Fobia social, miedo a reuniones sociales - SyM
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Miedo a la gente, más que ponerse rojo

Miércoles 21 de diciembre del 2016, 02:53 pm, última actualización

La timidez es un rasgo que identifica a algunas personas con las que convivimos, pero si esta actitud incapacita a un individuo para relacionarse con la sociedad es muy probable que padezca fobia social, conducta que es considerada una enfermedad que pertenece a los trastornos de ansiedad.

Miedo a la gente, más que ponerse rojo

Seguramente conoces o has conocido a alguien que esquiva la mirada o extiende la mano con temor al momento de presentarlo a otra persona; no será difícil que haya presenciado cómo se ruboriza un sujeto ante la broma de un grupo de amigos, o bien, tiene la referencia sobre un individuo "raro" que no se acopla a un grupo laboral o académico y que, en forma permanente, se encuentra aislado.

Las causas de esta conducta, identificada como fobia social, no son tan claras como quisieran los estudiosos del comportamiento humano; sin embargo, se pueden aventurar diversas hipótesis sobre su origen, entre ellas predisposición genética, respuesta hacia un hecho traumático (abuso sexual o violación, por ejemplo) o algún problema fisiológico.

Atención aparte merece el entorno social en el que se desarrolla la persona que padece el problema y, fundamentalmente, el aprendizaje de habilidades expresivas y de trato que se hayan adquirido al interior del núcleo familiar, el cual, muchas veces, responde a modelos imperfectos. Así ocurre por la actitud de padres autoritarios, sobreprotectores, o bien, tímidos y con pocas relaciones sociales.

El Manual de Criterios Diagnósticos de Enfermedades Mentales (DSM IV, por sus siglas en inglés), de la Asociación Psiquiátrica Americana, define a la fobia social como el temor acusado y persistente por una o más situaciones colectivas, o actuaciones en público, en las que el sujeto se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás. El individuo teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o embarazoso.

El DSM IV puntualiza que, cuando se trata de identificar el problema en niños, es necesario demostrar que sus capacidades para relacionarse socialmente con sus familiares son normales y han existido siempre, y que la ansiedad social aparece en las reuniones con individuos de su misma edad y no sólo en cualquier interrelación con un adulto.

Más señales

El paciente que presenta fobia social siente ansiedad y profundo miedo a reuniones sociales fuera del ámbito de su hogar. Sin embargo, aunque reconozca que su temor es irracional y/excesivo, procura no asistir a actos públicos (fiestas, reuniones escolares o laborales); si no puede evitarlo, tales acontecimientos se convierten en un infierno de intensa ansiedad, lo que en los niños se traduce en lloriqueos, berrinches y actitudes consideradas groseras cuando un desconocido se acerca o intenta hacerles un cariño. Algunos rasgos más de este tipo de personalidad, señalados por el DSM IV, son los siguientes:

  • En personas menores de 18 años la duración del cuadro sintomático se prolonga al menos 6 meses.
  • El miedo que percibe el paciente no es producto de una enfermedad o los efectos fisiológicos directos de una sustancia, ni tampoco se puede decir que se deriva de otro trastorno mental.

Es común que las personas con fobia social manifiesten algunos malestares físicos, entre los cuales se pueden mencionar sudoración, palpitaciones, dolor u opresión torácica, ruborización, sequedad de boca, así como deseos urgentes de orinar; también es frecuente que haya mareos, sensación de desmayo, falta de aire, fuertes temblores y dolor de cabeza, lo que puede culminar, en algunos casos, en ataque de pánico (aparición temporal y aislada de miedo con algunos síntomas como sudoración, palpitaciones, sensación de ahogo y temor a perder el control o volverse loco, entre otros).

En la práctica, la persona que padece fobia social puede ser identificada porque:

  • Tiene preocupación por llegar a ser el centro de atención cada vez que se encuentra con alguien, así como miedo a ser observado.
  • Teme ser presentado a otra persona, así como comer o beber en público.
  • Se le dificulta en extremo hacer una presentación laboral o académica, y tiene aversión a realizar gestiones administrativas y llamadas telefónicas.
  • Se rehúsa a hacer una reclamación, incluso si tiene la razón y el derecho de hacerlo.
  • Siente que las fiestas y reuniones son una pesadilla, de tal modo que tiende a colocarse cerca de la puerta o encargarse de discretas tareas que le permitan huir de la situación.
  • Cree que todos lo miran y emiten comentarios adversos sobre su persona, lo cual fortifica la creencia de que sus opiniones son consideradas ridículas, pobres o inadecuadas.

Sí hay solución

Los padres y maestros tienen una responsabilidad fundamental para detectar tempranamente si un niño padece fobia social, pues será evidente que su comportamiento tendrá una carga de ansiedad y timidez extrema al relacionarse con un adulto y en aquellos momentos en que participe en actividades colectivas con personas de su misma edad. Ante ello, se deberá entender que el pequeño no puede controlar lo que le ocurre y que, lejos de gritos o severas llamadas de atención, requerirá de la comprensión de sus seres queridos, lo cual será el primer paso hacia su recuperación. Sea como sea, y a pesar de que un individuo haya llegado a la adolescencia o edad adulta con esta alteración de la personalidad, existe manera de ayudarlo.

En primer lugar, se buscará aplicar una terapia mediante la técnica cognitivo-conductual (la más aceptada por psicólogos y psiquiatras), la cual servirá para que el paciente cambie los pensamientos irracionales por otros que estén de acuerdo con la realidad; simultáneamente, se enfrentará al enfermo a aquellas situaciones que le dan miedo y se le guiará para que paulatinamente modifique su forma de percibir las relaciones sociales.

Por otro lado, es un hecho que existen diversos medicamentos que complementan la terapia antes descrita, los cuales, por supuesto, no cambiarán la forma de pensar del enfermo, pero sí reducirán la ansiedad, síntomas físicos y estados depresivos, de forma que enfrentará el problema con menos dificultades. Dentro del arsenal farmacológico destaca la utilización de ansiolíticos (para combatir la ansiedad) y los antidepresivos de nueva generación, llamados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, sustancia o neurotransmisor que habita en el cerebro y que confiere al organismo, cuando sus niveles son normales, sensación de placer y bienestar; en cambio, si los rangos de este elemento están disminuidos se produce angustia, tristeza y depresión. El mecanismo de acción de los fármacos mencionados consiste en evitar que la serotonina (neurotransmisor) sea reabsorbida y posteriormente destruida. Así, permanecerá durante más tiempo en los espacios que existen entre las neuronas y con ello ayudará a que los síntomas de la depresión disminuyan o desaparezcan.

Finalmente, se recomienda complementar este tratamiento con aquello que algunos expertos empiezan a llamar socioterapia, la cual se refiere a la realización de actividades sociales de todo tipo, tales como pertenecer a un equipo de futbol, asistir a lugares concurridos en compañía de una persona de confianza, ser miembro de un club de campismo, así como voluntario en un asilo o centro de salud (lo que permitirá estar en contacto con gente desconocida todos los días).

Afortunadamente, la fobia social es considerada un problema clínico relativamente sencillo de solucionar si se compara con otros trastornos mentales mayores. Por ello, si padeces esta enfermedad trata de controlar tus pensamientos y ansiedad, busca ayuda competente y comprobarás que la convivencia social es más fácil de lo que imaginas.

SyM - Fernando González G.

 

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