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¿En qué consiste un mapeo cerebral?

Lunes 26 de mayo del 2014, 04:11 pm, última actualización.

Las técnicas para obtener imágenes del cerebro han alcanzado gran precisión gracias a la neurotecnología moderna. Hoy en día es más fácil detectar afecciones como epilepsia, cáncer o enfermedad de Alzheimer a través de mapas cerebrales que nos permiten conocer el funcionamiento de tan importante órgano.

Mapas cerebrales, Estudios de mapeo cerebral

El mapeo cerebral incorpora tanto formas invasivas (sin incisión quirúrgica alguna) como no invasivas para visualizar la función eléctrica del cerebro y representarla gráficamente.

¿Para qué sirven los mapas cerebrales?

La evolución en las investigaciones sobre el cerebro ha dado grandes saltos a partir de 1968, cuando se logró obtener la primera imagen de diagnóstico no invasiva del órgano rector del sistema nervioso. Los rayos X revolucionaron la Medicina haciendo posible ver a detalle las vías sanguíneas y corteza del cerebro.

Sin embargo, en aquel entonces era inconcebible observar regiones internas y estructuras relacionadas con alteración de movimientos y trastornos del sueño, la conducta o el aprendizaje; mucho menos detectar con exactitud algún tumor y la manera en que afectaba las zonas cercanas.

Por fortuna, los detallados estudios de mapeo cerebral han evolucionado y gracias a ello ha sido más fácil conocer las redes neuronales que conforman al cerebro, determinar su funcionamiento y diagnosticar anomalías cerebrales como:

  • Tumor. Conjunto de células que crecen de forma anormal o desordenada; pueden ser benignos o malignos (causantes del cáncer). En ocasiones destruyen el tejido cerebral o lo comprimen, causando lesiones que se manifiestan con pérdida de memoria, vértigo, mareo, ceguera parcial, alteraciones de la conducta y del sueño, problemas para hablar y mala coordinación de movimientos.
  • Enfermedad vascular cerebral o ictus. Interrupción parcial o total de la irrigación de sangre y oxígeno a una región del cerebro, debido a la ruptura u obstrucción de las vías sanguíneas. En muchas ocasiones desencadena pérdida de funcionamiento de la zona afectada (infarto cerebral, también llamado accidente cerebrovascular). Es potencialmente mortal, y para su atención se requieren nítidas imágenes del cerebro que permitan distinguir la magnitud del problema.
  • Enfermedad de Alzheimer. Padecimiento que se distingue por deterioro de funciones mentales como reflexión, juicio, memoria, concentración y capacidad de aprendizaje. Los médicos recurren a los estudios de mapeo cerebral para determinar su gravedad o descartar otras posibles causas de estos síntomas, como la presencia de un tumor.
  • Epilepsia. Trastorno caracterizado por la tendencia a sufrir convulsiones debidas a un “corto circuito” en los impulsos eléctricos del cerebro. Los sistemas para obtener mapas cerebrales pueden señalar la presencia de pequeñas cicatrices en la masa encefálica, mismas que son responsables del problema.
  • Meningitis. Infección de los tejidos que protegen al cerebro y médula espinal (meninges) a causa de bacterias o virus. Cuando el problema persiste por mucho tiempo (meningitis crónica) se requiere observar el estado de la masa encefálica para determinar el daño que sufre o descartar que los síntomas que genera se deban a tumoraciones.
  • Esclerosis múltiple. Enfermedad del sistema nervioso que se caracteriza por la destrucción de la sustancia que cubre a los nervios (mielina). Puede generar, entre otros síntomas, debilidad en extremidades, movimiento sin coordinación, pérdida de equilibrio, entumecimiento, dolor facial y visión borrosa.
  • Hipoxia cerebral. Falta de suministro de oxígeno en alguna región de la materia gris; las técnicas de mapeo cerebral, junto con otras pruebas que determinan la eficiencia del sistema circulatorio, ayudan a reconocer la causa y a discernir posibles daños.
  • Enfermedad de Huntington. Padecimiento hereditario que inicia en la edad adulta y se caracteriza por generar sacudidas ocasionales y pérdida gradual de neuronas, por lo que también hay deterioro de las funciones mentales (memoria y razonamiento).
  • Hidrocefalia. Acumulación excesiva de agua dentro del cráneo debido a la sobreproducción de líquido cerebroespinal, o bien, cuando su circulación se ve obstaculizada. La obtención de imágenes del cerebro permite identificar su causa exacta.
  • Atetosis. Movimientos involuntarios que generan posturas poco habituales, generalmente en manos y pies; se suelen acompañar de sacudidas rítmicas (coreas) y pueden estar asociadas a enfermedad de Sydenham (daño neuronal por complicación en el tratamiento de infecciones bacterianas en la infancia) o de Huntington.
  • Esquizofrenia. Enfermedad psiquiátrica en la que se alteran el comportamiento, la personalidad y los pensamientos del paciente, quien se siente perseguido y pierde la noción de la realidad. La observación de imágenes ha permitido saber que existen anomalías cerebrales estructurales, como ensanchamiento de ciertas regiones y disminución en el tamaño de otras. Además, se ha descubierto que el funcionamiento de algunas redes neuronales es más lento de lo normal.

Estudios de mapeo cerebral

Todos estos padecimientos pueden recibir tratamiento preciso y acorde a las necesidades de cada paciente gracias a sofisticadas pruebas, como son:

Tomografía computarizada (TC). Sistema que analiza varias radiografías mediante una computadora, la cual genera imágenes en alta resolución, semejantes a cortes anatómicos del cerebro (como si fueran “rebanadas”). No genera molestia alguna, salvo que la persona debe permanecer inmóvil durante el procedimiento. Con este sistema, además de detectar muchos tipos de anomalías cerebrales y espinales, se puede monitorear la efectividad de los tratamientos.

Resonancia magnética (RM). Se realiza colocando la cabeza o el cuerpo del paciente en un espacio reducido donde el cráneo y médula se someten a intenso campo magnético que no representa riesgos. La calidad de las imágenes obtenidas es excelente y sus resultados son más efectivos que los de la tomografía computarizada para detectar trastornos graves, como enfermedad vascular cerebral, tumores cerebrales, malformaciones o esclerosis múltiple.

Entre sus inconvenientes están su precio elevado y la lentitud de la obtención de imágenes (de 10 a 45 minutos), además de que está contraindicada en individuos que utilizan respirador, sufren claustrofobia o son portadores de marcapasos cardiaco o prótesis metálicas.

Ecoencefalografía. Obtención de imágenes producidas por los ecos de ondas sonoras en el cerebro de niños menores de 2 años, de manera similar a como actúa un radar. Se trata de un procedimiento sencillo, indoloro y relativamente barato, útil para detectar hidrocefalia y hemorragias generadas en accidentes. Las exploraciones por tomografía o resonancia magnética han sustituido a la ecoencefalografía en niños mayores y adultos, por ser más precisas.

Tomografía por emisión de positrones (TEP). Método de medicina nuclear que utiliza una sustancia radiactiva, la cual se inyecta en la sangre que se desplaza hasta las estructuras cerebrales, desde donde emite ligera radiación que es capturada por una cámara que mide la actividad neuronal. La técnica revela las partes del cerebro que presentan mayor reacción cuando se realiza alguna actividad concreta (observar, recordar, realizar cálculos matemáticos) y aporta información acerca de epilepsia, tumores e infartos.

Tomografía computarizada por emisión de fotón único (TCEFU). Otro sistema que se vale de sustancia radiactiva que se inhala o inyecta, a fin de que la sangre la conduzca hasta el cerebro, desde donde emite información sobre su funcionamiento, así como del trabajo de venas y arterias. Su uso ha disminuido, pues no es tan precisa ni específica como la TEP.

Angiografía cerebral o arteriografía. Se utiliza para detectar anomalías en las vías sanguíneas, tales como bolsas en una arteria (aneurismas), inflamación (arteritis), malformaciones y obstrucción de vasos sanguíneos. Se inyecta una sustancia contrastante y visible en las radiografías, a fin de que se muestre el patrón del flujo sanguíneo en placas tomadas con rayos X.

Ecografía Doppler. Mide principalmente el flujo sanguíneo, permitiendo valorar el riesgo de padecer enfermedad vascular cerebral. Muestra en una imagen con distintos colores cuáles son las velocidades en la circulación de la sangre; es indolora y relativamente barata.

Mielografía. Radiografía con medio de contraste que permite valorar tumores cancerosos y anormalidades en el interior de la columna vertebral. Ha sido reemplazada por la resonancia magnética, que proporciona mayor detalle, es más sencilla y segura.

Electroencefalografía (EEG). Aunque no arroja imágenes del cerebro, su uso es común, ya que su finalidad es crear gráficas sobre la actividad eléctrica de este órgano. Resulta muy útil para detectar alteraciones eléctricas asociadas a epilepsia, aunque en ocasiones se requiere de monitoreo prolongado (24 horas) para obtener información específica y detallada.

Potenciales evocados. Otra forma más sensible de mapas cerebrales. Se utiliza particularmente para conocer la respuesta del cerebro ante estímulos externos provenientes de vista, oído y tacto. Sirve para revelar una afectación del nervio óptico (encargado de transportar señales del ojo al cerebro) en una persona con esclerosis múltiple, mientras que en una con epilepsia puede mostrar la presencia de posible descarga eléctrica anormal en el momento en que realiza una respiración profunda y rápida.

Magnetoencefalografía (MEG). Permite saber con gran precisión cuál es la relación entre las estructuras de la masa encefálica y sus funciones, y gracias a que trabaja con materiales muy sensibles (superconductores o materiales que permiten la conducción de electricidad con baja o nula resistencia) es capaz de captar la actividad de los campos magnéticos producidos por el cerebro, los cuales son muy débiles.

Ha demostrado su efectividad para elaborar diagnóstico de epilepsia, enfermedad de Alzheimer, esclerosis múltiple, mal de Parkinson, esquizofrenia, dislexia y trastornos del lenguaje y la memoria. Asimismo, cuando hay tumores permite obtener información sumamente detallada que sirve para que el cirujano actúe de manera más efectiva y sin dañar tejidos cercanos.

Investigaciones sobre el cerebro, en evolución

La preparación para realizarse estudios de mapeo cerebral generalmente abarca el aseo de cabello con jabón neutro, no secarlo con secadora ni usar productos químicos sobre él. Sin embargo, si existen otro tipo de requisitos como privación de sueño o suspensión de medicamentos, el médico responsable los indicará previamente.

Todos estos sistemas se encuentran en constante mejoría, de modo que su precisión es cada vez mayor. Gracias a esto será posible pensar en nuevos descubrimientos y métodos diagnósticos que beneficiarán notablemente la salud del ser humano.

SyM - Israel Cortés

 

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