Trastorno de déficit de atención e hiperactividad en adultos - SyM
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Déficit de atención, también en adultos

Viernes 16 de diciembre del 2016, 01:15 pm, última actualización

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad se asocia comúnmente a niños incansables, distraídos y de difícil trato que gracias a educación especial y medicamentos superan su problema. Sin embargo, se ha descubierto que este padecimiento también se presenta en la edad adulta y requiere atención. ¡Entérate!

Déficit de atención, también en adultos

Mucho se habla en nuestros días sobre esta alteración neuronal, y cada día aparecen nuevos artículos médicos que abordan el tema. Sin embargo, la última palabra dista mucho de estar escrita, ya que el trabajo de neurólogos, psiquiatras y psicólogos arroja cada vez más información que se acerca a la verdad sobre el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), condición que hasta hace algunos años se consideraba exclusiva de la infancia y adolescencia.

Investigaciones y estudios recientes nos permiten saber hoy día que esta condición caracterizada por gran distracción (sobre todo en mujeres), tremenda impulsividad y actividad exagerada (ambos más frecuentes en varones) afecta cuando menos a entre 7% y 13% de la población mundial infantil, pero también que más del 65% de quienes padecieron TDAH en la niñez lo presentan en la edad adulta y que 80% de los pacientes mayores de edad que asisten a consulta psiquiátrica por cualquier motivo tienen antecedentes de hiperactividad y/o falta de atención.

No se han determinado con precisión las causas que originan este trastorno, pero se considera que herencia, alteraciones en el sistema nervioso central (formado por cerebro y columna vertebral), problemas en la glándula tiroides, altos niveles de plomo en sangre, estrés de la madre durante el embarazo o consumo excesivo de alimentos con saborizantes, conservadores o colorantes artificiales favorecen su aparición. Tampoco se ha encontrado cura, aunque sí es controlable a través de medicamentos y aprendizaje de técnicas que mejoren la convivencia.

Esto es muy importante no sólo para los infantes, en quienes desafortunadamente se encuentra el padecimiento cada vez con mayor frecuencia, sino para personas adultas: trabajadores, padres y madres de familia recientemente diagnosticados, quienes gracias a tratamiento adecuado dejan de incidir en problemas que los han perseguido toda su vida y que se repiten sin explicación aparente.

¿Padecimiento nuevo?

El TDAH se conoce en niños desde hace décadas, pero los mayores de edad tuvieron que esperar mucho tiempo para ser considerados dentro de la población afectada; ello, de acuerdo a especialistas, no porque no existiera, sino debido a que sus síntomas se ocultaban detrás de "problemas cotidianos" como dificultad para relacionarse socialmente, poca organización, cambios de estado de ánimo y trastornos psicológicos como neurosis (angustia extrema, ira incontrolable o preocupación excesiva) o neurastenia (caracterizada por fatiga, débil concentración e incapacidad de retener lo que se aprende).

Lo cierto es que en años recientes se ha reconocido que adultos con depresión, ansiedad, impulsividad o que abusan de drogas y alcohol deben su problema a esta condición, además de que el seguimiento minucioso de los casos de TDAH en infantes ha demostrado que los pequeños no sólo heredan la propensión a sufrir el trastorno, sino que sus progenitores lo pueden padecer al mismo tiempo. Es muy común que al realizar el diagnóstico infantil uno de los padres, casi siempre el hombre, piensa que el psiquiatra o psicólogo exagera en cuanto a la impulsividad o mala concentración de su hijo ya que, afirman, "cuando era niño yo actuaba igual" o porque "los mismos problemas de atención los tiene todo el mundo".

Aunque se reconoce que poco más del 2% de la población adulta presenta este trastorno de la conducta, cierto es que gran número de personas permanecen sin ser diagnosticadas debido a que crecieron en una época en la que médicos, educadores y padres de familia sabían muy poco del padecimiento, y por ello enfrentan notables dificultades que se confunden con "la naturaleza de su carácter".

Debido al constante rechazo y chantaje con que han sido educadas, estas personas han desarrollado baja autoestima y percepción negativa de sí mismos (se autodefinen "vagos", "estúpidos" y hasta "locos") que obstaculizan notablemente el desarrollo de sus habilidades. Por ello y por el profundo alivio que se genera al llevar una terapia adecuada ante este trastorno, se debe acudir a evaluación cuando se presentan problemas de conducta como:

  • Dificultad para controlar impulsos súbitos.
  • Memoria deficiente. En poco tiempo se olvidan hechos ocurridos recientemente.
  • Baja persistencia en la realización de tareas que exigen concentración.
  • Incapacidad para regular emociones, efusividad y, en ocasiones, agresividad.
  • Irregularidad notable en la ejecución de tareas o trabajo. Por momentos se muestra mucho ímpetu y de inmediato se experimenta apatía.
  • Dificultades con compañeros de trabajo y problemas para respetar jerarquías.
  • Gran dificultad para respetar horarios, y mal manejo del tiempo.
  • Sentir aburrimiento con facilidad.
  • Baja autoestima. A menudo se culpabiliza a uno mismo de malos resultados e ineficiencia.
  • Ansiedad y depresión constantes.
  • Cambios bruscos en el estado de ánimo.
  • Dificultad en las relaciones con familiares y amigos, así como inestabilidad con la pareja.
  • Abuso de alcohol y drogas.
  • Conductas de riesgo en las que a menudo se desafía a la autoridad.

Además, es común que el adulto con TDAH presente actitudes recurrentes desde la infancia y adolescencia, entre ellas:

  • Mover continuamente manos o pies, así como cambiar de posición con frecuencia mientras se está sentado.
  • Abandonar el asiento en situaciones en que es inapropiado hacerlo.
  • Dificultad para mostrarse atento durante la realización de actividades, incluso las de entretenimiento.
  • Falta de atención en los detalles o cometer muchos errores por descuido.
  • No escuchar cuando se le habla directamente.
  • Sentirse intranquilo o inquieto.
  • Baja tolerancia a la frustración; incapacidad para aceptar que sus deseos u objetivos no se cumplan de la manera o en el tiempo que se desean.
  • Incapacidad para seguir instrucciones de principio a fin y para terminar el trabajo.
  • Problemas para organizar tareas y actividades.
  • Sensación de sentirse "impulsado por un motor".
  • Dificultad para involucrarse en actividades durante el tiempo libre.
  • Manifestar enojo al realizar trabajos que requieren esfuerzo mental sostenido.
  • Hablar excesivamente.
  • Perder cosas necesarias para tareas y actividades.
  • Contestar abruptamente antes de que las preguntas se hayan completado.
  • Impaciencia; cuesta mucho trabajo esperar turno.
  • Interrumpir o entrometerse en lo que otros están haciendo.

El grado en que se presentan estos síntomas de trastorno de déficit de atención e hiperactividad puede ir de leve a severo, y se manifiestan en aspectos de la vida académica, social y laboral, así como durante la convivencia habitual con seres queridos. También cabe señalar que estas características son parecidas a las que se presentan en otras alteraciones psiquiátricas y médicas, por lo que nunca se debe efectuar autodiagnóstico, sino acudir a especialistas que realicen la evaluación pertinente cuando exista la sospecha, tal como se indica a continuación.

Mejora en las condiciones de vida

La frecuencia de TDAH es mayor en el sexo masculino (en proporción de entre 3 y 4 niños por cada niña y de 2 hombres adultos por una mujer mayor de edad) y su detección cada vez es más sencilla gracias a los avances en investigación, que además de precisar y unificar criterios logran mayor conciencia en médicos y sociedad.

El diagnóstico generalmente es realizado por un equipo médico que incluye a neurólogo de la conducta o psiquiatra y psicólogo clínico o educativo, y se basa en el análisis de síntomas, historial médico, familiar y del desempeño en escuela y trabajo. También se efectúa entrevista para hablar sobre capacidades para enfrentar las demandas de la vida diaria y se realizan preguntas destinadas a encontrar alguno de los tres síntomas principales del TDAH (hiperactividad, distracción e impulsividad). Además, es recomendable que se cuente con el testimonio de al menos otro informante además del paciente, ya sea uno de los padres u otra persona muy cercana.

Asimismo, la evaluación debe incluir pruebas psicológicas para determinar problemas de conducta y aprendizaje a fin de descartar otras condiciones médicas o de formación personal que sean responsables de las dificultades ocupacionales, académicas o en las relaciones, y se debe aclarar si en algún momento se han consumido fármacos administrados por un especialista en salud mental y por qué. En ocasiones se requieren estudios de rayos X o tomografía (sistema para obtener imágenes por secciones del cerebro), así como electroencefalograma (medición de la actividad eléctrica del sistema nervioso) para lograr un resultado más preciso.

Una vez que el diagnóstico se confirma puede iniciar el tratamiento, mismo que por lo general combina la enseñanza de técnicas para ayudar al paciente a manejar su conducta con la administración de medicamentos antidepresivos que mejoran los síntomas, principalmente de ansiedad y estado de ánimo derrotista. También se procura informar a la familia sobre la naturaleza del TDAH y cuáles serán las medidas a seguir durante la terapia.

Algunas de las estrategias que han demostrado efectividad para mejorar la conducta y convivencia de personas con este padecimiento son:

  • Cuando sea necesario, pedir al maestro o jefe que repita las instrucciones, en vez de adivinarlas.
  • Dividir tareas largas o trabajos en partes pequeñas para hacerlas más manejables. Es útil establecer una fecha límite para cada parte y hacerse un regalo o darse recompensa cada vez que se concluya una.
  • Realizar una lista de lo que se necesita hacer en el día y jerarquizar las actividades de acuerdo a su importancia. Es útil recurrir a un horario o emplear una agenda.
  • Trabajar en áreas tranquilas y libres de distracción (lejos de ventanas, puertas y zonas de mucho tránsito).
  • Hacer una sola cosa a la vez y manejar descansos entre una actividad y otra.
  • Escribir y ordenar lo que se necesite recordar en una libreta que siempre estará a la mano.
  • Utilizar hojas autoadheribles en zonas visibles (refrigerador, espejos, armario o tablero del automóvil) para recordar actividades importantes.
  • Guardar los objetos de acuerdo a sus usos; por ejemplo, puede almacenar en un lugar los discos de música y en otros los de la computadora; la chequera y recibos pueden tener un sitio común, en tanto que las hojas que emplee en el trabajo pueden permanecer en un solo lugar en vez de estar dispersas.
  • Identificar qué situaciones aumentan la ansiedad y descubrir de qué manera puede calmarse uno mismo.
  • Hablar con pareja y familiares de los sentimientos, en lugar de actuarlos.
  • Crear una rutina, fijar metas y repetirlas con frecuencia.
  • Practicar ejercicio y actividades recreativas que ofrezcan adecuado desahogo para la energía y ansiedad.
  • Dormir al menos ocho horas y llevar una dieta balanceada, rica en frutas, verduras y cereales, sin descuidar la aportación de proteínas animales y grasas, a fin de mantener condiciones óptimas para el sistema nervioso y, por tanto, para la concentración mental.

Toma en cuenta que el TDAH es considerado por muchos especialistas en salud mental el trastorno neurológico y de la conducta no diagnosticado más común en adultos, y también que, por fortuna, la comunidad de psicólogos y psiquiatras lo toma cada vez más en cuenta, beneficiando así a considerable porcentaje de la población que no tiene que seguir sufriendo por sus efectos. 

SyM - Israel Cortés

 

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