Dipsomanía: consumo de alcohol en exceso - SyM
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Dipsomanía: beber sin control

Lunes 19 de diciembre del 2016, 10:12 am, última actualización

Se trata de una forma de alcoholismo en la que se alternan períodos de abstinencia prolongados con otros de excesivo e incontrolable consumo de bebidas embriagantes. Suele relacionarse con accidentes y actos de violencia, por lo que representa un riesgo notable.

Dipsomanía: beber sin control

El alcoholismo o adicción al consumo de bebidas embriagantes es uno de los fenómenos sociales más generalizados y alarmantes de las últimas décadas, tanto así que gran cantidad de estudios estadísticos han demostrado que esta dependencia se relaciona, a nivel mundial, con casi la mitad de los accidentes de tránsito, 15 a 20% de las lesiones en centros de trabajo y cerca de 50% de los homicidios.

Por si esto pareciera poco, el consumo de alcohol en exceso se vincula con amplio espectro de problemas físicos (desnutrición y daños al hígado, corazón, cerebro y sistema digestivo), mentales (depresión, ansiedad y agresividad), laborales (baja eficiencia y pérdida de empleo) y socioeconómicos (además del dinero invertido en bebidas hay que señalar la desintegración familiar y los enormes gastos que genera por consultas y hospitalizaciones), todo ello sin dejar de mencionar que, desafortunadamente, su incidencia va en aumento, sobre todo entre la población joven.

Los especialistas consideran que hay dos tipos de dependencia al alcohol, una psicológica, más relacionada con problemas afectivos y de relaciones personales que el adicto ha sufrido a lo largo de su vida, y otra física que se revela, entre otras cosas, porque en el momento en que la persona interrumpe la ingesta de alcohol se presenta el “síndrome de abstinencia”, caracterizado por temblores en dedos, lengua y extremidades, sudoración, taquicardia (aceleración del pulso), ansiedad, irritabilidad, náusea, vómito, falta de apetito, insomnio e, incluso, alucinaciones visuales o auditivas (delirio).

Asimismo, cabe señalar que dentro de la dependencia física al alcohol se distinguen dos formas distintas de beber, una continua, en la que el enfermo necesita consumir a menudo o diariamente bebidas embriagantes, y otra episódica, la dipsomanía, en la que se alternan etapas de abstinencia relativamente prolongadas (pueden durar una semana o más) con severas recaídas.

Propensión a accidentes

De acuerdo con la décima revisión a la Clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas relacionados con la salud (CIE-10), en su apartado dedicado a los trastornos ocasionados por el uso de drogas y sustancias psicoactivas, el alcoholismo episódico se agrupa dentro de la categoría de padecimientos que generan síndrome de dependencia.

En otras palabras, la dipsomanía difiere de una borrachera ocasional (intoxicación aguda) y del consumo perjudicial de alcohol (cuando hay consumo continuo de bebidas pero éste puede abandonarse) debido a que se presentan tres o más de los siguientes aspectos en un lapso de 12 meses:

  • Deseo intenso o compulsión por consumir alcohol.
  • Disminución de la capacidad para controlar o interrumpir el consumo de bebidas embriagantes.
  • Presencia de síndrome de abstinencia durante los períodos en que se abandona la sustancia estimulante, mismo que genera nuevas recaídas.
  • Aumento progresivo en la cantidad o concentración de las bebidas para conseguir los mismos efectos que originalmente se producían con dosis más bajas (resistencia al alcohol).
  • Abandono progresivo de otras fuentes de placer o diversiones, a causa del consumo de la sustancia.
  • Persistencia en el consumo de alcohol a pesar de las consecuencias perjudiciales que ocasiona física y mentalmente.

Por otra parte, diversos especialistas coinciden en señalar que mientras la persona que padece alcoholismo continuo o crónico, al estar intoxicada diariamente, actúa de manera “pasiva”, es decir, desgasta sus relaciones sociales paulatinamente y expone a su organismo a daños severos generados por su manera de beber, el dipsómano, en contraparte, tiene comportamiento social que durante la abstinencia puede parecer normal, pero en los episodios de alcoholización se vuelve “explosivo”, no controla su conducta y es violento, de modo que suele involucrarse en peleas y percances automovilísticos en los que peligra su vida.

Sobre este aspecto es muy esclarecedora la investigación coordinada por especialistas del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente, en la Ciudad de México, referente a la relación que hay entre consumidores de bebidas alcohólicas y los motivos por los que acuden a hospitalización. El documento, que se basó en la observación de 4,950 pacientes que asistieron entre 1986 y 2003 a unidades hospitalarias localizadas en el Distrito Federal, Acapulco y Pachuca, muestra que los dipsómanos llegan con mayor frecuencia al Departamento de Traumatología debido a accidentes o riñas, mientras que los pacientes con consumo continuo son remitidos a Urgencias por complicaciones físicas derivadas de la ingesta prolongada, como padecimientos cardiacos o respiratorios.

En lo que se refiere al perfil del dipsómano, podemos indicar que por lo general se trata de personas jóvenes que provienen de familias disfuncionales (en las que prevalece mala comunicación y lazos afectivos deteriorados) y que tienen mala relación con los padres; tienden a sentirse aislados, son solitarios, tímidos, depresivos y poseen conducta hostil en situaciones que no parecen apremiantes. También pueden exhibir actitudes autodestructivas y ser sexualmente inmaduros.

El aspecto más distintivo de la dipsomanía, que es la alternancia entre períodos de sobriedad e ingesta excesiva de bebidas embriagantes, ha tratado de explicarse a través de descubrimientos recientes, ya que se ha encontrado que un gen podría ser el responsable de que algunos individuos consuman periódicamente grandes cantidades de líquido, no sólo de alcohol, sin que exista alguna enfermedad que explique este fenómeno, como deshidratación o diabetes (altos niveles de azúcar en sangre por falta de la hormona insulina).

De acuerdo con esta hipótesis, el hábito de beber alcohol se debería, de inicio, a condicionantes sociales y problemas emocionales, y luego se arraigaría en cuanto el organismo comienza a generar adicción, lo cual ocurre porque el sistema nervioso “se acostumbra” o ajusta a la presencia de esta sustancia. Aunque dicha versión ofrece una respuesta interesante a la incógnita, todavía se encuentra en estudio y no hay nada definitivo sobre ella.

Sí hay alternativas

Por fortuna existen diversos programas para erradicar el alcoholismo y la dipsomanía, y mucha gente con esta dependencia logra completa recuperación cuando pone empeño y voluntad en lograrlo.

El primer paso para hacer esto posible consiste en que la persona afectada reconozca el problema, lo cual es difícil en un principio porque el alcoholismo se asocia con la negación, es decir, el paciente cree que no necesita ayuda porque no está enfermo. Así, el individuo con esta dependencia rara vez accede al tratamiento por aceptación voluntaria, por lo que es importante que sus seres queridos le convenzan de buscar ayuda cuando se encuentre sobria, y no bajo los efectos de la bebida o en la cruda.

Una vez que se logra el reconocimiento de la adicción, el único tratamiento real consiste en la abstinencia, aunque esto puede lograrse de mejor manera cuando se acude a programas de apoyo o rehabilitación, en los que se puede recurrir a psicoterapia de grupo, como en el caso de Alcohólicos Anónimos, y al uso de tranquilizantes que atenúen los efectos del síndrome de abstinencia y la depresión.

También hay terapias de aversión/repugnancia en las que se utilizan fármacos que producen efectos muy desagradables en el paciente, aun cuando se ingiera pequeña cantidad de alcohol en las dos semanas después del tratamiento. De cualquier forma, este método requiere la ayuda de un psicólogo o psiquiatra para soportar las recaídas.

Finalmente, queda recordar que el alcohol es una droga lícita, socialmente aceptada y fácil de conseguir, pero no por ello hay que dejar de observar ciertas reservas. Por ello es conveniente enseñar a los menores a guardar la distancia debida, pues las estadísticas advierten que cada vez es más bajo el rango de edad en que se inicia la adicción a esta sustancia.

SyM - Sofía Montoya

 

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