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Marcapasos cerebral para el mal de Parkinson

Viernes 28 de febrero del 2014, 09:05 am, última actualización.

La colocación de un modulador neuronal mediante cirugía ha demostrado su eficacia en los casos más severos de este padecimiento, pues ayuda a reducir los temblores e inmovilidad que otros métodos no llegan a solucionar.

Marcapasos cerebral

Desde hace mucho tiempo se conoce una enfermedad en la que el paciente sufre temblores y dificultad para caminar o realizar movimientos, de modo que su capacidad para desempeñar actividades cotidianas se ve disminuida.

Como testimonio existen varios textos que han hablado de dicho problema; unos provienen de la Grecia antigua y se le atribuyen a los médicos Galeno e Hipócrates, otros fueron elaborados por el italiano Leonardo Da Vinci (siglo XV) y unos más por el alemán David Hieronymus Gaubius (siglo XVIII). Sin embargo, fue el inglés James Parkinson quien ofreció, en 1817, la primera definición detallada del padecimiento, al que llamó “parálisis agitante”.

Hoy día conocemos a esta condición precisamente como enfermedad o mal de Parkinson, y aunque no existe todavía una cura para ella, los avances en investigación médica nos han permitido conocer cuáles son los cambios neurológicos que ocurren para desencadenar sus manifestaciones y, por tanto, han permitido el desarrollo de tratamientos farmacológicos y otros recursos que mejoran los síntomas.

Al respecto, describe el Dr. Gerardo Guinto Balanzar, Jefe de Servicio de Neurocirugía del Hospital de Especialidades Centro Médico Nacional Siglo XXI, localizado en la Ciudad de México y perteneciente al Instituto Mexicano del Seguro Social, “el cerebro funciona con compuestos químicos llamados neurotransmisores, los cuales deben encontrarse en equilibrio para permitir la fineza y precisión de los movimientos, como cuando dibujamos, escribimos o nos desplazamos. En el caso de la enfermedad de Parkinson, una de estas sustancias, la dopamina, se encuentra reducida o no se produce”.

Así, durante el decenio 1980-90 se creó en Francia un sistema de estimulación cerebral que “a través de un electrodo o alambre muy fino, logró la aplicación de descargas eléctricas en los centros neuronales donde se genera la dopamina. Con dicha estimulación se incrementó la producción del neurotransmisor” y la reducción de las manifestaciones típicas del padecimiento.

El nombre correcto de este dispositivo, aclara el facultativo, es sistema de estimulación cerebral profunda o neuromodulador, “pero se ha popularizado más el término ‘marcapasos cerebral’ por la similitud con aquellos aparatos que emplean estímulos eléctricos para regular los latidos del corazón. Sin embargo, cabe destacar que su funcionamiento es distinto, pues no marca un ritmo como sucede en el caso del auxiliar cardiaco”.

 

Valiosa alternativa

A decir del Dr. Guinto Balanzar, el mal de Parkinson se clasifica dentro de las enfermedades degenerativas (ocasionan deterioro progresivo) del sistema nervioso; aunque también existe una variante juvenil que se puede presentar a partir de los 20 años, el padecimiento es más frecuente en mayores de 60 años y se caracteriza por tres manifestaciones clínicas:

  • Temblor. Se trata de movimientos involuntarios de vaivén en las extremidades, sobre todo cuando se está en reposo. En el caso de las manos, se dice que el desplazamiento sucede “como si se estuvieran contando monedas”.
  • Rigidez. Es la resistencia marcada en el movimiento de las extremidades. Puede ser más incapacitante que los temblores, pues éstos, al ocurrir durante el reposo, llegan a ceder al iniciar alguna actividad.
  • Aquinesia y bradiquinesia. Se refiere a lentitud de los movimientos, como al vestirse, comer o hacer otras actividades.

 

Sin ser condición general, también puede presentarse en 20% a 40% de los casos un síndrome demencial, mismo que se caracteriza por alteración en memoria y conducta, de modo que el paciente se vuelve olvidadizo, distraído y retraído.

Enfatiza el neurocirujano: “Por el momento, todas las herramientas que tenemos para combatir esta enfermedad sirven para mejorar las manifestaciones clínicas, pero no erradican el padecimiento. Como primera opción de tratamiento se utilizan medicamentos específicos para controlar temblor, rigidez y/o lentitud”, y sólo en caso de que no funcionen se estudia la posibilidad de colocar el neuromodulador mediante cirugía.

Gerardo Guinto señala que en México se hacen estas intervenciones quirúrgicas desde principios del decenio 1990-2000 en diversas instituciones a nivel nacional, y en el Centro Médico Nacional Siglo XXI desde hace 10 años.

“Durante la operación se coloca un electrodo o que se conectará con los centros cerebrales donde se genera la dopamina, además de una fuente de poder debajo de la piel, en la región de la clavícula (entre la parte superior del pecho y el hombro), con una batería que tiene una vida útil de ocho años en promedio”. Como tercer componente se introduce una extensión que conecta a los dos elementos mencionados.

La cirugía, cuya duración es de poco más de dos horas, es de bajo riesgo y no requiere de mucho tiempo de recuperación. “Se hace con el paciente despierto, empleando anestesia local, y consta de la realización de un agujero pequeño en el cráneo (trépano) en un sitio estratégico que se ha elegido mediante imágenes procesadas por computadora (estereotaxia), de modo que localizamos de manera precisa el lugar donde se debe alojar el electrodo”.

Respecto a la selección de los candidatos para emplear el marcapasos cerebral, explica que la decisión corre a cargo de “un protocolo integrado por neurólogos, neurocirujanos, psiquiatras, psicólogos y otros especialistas que analizan el caso, síntomas predominantes y respuesta inicial con los medicamentos. La selección es cuidadosa para saber si el paciente será beneficiado y, ante todo, porque la cirugía puede ocasionar algunas dificultades. Por ejemplo, al introducir el electrodo en el centro del cerebro hay posibilidad de sangrado o infección”.

Al ser cuestionado respecto a la posibilidad de que la estimulación sea mayor o menor de la que requiere el paciente, el especialista aclara que el marcapasos cerebral puede regularse a través de un control magnético externo, siempre bajo asesoría del grupo médico tratante.

Finalmente, asegura que en el Centro Médico Nacional Siglo XXI se han colocado “aproximadamente 60 neuromoduladores, pero en los últimos años hemos aumentado nuestra cuota en forma considerable y ya podemos hablar de 20 dispositivos anuales”.

 

Recuperar la autonomía

La mayor virtud del sistema de estimulación cerebral profunda consiste en que “ayuda a proporcionar mejor calidad de vida, pues no es lo mismo depender de los familiares que gozar de independencia. Para nosotros esto queda muy claro porque, cuando el paciente llega, vemos que se le tiene que auxiliar para comer, bañarse o vestirse. En cambio, luego de la primera semana con el neuromodulador puede valerse por sí mismo, e incluso hay algunos casos tan exitosos que, conforme pasa el tiempo, la persona puede reintegrarse a las actividades laborales”.

Ahonda sobre este punto: “El marcapasos cerebral es un aparato caro, pero también representa un beneficio económico en el mediano y largo plazo, pues el paciente reduce el consumo de medicamentos y hace más breves los períodos de incapacidad y dependencia de familiares”.

A pregunta expresa, el neurocirujano menciona que el modulador también es útil “en casos de epilepsia, para prevenir crisis convulsivas, o para controlar dolor muy intenso, como el que se genera a causa de cáncer. De manera similar, lo que se hace es estimular centros neuronales específicos, distintos a los de la enfermedad de Parkinson, y los resultados que se han obtenido son muy satisfactorios”.

Como conclusión, el Dr. Gerardo Guinto Balanzar insiste en que la detección temprana de los padecimientos degenerativos del sistema nervioso, como la enfermedad de Parkinson, sigue siendo clave en tanto que un diagnóstico oportuno permite ofrecer mejor tratamiento.

Es muy recomendable que, cuando una persona descubra las manifestaciones de este problema, “acuda con el médico familiar o neurólogo para recibir orientación sobre el tratamiento indicado. De necesitarlo, puede ser remitido a nuestro centro u otro en el que se coloca este dispositivo (como el Hospital General de México y el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía) y, si es candidato, se le aplicará el marcapasos cerebral, que no es una panacea ni la cura de la enfermedad, pero sí una herramienta que permite vivir con independencia”.

SyM - Rafael Mejía

 

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