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Cómo perderle el miedo a la timidez

Viernes 28 de febrero del 2014, 10:07 am, última actualización.

Todos hemos tenido ratos de timidez, incluso las personas más seguras, y nadie se escapa de tartamudear en alguna ocasión ante acontecimientos inesperados; empero, esta característica puede volverse limitante en la convivencia social y crear situaciones de angustia a un individuo.

Cómo perderle el miedo a la timidez

Sudor frío en manos y frente, mejillas que se ruborizan, latidos acelerados, mandíbulas apretadas y sensación de un nudo en la garganta; en ocasiones molestos gases intestinales, temblores, tics y sinnúmero de manifestaciones difíciles de controlar. Todos estos síntomas nos permiten distinguir a una persona tímida, la cual, aunque no lo sepamos, experimenta en su interior angustia y ansiedad.

En efecto, los especialistas en conducta han establecido que estas expresiones corporales son ocasionadas por el temor que genera el contacto social en un individuo, ya que éste tiene la idea errónea de que no puede hacer bien las cosas, que lo que realice u opine carece de importancia, o que es incapaz de agradar a los demás. Por ello, antes de esperar una reacción, el tímido se anticipa a los hechos y huye al trato con otros porque siente que sus intentos por socializar generarán burlas o actitudes agresivas en su contra, hecho que en grado extremo limita las actividades diarias y se conoce como fobia social.

Si bien se debe admitir que una persona tímida, en efecto, suele vivir situaciones embarazosas o en las que sus ideas o proyectos no se realizan como pensaba, este hecho no se debe a alguna incapacidad o a falta de talento, sino porque la tensión hace que el individuo de carácter retraído actúe precipitadamente, con miedo, lo que crea un círculo vicioso de "autosabotaje" en donde una sola situación errónea justifica en la mente del tímido la falsa idea de que es incapaz de actuar ante acontecimientos inesperados; por tanto, evita en la medida de lo posible el contacto con otros, con lo que sólo consigue aumentar sus temores.

Así, aunque una persona tímida puede resultar simpática a la vista de otros, debido a las cosas que parece que sólo le ocurren a él, lo cierto es que dentro de sí vive una situación de incapacidad al encontrarse a solas con alguien en el ascensor, cuando le hacen una pregunta en público, al intentar hacer una devolución en una tienda o boutique, o en el momento en que desea iniciar una relación de pareja. En pocas palabras, el contacto social se vuelve para él motivo de preocupación.

¿Cuál es su origen?

Existen variadas interpretaciones sobre las causas de esta característica en la conducta de los individuos. Una de ellas proviene de las escuelas tradicionales de psicoanálisis, la cuales afirman que la timidez es la punta del iceberg de un problema más profundo, vinculado con la represión de los instintos, principalmente sexuales, y la imposibilidad de ponerlos en práctica.

De acuerdo a esta tesis, el tímido busca compensar la no realización de sus deseos a través de fantasías, pero como sus ambiciones y aspiraciones no se ejecutan, la represión se manifiesta a través del cuerpo en la rica sintomatología antes descrita.

Para otra corriente, la de la psicología conductista, la timidez es un patrón de conducta que se puede aprender desde la niñez, concretamente cuando un infante no ha sido valorado o se ha visto ignorado por sus educadores al conseguir logros; asimismo, se presenta en quienes han sufrido experiencias de maltrato y de abuso sexual. En contraparte, el carácter retraído también se observa en individuos que crecieron en un ambiente familiar que les protegió sobremanera, por lo que se les dificulta el contacto con sus semejantes.

En apego a la misma teoría, una etapa importante para la consolidación de la timidez es la adolescencia, ya que los jóvenes experimentan sensaciones desconocidas y no saben manejarlas en sociedad o ante individuos del otro sexo, lo que ocasiona inhibición o timidez.

Finalmente, cabe mencionar que aunque se aprecia que la timidez se vincula casi siempre con la historia personal, algunos especialistas han encontrado casos en donde este tipo de carácter tiene su origen en ligeras anomalías en el desarrollo de glándulas como la hipófisis o las suprarrenales, e incluso hablan de la timidez como característica hereditaria.

Descubrir al tímido

El carácter tímido no siempre es fácil de definir, por lo que primeramente es necesario diferenciarlo del de una persona introvertida, la cual es reservada, vive hacia dentro de sí misma y, aunque prefiere expresarse con parquedad, puede desenvolverse ante sus semejantes sin dificultad.

Cabe mencionar que algunos introvertidos lo son por elección propia, ya que eligen disfrutar de su mundo interior y no salir mucho de sí mismos; algunos de ellos inclusive llegan a ser excelentes comunicadores, ya que su condición no les genera tensión.

En cambio, el tímido es una persona con muchas emociones contenidas, que tiene miedo a actuar mal y por eso evita el contacto con los demás; no se fía ni de sí mismo y su carácter le causa severo sufrimiento. Raras veces soporta la angustia del aislamiento progresivo al que él mismo se condena y al que le llegan a empujar seres cercanos que en muchas ocasiones no dudan en apartarlo.

Asimismo, se llega a observar que las personas tímidas logran sobrevivir a través de conductas que intentan compensar su carácter, como agresividad, despotismo, frivolidad, o intento de llamar la atención mediante el chiste fácil; aunque estas actitudes logran una mejoría momentánea, las molestias y problemas emocionales se mantienen.

El carácter retraído puede volverse un motivo de alarma cuando un individuo experimenta intenso sufrimiento ante el contacto con los demás y en aquellas ocasiones en que vivir en sociedad genera angustia e inestabilidad en las relaciones laborales, creativas, de amigos y familiares. Entonces, el problema recibe el nombre fobia social, y es prudente buscar la ayuda de un especialista (psicólogo o psiquiatra) para mejorar la calidad de vida.

Las acciones que permiten reconocer cuando la timidez empieza a convertirse en un problema son:

  • Negación de la realidad. La persona se protege a sí misma de la desagradable realidad y adopta actitudes escapistas, como enfermar en forma espontánea.
  • Fantasía. Busca la satisfacción de los deseos frustrados mediante realizaciones imaginarias.
  • Proyección. Suele culpar a otras personas de sus problemas.
  • Represión. Evita que los pensamientos peligrosos o dolorosos entren en la conciencia.
  • Desplazamiento. Descarga los sentimientos acumulados sobre personas que percibe como más débiles que ella.
  • Aislamiento emocional. Cuando la situación es apremiante, se retrae y se vuelve pasivo para protegerse del daño.
  • Regresión. Asume ocasionalmente un grado de desarrollo personal más elemental (infancia, adolescencia) que se manifiesta con respuestas menos maduras.
  • Simpatía. Trata de ganarse el afecto de los demás para fortalecer los sentimientos de la propia valía, a pesar de los fracasos y de que sacrifica su imagen y autoestima.

Superar la timidez

Hay varias prácticas para reforzar la personalidad y superar la timidez, si bien es más recomendable que el individuo acuda a un psicoterapeuta que lo auxilie en detalles propios de cada caso. Algunas recomendaciones son:

  • No interpretar ni "adivinar" lo que otros dicen, y erradicar pensamientos como: "seguro que me voy a equivocar", "nunca he podido" o "se van a reír de mí".
  • En cuanto aparezcan estas ideas, los pensamientos se deben frenar enérgicamente y cambiarlos por otros como "todo mundo tiene derecho a cometer errores", y "los comentarios de otros no son agresiones".
  • Durante momentos apremiantes, como una discusión, es bueno que el tímido piense que todo conflicto es problema de dos, y que la responsabilidad sobre sus sentimientos parte de él mismo y no de su interlocutor.
  • Es bueno tener actitudes y reflexiones que dispongan al aprendizaje, como: "la próxima vez lo haré mejor".
  • Reforzar siempre en su mente que se tiene derecho a opinar en forma diferente a los demás y a cambiar de punto de vista.
  • Al hablar, es recomendable que la persona tímida utilice un tono de voz adecuado y firme, y mire al rostro de su interlocutor.
  • Asimismo, el individuo debe saber que tiene derecho a protestar cuando recibe un trato que considera injusto, por ejemplo, en una tienda o restaurante.
  • También resulta valioso recurrir a técnicas de relajación que disminuyan su tensión.
  • Debe tener conciencia de que no es malo contar sus problemas a los demás.
  • Ante todo, debe saber que tiene derecho a decir "no".

Cuando la timidez no es grave puede convertirse incluso en un elemento al que se le puede sacar provecho: la prudencia característica de los tímidos les ayuda a controlar mejor los impulsos indeseables y les facilita una mejor aceptación social, a diferencia de las personas que no actúan con tanto cálculo.

Por otra parte, los tímidos suelen profundizar en la creatividad interior, estimulando imaginación y fantasía, motivo por el que entre las personas con este tipo de carácter se han encontrado grandes artistas, pensadores y escritores, como James Dean, Woody Allen, Ringo Star o Juan Jacobo Rosseau.

Por otro lado, aunque en el ámbito laboral se valora mucho la capacidad de comunicación, también en ese terreno pueden aprovecharse las ventajas de la timidez, ya que algunas de estas personas han encontrado en el trabajo su refugio y muestran tendencia a ser perfeccionistas y a abordar con eficacia las tareas que requieren mayor concentración y esmero.

Finalmente, la persona tímida debe saber que los psicoterapeutas conocen este tipo de problemas, de modo que acercarse a ellos puede ser de gran ayuda para resolver conflictos internos que surgen al socializar. Ninguna persona tiene por qué vivir todo el tiempo con la tensión y angustia características que se derivan de este patrón de conducta, y siempre habrá un especialista capaz de comprender su situación.

SyM - Mario Rivas

 

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