Perfil psicológico de un asesino peligroso - SyM
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Mente asesina, ¿peligro genético?

Miércoles 21 de diciembre del 2016, 01:58 pm, última actualización

Diversos estudios han comprobado que el perfil psicológico del homicida es único y, más aún, es probable que individuos con daño en determinadas zonas del cerebro o con ciertas cualidades genéticas sean criminales en potencia.

Mente asesina, ¿peligro genético?

“El poder de la mente es inmenso y, todavía, inexplicable; de ahí que aún no haya sido posible precisar los motivos que llevan a determinadas personas a realizar homicidios sin el menor remordimiento o sentimiento de culpa”, admite la Dra. Feggy Ostrosky Solís, directora del Laboratorio de Neuropsicología y Neurofisiología de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el Distrito Federal.

A partir de lo anterior, la también especialista en Psiquiatría y autora del libro Mentes asesinas, la violencia en tu cerebro, ha llevado a cabo estudios para penetrar a profundidad en la mente de peligrosos asesinos, en los que ha encontrado diversos traumas adquiridos durante la infancia, que los llevan a largo plazo (edad adulta) a cometer crímenes en forma compulsiva.

Sustancia clave

En las investigaciones desarrolladas por la Dra. Ostrosky Solís y colegas desde hace varios años con el fin de descifrar la respuesta, resulta relevante cierto compuesto producido de manera natural por el ser humano: la serotonina, neurotransmisor (sustancia empleada para la comunicación entre células del sistema nervioso) causante de diversas reacciones.

Explica la científica universitaria: “Dentro de las teorías que se han establecido en torno a dicha sustancia destaca aquella que plantea que individuos con daños en el lóbulo frontal (sector del pensamiento en el cerebro), causado por golpes durante su infancia, son violentos en extremo; incluso, se cree que estos hombres llegan a matar ‘sin quererlo’, pues pierden el control de la situación en ataque de ira y terminan convertidos en asesinos”.

Por otro lado, la especialista señala: “Cada vez son más los científicos que creen que el ser agresivo ‘está escrito’ en nuestros genes o guarda relación directa con los niveles de serotonina. Esta sustancia puede ser la clave para comprender las formas de violencia, aunque los estudiosos apuestan en medida creciente a lo que dictan los genes del ser humano”.

Otra posibilidad de por qué se desata la violencia en personas aparentemente normales “radica en cierta evidente predisposición biológica subyacente en el cerebro, ante lo cual imágenes de tomografía axial computarizada (método que utiliza rayos X para crear imágenes transversales o ‘en rebanadas’ del interior del cuerpo) realizadas para comparar cerebros ‘normales’ y los de algunos asesinos han permitido apreciar algunas diferencias entre ambos”.

Violencia que nace y se hace

Asimismo, como parte de recientes estudios, avalados por la entrevistada, se ha comprobado que dicho transmisor, producido en el cerebro y el tejido intestinal, “funciona como conector neuronal, y las variaciones en su concentración parecen ser responsables de cambios de ánimo en el ser humano”.

Curiosamente, la sustancia también forma parte de numerosos venenos, “entre ellos el inoculado por las avispas y el que portan los sapos en su saliva, y sabemos que algunos casos de demencia (pérdida de la función cerebral que afecta la memoria, pensamiento, lenguaje, juicio y comportamiento) están asociados a reducción de actividad de la serotonina cerebral. Aunque, lamentablemente, pese a la identificación de este elemento como posible causante de trastornos y violencia, otros científicos creen que esta relación es poco demostrable”.

La genética determina en buena medida los comportamientos agresivos, apunta la Dra. Feggy Ostrosky, y por ello “mientras algunos niños logran sobrevivir sin problemas a un entorno conflictivo, otros desarrollan fuerte agresividad en medios aparentemente ideales. La respuesta está en lo que han heredado de sus padres, es decir, la ‘predisposición’ a reaccionar de esta manera”.

Otras investigaciones han determinado que las complicaciones en nacimiento prematuro o existencia de abuso y golpes a edad muy temprana pueden alterar los niveles de serotonina e incidir, por tanto, en comportamientos más o menos agresivos. “Además, pruebas de escáner realizadas en el cerebro de asesinos registran pobre funcionamiento del córtex frontal (corteza cerebral del área de la frente), comparados con personas que no han mostrado respuesta negativa”.

La investigadora de la UNAM concluye: “La predisposición a la violencia no necesariamente significa que ésta deba desarrollarse, en lo cual entran en juego cuestiones tan importantes como el entorno, fácil acceso a armas (en especial de fuego) o la mucha o nula vigilancia que los padres ejercen sobre sus hijos”.

SyM - Pedro Krueger

 

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