Variedades y efectos de las drogas en el organismo - SyM
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Drogas, ilusión a muy alto costo

Lunes 19 de diciembre del 2016, 12:01 pm, última actualización

Múltiples sustancias son empleadas para obtener instantes de placer y esparcimiento, casi siempre sin conocer los efectos que generan en el cuerpo y la mente. Aprende sobre ellos y tenlos en cuenta, ya que la información es el primer paso en la prevención de adicciones.

Drogas, ilusión a muy alto costo

Gran cantidad de personas recurren al consumo de drogas, sustancias psicoactivas o psicotrópicos (ejercen cierta acción sobre la función del cerebro) para enfrentar con “mejores armas” las tensiones y problemas, o bien, para huir de una realidad que se ha tornado inmanejable.

Lo anterior se debe a que los compuestos químicos que contienen alteran las células cerebrales donde se generan las sensaciones, transformando la percepción de la vida, cambiando el estado de ánimo y, aún más, modificando la opinión que tiene el individuo de sí mismo, pero tal efecto dura sólo un tiempo (por cierto, cada vez más corto), de manera que la cantidad de estimulante requerido para “sentirse bien” debe incrementarse cada día.

“Si bien las drogas son compuestos ajenos al organismo humano, tienen la capacidad de afectar a las células nerviosas (neuronas) y, a través de ellas, a la percepción y producción de emociones debido a su semejanza química con los neurotransmisores, sustancias que realizan la ‘comunicación’ entre neuronas que, precisamente, permiten experimentar sensaciones (alegría, energía, bienestar y tranquilidad), las cuales se excitan al consumir psicotrópicos.”

Tal es la opinión de la Dra. Herminia Pasantes Ordóñez, investigadora emérita del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la Ciudad de México, quien enfatiza que es importante saber que en el cerebro o encéfalo existe cierta zona formada por una serie de neuronas conectadas entre sí conocida como circuito del placer o recompensa, las cuales comienzan a trabajar (enlazándose una con otra mediante neurotransmisores) cuando experimentamos felicidad ante cualquier acontecimiento o estímulo satisfactorio.

“La comunicación entre neuronas implica gran trabajo y fuerte gasto de energía para las células, por lo que al consumir drogas y recibir de manera externa a moléculas o compuestos químicos muy similares a los que las estructuras cerebrales requieren para mantener bienestar y placer, el organismo deja de producir paulatinamente neurotransmisores”. Este ahorro de recursos, explica la entrevistada, “es una respuesta relacionada con una propiedad fundamental del encéfalo llamada plasticidad, que es la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas”, pero también es el principio biológico que da lugar a una adicción.

Una analogía puede aclarar este aspecto. Pensemos en una persona que cuenta con la habilidad de realizar operaciones matemáticas mentalmente o con lápiz y papel, pero que comienza a emplear una calculadora electrónica para facilitar su labor e incluso para realizarlo con mayor eficiencia en menor tiempo.

Es muy probable que se acostumbre tanto a su nueva herramienta de trabajo y al ahorro de energía obtenido, que la agilidad para efectuar sumas, restas, divisiones o multiplicaciones por cuenta propia disminuya. Así ocurre con los neurotransmisores: al ser sustituidos por las drogas se pierde la capacidad de generarlos y, por ende, de experimentar gozo y tranquilidad.

Variedades y efectos

Las drogas pueden clasificarse en estimulantes (por ejemplo, cocaína y anfetaminas), con efectos combinados euforizantes (morfina, heroína y marihuana), de cambios en la percepción sensorial (hongos alucinantes, peyote y LSD) y legales (tabaco, cafeína y alcohol).

A continuación se describe el mecanismo de acción de cada una de ellas:

  • Cocaína. Se administra por inhalación, inyección o ingestión. Una vez que llega al cerebro genera en el sujeto notable cambio en su estado de ánimo que se caracteriza por intensa satisfacción, gran nivel de energía, enorme confianza en sí mismo, excesivo deseo de acercamiento con los demás y poco apetito; no obstante, al terminar su efecto se experimenta lo opuesto, es decir, depresión, irritabilidad y cansancio, por lo que para volver a sentirse bien se requieren sucesivas dosis de la droga. “La cocaína permite que el neurotransmisor dopamina (elemento que participa en numerosas funciones nerviosas, como control del movimiento y manejo de la depresión) prolongue la comunicación entre neuronas. Para comprender lo que sucede hay que tomar en cuenta que cuando una célula nerviosa ‘quiere enviarle un mensaje’ a otra, libera cierto neurotransmisor (en este caso la sustancia referida), el cual interactúa con proteínas llamadas receptores. Cuando la otra neurona ‘recibe’ la información necesaria, tal enlace debe cesar, proceso que se efectúa con ayuda de elementos denominados transportadores, encargados de detener la ‘conversación’ neuronal”, detalla la investigadora. Los transportadores se encargan de recoger a los neurotransmisores “sobrantes”, a la vez que los reincorporan a la neurona que los segregó para que ésta vuelva a utilizarlos cuando sea necesario. Sin embargo, agrega la Dra. Herminia Pasantes, la cocaína es tan parecida a la dopamina que el transportador se “confunde” y captura las moléculas de la droga, pero “deja libre a la dopamina, lo que estimula a las neuronas durante periodo más prolongado”, generando un estado de euforia e hiperactividad característico. 
  • Anfetaminas. Son sustancias que no se encuentran en la naturaleza, sino que fueron creadas en el laboratorio a partir de investigaciones destinadas a buscar un compuesto que reemplazara a la efedrina (fármaco recomendado para abrir los bronquios). Sin embargo, se observó que tenía acción anoréxica (supresora del apetito) y su administración se generalizó como tratamiento para bajar de peso en la década de 1950. “Los efectos de las anfetaminas son similares a los de la cocaína, pues actúan a nivel de los centros reguladores del sueño y apetito; asimismo, los cambios en la conducta del usuario también son muy parecidos. Afectan la función de la dopamina manteniendo activa por más tiempo la comunicación entre las neuronas del circuito del placer del cerebro, por lo que generan estado de euforia. Cuando las células nerviosas ‘se dan cuenta’ que hay gran cantidad del neurotransmisor señalado dejan de liberarlo, por lo que al terminar el efecto de la droga se genera necesidad de volver a consumirla”, acota la especialista. 
  • Opiáceos. Este grupo de psicoactivos incluye a la morfina y heroína, que se caracterizan por llegar más rápido al cerebro. La primera funciona como analgésico (combate el dolor) y generador de euforia, debido a que actúa sobre cierto receptor existente en el organismo humano que desencadena gran placer y sensación del deber cumplido, por lo que es altamente adictiva. “Los estudios acerca de las acciones de la morfina condujeron al descubrimiento de importante grupo de neurotransmisores llamados neuropéptidos, algunos de los cuales, denominados opioides (apelativo usado para distinguirlos de las drogas que se definen como opiáceos), tienen la función natural de controlar el dolor y participar en la generación de sensaciones naturales de alegría, tales elementos se conocen como endorfinas. Ahora bien, si el individuo consume dicha droga su organismo deja de producir las ‘morfinas naturales’, y en el momento que este aprovisionamiento cesa repentinamente los circuitos a cargo del control del dolor no funcionan de manera adecuada”, explica la Dra. Pasantes Ordóñez. Respecto a la heroína, interactúa igualmente con los receptores que controlan el dolor pero, al mismo tiempo, se conecta con neuronas unidas por vías nerviosas al circuito del placer. 
  • Marihuana. Sus efectos varían mucho de una persona a otra, lo que depende de la cantidad administrada, expectativas del sujeto y grado de resistencia; sin embargo, generalmente la consecuencia más común es sensación placentera y de bienestar, incremento en la calidad de la percepción auditiva y visual, así como mayor satisfacción durante las relaciones sexuales. A diferencia de otras drogas, la marihuana no genera síndrome de abstinencia orgánica, es decir, al interrumpir su consumo no hay alteraciones fisiológicas notables, aunque es posible que exista cierto grado de dependencia psicológica, lo que significa que el individuo siente necesidad de consumirla. 
  • Alucinógenas. Este tipo de drogas, como su nombre lo indica, se caracteriza por alucinaciones visuales y percepción distorsionada de tiempo y espacio, así como exageración de sentimientos de generosidad y actitudes extrovertidas. “Incluyen ciertas variedades de hongos que actúan sobre el neurotransmisor serotonina (encargado de regular el estado de ánimo), ya que producen sustancias químicas parecidas”, indica la especialista. Cabe mencionar que algunas drogas alucinógenas no se encuentran en estado natural, sino se obtienen como resultado de investigaciones en Farmacología orientadas a descubrir compuestos con efectos utilizables en Psiquiatría. Tal fue el caso del LSD, que deriva su nombre de las siglas en inglés de su estructura química: dietilamida del ácido lisérgico, cuya conformación es muy semejante a la serotonina, por lo que puede interactuar con los receptores de este neurotransmisor. 
  • Inhalantes. Es sabido que algunos solventes volátiles (que se evaporan), como el thiner, que es utilizado con diversos propósitos en la industria, también ocasionan ciertos efectos psicoactivos. La investigadora señala que a pesar de que “no se sabe muy bien cómo actúan en el circuito del placer, tenemos conocimiento de que dan lugar a alteraciones físicas bien identificadas: estas sustancias son solventes de grasas y, en consecuencia, deshacen las membranas de las neuronas, ocasionando su muerte”.

Legales

Las drogas socialmente permitidas o legales también causan adicción y diversos daños al organismo, entre ellas tenemos las siguientes:

  • Nicotina. Sus efectos conductuales no son tan claros ni tan espectaculares como los de las drogas antes descritas, e incluyen ligera sensación de euforia, intensificación del estado de alerta y efecto ansiolítico (alivia la tensión).
  • Cafeína. Su consumo acentúa el estado de alerta, disminuye el cansancio e incrementa la capacidad para realizar actividades que requieren atención.
  • Alcohol. Daña tanto a la conducta como al organismo, lesiona al núcleo familiar y es la causa de mayor número de homicidios imprudenciales. El patrón de conducta que genera tiene amplia gama, lo cual sugiere que actúa sobre diversos sitios del cerebro. Así, puede alterar en general las membranas de las células nerviosas y, en consecuencia, modificar la función de diversos neurotransmisores.

Para concluir, la Dra. Pasantes Ordóñez expresa que “sería más conveniente que el dinero que se gasta en perseguir a los narcotraficantes se usara en ofrecer (especialmente a los niños) información respecto a las drogas, explicándoles cómo actúan, cómo se da la dependencia, por qué hasta el momento nos es imposible combatir sus efectos desde fuera y, ante todo, que el uso de estas sustancias les hará perder su libertad, porque ya no serán dueños de sí mismos, sino esclavos de los psicoactivos”.

SyM - Karina Galarza Vásquez

 

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