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Inmadurez neurológica en niños

Viernes 28 de febrero del 2014, 07:35 am, última actualización.

Causa problemas de conducta y aprendizaje. Nadie pone en tela de juicio la importancia que tiene el cerebro para coordinar prácticamente todas las actividades del organismo humano, y menos aún que sus miles de millones de neuronas son imprescindibles para que todo niño emprenda labores vitales como aprender a caminar, hablar y vestirse, relacionarse con su familia, asistir a la escuela y, en general, desarrollarse como ser humano a cabalidad.

Inmadurez neurológica en niños

Empero, dicho proceso puede sufrir algunas alteraciones y, por tanto, restringir la capacidad del menor para enfrentar las exigencias del mundo que le rodea, poniéndolo en desventaja para enfrentar la vida. Tal hecho puede ocurrir debido a problemas nutricionales, situaciones afectivas adversas o falta de estimulación sensorial, pero también por inmadurez neurológica.

A fin de ahondar sobre este último tema, saludymedicinas.com.mx tuvo la oportunidad de conversar con el neurólogo pediatra Abraham Dayán Nahmad, quien opina que “hablar de inmadurez neurológica es algo muy amplio debido a que existen diversos padecimientos por esta causa; el más conocido es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), pero también podemos considerar a algunos niños con retraso mental o con problemas de coordinación motora (deficiente control de movimientos), sin dejar de mencionar a los que nacieron de manera prematura y a los que tienen dificultad para aprender en la escuela o para manejar sus emociones”.

El especialista detalla que el término inmadurez neurológica no es propiamente médico, sino del habla cotidiana, pero que desde el punto de vista neurofisiológico (que estudia e interpreta el funcionamiento del cerebro y sus redes neuronales) puede entenderse como aquellos casos en los que, luego de hacer algunas evaluaciones, se determina que la actividad cerebral del infante no corresponde a lo que se espera de acuerdo a su edad.

“Desafortunadamente no hay muchas estadísticas en México que nos muestren la incidencia de estos padecimientos, aunque sabemos que el más frecuente es el TDAH, que afecta del 4 al 5% de la población infantil de nuestro país, y que luego le siguen problemas como inmadurez emocional y retraso mental (cerca del 1% de los pequeños), pero reitero que carecemos de datos precisos, tanto por mala recolección como por casos que no se diagnostican”, asegura el experto.

Señales de alerta

El Dr. Abraham Dayán explica que, en términos generales, un niño con algún tipo de inmadurez neurológica manifiesta su condición a través de comportamientos anormales que sus padres pueden identificar cuando se le presta atención:

  • Tiene problemas de conducta, falta de atención, baja concentración e impulsividad.
  • La relación con sus hermanos, vecinos y compañeros de grupo es conflictiva; casi siempre es demasiado agresivo.
  • El progreso en los aprendizajes informal (aquel que se enseña principalmente en el hogar) y escolar es lento, sobre todo en matemáticas, ya que es una materia que requiere mayor capacidad neuronal.
  • Se le dificulta hacer amigos, y con los pocos que tiene es muy “encimoso” o “pegajoso”.
  • Despierta continuamente durante las noches, muchas veces gritando, angustiado y con el pulso acelerado.
  • Le cuesta mucho trabajo pronunciar algunos sonidos y, cuando lee o escribe, invierte el orden de letras o palabras.
  • Su coordinación motora es mala, de modo que se le considera torpe y se le rechaza cuando sus compañeros practican juegos o deportes de grupo. Tira objetos y se tropieza a menudo.
  • Controla inadecuadamente los esfínteres que permiten la evacuación de orina o excremento.

El neurólogo pediatra también explica que, por lo general, el grupo más vulnerable es el de aquellos infantes en los que alguno de los padres o un familiar cercano tuvo un problema similar durante la niñez, ya que los estudios estadísticos han demostrado en repetidas ocasiones que el factor hereditario llega a ser determinante.

Por otra parte, y a fin de explicar con mayor claridad cómo es que una sola condición como la inmadurez neurológica da lugar a distintos padecimientos, el Dr. Dayán Nahmad explica que todo depende de la región cerebral que se encuentre afectada y del grado de lesión. Por ello, ahonda un poco más sobre los problemas que se presentan con mayor frecuencia:

TDAH. Los niños con esta condición tienen dificultad para poner atención y concentrase, además de que son muy impulsivos y no pueden mantenerse quietos (son hiperactivos); para que un médico la diagnostique es necesario que dicha alteración tenga una duración de al menos 6 meses continuos y presentarse en dos escenarios distintos en la vida del menor (escuela, hogar, vida social o deportiva).

A pesar de que todavía hay gran controversia sobre el origen de esta condición, “básicamente hablamos de mal funcionamiento a nivel cerebral en las áreas de atención y concentración, que se localizan en las región paracentral del lóbulo frontal (aproximadamente en la frente) del hemisferio derecho”.

Problemas motrices. Son todas aquellas dificultades en la realización de movimientos, y pueden ser de distintos tipos. Hay pequeños que no pueden mantener el equilibrio y otros a los que les cuesta mucho coordinar el movimiento de sus extremidades, de modo que tiran objetos, se tropiezan a menudo o no pueden realizar dibujos reconocibles.

En caso de que haya limitación de movimiento, “la afectación puede ocurrir en una zona central del encéfalo llamada vía piramidal; si hay mal desempeño visual-motor, hablamos de posible daño en la región occipital (parte posterior), y si lo que falla es el equilibrio y la coordinación, es probable que se trate del cerebelo u otras estructuras del centro del cerebro”.

Retraso mental. Esta deficiencia se diagnostica con base en pruebas de inteligencia (WISC en el caso de los menores) que se califican de acuerdo con la escala de Wechsler, mundialmente aceptada. La inteligencia normal va de 90 a 110 puntos, y cualquier cifra menor nos remite a una situación anormal: de 89 a 80 nos indica una inteligencia normal baja y de 79 a 70 una limítrofe, en tanto que en una de 50 a 69 hay retraso mental leve, de 35 a 49 es moderado, de 20 a 34 severo, y de 19 o menor es profundo.

Conforme más baja sea la puntuación es más difícil el aprendizaje y establecer comunicación con el menor, al grado de que incluso es difícil aplicar la prueba de evaluación. “Los centros afectados pueden ser diversos y no se limitan a una región específica. Hay pequeños en los que esto ocurre por un golpe o sangrado interno que destruye algunas áreas del cerebro, pero también hay casos en los que no hay lesión anatómica visible y que se vinculan a falta de oxígeno al nacer”.

Mal manejo emocional. Da lugar a niños inseguros, dependientes, aislados de otros menores, con dificultad para enfrentar la realidad y carácter depresivo, pero también pequeños con escaso control sobre su conducta, que hacen rabietas y berrinches exagerados y que se irritan fácilmente. Es frecuente que tal comportamiento se confunda con un problema de educación o como consecuencia de conflictos en el hogar, entre ellos divorcio de los padres y violencia intrafamiliar, por lo que sólo una evaluación profesional permite diferenciar entre un desajuste emocional y un problema neuronal, casi siempre ubicado en regiones profundas del cerebro.

Alternativas

La gran mayoría de los padecimientos citados se diagnostican poco antes de los 7 años de edad, y aunque pueden ser detectados por un psicólogo o un psiquiatra infantil (paidopsiquiatra), la confirmación se realiza a través de un examen clínico que queda a cargo del neurólogo pediatra, quien tiene distintos recursos para lograr su objetivo:

  • Electroencefalograma. A través de electrodos colocados en el cuero cabelludo, detecta y registra patrones de la actividad eléctrica del cerebro, a fin de determinar cualquier anormalidad. Una versión más avanzada y precisa de este sistema es el electroencefalograma digital, que se maneja por computadora.
  • Mapeo cerebral. Se trata de una herramienta que sirve para ver las ondas cerebrales en forma de graficas y dibujos, logrando visualizar el resultado en forma mas fácil y didáctica.
  • Pruebas psicométricas. Son diferentes cuestionarios que sirven para percibir problemas de atención y motricidad, por ejemplo. Algunos consisten en mostrar figuras que el niño debe dibujar, o se le pide que repita o escriba ciertas palabras.

Ya que los distintos tipos de inmadurez neurológica son problemas complejos que afectan diferentes ámbitos en la vida del menor, el Dr. Abraham Dayán afirma que la rehabilitación "debe ser realizada con la colaboración de varios especialistas, dependiendo de las áreas afectadas. Por ejemplo, un niño con problemas de movilidad requerirá terapia física o de motricidad para mejorar su coordinación; otro con dificultad para pronunciar palabras o que invierte o confunde las letras tendrá que seguir una terapia de lenguaje, y aquél con dificultad para adquirir conocimientos deberá llevar a cabo una terapia de aprendizaje".

Además, destaca que en algunos casos se deben utilizar neurofármacos, es decir, medicamentos especiales que regulan la actividad del sistema nervioso, y en otros se llevan a cabo sesiones psicoanalíticas enfocadas al aspecto emocional, debido a que la autoestima del infante ha sido muy afectada. Más aun, Dayán Nahmad hace hincapié en que "así como intervienen distintos especialistas, también tienen que participar los padres y hermanos, ya que deben comprender que reprender o sobreproteger al pequeño complica la recuperación".

A este respecto, ahonda en que los progenitores deben superar dos aspectos: el temor a visitar a un especialista en salud mental para que su hijo sea evaluado y se detecte oportunamente un problema neurológico, y no culparse a sí mismos o a su pareja en caso de que se detecte algún tipo de inmadurez neurológica en su hijo, ya que el origen del problema no es responsabilidad de ellos, sino un hecho natural.

En cambio, concluye, es muy necesario "que los padres busquen ayuda cuando noten alguna actitud rara en el niño o que el infante manifiesta conflictos sociales y escolares notables al niño; deben acercarse a un neurólogo pediatra, quien despejará la duda de si existe un problema o no, y emprenderá las medidas necesarias para atacarlo a edades tempranas, a fin de lograr un mejor pronóstico".

Finalmente, el Dr. Abraham Dayán menciona que cualquier duda sobre el diagnóstico y tratamiento de problemas neurológicos puede ser consultada a su correo electrónico (dayan@cerebrito.com), además de que su página en internet (http://www.cerebrito.com) ofrece amplia información sobre este tema.

SyM - Rafael Mejía

 

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