Estupefacientes y drogas más consumidas en México - SyM
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Con las drogas no se juega

Viernes 16 de diciembre del 2016, 10:28 am, última actualización

El consumo de drogas (sustancias o preparados con efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno) representa un problema de salud pública cada vez más grave en todo el mundo, ya que el aumento en el consumo de estos productos es vertiginoso, y México no es la excepción.

Con las drogas no se juega

Datos obtenidos mediante la Encuesta Nacional de Adicciones difundidos por los Centros de Integración Juvenil, A.C. (CIJ), ubican a México entre los 18 países con mayor consumo de drogas, siendo 14 en uso de marihuana y 10 en cocaína. Las cifras no mienten. Aun cuando los niveles de consumo son muy bajos con respecto a Estados Unidos, se sabe que, por ejemplo, entre 1993 y 1998 el número de mexicanos que utilizó drogas ilícitas, por lo menos alguna vez en su vida, pasó de un millón y medio a dos millones y medio.

El problema es grave si consideramos que el consumo de drogas, legales o no, origina o interviene en la aparición de diversos problemas sociales (violencia, marginación, problemas familiares, robos), político-económicos (su comercio origina desestabilización y conflictos) y de salud, ya que el uso de estas sustancias desencadena otras enfermedades y tiene efectos secundarios; trastornos cardiacos, depresión, pérdida de memoria o paranoia son sólo algunos de ellos.

Aunque gobiernos y sociedad civil emprenden programas de rehabilitación, el mejor remedio para este mal es la prevención, a través de la difusión de información y una comunicación plena y satisfactoria que permita a los consumidores potenciales buscar salidas alternas a los problemas que les oprimen.

Orígenes y factores de riesgo

Es bien cierto que en las culturas del México prehispánico, con carácter marcadamente ritual, era común el uso de plantas alucinógenas (peyote, hongos, toloache) por parte de brujos y chamanes, quienes buscaban percibir otras realidades del mundo, aunque esto ocurría sólo de manera ocasional y tras ardua preparación.

Hechos como este fueron retomados y malinterpretados a partir del decenio 1960-1970, cuando miles de jóvenes buscaron formas de acercarse a la naturaleza, negando a la vez la industrialización; según ellos, recurrir a las antiguas civilizaciones y sus prácticas espirituales era una forma de lograrlo. La verdad es que el uso masivo e incontrolado de estas sustancias sólo consiguió resultados contraproducentes.

El uso de drogas se degradó aun más, y los problemas sociales de desempleo, sobrepoblación, contaminación y violencia llevaron a los chicos a retomar los alucinógenos para huir de una realidad opresiva, si bien hay quienes se inician en las drogas "por curiosidad".

Ello se confirma a través de la documentación de los centros de rehabilitación que se ocupan de estos casos, pues en ella se encuentran casi siempre las mismas respuestas de por qué se inicia el consumo de drogas: superar angustias, problemas o tristeza, relajarse y divertirse, relacionarse mejor con los demás, sentir que se revelan frente al sistema social, probar lo que se siente, buscar experiencias novedosas, combatir apatía y aburrimiento a través del riesgo y violar las normas.

Se ha observado también que hay factores de riesgo que condicionan el consumo de estupefacientes: autoestima negativa (inseguridad, descontento ante cualidades propias), tener amigos que ya consumen drogas, sensación de incomprensión, aislamiento, abandono de los estudios, falta de actividades participativas y creativas donde expresar habilidades y serias dificultades con la familia: problemas de comunicación, maltrato, abandono.

Consecuencias de su uso

En términos generales, las drogas introducidas en el organismo por diferentes vías se alojan en el torrente sanguíneo y llegan al cerebro, alterando su funcionamiento normal, es decir, la producción, liberación o degradación de sustancias bioquímicas naturales llamadas neurotransmisores, que son las "palabras" a través de las cuales se comunican las neuronas y tejidos del cerebro.

De esta forma es como las drogas alteran la percepción sensorial, la sensación de dolor o bienestar y los ritmos de sueño-vigilia, entre otras funciones. Estos cambios bioquímicos son promovidos por el uso continuo de estupefacientes, por lo que toda alteración seria debe tratarse con medicamentos prescritos por el especialista, con el objeto de restablecer el equilibrio natural y permitir el funcionamiento normal del sistema neurológico.

Ya en particular, citamos los efectos a largo plazo que ocasionan en el organismo las drogas más consumidas. Se consideran las prohibidas (marihuana, cocaína), las legalmente aceptadas (tabaco y alcohol), inhalantes y algunos fármacos que mal empleados ocasionan adicción.

  • Marihuana. Vuelve distraída a la persona que la fuma; confunde la noción del tiempo, dificulta el pensamiento y la concentración, distorsiona la percepción y el sentido de la realidad, provoca irritabilidad, insomnio y debilidad, a la vez que ocasiona alteraciones en su vida social. Asimismo, incrementa el riesgo de afecciones respiratorias, pues es necesario casi un mes para que el cuerpo elimine el efecto de un solo cigarrillo de marihuana.
  • Cocaína. Su uso prolongado ocasiona dolor abdominal, náusea, vómito, respiración irregular, convulsiones y paro cardiaco. La mezcla de coca con bicarbonato sódico es conocida como crack, y es mucho más tóxica; además de los daños ya mencionados, afecta directamente a los pulmones. La inyección de cocaína con jeringas contaminadas puede producir sida, hepatitis y otras enfermedades.
  • Alcohol. Origina múltiples daños; entre ellos: hipertensión arterial, daños a cerebro y corazón, gastritis, úlcera, hepatitis, cirrosis, deterioro de la capacidad intelectual y de movimiento, alucinaciones, anemia, agresividad, y largo etcétera.
  • Tabaco. Favorece enfermedades en vías respiratorias, enfisema y cáncer broncopulmonar; asimismo, condiciona gingivitis (inflamación de las encías), úlcera gástrica, infarto, arteriosclerosis (engrosamiento y pérdida de elasticidad de las paredes arteriales) y complicaciones en el embarazo, entre otras.
  • Inhalantes (pegamento, solventes, thiner). Su uso repetido ocasiona falta de coordinación, mal equilibrio, reducción de memoria e inteligencia, estados de depresión o psicosis, infartos cerebrales, trastornos de lenguaje y memoria, epilepsia, trastornos de la sensibilidad y movimiento en las extremidades, daño a hígado y riñones, leucemia (cáncer en la sangre), bronquitis crónica, ceguera, sordera, daño cerebral permanente y problemas respiratorios crónicos.
  • Anfetaminas. Empleadas como supresoras del apetito o antidepresivos, producen insomnio, irritabilidad, trastornos en la piel, desnutrición, depresión, psicosis, apatía, inquietud y crisis afectivas con riesgo de suicidio. Su adicción obliga a dosis cada vez más elevadas.
  • Somníferos o barbitúricos. Ocasionan trastornos en el carácter, ansiedad, pérdida de peso corporal, irritabilidad y dañan facultades mentales.

Por último, te recordamos que si tienes alguna duda o conoces a alguien con un problema de adicción, puedes solicitar información a los Centros de Integración Juvenil (CIJ).

SyM - Sofía Montoya

 

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