Películas de terror y gusto por la sensación de miedo o pánico - SyM
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El gusto por el miedo

Lunes 19 de diciembre del 2016, 12:35 pm, última actualización

Más que enfermedad, la cinematofilia terrorífica se ha convertido en hábito que el mismo afectado busca para, en algunos casos, desahogar emociones y, en otros, enfrentar a sus propios “fantasmas”, los cuales dan origen a males como miedo, pánico, sobresalto y ansiedad, íntimamente ligados a las populares películas de terror.

El gusto por el miedo

Acerca del éxito del cine de terror, el Dr. Ramón César Rendón, especialista del Centro de Investigaciones Psíquicas y catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica: “El miedo, también llamado pavor, es una emoción. Suele ser efecto brusco muy pasajero, agudo e intenso que se desencadena por estímulo real, imaginario o simbólico, originando desequilibrio psicológico que se acompaña de abundante intercambio de información que actúa como estimulante para la adaptación del individuo a la causa que lo ha desencadenado, aunque si esta reacción es excesiva, puede desorganizar la conducta de la persona”.

El sistema de emergencia que pone en marcha nuestro cuerpo frente al miedo activa funciones en forma inmediata, como la digestión (a manera de hambre, pero sin deseos de comer), reproducción (de células) o el crecimiento (de extremidades a largo plazo).

La secuencia de alteraciones causadas por el miedo es la siguiente: las pupilas se dilatan (se abren para ver mejor), la respiración se acelera (de este modo aporta al cuerpo más oxígeno y elimina el anhídrido carbónico producido por el posible trabajo muscular intenso), el corazón late más rápido (para bombear más sangre y que el oxígeno llegue a los músculos para correr con mayor fuerza y al cerebro para pensar mejor), se paraliza la digestión (enviándose sangre hacia otros órganos más útiles en el momento) y se incrementa la sudoración (que al secarse penetra en la piel y enfría los músculos recalentados por correr).

Estímulos para los sentidos 

El pánico es la expresión de miedo extremo o temor excesivo, siendo lo que más se aproxima al verdadero terror; si bien su origen puede ser muy variado, su principal desencadenante suele ser de carácter acústico (ruidos fuertes, gritos o explosiones, por ejemplo).

Hoy día, el miedo tiene dimensión más bien colectiva que individual debido a sus características de influir sobre otras personas; esta  capacidad de “contagio” favorece el incremento progresivo de dicha sensación hasta límites insospechados. Las crisis de pánico aparecen en forma súbita, no existiendo nada que presagie el evento; por ello estas situaciones son difíciles de alcanzar en el llamado “cine de terror”, pues los espectadores acuden a la sala motivados a buscar cierto impacto, esperando satisfacer ciertas necesidades de sorpresas y sustos.

Respecto al sobresalto, es reacción básica, universal y no susceptible de control voluntario. A nivel neurológico se produce inhibición de las partes más evolucionadas del cerebro, que se vuelven incapaces de integrar el estímulo brusco que reciben, expresándose como respuesta rápida, aunque momentánea, previa a determinado comportamiento secundario emocional como sería el miedo.

Físicamente se manifiesta como flexión generalizada del cuerpo, similar a lo que sería una contracción protectora; así, se produce movimiento hacia delante del tronco, con doblez de abdomen, caderas y rodillas que se acompaña de elevación y desplazamiento de los hombros hacia adelante, doblamiento de los codos y giro de las muñecas hacia atrás o hacia abajo con flexión de los dedos, así como movimiento de la cabeza hacia adelante mientras se mantiene expresión facial característica junto con frecuente parpadeo de los ojos.  

En cuanto a la ansiedad, como emoción indeseable es capaz de generar diversos niveles de angustia, miedo injustificado y sustrato de la neurosis y timopatías; es la reacción ante el peligro de origen incierto en donde, en ocasiones, la persona no sabe a ciencia cierta por qué está asustada. Cabe señalar que el miedo agudiza los sentidos, mientras que la ansiedad los paraliza, pudiéndose combinar ambas.

La conclusión a la que llegan los expertos, en palabras del Dr. Ramón César Rendón, es que “el cine es por sí mismo, apropiado para el terror, ya que puede sumergirnos con facilidad en provocador juego de luces, contrastes sonoros y efectos especiales que estimulan el despertar emocional de nuestros más profundos temores; por tanto, el miedo, que desaparece tan súbito como se presenta, es sensación que debe renovarse para seguir viviendo”.

SyM - Fernando Vargas

 

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