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Miedo a la violación, mayor al de ser asesinada

Lunes 18 de septiembre del 2017, 10:46 am, última actualización

A esta conclusión llegó investigación realizada por el Instituto Nacional de Psiquiatría, la cual, además, confirma que el sistema legal y el funcionamiento de la sociedad en general distan mucho de ofrecer seguridad a las mujeres y justo castigo a los agresores.

Miedo a la violación, Abuso sexual, Violencia contra las mujeres

Violación e indignación

La inequidad de género es condición que cotidianamente padecen millones de mujeres en todo el mundo. Así, bajo este manto se da rienda suelta a todo tipo de actos de violencia física y emocional que dañan el desarrollo de personas que, vaya contradicción, se ven obligadas a someterse a un sistema legal y judicial que, lejos de protegerlas y brindarles los elementos para su legítima defensa, las juzga y denigra desde la misma redacción de los códigos penales.

Hablar de la violencia hacia las mujeres nos llevaría cientos de páginas, pero hoy es el turno de fijar la mirada en la violación sexual, acaso una de las condiciones más denigrantes y traumáticas que puede experimentar el ser humano, la cual, de acuerdo con estudio realizado por la Dra. Luciana Ramos Lira, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz (INPRF), provoca más terror que el de ser asesinada.

De acuerdo con estimaciones del Gobierno Federal, en México ocurren entre 120 mil y 130 mil violaciones anuales, lo que significaría que, en promedio, cada cuatro minutos una niña o mujer es víctima de este tipo de agresiones.

Sin embargo, es probable que esta cifra sea mucho mayor si hacemos caso a lo dicho por voceros de Human Rights Watch (Guardia de los Derechos Humanos), la organización independiente no gubernamental más prestigiada del mundo dedicada a investigar y documentar abusos en más de 70 países.

La entidad internacional establece que son muy pocas las mujeres que denuncian el hecho y que los violadores casi siempre quedan impunes. Así, asegura a través de informe que, "en los raros casos en que niñas y mujeres recurren a la justicia por el abuso sexual que han padecido, se les suele tratar con recelo, apatía y falta de respeto. La situación es aún más grave cuando las agredidas quedan embarazadas como consecuencia de la violación y deciden interrumpir su embarazo".

Ahonda el documento: "Los agentes del Ministerio Público, médicos y trabajadores sociales suelen ignorarlas. En ocasiones, los funcionarios gubernamentales silencian activamente a las víctimas de violación mediante insultos y amenazas, en actitud que demuestra flagrante desprecio hacia su dignidad humana y su derecho a no ser discriminadas, a acceder a juicio justo, a la salud y a la igualdad ante la ley".

Miedo, bajo el microscopio

La Dra. Luciana Ramos Lira, especialista en Psicología Social, establece en la investigación Miedo a la violación e inseguridad en las mujeres que la agresión sexual es generadora de temores y terrores, y que las mujeres, sobre todo aquellas que viven en zonas urbanas, tienen mucho miedo a ser atacadas en espacios públicos, a pesar de no haber sufrido personalmente esta experiencia.

El estudio que realizó la especialista consideró la participación de 600 personas, 314 de ellas de género femenino, y tomó como tema central la delincuencia e inseguridad. Ahí se descubrió que 80% de las participantes aseguraron tener mucho miedo a ser violadas, mientras 10% contestó tener algo de miedo.

"Si consideramos los promedios de las respuestas a preguntas específicas en rango de 1 (nada de miedo) a 3 (mucho miedo), el temor a sufrir robo en casa resultó ser el más elevado, seguido por la violación. Ambos temores son mayores que los asociados con ser amenazada con un arma o asesinada en un robo", explica Ramos Lira en las conclusiones de su investigación.

Formas del temor

La especialista refiere que existen diferentes formas de relacionarse con el miedo. Por un lado, esta manifestación se puede presentar en forma concreta, es decir, asociada con la posibilidad real de sufrir ataque violento específico, y por el otro, es probable que dicho sentimiento no tenga forma definida y que se experimente como sensación de inquietud, terror o alerta que surge en circunstancias aparentemente amenazantes.

El análisis de la especialista en salud mental concluye, asimismo, que las mujeres se asustan y se sienten más inseguras en callejones, calles desconocidas, transporte público y lugares sin iluminación. Estos temores no se quedan solamente en lo emocional, sino que desencadenan cambios en los patrones de comportamiento e impiden la realización de actividades.

Es por ello, añade la experta, que "muchas veces la mujer requiere la presencia de un hombre conocido para hacer algunas cosas o transitar en determinadas zonas. En el estudio quedó patente que, con bastante frecuencia, ellas evitan a desconocidos o ciertas calles, y procuran salir acompañadas".

Control y poder

Tal parece que la sociedad machista en la que nos desenvolvemos ha generado una relación de sometimiento donde hay cierto tipo de pacto tácito (no escrito) para que el varón mantenga la supremacía sobre su contraparte, no obstante que las mujeres han conquistado espacios en todos los ámbitos del quehacer humano.

La Dra. Luciana Ramos lo ve de esta manera: tanto violación como violencia de género han sido visualizadas como poderosas armas en el control social de las mujeres, y son amenaza directa para su plena participación en la vida pública, política y económica. Los hombres intentan reforzar el orden establecido de tipo sexista y tener el control en forma tal que se mantenga la posición femenina de desventaja, incluida la dependencia económica.

De estadísticas y leyes

La citada investigación deja en claro que hay muchos prejuicios y falsas creencias en relación con el reprobable acto de la violación. En principio, se tiende a culpar a la mujer de haber provocado el ataque y, además, se cree que los hombres son invulnerables y no pueden ser violados.

Este tipo de aseveraciones, que desvían la mirada del agresor sexual como responsable del acto y atribuyen la culpabilidad a la mujer, no sólo son lugares comunes aceptados por la población, sino por el personal de los sistemas de salud y justicia, afirma Ramos Lira, señalando a la vez que, en México, solamente se denuncia 1 de cada 4 delitos de este tipo, y que 83% de las personas que reportaron alguna ofensa sexual eran mujeres.

Por su parte, la protección que el sistema legal brinda al agresor se puede resumir en los siguientes aspectos:

  • El reporte y testimonio de la víctima pueden ser invalidados por parte de la autoridad.
  • La conducta femenina suele ser blanco de descrédito.
  • Las pruebas de "buen nombre" (argumentos para mostrar comportamiento adecuado) que ofrecen los agresores son determinantes.
  • El lenguaje utilizado en los certificados de lesiones muestra la complicidad médica legal.
  • Se aplican penas mínimas a los agresores cuando se les declara culpables.
  • La falta de evidencia física garantiza la impunidad del agresor.

La investigación también señala que aunque en México se reformó el Código Penal en relación a los delitos sexuales, y en 1989 se crearon las Agencias Especializadas en Delitos Sexuales y el Centro de Terapia de Apoyo con nuevo modelo de justicia restitutiva, "los abogados y jueces todavía muestran negativa visión que protege a los agresores, culpa a las víctimas y apoya la impunidad jurídica".

"El hecho de que 9 de cada 10 casos de ofensas sexuales no sean denunciados nos da idea de la desconfianza de la población, a la que se suman las dificultades para finalizar un proceso judicial", asegura el texto final del estudio.

Estereotipos a la carta

Parte del análisis de la Dra. Ramos Lira retoma lo dicho por la afamada psicóloga Victoria Sau, de la Universidad de Barcelona, España, quien señala que tradicionalmente se ha visto la agresividad como característica masculina, y la dependencia como atributo femenino, lo que ha llevado a la diferenciación entre "dominantes" y "dominados", así como a la creación de las estructuras psíquicas necesarias para adaptarse a esta condición y transmitirla.

Por otra parte, las mujeres que abandonan la pubertad se enfrentan a los mensajes que se divulgan en los medios de información, los cuales son contradictorios porque, por un lado, parece que les aconsejan que sean seductoras y atrayentes, pero por el otro castigan a quienes rebasan los límites de este comportamiento erótico sin que, por supuesto, haya clara diferenciación entre "decente" e "indecente".

Así, señala la especialista, observamos los estereotipos de la mujer tonta, mala o "come-hombres", pero también son frecuentes las "miniviolaciones", es decir, escenas que muestran pellizcos, abrazos no deseados y tocamientos que le recuerdan a la población femenina que es un objeto sexual disponible para desconocidos, conocidos y aun familiares.

La Dra. Ramos señala que este panorama puede resumirse así: "Creemos que todos los hombres deben ser siempre sexualmente activos y que las mujeres deben ser siempre sexualmente pasivas o sumisas. En consecuencia, es de esperar que se generen otras creencias, tales como que los hombres no pueden controlar sus deseos y que cada mujer es responsable, en cualquier encuentro erótico-afectivo, de lo que pueda suceder".

Cambiar ideas

Queda claro que las agresiones sexuales van de la mano de la inequidad entre géneros. Por ello, un cambio real para reducir este tipo de hechos debe sustentarse en:

  • Proveer información realista a hombres y mujeres, además de llevar a cabo la sensibilización con perspectiva de género para la comunidad y personal especializado.
  • Promover la no aceptación de ninguna forma de violencia para resolver conflictos.
  • Plantear que la violación y la violencia sexual son problema social, no individual o exclusivo de la mujer.
  • Conceptualizar la violación como problema de poder y control, y no solamente como “falla” sexual.

SyM - Juan Fernando González G.

 

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