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Déficit de atención, causa de adicciones

Viernes 16 de diciembre del 2016, 12:37 pm, última actualización

Aunque ha sido tema de libros, reportajes y programas en radio y televisión, pocas veces se menciona que el déficit de atención, caracterizado por impulsividad y falta de concentración, se relaciona con el uso de estimulantes cuando no recibe tratamiento adecuado.

Déficit de atención, causa de adicciones

Contrario a lo que pudiera pensarse, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no es una enfermedad nueva y tampoco una moda. Como muestra, basta mencionar que las primeras descripciones médicas sobre este padecimiento datan de 1902 y se deben a pediatras, neurólogos y psiquiatras europeos.

Estos añejos escritos dan fe de varios casos de niños con una “conducta hiperexcitable o explosiva, acompañada en ocasiones por movimientos de tipo coreiforme (bruscos e involuntarios)”, y dejaron testimonio de que desde entonces estos chicos han llamado la atención por su conducta impulsiva, actividad exagerada e incapacidad para dedicarse a una sola labor por mucho tiempo.

Actualmente puede considerarse al TDAH como un problema de salud pública en virtud del número de casos que presenta, pero también porque conlleva repercusiones que no sólo interfieren las posibilidades de desarrollo y desempeño del individuo, sino que  alteran su entorno social.

Una de estas consecuencias, objeto de estudio en años recientes, es la propensión de los pequeños que sufren este padecimiento a desarrollar, durante la adolescencia y edad adulta, adicción a sustancias estimulantes, misma que casi siempre inicia más pronto que en otras personas y es difícil de tratar.

Más común de lo que se piensa

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad se debe a un desequilibrio bioquímico en el cerebro, que se origina por alguna lesión en la corteza de dicho órgano o por alteración en las sustancias empleadas por las neuronas para comunicarse entre sí (neurotransmisores). De acuerdo con estimaciones, en México viven aproximadamente 1.5 millones de infantes con este problema, muchos de los cuales no han sido diagnosticados.

Asimismo, indica el Dr. Enrique Camarena Robles, jefe del Departamento Clínico del Hospital Psiquiátrico Héctor Tovar Acosta, perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y localizado en la capital de la República, “en la mayoría de los pacientes la enfermedad se controla o desvanece durante la adolescencia, debido a la maduración del sistema nervioso central; sin embargo, en 30% de los casos persiste hasta la edad adulta”.

Cabe señalar que en muchos individuos el TDAH no se presenta solo, sino que se asocia con otros problemas, como depresión, ansiedad o trastorno obsesivo-compulsivo (tener pensamientos o conductas repetitivos que carecen de justificación y generan angustia), lo cual puede acentuar los síntomas del paciente e incrementar la tensión que sufre, además de que dificulta la detección.

Detalla el experto: “se ha comprobado que 15 a 20% de las personas sin diagnóstico en su infancia presentan en alguna etapa posterior al menos una adicción, ya que utilizan sustancias tóxicas como una medida para tranquilizarse o disminuir la angustia que experimentan”.

La opinión del Dr. Camarena Robles no es la única en este sentido. Datos proporcionados por los Centros de Integración Juvenil (CIJ), dedicados al estudio del consumo de drogas en México, así como a su tratamiento y prevención, indican que el niño con TDAH sufre mucha tensión emocional debido a las exigencias que percibe en su hogar, escuela y entorno social, misma que proviene de padres, hermanos, profesores y compañeros de clases.

Como consecuencia de la acumulación de frustración y castigos, el pequeño suele llegar a la pubertad y adolescencia con pésimo concepto de sí mismo y baja autoestima, de modo que es muy fácil que busque alguna “válvula de escape” a sus emociones. Más aún, “la asociación entre TDAH y uso de drogas tiene elevada prevalencia, independientemente de si el trastorno por déficit de atención e hiperactividad perdura o no durante la etapa adulta”.

Cifras para pensar

Estudios efectuados durante la última década del siglo XX y en nuestros días han revelado que el TDAH es por sí mismo un factor de riesgo para abusar de estimulantes. Así, en relación con la población general, los adultos hiperactivos tienen el doble de riesgo de desarrollar adicción a drogas y, de acuerdo con los CIJ, de 3 a 4 veces mayor posibilidad de sufrir alcoholismo.

Al respecto, cierta investigación coordinada por el Dr. Joseph Biederman, prestigiado estudioso de esta enfermedad y quien labora en el Hospital General de Massachusetts, en Estados Unidos, reveló que los jóvenes y adultos con trastorno por déficit de atención e hiperactividad tienen casi cuatro veces más probabilidad de pasar de un problema por consumo de alcohol al abuso de otras sustancias. Este mismo trabajo descubrió que los pacientes con TDAH requieren, en promedio, cuatro años más que el resto de la población para conseguir la remisión de su farmacodependencia.

Por su parte, el estudio presentado en 2004 por los investigadores Salvatore Mannuzza y Rachel Klein, ambos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, también en Estados Unidos, mostró que las personas que sufren TDAH en combinación con otro padecimiento psiquiátrico tienen todavía mayor posibilidad de padecer una adicción que quienes sólo presentan trastorno por déficit de atención e hiperactividad, y seis veces más probabilidad de pasar del abuso de una sustancia “suave” a otra que genere mayor daño y adicción.

Sin embargo, y a pesar del desaliento que pudieran despertar estas cifras, debemos subrayar que las investigaciones citadas llegan a una conclusión similar: el diagnóstico y tratamiento correcto del TDAH permiten prevenir, en lo posible, la aparición de adicciones.

Hay solución

De acuerdo con lo anterior, el Dr. Enrique Camarena enfatiza la importancia de detectar esta alteración en la niñez, ya que es precisamente la falta de atención adecuada lo que ocasionará, en cuanto crezca el chico, que presente actitudes que comprometen su estabilidad y la de su entorno.

Abunda el experto: “Se ha observado que un niño no diagnosticado o sin tratamiento puede ser un adulto desorganizado, distraído, impulsivo, ansioso e inadaptado, y esto le orilla frecuentemente a sufrir alguna adicción”.

El enfoque terapéutico, señala el especialista, está destinado a mejorar tanto los problemas de conducta como de concentración del menor; pero, la efectividad del abordaje no sólo radica en el uso de fármacos y el trabajo interdisciplinario de los médicos, sino que también requiere del interés y apoyo de la familia del menor.

Por ello, explica la trabajadora social María de Lourdes Martínez Fonseca, también del Hospital Psiquiátrico Héctor Tovar Acosta del IMSS, resulta particularmente valiosa la organización de grupos psicoeducativos que brindan información a los progenitores.

Así, detalla, en la Clínica de Paidopsiquiatría del hospital en que labora se llevan a cabo sesiones informativas periódicas para integrar al niño a su entorno social, escolar y familiar. En ellas se estudian conceptos generales sobre el TDAH, características del tratamiento, rutina de actividades diarias, solución de conflictos en casa y recomendaciones para la vida escolar.

Los resultados han sido exitosos, ya que se ha logrado que los chicos no sean castigados o rechazados, y que el estrés de los padres disminuya. “La familia a menudo está exhausta y frustrada, de ahí que los talleres sean de gran ayuda para lidiar con esta enfermedad. Los padres comprenden que la impulsividad y distracción son inherentes a su hijo, y logran que pueda manejar situaciones difíciles o crear mejores hábitos de convivencia”.

Por último, Martínez Fonseca advierte que algunos síntomas que deben alertar a los padres para llevar a su hijo a evaluación médica por posible TDAH son: dificultad para seguir instrucciones, hablar demasiado, dejar tareas inconclusas, correr excesivamente, dar respuesta antes de que termine de escuchar la pregunta y pérdida frecuente de juguetes, lápices o libros.

SyM - Sofía Montoya y María Elena Moura

 

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