masificación y la velocidad con que suceden los hechos en las grandes ciudades.

A decir de los psicólogos, este malestar se vive cuando no hay comunicación con otras personas o se percibe que las relaciones sociales no son satisfactorias; por ello, los momentos más críticos suelen ser descritos como "indeseables" y generan sentimientos parecidos a los de depresión o ansiedad, pues el individuo vive con nerviosismo, falta de vitalidad, un "vacío interno" y desesperación.

Así, la soledad es el reflejo de una red pobre de relaciones sociales, en donde las amistades son escasas, insatisfactorias o demasiado superficiales; específicamente, puede presentarse de dos maneras, una emocional, en la que hace falta intenso vínculo con otra persona (amigo, pareja) que genere gusto por la vida y seguridad, y otra social, en la cual la persona no se siente integrada a un grupo que le ayude a compartir intereses y preocupaciones.

Se debe aclarar que la soledad es distinta al aislamiento social, ya que en este último se rehuye al trato con los semejantes, en tanto que la primera tiene que ver con la incapacidad de un individuo para manifestar sus sentimientos y opiniones; en términos coloquiales, no es que se evada a otras personas, sino que "no se le da" la convivencia.

En efecto, cuando nuestra habilidad para convivir es deficiente aumenta la probabilidad de experimentar soledad, pues la convivencia con otros es menos entusiasta y afectuosa, aunque esto suele ocurrir inconscientemente y por ello no es fácil percibir qué es lo que está fallando. Esto puede dar origen a un círculo vicioso, en el que surgen problemas de autovaloración e inconformidad que hacen que la persona afectada se convenza a sí misma de que no es amable ni digna de ser apreciada, por lo que rehuye a cualquier amigo potencial sólo por miedo a un posible rechazo.

También cabe mencionar que la soledad se vincula con la historia de cada persona, ya que el desarrollo en un ambiente de tristeza, desamor o negatividad y, ante todo, la pérdida de relaciones significativas para el individuo pueden generar marcas indelebles en la vida y afectar el desempeño anímico.

Mal de nuestro tiempo

Suena a chiste, pero es cierto: casi nadie se da cuenta del amplio alcance de la soledad porque vivimos inmersos en ella y no nos comunicamos adecuadamente. Sin percibirlo, los seres humanos contemporáneos sólo convivimos por momentos con familiares, compañeros de trabajo y vecinos, y aunque siempre estamos "rodeados de gente", vivimos en solitario.

Mujeres y hombres se sienten incapaces de mantener relaciones basadas en la confianza, y experimentan por igual el temor a sufrir una agresión o a ser rechazados, de modo que crean barreras que en verdad poco hacen por proteger y sí mucho por separar. Se vive en el vacío y tal actitud se justifica con planteamientos como: "nadie me entiende", "la gente sólo quiere hacer daño", "sólo les intereso cuando quieren obtener algo" o "cada vez que confío en alguien me llevo una puñalada".

Cuando la soledad es deseada no hay nada que objetar, aunque tal situación entraña peligro: el ser humano es social por naturaleza y una red de amigos con la que compartir aficiones, preocupaciones y anhelos es un cimiento casi sustituible para asentar una vida feliz y para enfrentar las dificultades cotidianas.

De este modo, aunque convivir plenamente con un grupo de gente cercana y con puntos de vista similar es una meta que en ocasiones se antoja difícil, debido a que las estructuras y hábitos sociales de nuestra civilización frenan este deseo de hacer y mantener amistades, bien vale la pena hacer un esfuerzo notable por conseguirlo.

No es casual esta recomendación, ya que si bien hay quienes se acostumbran a vivir con la sensación de soledad y la disfrazan con actitudes de fortaleza, autosuficiencia, agresividad o timidez (y cuyo fin perseguido, aunque oculto, es recibir afecto o respeto), experimentan un equilibrio emocional frágil que por lo general puede dar pie a una crisis severa y angustiante al enfrentar imprevistos.

Tu ausencia está presente

Circunstancias como divorcio, fallecimiento de un ser querido o cambio de residencia a otra ciudad, tienen como consecuencia la desaparición en nuestra vida de alguien a quien hemos amado o que ocupaba un espacio muy importante en nuestra cotidianidad. En estos casos es común que nos invada particular sensación de soledad y vacío que nos sume en tristeza y desesperanza, pues hemos perdido a alguien que antes nos apoyaba para afrontar la vida.

Hay que decir que somos seres sociales que requerimos de los demás para hacernos a nosotros mismos, y no sólo para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo personal, sino también para afianzar y revalidar nuestra autoestima, ya que ésta se genera cada día en la interrelación con las personas que nos rodean.

La pérdida es irremplazable, pero no debe ser irreparable. Los psicólogos explican que es imposible llenar este tipo de "huecos" o "siluetas" que deja la ausencia de alguien, pero también que si nos permitimos sentir la tristeza y nos proponemos superarla en base a confianza hacia nosotros mismos, podremos reunir fuerzas para establecer nuevas relaciones que cubran, al menos parcialmente, ese déficit de amor que se padece.

Los seres humanos debemos cobrar conciencia sobre el hecho fundamental de que la vida se encuentra en constante cambio, y que se debe procurar que la carencia de una persona no tiene por qué convertirse en una falta general de relaciones.

Si bien esta soledad es dolorosa, es cierto que puede convertirse en positiva si la interpretamos como la oportunidad para aprender a vivir el sufrimiento sin permanecer bloqueados, así como para generar recursos y habilidades para transitar satisfactoriamente por la vida. Aunque en ocasiones es difícil de entender, la comprensión y el control de las situaciones desfavorables, a sabiendas de que son inevitables, permite a cualquier persona la posibilidad de disfrutar con plenitud los momentos venideros.

Pasos útiles

Ya que la soledad es innegable y será experimentada por todo ser humano, pues en algún momento se tendrá la sensación de que "algo falta", es posible llevar a cabo algunas medidas para mejorar el estado anímico:

  • Ser muy sincero y buscar dentro de uno mismo qué tipo de soledad es la que se sufre y a qué circunstancias se deben.
  • Perder el miedo a mirar dentro de nosotros, y afrontar la necesidad de saber cómo somos: nuestras ilusiones y ambiciones, limitaciones y miedos, además de evaluar honestamente la autoimagen.
  • Tomar la iniciativa para entablar nuevas relaciones; se puede determinar qué personas nos interesan, y luego elaborar una estrategia para contactarlas.
  • Considerar que no hay nada qué perder y que el miedo al rechazo es un freno para entablar nuevas amistades o amores.
  • Hacer a un lado la actitud de víctima, pues aunque el mundo resulta en ocasiones cruel y materialista, seguro que hay personas que desean conocer a alguien como nosotros.
  • Evitar encerrarse en uno mismo cuando se tenga fuerte sensación de soledad, ya que puede generarse mayor daño. Es mejor contar con quién hablar e intimar y a quién querer.
  • Pensar que no somos tan raros como pensamos; para comprobarlo no hay más que hablar a profundidad y confianza con alguien. Tenemos la capacidad de "llenar" a más gente de la que creemos, y nos pueden resultar atractivas muchas personas que tenemos muy cerca.
  • Iniciar o retomar alguna actividad deportiva o artística también suele ayudar a mejorar el estado de ánimo, además de que facilita la convivencia con quienes poseen aficiones similares.

La sensación de soledad es una situación que puede convertirse en momentánea y que no es forzosamente mala, ya que es posible transformarla en un espacio de reflexión para conocernos a fondo y encontrar sinceramente nuestra propia identidad.

Existe un tiempo para comunicarse con los demás y otro para establecer contacto con lo más profundo de nosotros mismos, en el que la soledad es indispensable; ahí podemos "hablar" con nuestros miedos, a los que no podemos ignorar.

Finalmente, queda señalar que si a pesar de todo no se tienen fuerzas ni tranquilidad para afrontar el problema, no hay que dudar en consultar a un psicólogo o psiquiatra a fin de que ayude a un benéfico reencuentro con uno mismo para, posteriormente, poder comunicarnos adecuadamente con nuestros semejantes. 

SyM - María Elena Moura

 

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